Ilustración de la portada ‘El cuento de la criada’, de Margaret Atwood.

El libro que despertó o afianzó la conciencia feminista de escritoras y escritores

Feminismo es la palabra del año. Dieciséis autores de España y Latinoamérica cuentan a WMagazín cuál fue la obra que les abrió un nuevo horizonte de vida que incluía a las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres

Desde las protagonistas de los cuentos de los hermanos Grimm o Hans Christian Andersen, hasta El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, pasando por Lolita, de Nabokov, o Desengaños amorosos, de María de Zayas, han servido para ayudar a algunas mujeres y hombres a despertar, afianzar o tener consciencia de lo femenino, a crear una mirada feminista, a tener una sensibilidad no machista modelada a través de la historia. Obras literarias que apuntalaron lo que pensaban, sentían y/o vivían desde la infancia o juventud en un mundo donde la mujer era, y aún lo es en muchas zonas, como mínimo, desplazada, subestimada y dejada en la periferia, cuando no como mero objeto sexual del sexo dominante. Libros que les despejaron la importancia y necesidad de una vida igualitaria entre todos, de una lucha que no termina.

Varias escritoras y escritores de España y América Latina recuerdan para WMagazín el título de esa obra y por qué fue esencial en su nuevo horizonte de vida. Esta revista se une a la iniciativa del diario británico The Guardian que este sábado 16 de diciembre preguntó a varias autoras por ese libro clave que las hizo feministas.

La idea surge porque Feminismo es la palabra del año según el diccionario Merrian-Webster, de Estados Unidos, debido a hechos con repercusión global. Feminismo ha sido el vocablo más buscado tras las marchas feministas contra el presidente estadounidense Donald Trump, debido a su trato vejatorio hacia las mujeres, o las acusaciones de abusos sexuales a actrices por parte del magnate del cine de Hollywood Harvey Weinstein que ha destapado una práctica dentro de esa industria, y reflejo de otras áreas de gran poder masculino. Pero también debido al éxito de obras como el fenómeno televisivo de la serie El cuento de la criada, novela homónima de Margaret Atwood (Salamandra), y la gran acogida de los ensayos de Chimamanda Ngozi Adichie Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, ambos libros publicados por Literatura Random House. Autoras como Atwood y Adichie son las encargadas hoy de descubrir, ampliar o continuar en las nuevas generaciones la sensibilidad y la necesidad de lo femenino en la vida y el mundo.

Antes de conocer las respuestas de escritoras como Margaret Atwood, Mary Beard o Jeanette Winterson, al The Guardian, avanzamos las de autoras y autores hispanohablantes para WMagazín:

Rosa Montero y 'El segundo sexo', de Simone de Beauvoir

Yo era feminista de corazón desde la infancia porque el machismo de la sociedad en la que vivía me parecía tremendamente injusto, pero fue la lectura de El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, a los 17 o 18 años,  lo que me proporcionó los argumentos y la estructura racional de aquello que siempre había sentido.

  • El segundo sexo. Simone de Beauvoir (Debolsillo y Cátedra)
  • Rosa Montero (Madrid, España, 1951). Premio Nacional de las Letras Españolas. Su última novela es La carne (Alfaguara).

Consuelo Sáizar y 'Al faro', de Virginia Woolf

Cuando se tiene la suerte de ser nieta del periodista de un pueblo que a mediados de la década de los setenta no cuenta con señal de televisión y se puede acceder a sus libros, se tiene la posibilidad de adivinar el mundo. En la biblioteca de mi abuelo encontré una tarde lluviosa un libro precioso editado por Janés editores. El nombre de la autora me sedujo: Virginia Woolf. Abrí el tomo y revisé el índice: sin dudar me dirigí al tercer título, Al faro, con traducción de Antonio Marichalar, en un español muy peninsular –muy ajeno al que se hablaba en Nayarit- y muy poético. Leyendo esas líneas encontré los sueños, las ilusiones y la inspiración para salir de mi pueblo, vivir como soñaba, convertirme en editora de libros, dirigir el Fondo de Cultura Económica, estudiar un doctorado en Cambridge y caminar innumerables tardes a Granchester adivinando los pasos y las conversaciones del Grupo Bloomsbury. Facts uncompromising, escribe Woolf, que en español se tradujo como “con la realidad no se puede jugar”, pero en Al faro descubrí que la literatura es un gran asidero para intentar descifrarla.

