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Gioconda Belli: «Una de las funciones del arte y la belleza es aliviarnos la soledad»

La escritora nicaragüense participa en el 15º Festival de Cine de Neiva Cinexcusa en una videoconversación con WMagazín. Habló de su reciente premio de Poesía Gil de Biedma, de cómo ha imbricado la ideología y la literatura en su vida y obra, del feminismo, de la corrupción y de la belleza. Publicamos el vídeo y la transcripción completa de la charla

«El mundo tiene que cambiar. El capitalismo nos está apabullando, estamos siendo convertidos en esclavos de nuestras creaciones. Tenemos que agarrar el mando»: Gioconda Belli en una videoconversación para el 15º Festival de Cine de Neiva Cinexcusa, del 19 al 23 de octubre. Es una alianza de WMagazín con este festival colombiano que dialoga con la literatura, todas las artes, el pensamiento y las ciencias sociales. A ella se suman los autores Guillermo Arriaga, Héctor Abad Faciolince y Jon Lee Anderson. El vídeo lo puedes ver al comienzo de esta información y la transcripción de la charla con la poeta y narradora nicaragüense a continuación:

Winston Manrique Sabogal. Me gustaría empezar con estos versos:

El pequeño pie de la mujer

Sobresale bajo la sábana

Bonito el pie, delicado.

De seguro le gustaría andar con las uñas pintadas

calzar altos zapatos elegantes.

El otro pie, todavía conserva

la sandalia del diario, de trabajo

esa incluso tiene una pequeña plataforma.

W. Manrique Sabogal. Es un fragmento de Las asesinadas, uno de los poemas del libro El pez rojo que nada en el pecho con el cual acaba de ganar el Premio Jaime Gil de Biedma, justo unas semana después de que el Nobel de Literatura fuera para otra poeta, la canadiense Louise Glück.

Gioconda Belli. El pez rojo que nada en el pecho es la escena de una pareja que se está como midiendo, es cuando se atraen, se están tirando los anzuelos para ver quién captura al pez rojo que nada en el pecho. El corazón es bien difícil en poesía, no sabes cómo decirlo cuando se ha dicho tanas veces. Esa fue mi solución.

W. Manrique Sabogal. Desde 1972 cuando publica el primer poemario, Sobre la grama, ese anzuelo que menciona de la seducción y el amor está presente en su obra de poesía y prosa. ¿Cómo surgió esta imagen?

G. Belli. Todo es algo misterioso. Hay una imaginación desbocada en cada poeta. La imaginación es lo principal en toda creación. Son cosas no premeditadas. Hay una noción de no repetir, de que la poesía no puede estar llena de lugares comunes. El reto del poeta es cómo decir algo con una voz nueva. Es el desafío constante. A medida que te haces más poeta y escribes más el desafío es mayor. El otro día pensaba que a medida que uno envejece las emociones ya las ha vivido. Alguien me preguntó si me quedaba algo por vivir. Yo siento que me queda mucho por vivir, aunque sea el miedo a la pandemia, la incertidumbre que tenemos en el mundo es una emoción nueva. Sócrates decía: no hay ideas nuevas sino formas nuevas. Esa forma nueva es el desafío que tenemos los escritores cuando hablamos de la realidad porque va cambiando la sensibilidad de la época.

W. Manrique Sabogal. ¿Desde 1972 hasta ahora, en 2020, qué pilares, aparte de este, considera que permanece en su obra poética y narrativa?

G. Belli. Mi obra está definida, como dije en El país bajo mi piel: Dos cosas decidieron mi vida, el país donde nací y el sexo con que vine al mundo. Es definitorio. Si las emociones pueden repetirse o no ser tan nuevas o renovarse, hay cosas que no cambian. Yo no me he vuelto otra cosa que mujer y Nicaragua sigue siendo mi país, el que ocupa un enorme tiempo, amor y energía. «Nicaragua vos sos mi hombre con nombre de mujer», escribí. El amor que yo siento es un poco desenfrenado. Es un amor que va más allá de la política, es sensual, epidérmico. Por otro lado, mi ser mujer ha sido un desafío de cómo te afirmas en el mundo, de cómo vos sos y no te dejas envolver por todo ese programa del deber ser. El deber ser para la mujer es fortísimo. Yo viví los años sesenta de revolución y empecé a leer literatura de la liberación. Me volví feminista porque tuve una madre, aunque ella no se hubiera definido como feminista, que me transmitió valores para desafiar convenciones de mi tiempo.

