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Margaret Atwood rodeada de un grupo de mujeres vestidas como la protagonista de su novela ‘El cuento de la criada’. /Fotografía de WMagazín

El encuentro de Margaret Atwood con el eco de su futuro distópico de ‘El cuento de la criada’

Este es un fotorrelato de los cinco días de la escritora canadiense en el XV Hay Festival de Cartagena de Indias. Desde el encuentro con 14 mujeres vestidas como la protagonista de su novela hasta su autorretrato de opiniones

Con paso suave, una sonrisa y a la sombra de un sombrero de tela negra, Margaret Atwood estuvo bajo el cielo soleado de Cartagena de Indias. Esta es una crónica en fotorrelato de los cinco días de la escritora canadiense en el XV Hay Festival de Cartagena de Indias. Fue el invitado especial de esta edición de 2020. Queremos que seas testigo de su paseo por el hotel Santa Clara, antiguo convento de las Clarisas, por el backstage antes de su primera conversación y encuentro con el público del Centro de Convenciones y en el encuentro con los medios de comunicación para crear un retrato de su visita y sus opiniones expresadas a lo largo de cinco días, del 29 de enero al 2 de febrero. Te invitamos a acompañar a la autora de obras como La mujer comestible, El cuento de la criada, Alias Grace. El asesino ciego, Orix y Crake, El año del diluvio y Los testamentos.

 

Margaret Atwood ante la fotografía de Gabriel García Márquez, de Daniel Mordzinski, en el hotel Sofitel Santa Clara. /Fotografía de WMagazín

Cinco días con Margaret Atwood en Cartagena de Indias

El eco de un futuro distópico contra las mujeres se hizo visible en una ciudad de antiguos esclavos y de la Santa Inquisición a orillas del mar Caribe. Fue en el muelle de Los Pegasos de Cartagena de Indias, a cien metros de la ciudad amurallada, donde quince mujeres trataron de conjurar una amenaza de esclavitud hacia todas ellas.

Con la cabeza agachada, catorce mujeres de capa roja, cofia blanca grande, como los uniformes de las criadas escarlatas que recuerdan los hábitos de las monjas de clausura, y cada una con un cartel que denunciaba la violencia, la desigualdad y el machismo hacia las mujeres, se pusieron detrás de Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939). Estaban vestidas como Offred, la protagonista de su novela El cuento de la criada (1985) y referencia de su continuación Los testamentos (2019, ambas publicadas en Salamandra), mujeres esclavizadas con la única función de procrear.

En el Centro de Convenciones levantado sobre las aguas de Los Pegasos, Margaret Atwood firmaba sus libros. Tan pronto vio a esas dobles de Offred dejó de firmar. Les esbozó un gesto entre sonrisa tímida y de preocupación. Sin levantarse de su silla giró un poco su cuerpo hacia la derecha mientras con una mano las invitaba a que se acercaran hasta donde ella estaba. Las ayudó a ubicar rápidamente detrás de ella. Se quedaron todas así un minuto en silencio, en un tiempo congelado. Nadie dijo nada. Un tiempo sin palabras orales, pero ideas escritas en 14 carteles para conjurar esa mala profecía de la que advierte Atwood en su novela.

Fue uno de los momentos más significativos que vivió la narradora, poeta y ensayista canadiense en el XV Hay Festival de Cartagena de Indias, del 30 de enero al 2 de febrero. Minutos antes había terminado su conversación en el auditorio con Peter Florence, fundador del festival. Era su tercer día en la ciudad colombiana, viernes 31 de enero.

Atwood era el invitado más esperado de esta edición del Hay. La víspera de la inauguración caminó por los pasillos del hotel Sofitel Santa Clara, antiguo convento de las Clarisas. Observó la antología fotográfica de escritores de Daniel Mordzinski colgada sobre las paredes rojizas y onduladas del claustro.

Margaret Atwood frente a la fotografía de Borges, en la exposición de Daniel Mordzinski en el Hay de Cartagena de Indias 2020. /Foto de WMagazín

Se detuvo en una, en la de Gabriel García Márquez sentado de perfil en el borde de una cama mirando al frente, hacia la luz de una ventana o una puerta que no se ve. Lo observó imperturbable a pesar del agite que vivía el hotel para tratar de dejar todo listo para el Hay, un año más por esas fechas. Luego, con paso lento, siguió el recorrido de la exposición que incluía a escritores como Jorge Luis Borges o Patrick Modiano.

Al día siguiente, Atwood concedió algunas entrevistas y visitó la ciudad.