  • Al faro. Virginia Woolf (Alianza, Edhasa, Lumen).
  • Consuelo Sáizar (Mexicana, 1961), es editora de libros y socióloga de la cultura. Dirigió el Fondo de Cultura Económica (2002-2009), y presidió el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (2009-2012) y el Centro Regional para la promoción del Libro en América Latina y el Caribe (2010-2012). Es candidata al doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y Research Scholar en la Universidad de Harvard (Estados Unidos).

Marta Sanz y 'Desengaños amorosos', de María de Zayas

Siempre menciono como constructoras de mi mirada de escritora feminista a Marguerite Duras y a Dorothy Parker . Últimamente también a Jeanette Winsterson. Pero hoy quiero reivindicar  a una española que escribía cuando la palabra feminista aún no se había inventado: María de Zayas que en sus Desengaños amorosos habló de la violencia ejercida sobre el cuerpo de las mujeres en el seno del matrimonio y de la necesidad de la educación para las niñas. Era el siglo XVII.

  • Desengaños amorosos. María de Zayas (Cátedra).
  • Marta Sanz (Madrid, España, 1967). Su última novela es Clávícula (Anagrama).

Gioconda Belli y 'La mujer eunuco', de Germaine Greer

Esta mujer inglesa, una de las voces más lúcidas del feminismo revolucionario de los 70’s, analiza con tajante claridad la construcción de la imagen del “eterno femenino”. Muestra cómo la voluntad de desposeer a la mujer de su cuerpo y convertirlo en “objeto” para el hombre significa la castración de la naturaleza femenina por cuanto niega a ésta una relación sana con su propia sexualidad, y genera un conflicto de identidad entre el deber ser de la mujer sumisa y el poder biológico y sensual consustancial al género. Yo estaba en mis veinte años cuando leí este libro. Me abrió tanto los ojos que no dudé más en abrazar mi rebelión y salir a desafiar el mundo.

Gustavo Martín Garzo y 'La princesa y el guisante', de Hans Christian Andersen

El guisante que, en el cuento de Andersen, no deja dormir a la princesa guarda el secreto de todo aquello que nos desvela y no hay forma de decir qué es. El secreto, en suma, de la poesía, que en el cuento se confunde con el secreto de lo femenino. No, a la princesita no le bastaban todos aquellos colchones, quería otra cosa, algo que nadie le daba. Todos los personajes de Andersen viven bajo la influencia de ese guisante que les hace diferentes, casi siempre para su propia desgracia. Bien podría representar el desvelo de muchas mujeres por la vida que llevan en ese falso palacio que sus compañeros llaman realidad.

Valeria Correa Fiz y 'La mujer rota', de Simone de Beauvoir

Más que un libro fue la observación de la insatisfacción y la tristeza disimuladas de algunas mujeres de mi entorno cuando era niña lo que me hizo feminista. ¿Yo también iba a ser así de triste cuando creciera? Pero fue La mujer rota, leído en mi adolescencia, el libro que me permitió ordenar mis pensamientos. Simone de Beauvoir narra la sensación de fracaso que experimentan tres mujeres en una concepción machista de la vida determinada solo por el éxito marital y familiar. Esas historias me hicieron tomar conciencia de la importancia de buscar la felicidad en el cumplimiento de ideales y objetivos propios y no en la satisfacción de un modelo de vida impuesto por una sociedad dominada hasta hoy por el hombre.

Basilio Baltasar y 'La diosa blanca', de Robert Graves

Si tuviera que elegir una introducción solvente a la rebelión feminista, aconsejaría leer El segundo sexo, de Simone de Beuavoir, por la límpida lucidez de una inteligencia imprescindible. Y recomendaría también la lectura de La diosa blanca, de Robert Graves. Conocer la imaginación poética y mitológica del legendario matriarcado permite entender que el patriarcado actual no es el úncio modelo de organización cultural que tenemos a nuestro alcance.

  • El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, y La diosa blanca, de Robert Graves (Alianza).
  • Basilio Baltasar (Palma de Mallorca, España, 1955). Es autor de la novela Pastoral iraquí (Alfaguara). Es director de la Fundación Santillana.

