‘Cien años de soledad’ en todo el mundo, sus portadas en 20 idiomas

MACONDO DÍA3 La novela de García Márquez ha vendido más de 50 millones de ejemplares en más de 30 lenguas. Este es un doble recorrido: por sus portadas emblemáticas acompañadas de pasajes clave de la novela

A los 17 años Gabriel García Márquez empezó a escribir una novela, La casa, que le quedó grande. Veinte años después, en 1965, cuando vivía en Ciudad de México, le llegó toda ella de golpe. El 30 de mayo de 1967 la novela entró en la imprenta de la editorial argentina Sudamericana. El 5 de junio llegó a las librerías bajo el título de Cien años de soledad. Desde entonces la historia de la familia Buendía, fundadores de Macondo donde transcurre el ciclo de la vida, génesis, evolución, progreso y apocalipsis, ocupa un lugar importante en la historia de la literatura.

Tuvo éxito desde el primer día. En una semana se agotaron los primeros ocho mil ejemplares y en un mes vendieron viente mil. En los siguientes meses solo se habló de esa novela en Latinoamérica y España. Cien años de soledad fue determinante para iluminar ante el mundo la gran literatura latinoamericana que se hacía entonces. Su acogida no tardó en llegar a otros idiomas y a invadir el mundo. En 1968, un año después de su salida, los franceses e italianos fueron de los primeros en traducir la novela. Al inglés y al alemán llegó en 1970. Hoy se puede leer en más de treinta idiomas, y se han vendido unos cincuenta millones de ejemplares.

Es uno de los pocos libros en los que confluyen prestigio literario, buena crítica y popularidad entre el gran público. Además de haber influido en grandes autores. Mario Vargas Llosa ha dicho que “entre otras características de Cien años de soledad, que tienen pocas obras maestras, es la capacidad de ser un libro lleno de atractivos para un lector refinado, culto y exigente, o para un lector absolutamente elemental que solo sigue la anécdota. Es un caso muy raro que un libro pueda ser leído por tan distintos lectores”.

Gerald Martin, el biógrafo inglés de Garcí Márquez, publicó ayer mismo en WMagazín una ponencia en la que decía: “Cien años de soledad es, en relación con América Latina, lo que El Quijote en relación con España”, “No ha habido libro exactamente como este en la historia de la literatura mundial” o “Para mí, la primera aldea verdaderamente globalizada en la literatura mundial es Macondo”. Y Cien años de soledad es quizá, la primera gran novela global.

El siguiente es un fotorrelato sobre el alcance mundial de esta obra clásica a través de sus portadas en veinte idiomas, además de cuatro ediciones especiales en español. En realidad, es un doble recorrido: las portadas, en orden alfabético por idiomas, van acompañadas de algunos pasajes importantes de la novela, en el orden de la historia, de tal manera que el lector puede leerla en diagonal. Bienvenidos, pues, a la peste maravillosa de Cien años de soledad en el mundo:

Primera edición del 5 de junio de 1967

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y caña brava construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo…

Edición ilustrada por Vicente Rojo, junio de 1967

“Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima”. José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra…

Alemán

Al principio, José Arcadio Buendía era una especie de patriarca juvenil, que daba consejos para la siembra y consejos para la crianza de niños y animales (…) La laboriosidad de Úrsula andaba a la par con la de su marido. Activa, menuda, severa, aquella mujer de nervios, inquebrantables, a quien en ningún momento de su vida se le oyó cantar, parecía estar en todas partes desde el amanecer hasta muy entrada la noche, siempre perseguida por el suave susurro de sus pollerines de olán…

Árabe

Desde los tiempos de la fundación, José Arcadio Buendía construyó trampas y jaulas. En poco tiempo llenó de turpiales, canarios, azulejos y petirrojos no solo la propia casa, sino todas las aldeas. El concierto de tantos pájaros distintos llegó a ser tan aturdidor, que Úrsula se tapó los oídos con cera de abejas para no perder el sentido de la realidad. La primera vez que llegó la tribu de Melquiades vendiendo bolas de vidrio para el dolor de cabeza, todo el mundo se sorprendió de que hubieran podido encontrar aquella aldea perdida en el sopor de la ciénaga, y los gitanos confesaron que se habían orientado por el canto de los pájaros…

Chino

En su juventud, él y sus hombres, con mujeres y niños y animales y toda clase de enseres domésticos, atravesaron la sierra buscando una salida al mar, y al cabo de veintiséis meses desistieron de la empresa y fundaron Macondo para no tener que emprender el camino de regreso. Era, pues, una ruta queno le interesaba, porque sólo podía conducir al pasado…

 

 

 

 

Finés

Cuando despertaron, ya con el sol en alto, se quedaron pasmados de fascinación. Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. (…) Toda la estructura parecía ocupar un ámbito propio, un espacio de soledad y de olvido, vedado a los vicios del tiempo y a las costumbres de los pájaros…

Francés

José Arcadio, el mayor de los niños, había cumplido catorce años. Tenía la cabeza cuadrada, el pelo hirsuto y el carácter voluntarioso de su padre. Aunque llevaba el mismo impulso de crecimiento y fortaleza física, ya desde entonces era evidente que carecía de imaginación. (…) Aureliano, el primer ser humano que nació en Macondo, iba a cumplir seis años en marzo. Era silencioso y retraído. Había llorado en el vientre de su madre y nació con los ojos abiertos…

Griego

Al ser destapado por el gigante, el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar:

-Es el diamante más grande del mundo.