El viernes, día de su conversación, a las once y veinte de la mañana estaba en la puerta del hotel a la espera del vehículo que la llevaría al Centro de Convenciones. Bajo un sombrero de tela negra, estaba al lado del marco de la puerta a la sombra del sol cartagenero cuando Alberto Manguel entró rápido y ella lo llamó con voz suave:

-Alberto.

El escritor argentino-canadiense detuvo el paso:

-¡Madame!

Y hablaron medio segundo.

Margaret Atwood con Alberto Manguel en la entrada del hotel Santa Clara de Cartagena de Indias. /Fotografía de WMagazín

Bajo un cielo límpido, el recorrido en taxi hasta el Centro de Convenciones tardó unos veinte minutos, más de lo esperado, pues tuvieron que salir de la ciudad amurallada y el tráfico era inusual.

El cielo azul pálido y sin nubes apenas contrastaba con el mar tranquilo en el horizonte.

-¿Qué es palo? Preguntó la escritora al leer el letrero de un restaurante.

-¿Qué significa bucanero? Preguntó más adelante tras leer un aviso ya cerca del muelle.

-¡Oh, my god! Dijo al ver frente a la entrada del Centro de Convenciones a un grupo de mujeres vestidas como Offred.

El taxi siguió de largo y subió una pequeña rampa hasta la puerta del backstage. Ella se bajó y atraveó unos pasillos semioscuros, hasta que en un espacio luminoso la esperaba Peter Florence. Se saludaron y se sentaron en una pequeña sala.

Margaret Atwood y Peter Florence en el backstage del Centro de Convenciones de Cartagena de Indias. /Fotografía de WMagazín

Un rumor de voces llegaba hasta ellos con más fuerza cada vez, venía de detrás de unas altísimas cortinas oscuras. Un hombre entró por entre las cortinas y se vislumbró el suelo de madera caoba del escenario y la gente acomodándose en el patio de butacas.

-Quedan 5 minutos, dijo el hombre, a su pequeño micrófono que salía de su oreja hasta cerca de su boca, a quien lo estaba escuchando en alguna parte, y con un volumen suficiente para que lo oyeran los allí presentes.

De repente, del otro lado de las cortinas del escenario llegó el chirrido de un micrófono seguido de la voz de una mujer:

-«Nosotras de las Brigadas Antiimperialistas queremos denunciar que el racismo, la xenofobia y la misoginia avanzan en el mundo. El ataque hacia las mujeres es uno de los principales objetivos en esta escalada derechista con cada vez más tendencia al fascismo en el que se restringe cada vez más el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas…»,

Atwood escuchó atenta. Algo, o mucho más que algo, entiende de español.

Un grupo de mujeres de las Brigadas Antiimperialistas lee un comunicado contra la violencia y discriminación hacia las mujeres. /Fotografía de WMagazín

Delante de la primera fila del patio de butacas una mujer seguía su lectura del comunicado. Estaba con otras trece compañeras vestidas con esos uniformes de las criadas escarlatas:

-“Con Donald Trump a la cabeza en Estados Unidos se dio la llamada Marcha por la vida en la que cien mil personas, muchas de ellas jóvenes adoctrinadas en el fundamentalismo fascista-cristiano, marcharon para prohibir el aborto y obligar a las mujeres a tener hijos en contra de su voluntad. Este será el futuro en el mundo si no nos manifestamos en una posición colectiva y visible. En Colombia…».

La escritora canadiense seguía en silencio las denuncias de aquella mujer como Offred, ahora sobre la situación de violencia contra las mujeres y los grupos LGTBI y criticaba la pasividad de la sociedad civil.

-“mientras millones de personas padecen por una cultura que fomenta la opresión de la mujer y debemos cambiar eso. Llamamos a rechazar ese programa de odio y discriminación por lo cual invitamos a ser parte de este acto de concentración de criadas remembrando  esta sociedad teocrática  que escribe Margaret Atwood  en la novela de ficción que cada vez se acerca más a la realidad. Al terminar este evento, a la una de la tarde, seguimos con esta concentración de criadas en la puerta del Centro de Convenciones”.

-¡Quedan 60 segundos!, dijo el hombre del micrófono mirando a Atwood y a Peter Florecen ya de pie junto a él, muy cerca de las cortinas.

Margaret Atwood y Peter Florence antes de salir al escenario. /Fotografía de WMagazín

-¡30 segundos!

Las cortinas se abrieron y crearon un haz de luz natural por donde avanzó entre aplausos Margaret Atwood con su cabello blanco acaracolado, vestida de negro y colgado al cuello un largo pañuelo de seda con flores de colores.

Margaret Atwood en el escenario del Centro de Convenciones durante la primera conversación en el Hay Festival Cartagena de Indias 2020. /Fotografía de WMagazin

 

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