Pilar Quintana y 'Orgullo y prejuicio', de Jane Austen

Me hice feminista por una seguidilla de eventos que me mostraron que el feminismo era urgente y necesario: cuando mi ex me agredió, varios familiares me pidieron que no lo dejara; me dio un infarto y en el triaje la enfermera quiso hacerme creer que yo solo era otra mujer histérica; luego de que tuve a mi hijo, un empleador me preguntó si ahora que era madre podría seguir trabajando. Hay otros, pero solo mencionaré uno más, el que tiene que ver con los libros. Todavía se pone en entredicho la valía de Jane Austen, que tiene obras como Orgullo y prejuicio. Sus libros llevan vigentes doscientos años y, sin embargo, la califican de ligera, sentimental o rosa, la tratan -con condescencia- de señorita y muchos críticos parecen ciegos a las profundas virtudes de su obra. Ahora imagínense cómo es cuando una lleva nomás catorce años en esto…

  • Orgullo y prejuicio. Jane Austen (Alba).
  • Pilar Quintana (Cali, Colombia, 1972). Es autora de un libro de cuentos y cuatro novelas, entre ellas La perra (Literatura Random House, Colombia).

Santiago Roncagliolo y 'Violación: una historia de amor', de Joyce Carol Oates

Hace muchos años traduje una novela de Joyce Carlos Oates: Violación: una historia de amor. Cuenta la historia de una agresión sexual en grupo y del proceso judicial posterior, que prácticamente es una nueva agresión contra la víctima. Es una novela corta, pero consigue indignar, incluso enfurecer al lector, por la fragilidad física y social que implica ser mujer en una sociedad misógina. Desde antes de eso, y hasta hoy, Joyce Carol Oates es una de mis escritoras favoritas. Sus historias hablan de mujeres ofendidas, ultrajadas, violentadas. Sus libros son thrillers donde la condición femenina convierte a las  protagonistas en víctimas.

  • Violación: una historia de amor. Joyce Carol Oates. Traducción de Santiago Roncagliolo (Papel de liar).
  • Santiago Roncagliolo (Lima, Perú, 1975). Su última novela es La noche de los alfileres (Alfaguara).

Lula Gómez y 'Devi', de Irène Frain

Hace más de veinte años que cayó en mis manos Devi, de Irène Frain. Recuerdo que empezaba con dos gritos, los de una mujer india que estaba pariendo. El primero era por dolor; el segundo, al descubrir el sexo del bebé: era una niña. El libro seguramente no es feminista. Yo tampoco lo era. No sabía ni siquiera que serlo era simplemente reivindicar la igualdad y pedir que estemos en las librerías, en la historia y, por supuesto, que no nos maten. Y aquí hago trampa y retomo y retoco la cita de John Donne para afirmar que deberíamos gritar que hace falta el feminismo para recordar que las campanas siguen sin sonar cada vez que nace una niña en la India. Urge entenderlo.

  • Devi. Irène Frain. (Seix Barral).
  • Lula Gómez (Madrid, España, 1970) es periodista y escritora. Es autora de Mujeres al frente (libros.com) y de Condenadas al silencio (Hotel Papel y Espejo de Tinta).

Carlos Fonseca y 'Agua viva', de Clarice Lispector

Muchas veces, cuando me preguntan por el instante en el que decidí dedicarme a la literatura, suelo recordar la tarde en la que compré mi ejemplar de la novela Agua viva, de Clarice Lispector. En ella descubrí que la escritura era también una forma de expresar gratitud ante la vida. Una forma de la alegría y de la pasión. Aquella lectura marcó también mi comienzo como feminista en el sentido más literal de la palabra: por muchos años, cuando me preguntaban qué tipo de poética me gustaba, pensaba en Lispector y, recordando la lectura que de ella hace Cixous, contestaba diciendo: la escritura femenina. En el comienzo pues está Lispector y detrás de Lispector una serie infinita de nombres: Duras, Sarraute, Woolf, Eltit, Meruane…

Edurne Portela y 'Mujer que sabe latín', de Rosario Castellanos

Una de mis primeras lecturas feministas fue Mujer que sabe latín de Rosario Castellanos. Me impresionaron su lucidez, su erudición y el uso que hacía de la ironía y del humor para desarmar los argumentos del pensamiento patriarcal. Además, a través de este ensayo descubrí a escritoras de las que hasta ese entonces ni siquiera había oído hablar y aprendí a leer a otras, como Santa Teresa o Sor Juana con otra perspectiva.

