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El rastro de la pasión y la vitalidad de Emily Brontë en el bicentenario de su nacimiento

El 30 de julio de 1818 nació la autora de 'Cumbres borrascosas'. Narradora y poeta que desafió la época victoriana, se adelantó con temas y abrió caminos a la literatura con una voz poderosa y persuasiva. Varios escritores analizan su vigencia

Ilustración de Fernando Vicente para 'Cumbres borrascosas' (Tres Hermanas).

Viaje al corazón de Emily Brontë

“Si todo lo demás sucumbiera y él quedara, yo seguiría existiendo; y si todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el universo se volvería un gran extraño; yo no podría parecer parte de él”.

Las palabras de Catherine dicen todo. Recogen el alma de Cumbres borrascosas, la única novela de Emily Brontë, y una de las pocas obras de la literatura donde la pasión de la autora y de los personajes se funden en una prosa que parece viva. Una novela vibrante que puede tener las imperfecciones que se quiera pero cuyo soplo de vida revive en cada nueva lectura y tiene el poder de hacer vivir al lector lo que allí se cuenta.

Hace doscientos años que nació Emily Brontë, el 30 de julio de 1818 en Thorton, condado de Yorkshire (Inglaterra). Con Cumbres borrascosas  y unos 200 poemas, publicados bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell, desafió la época victoriana con una narración ambigua en lo moral, rompió los esquemas literarios, exploró otras vías de la literatura y se adelantó con varios de sus temas cuya vigencia cobran fuerza al recordar sus aires feministas.

A los tres años su familia se trasladó a Haworth. Hija de un reverendo protestante, su madre murió en 1821 dejando seis hijos de 6, 5, 4, 3, 2 y 1 años. Todas mujeres, salvo el cuarto, Branwell que marcó el destino de las hermanas al ser la esperanza de la familia y llevarse todo el esfuerzo a su alrededor. Branwell terminó siendo un pintor mediocre, alcohólico y consumidor de opio. Emily lo cuidó hasta el último día. Al menos esta experiencia le habría servido para crear parte del mundo de Cumbres borrascosas.

Las Brontë, Charlotte, Emily y Anne, porque las dos mayores murieron muy pequeñas, se criaron con una tía muy estricta en una casa de piedra rojiza y madera, junto al cementerio. En un mundo indolente, “su padre les inculcó la cultura, la lectura y la reflexión, un hecho muy avanzado para la época”, dice Ángeles Caso, autora de Todo ese fuego (Planeta), biografía de las tres hermanas. “Ellas trabajaban en los quehaceres del hogar y se buscaron luego la vida como profesoras o institutrices. Pero al final de la jornada llegaban a casa a leer y a escribir a escondidas. La literatura fue su refugio”.

Emily Brontë escribía poesía. Vivía en un mundo paralelo, al igual que sus otras dos hermanas. Como la vida se empeñaba en ponerlas en la periferia de la vida, Charlotte descubrió unos poemas de Emily y les propuso a sus hermanas publicar un poemario conjunto. Emily se resistió al comienzo, pero luego accedió con la condición de que lo hicieran con un seudónimo. En el 1846 apareció el libro bajo la firma de Currer (Charlotte), Ellis (Emily) y Acton Bell (Anne).

En vista de la buena acogida del poemario, Charlotte les propuso que cada una escribiera una novela. En diciembre de 1847 aparecieron Jane Eyre, de Charlotte, Cumbres borrascosas, de Emily, y Agnes Grey, de Anne.

En Cumbres borrascosas Emily cuenta la historia atormentada de Heathcliff y Catherine, reflejo del “más que probable amor adolescente con Robert Clayton”, un muchacho pobre y asilvestrado con quien jugaba en los páramos de Haworth, escribe Ángeles Caso. Después de que su padre la enviara a un internado, el chico murió, el 14 de diciembre de 1836. La investigadora Sarah Fermi, explica Caso, “dice que su poesía vive un cambio: deja la alegría y se torna oscura al escribir sobre la muerte del amado. Hay un poema con las iniciales R. C.”.

Al año siguiente, el 19 de diciembre de 1848 Emily murió de tuberculosis. Dos siglos después de su nacimiento su poderosa y persuasiva voz suena nítida y viva como los vientos de Haworth. Vida, prosa y versos que han atravesado los años y que así han leído, visto y sentido varios escritores:

Ángeles Caso: Vida y ficción

“Emily Brontë fue un genio. Basta con leer su única novela o sus poemas sin prejuicios, olvidándonos de la imagen victoriana y “romántica” (en el sentido más banal de la palabra) que el tiempo se empeñó en imponer sobre su obra excepcional. Emily —lo dice ella misma— vivió gracias a la Imaginación. La existencia diminuta de una joven decimonónica soltera, tímida, aislada de la vida social en la casa de su padre, el pastor protestante de Haworth, se convirtió gracias a su insólito talento en una experiencia universal.