-No -corrigió el gitano-. Es hielo.

José Arcadio Buendía, sin entender, extendió la mano hacia el témpano, pero el gigante se la apartó. “Cinco reales más para tocarlo”, dijo. José Arcadio Buendía los pagó, y entonces puso la mano sobre el hielo, y la mantuvo puesta por varios minutos, mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto del misterio…

Hebreo

Un jueves de enero, a las dos de la madrugada, nació Amaranta. Antes de que nadie entrara al cuarto, Úrsula la examinó minuciosamente. Era liviana y acuosa omo una lagartija, pero todas sus partes eran humanas. Aureliano no se dio cuenta de la novedad sino cuando la casa estaba llena de gente…

Hindi

No se alarmaron hasta el tercer día, cuando a la hora de acostarse se sintieron sin sueño, y cayeron en la cuenta de que llevaban más de cincuenta horas sin dormir.

-Los niños también están despiertos -dijo la india con su convicción fatalista-. Una vez entra en la casa, nadie escapa a la peste.

Habían contraído, en fecto, la enfermedad del insomnio.

(…)

En la entrada del camino de la ciénaga se había puesto un anuncio que decía Macondo y otro más grandes en la calle que decía Dios existe. En todas las casas se habían escrito claves para memorizar los objetos y los sentimientos…

Húngaro

La casa nueva, blanca como una paloma, fue estrenada con un baile. Úrsula había concebido aquella idea desde la tarde en que vio a Rebeca y Amaranta convertidas en adolescentes, y casi puede decirse que el principal motivo de la construcción fue el deseo de procurar a las muchachas un lugar digno donde recibir las visitas…

Inglés

Remedios se aproximó e hizo sobre el pescadito algunas preguntas, que Aureliano no pudo contestar porque se lo impedía su asma repentina. Quería quedarse para siempre junto a ese cutis de lirio (…) Aquella tarde perdió Aureliano la recóndita paciencia con que había esperado la ocasión de verla. Descuidó el trabajo. La llamó muchas veces, en desesperados esfuerzos de concentración, pero Remedios no respondió. (…)

La casa se llenó de amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin…

Italiano

José Arcadio Buendía se opuso a que lo enterraran. “Es inmortal -dijo- y él mismo reveló la fórmula de la resurrección”. (…) Solo entonces permitió que lo enterraran, pero no de cualquier modo, sino con los honores reservados al más grande benefactor de Macondo. Fue el primer entierro y el más concurrido que se vio en el pueblo, superado apenas un siglo después por el carnaval funerario de la Mamá Grande (…) Lo sepultaron en una tumba erigida en el centro del terreno que destinaron para el cementerio, con una lápida donde quedó escrito lo único que se supo de él: MELQUIADES…

Japonés

De pronto alguien empujó la puerta de la calle a las dos de la tarde, en el silencio mortal del calor, y los horcones se estremecieon con tal fuerza en los cimientos,  que Amaranta y sus amigas bordando en el corredor, Rebeca chupándose el dedo en el dormitorio, Úrsula en la cocina, Aureliano en el taller y hasta José Arcadio Buendía bajo el castaño solitario, tuvieron la impresión de que un temblor de tierra estaba desquiciando la casa. Llegaba un hombre descomunal. (…) Fue directamente a la cocina, y allí se paró por primera vez en el término de un viaje que había empezado  al otro lado del mundo. “Buenas”, dijo. Úrsula se quedó un fracción de segundo con la boca abierta, lo miró a los ojos, lanzó un grito y saltó a su cuello gritando y llorando de alegría. Era José Arcadio…

 

Persa

Una tarde, cuando todos dormían la siesta, no resistió más y fue a su dormitorio. Lo encontró en calzoncillos, despierto, tendido en la hamaca que había colgado de los horcones con cables de amarrar barcos. La impresionó tanto su enorme desnudez tarabiscoteada que sintió el impulso de retroceder. . “Perdone”, se excusó.  “Ven acá”, dijo él. Rebeca obedeció. Se detuvo junto a la hamaca, sudando hielo, sientiendo que se le formaban nudos en las tripas, mientras José Arcadio le acariciaba los tobillos con la yema de los dedos, y luego las pantorrillas y luego los muslos, murmurando: “Ay, hermanita; ay, hermanita”. Ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no morirse cuando una potencia ciclónica asombrosamente regulada la levantó por la cintura y la despojó de su intimidad con tres zarpazos, y la descuartizó como a un pajarito. Alcanzó a dar gracias a Dios por haber nacido, antes de perder la conciencia en el placer inconcebible de aquel dolor insoportable….