W. Manrique Sabogal. Esas dos líneas, Nicaragua y mujer, las imbricó desde muy jovencita. Ha llevado las dos luchas a la vez desde la ideología a los amores, decepciones. ¿Cómo evalúa esa presencia suya con los sandinistas y lo que vive ahora Nicaragua con Daniel Ortega como presidente?

G. Belli. La vida no es estática. Tuve la suerte de tener objetivos claros desde muy joven. No porque sea más inteligente. La vida me hizo tomar decisiones que marcaron mi vida en una dictadura. ¿Cuál es la alternativa si vos sos sensible y ves que torturan a la gente? Uno de los primeros recuerdos de mi vida fue cuando vi la sangre. Unos muchachos que vivían cerca de mi casa fueron asesinados y quedó un gran manchón de sangre. Yo tenía unos seis años y veía ese gran manchón de sangre. A ellos los vi jugar béisbol. Esas fueron cosas que me marcaron. Pero el Frente Sandinista me daba miedo, esa idea de partido, la lucha política. Mi familia era antisomosista, pero apolítica. Cuando empecé mi carrera coincidieron la literatura y el compromiso político. Con la literatura me libero, es un retrato de la sociedad que se me presenta. Escribí poesía erótica muy simbólica, lírica, pero causó un gran escándalo porque yo era mujer. No pensé que no podía escribir esa poesía. Me doy cuenta de que estoy en esa sociedad y siento la rebeldía de por qué me voy a callar; por qué si mi cuerpo de mujer es privilegiado y soy una bellísima obra de la creación tengo capacidad de dar vida, capacidad de gozar, de pensar, de amar. Para mí el cuerpo es importantísimo. Yo me volvía materialista temprano. Un día me fui a confesar y el cura quiso molestarme con preguntas de mi vida sexual con mi marido, yo tenía 18 años. Me fui del confesionario por última vez. Entonces ya había leído a Lukács y otros libros importantes me convencieron de que tenía más sentido la interpretación materialista de la realidad y que Dios era una creación humana.

La escritora nicaragüense Gioconda Belli en conversación digital con Winston Manrique Sabogal, director de WMagazín, en el 15º Festival de Cine de Neiva Cinexcusa, de Colombia, en alianza con WMagazín.

W. Manrique Sabogal. El jurado del premio Gil de Biedma destaca que su poemario reivindica la feminidad. En 2018 en el Festival Eñe, de Madrid, dijo que no es incompatible marchar por los derechos de las mujeres y una vida femenina.

G. Belli. La feminidad es un poder que tenemos las mujeres. Tiene que ver con nuestro cuerpo, y no hablo de vender nuestro cuerpo, sino que hay una realidad. La presencia femenina tiene una vocación de belleza y no me refiero a la belleza del maquillaje, sino a que la mujer tiende a preocuparse porque algo esté bien, tenemos un instinto que tiene que ver con hacer el lugar donde estamos. Tenemos el cuido de los hijos, es como si tuviéramos un chip, tiene que ver con algo biológico. No es invento, y soy sumamente feminista, pero creo que no hay que renunciar ni a la belleza ni al instinto por la belleza del cuerpo. Al contrario, las mujeres hemos demostrado en esta pandemia que las mujeres gobernantes han hecho un gran papel, tienen el chip del cuido; tenemos que cuidar el planeta, a nosotros mismos y no desperdiciar nuestra existencia, va a hacer grandes cambios.

W. Manrique Sabogal. En Madrid dijo que está cansada de ir a marchas feministas en la que solo había mujeres y que debían invitar a los hombres y acogerlos. ¿Ha cambiado esto?

G. Belli. No sé si ha cambiado, pero debería cambiar. El problema de la marginación y violencia de las mujeres es problema de los hombres en gran mediada y tenemos que combatirlo con ellos. Tenemos que reclutar a los hombres porque ellos son la causa del problema, para que el problema cambie debe haber hombres. Muchos de estas nuevas generaciones tienen otra mentalidad. Un hombre le puede dar a otro hombre un mensaje más fuerte. Un hombre machista no ve el mensaje de la mujer de la misma manera que si se lo da otro hombre. Este es un problema social, no es de las mujeres.