Tal vez fue ese aislamiento, la ignorancia total del mundo literario, con sus modas y sus sectas, lo que le permitió ser mucho más libre de lo que fueron la inmensa mayoría de los escritores contemporáneos. Fue salvaje y solitaria, amó la naturaleza con la fuerza radical de un alma deísta y careció por completo de vanidad. Me emociona pensar que muchos de sus versos fueron creados en la diminuta cocina de aquella casa milagrosa, mientras ayudaba a Tammy, la criada, en las tareas domésticas: la voz insólita de una mujer extraordinaria que surge llena de luz del ámbito más oscuro y callado de lo doméstico”.

Virginia Woolf: Ráfagas de vida

“Es asombroso  que pueda hacernos sentir lo que tenía dentro y quería decir… Cumbres borrascosas es un libro de colosal estatura. (…) Es como si ella pudiera hacer trizas todo aquello por lo que conocemos a los seres humanos y llenar esas transparencias irreconocibles con una ráfaga de vida de tal índole que trascienden la realidad. La suya, pues, es la más excepcional de todas las capacidades. Supo liberar la vida de su dependencia de los hechos; con unos cuantos toques, indicar el espíritu de un rostro para que no necesitara cuerpo; hablando del páramo, hacer que el viento soplara y rugiera el trueno”.

W. Somerset Maugham: Como un cuadro de El Greco

“Tengo la impresión de que no hay más que leer los poemas de Emily Brontë para adivinar cuál fue la experiencia emocional que la llevó a buscar la liberación de un dolor cruel escribiendo Cumbres borrascosas. (…) No se me ocurre otra novela en la que el dolor, el éxtasis, la falta de piedad del amor se hayan expuesto de manera tan poderosa. (…) No se puede comparar Cumbres borrascosas con ningún otro libro. Sólo puede compararse con una de esas grandes pinturas de El Greco en las que un paisaje sombrío y árido, bajo unas nubes que anuncian tormenta, largas y escuálidas figuras en actitudes crispadas, embargadas por una actitud sobrenatural, contienen el aliento. Un rayo, rasgando el cielo plomizo, imprime un misterio terror a la escena”.

Retrato de las hermanas Brontë, Anne, Emily y Charlotte, de izquierda a derecha, pintado por su hermano Branwell.

Álvaro Pombo: Un gran relato social

Cumbres borrascosas es un gran relato social de la época que a partir de la pasión de Catherine y Heathcliff muestra situaciones nuevas como el maltrato, el alcoholismo o la decisión de una mujer. Una novela con una gran pasión y capacidad de persuasión que la hacen inmortal. La lees casi como una realidad por su narrativa poderosa que la hace inolvidable. Es la condición de un clásico tan clásico como Thomas Mann. La potencia creadora de Emily hace que haya una inmersión en la lengua con la narración de la historia, la creación de los personajes y la fuerza de los detalles de una gran prosa vigente en el siglo XXI. Tiene esa pasión del desgarro de lo imposible que se vuelve posible en virtud del relato y que todo escritor desea poseer”.

  • Álvaro Pombo es escritor y académico de la Real Academia Española. Es autor de obras como El metro de platino iridiano, Donde las mujeres, Contra natura y La casa del reloj.

Marina Sanmartín: Actualidad de su significado

“En la literatura, como en cualquier arte, el contexto renueva la obra y, si esta es buena, multiplica su mensaje. En el caso de Cumbres borrascosas la actualidad de su significado se ve más clara en la reciente edición de Tres Hermanas, con ilustraciones de Fernando Vicente (y traducción de Amelia Pérez de Villar) que ve a Catherine Earnshaw pelirroja, como si el color rojo de su melena condensara la fuerza del personaje femenino. Vivimos un momento en el que la presión social interfiere a menudo en la creación literaria, por eso es tan importante proteger las ficciones que pueden parecernos trasgresoras o políticamente incorrectas… porque, al fin y al cabo, en la realidad también suceden, existen las historias de los amores malsanos y trágicos, y deben ser contadas”.