Marbel Sandoval Ordóñez y 'Cuando las grandes santas eran niñas'

Mi feminismo sin militancia nació a mis ocho años cuando encontré en la pequeña biblioteca del colegio en el que estudiaba los tomos sueltos de una colección cuyos títulos iban así: Cuando los grandes santos eran niños, Cuando las grandes santas eran niñas; y había tomos para los grandes artistas y las artistas, los reyes y las reinas, y no recuerdo más, pero editada en Barcelona en los años cincuenta nos daba un lugar por nuestro género y se adelantaba en lustros a un lenguaje que, forzado pero necesario en ciertos momentos, nos visibiliza y nos incluye. Así que mi feminismo nació más por reafirmación en quiénes somos que por contraposición a esa sociedad que, joven ya, tuve que descubrir patriarcal y en la que de manera constante tengo que trabajar para rasgar los velos que la perpetúan.

  • Marbel Sandoval Ordóñez (Colombia, 1959) Es autora de la trilogía de novelas Conjuro contra el olvido compuesta por En el brazo del río, Joaquina Centeno (Sílaba) y Las brisas, de próxima publicación. Tiene el blog Pase la voz que puedes ver si pinchas AQUÍ.

Aurora Luque y 'Mujercitas', de Louisa May Alcott

Mi proto-iniciación feminista literaria (en la vida real estaba el ejemplo de mi madre) tuvo lugar tempranísimamente: a los seis años mis padres me regalaron la versión adaptada e ilustrada de Mujercitas, de Louisa May Alcott, editada en Bruguera. La novela pasa por ser una defensa de la buena familia norteamericana, pero uno de sus personajes, Josephine, Jo March,  caló muy hondo en mí. Jo era la hermana inconformista, la rebelde: se subía a los árboles, se cortó el pelo, despreció a un novio rico, trataba a los chicos como camaradas y se reía  de las estiradas, le gustaba el teatro y -sobre todo-  quería ser escritora. Fue el primer modelo, hallado en libro, de mujer que diseña su propia vida. Y en mi libro Personal & político le he dedicado un poema: Yo quería ser Jo o Los tres elixires de Miss Alcott. Luego, a los 18 años, llegó Virginia Woolf y leí a Medea, y encontraron el terreno abonado. En cualquier caso, la primera levadura feminista fue de estirpe anglosajona.

* Mujercitas. Louisa May Alcott.

  • Aurora Luque (Almería, España, 1962). Es autora de Personal & político (Fundación José Manuel Lara) y Los limones absortos.

Martín Kohan y 'Crítica de la Revolución rusa', de Rosa Luxemburgo

No fue algún libro en particular lo que me llevó al feminismo, sino los tan diversos daños que el machismo inflige a hombres y a mujeres. Puesto a mencionar algún libro, sin embargo, diría que Crítica de la revolución rusa de Rosa Luxemburgo. No ya por sus contenidos, en este caso, sino por su lugar de enunciación. Porque entiendo al feminismo desde un criterio de posición de sujeto: afirmación sin sujeción, validación no derivada, ni pasiva ni protegida ni a merced ni meramente subordinada, establecimiento concreto de una parida ejercida, y no implorada, asumida y practicada, y no concedida.
* Crítica de la revolución rusa, de Rosa Luxemburgo (Anagrama).
* Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), es autor de la novela Fuera de lugar (Anagrama) y el ensayo Ojos brujos. Fabulas del amor en la cultura de masas.

Mario Bellatín y 'Ese oficio no me gusta', de Rocío Silva Santisteban

Cuando era joven mi amiga la poeta Rocío Silva Santisteban iba construyendo su libro Ese oficio no me gusta. Y ante mis ojos iba alzándose una voz poética que estaba a una distancia inconmensurable con la que yo oía de parte suya dentro de lo cotidiano. Siendo testigo de ese proceso no sólo fui testigo de una voz femenina radical que clamaba ser oída desde hace milenios, sino del pasmo que me produjo en el momento la distancia que nos separaba simbólicamente a pesar de estar yo a su lado.

Pero la frase que me reveló todo fue: A cada noche su píldora, a cada mujer su madrugada….
* Ese oficio no me gusta. Rocío Silva Santisteban.
* Mario Bellatín (Ciudad de México, 1960). Es autor de El hombre dinero (Sexto Piso).