Uno de los cambios que se ha vivido en la pandemia es el trabajo en casa. El mundo laboral está organizado para que los hombres vayan al trabajo y tuvieran esposas o alguien que en casa viera por todo. Ahora la mujer puede trabajar desde su casa. Hay otra dinámica que se va a crear y los hombres están siendo más demandados para participar en la vida de la familia.

W. Manrique Sabogal. Esa reeducación del hombre se ha acelerado con la pandemia.

G. Belli. Las mujeres hemos analizado muchísimo nuestra identidad, de dónde vienen los deber ser, pero los hombres no han hecho lo mismo. Les falta esa tarea de analizarse a ellos mismos, entrar en su psiquis y ver de dónde vienen ciertos comportamientos.

Los hombres se están perdiendo un montón de cosas. Tendrían que darse cuenta cómo los limita y angustia esa mentalidad. Lo que ha pasado es que la mujer a medida que va agarrando su papel va surgiendo una violencia terrible. Es un problema de la sociedad.

W. Manrique Sabogal. ¿Cómo ve a la mujer al enfrentarse a los diferentes poderes de hoy que van del amor a la política?

G. Belli. En Nicaragua Rosario Murillo, la esposa de Daniel Ortega, es más inteligente que él. Se convirtió en algo indispensable para él. Esa mujer hizo un arreglo terrible. Cuando se dio cuenta de que su hija era abusada por Daniel hizo un pacto con el diablo: dijo, yo te apoyo, pero a cambio quiero participar más en el poder. Ella apoya a Daniel y se vuelve contra su hija, de ahí saca rédito. Empieza a adquirir un poder inconmensurable. Ahora es la que está detrás de las cosas terribles que pasan en Nicaragua. Daniel no es que sea buena gente pero llega al abismo y se vuelve para atrás, ella no. El hecho de ser mujer no te salva de ser malévola porque somos seres humanos.

W. Manrique Sabogal. El poder de la mujer y la seducción.

G. Belli. Es una actitud rebelde no renunciar a quien uno es como mujer, con todo lo que eso es, la curva, los pechos, el cabello, con todo lo que somos ¿por qué lo vamos a minimizar? Es como las mujeres musulmanas.

W. Manrique Sabogal. Ha vivido varios desencantos.

G. Belli. El desencanto es difícil de definir. No estoy desencantada de las ideas que tuve cuando luché contra una dictadura, ni del pueblo, ni de este bellísimo país. Estoy desencantada de ciertas personas que han convertido esa gran lucha y legado en una cosa para sacar provecho personal y oprimir y convertirse en dictadores. Nos equivocamos. La izquierda durante las revoluciones fueron muy dogmáticas, queríamos seguir un leninismo y ahora veo que estaba equivocada porque genera su propia contradicción y el deseo totalitario. Quieres controlarlo todo, pero todo se burocratiza. Nosotros los humanos tenemos una incapacidad para manejar el poder. Más sano es tener muchos controles. Tiene que haber mecanismos para pedir cuentas. No se puede crear este totalitarismo que se da en los sistemas de izquierdas.

Soy socialdemócrata. La socialdemocracia es uno de los sistemas que ha creado el sistema de bienestar para la sociedad. En Europa está en crisis, pero es enorme lo que hicieron y permitió el avance de Europa. Cuando cayó la muralla la socialdemocracia se espantó de sí misma y empezó a derechizarse

Tiene que haber una mezcla buena de capitalismo y socialismo. El mundo tiene que cambiar. El capitalismo nos está apabullando, estamos siendo convertidos en esclavos de nuestras creaciones. Tenemos que agarrar el mando.

Cartel promocional de Cinexcusa sobre la videoconversación con Gioconda Belli con Winston Manrique, de WMagazín.

W. Manrique Sabogal. ¿Cómo ve América Latina a la que se suma la corrupción? A esos problemas del capitalismo se suman los extremos de las ideologías.

G. Belli. Esa máxima de Maquiavelo se aplica demasiado bien en Latinoamérica: El fin justifica los medios. En todas las ideologías y todos lo hacen. Amartya Sen decía que mientras la corrupción esté arriba la habrá a todos los niveles. Es trágico. El sistema político en el mundo está en crisis. Tenemos que inventar un nuevo sistema.