  • Marina Sanmartín es autora, traductora y una de las gestoras de la librería madrileña Cervantes y compañía.
Fernando Vicente, se introduce en una de sus ilustraciones de ‘Cumbres borrascosas’. /Fotografía de Lisbeth Salas

Fernando Vicente: Cómo abordar un clásico en el siglo XXI

“Es un libro de pasiones desatadas, un dramón de cuidado pero con unos personajes creados para perdurar en el tiempo, de todas formas no se puede hacer una lectura desde nuestra óptica actual, el momento histórico pesa mucho sobre los personajes y los hechos. Para mí fue una gozada adentrarme en su mundo y tratar de viajar a esos días, a esos páramos….  En las ilustraciones hay alguna pequeña metáfora visual como esos cuervos negros que persiguen a Heathcliff, negros como su alma. El personaje de Catherine la he hecho que fuese pelirroja porque ademas de tener un punto de locura ese color de pelo representa su corazón en llamas y contrasta muy bien con el color pajizo de los campos ingleses”.
Fernando Vicente es pintor e ilustrador español con trabajos en obras como Cumbres borrascosas (Tres Hermanas Ediciones).

Ángeles Caso: Emily sería hoy ecologista y feminista

“A veces pienso en Emily Brontë viviendo en el momento actual. Creo que hubiese encajado mejor que en aquel tiempo victoriano, feroz para el género femenino. Habría sido tal vez ecologista y feminista. Habría sido una frikie, una mujer temerosa del mundo, solitaria y tatuada, que pasearía a sus perros con el pelo rapado y cierta estética punkie, sin llamar demasiado la atención. Habría disfrutado de su libertad y, quizá, del contacto con otros seres semejantes a través de la red, manteniendo al mismo tiempo indemne la fortaleza de su poderosa vida interior, madurada en la silenciosa observación de las moscas y las estrellas, en las lecturas inacabables, la interpretación al piano de los compositores más sensibles (quizá ahora le habría dado por la guitarra eléctrica y el rock) y en la constante creación, desde niña, de mundos literarios fantásticos. Un espíritu genial, y lleno de ternura, escondido bajo el aspecto y las costumbres de una de esas duras mujeres cercanas a la marginalidad que el mundo contemporáneo ha vuelto, afortunadamente, visibles”.

Christian Law Palacín: Poesía, puro tiempo y sentido

“Quizá la verdadera pasión sea elegir la época en la que se nace. Emily Brontë vivió los días en los que aún se podía escribir –pensar- secretamente, sin el factor corrector de la divulgación. Ese anonimato es aquí un alma musical y una imaginación vehemente y afligida. Siempre menos lógica que efusiva, en su obra caben la solemnidad y la sabiduría explosiva: “Ya has pensado demasiado, filósofo”, comienza uno de sus poemas. Como en todo artista grande, con los años cuerpo y mente se convierten en puro tiempo sentido:

Ven, camina conmigo,/ya solo quedas tú/para elevar mi espíritu“.

  • Christian Law Palacín es poeta, traductor de Shakespeare y de Alice Oswald.

Poemas

 

Cumbres borrascosas en frases inolvidables

  • Vuelvo ahora de hacer una visita a mi casero, el solitario vecino con quien voy a tener que lidiar. ¡Realmente es hermosa esta comarca. No creo que hubiera podido encontrar en toda la faz de Inglaterra un lugar para vivir más apartado que este del mundanal ruido.
  • En la inhóspita cumbre de aquella colina, la tierra estaba dura de escarcha y el aire hacía tiritar todos mis miembros.
  • Todo lo olvidaban en cuanto volvían a estar juntos.
  • Quédate siempre conmigo, bajo la forma que quieras, ¡vuélveme loco! Pero lo único que no puedes hacer es dejarme solo en este abismo donde no soy capaz de encontrarte.
  • Se estremeció y tuvo como un atormentado destello de recuerdo, como si luchase por ordenar sus ideas. Alzó la carta, pareció recorrerla con la vista y al llegar a la firma suspiró.
  • Aunque él la amase con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amaría tanto en ochenta años como yo en un día.
  • Ella era tan orgullosa que resultaba verdaderamente imposible sentir lástima por sus congojas.
  • Ahora sería degradante para mí casarme con Heathcliff; de manera que él no sabría nunca cuánto lo amo; y ello, Nelly, no porque sea apuesto, sino porque tiene de mí más que yo misma.
  • No aspiro a vengarme de ti -respondió Heathcliff con menor vehemencia-. No es esa la intención. El tirano aplasta a sus esclavos, y estos no se revuelven contra él, sino que aplastan a su vez a los que tiene debajo.
  • Y todavía le hubiera repugnado más saber que aquel afecto nació sin que nadie le hubiera dado pie y que no era correspondido. Porque desde el momento en que Linton se dio cuenta de aquellos sentimientos de su hermana le echó toda la culpa a una deliberada maquinación de Heathcliff.
  • Le apretaba la mano, y le besaba la cara sarcástica y salvaje que todos los demás rehuíamos mirar; y yo lloraba con ese dolor fuerte que brota de manera natural de un corazón generoso, aunque sea duro como el acero templado.

 

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