Margaret Atwood y 'El cuento de la criada'

El libro que me hizo feminista es el título y la pregunta que formuló The Guardian a varias escritoras como Margaret Atwood, Mary Beard, Naomi Klein, Kamila Shamsie y Jeanette Winterson.

La canadiense Margaret Atwood, y una de las responsables del triunfo de la palabra Feminismo, debido a la adaptación televisiva de su novela El cuento de la criada (Salamandra) se decantó por los Cuentos de hadas de los hermanos Grimm y todas las colecciones de Andrew Lang. Atwood dice que le gustó lo intrépidas de las protagonistas femeninas y el valor desmostrado en dichos relatos.

Sin duda, Atwood es una de las autoras contemporánea que está despertando la conciencia femenina en las nuevas generaciones. En el prólogo del nuevo lanzamiento de su novela, el pasado verano, originalmente publicada en 1985, Atwood escribe sobre lo femenino lo siguiente:

“¿El cuento de la criada es una novela feminista? Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro… Entonces sí. En ese sentido, muchos libros son “feministas”.

¿Por qué son interesantes e importantes? Porque en la vida real las mujeres son interesantes e importantes. No son un subproducto de la naturaleza, no representan un papel secundario en el destino de la humanidad, y eso lo han sabido todas las sociedades. Sin mujeres capaces de dar a luz, la población humana se extinguiría. Por eso las violaciones masivas y el asesinato de mujeres, chicas y niñas ha sido una característica común de las guerras genocidas, o de cualquier acción destinada a someter y explotar a una población. Mata a sus hijos y pon en su lugar a los tuyos, como hacen los gatos; obliga a las mujeres a tener hijos que luego no pueden permitirse criar, o hijos que luego les robarás para tus intereses personales; niños robados, un motivo cuyo uso generalizado se remonta a tiempos lejanos. El control de las mujeres y sus descendientes ha sido la piedra de toque de todo régimen represivo de este planeta. Napoleón y su “carne de cañón”, la esclavitud y la mercancía humana, una práctica eternamente renovada: ambas encajan aquí. A quienes promueven la maternidad forzosa habría que preguntarles: Cui bono? ¿A quién beneficia? A veces a un sector, a veces a otro. Nunca a nadie”.

Beard, Winterson y Klein

En The Guardian, la historiadora Mary Beard empieza diciendo que las mujeres de su generación se dividen entre las que miran hacia el La mujer eunuco, de Greer, y hacia la Política Sexual, de Kate Millett. Y Bear se declara una mujer Greer: “En parte por las cosas que se atrevió a decir sobre ser una mujer que nunca imaginé. Debo decir, sin embargo, que cuando volví a leer Sexual Politics después de la muerte de Millett, pensé que había perdido su extraordinaria agudeza analítica”.

La novelista Jeanette Winterson empieza por lamentar cómo cuando empezó a estudiar en Oxford, en 1980, sólo estudiaban a estas mujeres: Brontë, George Eliot y Jane Austen. “A Virginia Woolf no se le enseñó, y debido a que había estado investigando literatura inglesa en Prose AZ desde que tenía 12 años, en la biblioteca pública de Accrington, no había llegado a W”, escribe Winterson. Luego leyó Una habitación propia, de Woolf, y más adelante los poemas de Adrienne Rich, The Will to Change. “Fundamentalmente en la era inicial de Thatcher me di cuenta de que el patriarcado es un problema colectivo, un problema estructural”, escribe Winterson. Aunque fue en su juventud tras la lectura de Lolita, de Nabokov, cuando tal vez prendió el feminismo en ella, “en ese clásico canonizado sobre la violación serial de menores”.

Pâra la ensayista Naomi Klein el aguijón fue la Primavera silenciosa, de Rachel Carson. “Me hizo creer en el poder transformador de la no ficción. Vuelvo varias veces al año y siempre me atraen las muchas texturas: la viñeta poética, la observación amorosa del mundo natural, la profunda investigación científica y la feroz indignación ante la imprudencia y la codicia de la industria química. Como ex bióloga marina, Carson no tuvo miedo de mezclar datos académicos con el periodismo y el ensayo, creando un género poderoso”.

Un comentario

  1. Lecturas necesarias para repensar y replantear los esquemas de la sociedad patriarcal, que tantas víctimas va dejando. Amerita un evento literario cultural que abra el debate.

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