W. Manrique Sabogal. ¿En esta pandemia no le parece que se ha demostrado la incapacidad del ser humano para autogestionar su responsabilidad consigo mismo y para con los demás y tiene que venir alguien a ordenar lo que debemos hacer? Pedimos libertades y autonomía, pero luego somos incapaces de ejercerlas con responsabilidad.

G. Belli. Tiene que ver con la educación. Freud decía que la educación es coerción y en los últimos tiempos la educación ha sido demasiado libre. Hoy los valores de la sociedad tienen que ver mucho con las redes sociales, falta de respeto al otro. Vamos a pasar una mala temporada. Internet es una caja de Pandora. Espero que haya suficiente gente que sea guía de enseñar y de influir en los demás. Los intelectuales, los escritores, tenemos la responsabilidad moral de participar más en la discusión pública. Antes se hacía, pero ahora se han espantado de participar en política, eso ha sido una pérdida.

Winston Manrique Sabogal. Me gustaría cerrar esta conversación con dos conceptos que han estado presentes en esta charla y que están en su obra: amor y belleza.

Gioconda Belli. El ser humano tiene una gran sensación de soledad, porque nacimos solos y nos vamos a morir solos. Estamos envueltos en esta piel, es lo que somos. Yo no puedo vivir tu vida ni tú la mía. Pero el amor es lo que nos salva de esta soledad. Incluso el acto sexual es la comunicación más profunda, cuando se convierten en un solo cuerpo es una unidad absoluta. El amor es ese deseo de estar con otra persona de manera profunda, que te vibra dentro de tu mente. Cuando sentís esa emoción logras esa comunicación de sentirte menos solo. El amor es un trabajo, también. Lograr esa capacidad de acoplarnos con otro ser humano es bien difícil, pero es lo que nos salva de esa soledad profunda.

La belleza es bien extraña. Nos ponemos a pensar para qué sirve. La belleza no es utilitaria. Una parte de nosotros necesita esa belleza de una manera más profunda de lo que percibimos. Ese llamado de la belleza que llevamos dentro hay que rendirle honor, respetarlo, aumentarlo. Cuando tienes contacto con el arte, la literatura, ahí sentís esa vibración y esa comunicación con tu corazón y el ser interior. Vivimos la multiplicidad que es el fin de la soledad. Si viniera un marciano y nos viera en una sala de cine a oscuras para ver un cuento, para que nos cuenten un cuento… Eso somos los seres humanos, necesitamos vernos en otros, sentir lo que sienten otros, y como no lo podemos hacer físicamente porque no nos podemos multiplicar lo hacemos a través del arte, esa es una de las funciones más hermosas del arte, aliviarnos la soledad.

  • Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 9 de diciembre de 1948) ha ganado el Premio de Poesía Jaime Gil de Biedam 2020 por El pez rojo que nada en el pecho, el Premio Biblioteca Breve y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela El infinito en la palma de la mano en 2008. Publica en Seix Barral: «Es autora de la icónica novela La mujer habitada (1988; Seix Barral, 2010), que obtuvo en Alemania el Premio de los Libreros, Bibliotecarios y Editores a la Novela Política del Año y el Premio Anna Seghers de la Academia de las Artes. Otras novelas suyas son Sofía de los presagios (1990; Seix Barral, 2013), Waslala (1996; Seix Barral, 2006), El pergamino de la seducción (Seix Barral, 2005), El país de las mujeres (Premio La Otra Orilla 2010), El intenso calor de la luna (Seix Barral, 2014) y Las fiebres de la memoria (2018). También ha publicado El país bajo mi piel (2001), sus memorias durante el periodo sandinista. Su obra poética ha recibido el Premio Mariano Fiallos Gil en Nicaragua, el Casa de América en Cuba, y el Premio Generación del 27 y Ciudad de Melilla en España. En 2011 Seix Barral publicó la antología poética Escándalo de miel. Francia le otorgó el título de Chevalier de las Artes y las Letras, y ha recibido el Premio Hermann Kesten 2018. Es presidenta del PEN, Nicaragua. Su obra está traducida a más de veinte idiomas».

La escritora nicaragüense Gioconda Belli en conversación digital con Winston Manrique Sabogal, director de WMagazín, en el 15º Festival de Cine de Neiva Cinexcusa. /WMagazín

 

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