Portugués

El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados, a sesenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento…

 

Rumano

En mayo terminó la guerra. Dos semanas antes de que el gobierno hiciera el anuncio oficial, en una proclama altisonante que prometía un despiadado castigo para los promotores de la rebelión, el coronel Aureliano Buendía cayó prisionero cuando estaba a punto de alcanzar la frontera occidental disfrazado de hechicero indígena. (…)

Mientras los Aurelianos era retraídos, pero de mentalidad lúcida, los José Arcadios eran impulsivos y emprendedores, pero estaban marcados por un signo trágico…

Ruso

Macondo naufragaba en una prosperidad de milagro. Las casas de barro y cañabrava de los fundadores habían sido reemplazadas por construcciones de ladrillo, con persianas de madera y pisos de cemento. (…) De la antigua aldea de José Arcadio Buendía sólo quedaban entonces los almendros polvorientos…

Sueco

Remedios, la bella, fue proclamada reina. Úrsula, que se estremecía ante la belleza inquietante de la bisnieta, no pudo impedir la elección. Hasta entonces había conseguido que no saliera a la calle, como no fuera para ir a misa con Amaranta. (…) Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella…

Turco

Así que empezó el segundo pescadito del día. Estaba engarzando la cola cuando el sol salió con tanta fuerza que la claridad crujió como un balandro. (…) Entonces fue al castaño, pensando en el circo, y mientras orinaba trató de seguir pensando en el circo, pero ya no encontró el recuerdo. Metió la cabeza entre los hombros, como un pollito, y se quedó inmóvil con la frente apoyada en el tronco del castaño…

Vietnamita

No le permitió siquiera pasar de la puerta que un momento después tuvo que cerrar porque la casa estaba llena de mariposas amarillas.

-Lárguese -le dijo-. Nada tiene que venir a buscar entre la gente decente.

Se llamaba Mauricio Babilonia…

 

Edición mexicana

Cuando José Arcadio Segundo despertó estaba bocarriba en las tinieblas. Se dio cuenta de que iba en un tren interminable y silencioso. (…) Dispuesto a dormir muchas horas, a salvo del terror y el horror, se acomodó del lado que menos le dolía, y sólo entonces descubrió que estaba acostado sobre los muertos. (…)

José Arcadio Segundo no habló mientras no terminó de tomar el café.

-Debían ser como tres mil -murmuró.

-¿Qué?

-Los muertos -aclaró él-. Debían ser todos los que estaban en la estaación…

Edición conmemorativa PRH

Úrsula tuvo que hacer un grande esfuerzo para cumplir su promesa de morirse cuando escampara. Las ráfagas de lucidez, que eran tan escasas durante la lluvia, se hicieron más frecuentes a partir de agosto. (…)

Amaneció muerta el jueves santo. La última vez que la habían ayudado a sacar la cuenta de su edad, por los tiempos de la compañía bananera, la habían calculado entre los ciento quince y los ciento veintidós años. La enterraron en una cajita que era apenas más grande que la canastilla en que fue llevado Aureliano…

Edición conmemorativa de la Real Academia Española

Macondo fue un lugar próspero y bien encaminado hasta que lo desordenó y lo corrompió y lo exprimió la compañía bananera, cuyos ingenieros provocaron el diluvio como un pretexto para eludir compromisos con los trabajadores. (…)

Portadas emblemáticas

En aquel Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa donde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas voladoras, Aureliano y Amarante Úrsula era los únicos seres felices y los más felices sobre la tierra. (…)

Se entregaron a la idolatría de sus cuerpos, al descubrir que los tedios del amor tenían posibilidades inexploradas, mucho más ricas que las del deseo. (…) Un domingo, a las seis de la tarde, Amaranta Úrsula sintió los apremios del parto. (…) Sólo cuando lo voltearon boca abajo se dieron cuenta de que tenía algo más que el resto de los hombres, y se inclinaron para examinarlo. Era una cola de cerdo. No se alarmaron. Aureliano y Amaranta Úrsula no conocían el precedente familiar, ni recordaban las pavorosas admoniciones…

'Cien años de soledad' en todo el mundo

Sabía que en los pergaminos de Melquíades estaba escrito su destino. Los encontró intactos entre las plantas prehistóricas (…) Sólo entonces descubrió que Amaranta Úrsula no era su hermana, sino su tía. (…)

Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas (…)

Antes de llegar al verso final había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad  de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Y nosotros sí tenemos una nueva oportunidad para leer Cien años de soledad y reencontrarnos y descubrir por primera vez la aventura de la vida a través de esta gran novela metáfora del ser humano, América Latina y el mundo en general. Ese sería uno de los motivos donde radicaría su éxito: la universalidad de una historia reconocida por todos y escrita en un lenguaje único donde la imaginación del lector juega a sus anchas.

 

4 comentarios

    1. Muchas gracias Iván. Me alegro que te guste el fotorrelato y por ayudarme a difundir el especial sobre García Márquez preparado por WMagazin.com. Espero que sigas con nosotros

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