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Firmas de Ursula K. Le Guin, Stephen Hawking y Stan Lee.

Homenaje a los escritores que murieron en 2018: Roth, Naipaul, Le Guin, Parra, Del Paso, Wolfe, Pitol, Hawking, Oz…

Un repaso por las biografías de los autores fallecidos acompañadas de un pasaje de sus libros o ilustraciones que los hicieron grandes

Los buenos autores siempre se quedan con nosotros. En WMagazín recordamos a varios de los escritores fallecidos este 2018 con un pequeño homenaje de agradecimiento que consiste en una brevísima biografía y, lo más importante, un pasaje de alguno de sus libros para escucharlos.

De Ursula K. Leguin y Nicanor Parra, hasta Fernando del Paso y Stan Lee, pasando por Philip Roth, Stephen Hawking y V. S. Naipaul. Un capítulo especial merecen autores hispanohablantes como los españoles Vicente Verdú y Jorge Wagensberg y las argentinas Hebe Uhart y Liliana Bodoc. Mención especial para el británico John Julius Norwich, el italiano Paul Virilio, el finlandés Arto Paasilinna y el israelí Aharon Appelfeld.

La siguiente es una antología de vida y voz de algunos de los nombres más universales:

Ursula K. Le Guin

(Berkeley, California, 21 de octubre de 1929 – Portland, Oregon, 22 de enero de 2018)

Con su imaginación desbordada, Ursula K. Leguin creó una galaxia singular. Sus escritos de fantasía y ciencia-ficción son un tesoro para este género literario. Imaginación y compromiso con reflexiones que iban desde el feminismo y la sexualidad hasta las relaciones de la sociedad en el mundo contemporáneo. Obtuvo el título de Gran Maestra de la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de Estados Unidos (SFWA). Entre sus obras destacan: su ciclo de Terramar (cinco libros como La costa más lejana (National Book Award) y Tehanu) y su ciclo Ekumen (Ocho libros como Planeta exilio, La mano izquierda de la oscuridad y Los desposeídos).

Fragmento de Historias de Terramar:
“¿Dónde estaba? El suelo era duro y fangoso, el aire negro y apestoso, y aquello era todo lo que había. Excepto el dolor de cabeza. Tendido de plano sobre el frío y húmedo suelo, Festín gimió y dijo:
–¡Báculo!
Cuando su báculo de brujo hecho en madera de aliso no acudió a su mano, supo que estaba en peligro. Se sentó, y al no poder recurrir a su báculo para que le diese la luz apropiada, encendió una chispa entre el índice y el pulgar, murmurando cierta Palabra. Una centelleante bola de fuego azulado saltó de la chispa y rodó débilmente a través del aire, chisporroteando…”.

Nicanor Parra

(San Fabián de Alico, Chile, 5 de septiembre de 1914 – La Rena, Santiago, 23 de enero de 2018)
El escritor y artista chileno es uno de los grandes poetas del último medio siglo en lengua española. Era un matemático reconvertido en poeta. Parra señaló el mundo real con humor y sátira desde la periferia del arte y la creación. Para él la poesía no debía ser producto del esfuerzo y el sufrimiento, sino que debía surgir de “donde hay una ecuación de creación y divertimento”. Es uno de los poetas de la lengua española más importantes e innovadores del siglo XX.  Sin querer queriendo dio origen a la antipoesía. Un arte desde el cual criticó los iconos, la religión, la política, la publicidad, la sociedad, las ideas y las mismas artes. Aunque haya dicho que lo suyo es “antídoto y antinada” porque no le gusta tomarse muy en serio. Era el último de una generación muy importante de poetas chilenos: Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Gonzalo Rojas. Obtuvo el Premio Cervantes en 2011.

Entre sus poemas está el siguiente:

Último brindis

Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó…,
como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

 

 

Forges (Antonio Fraguas de Pablo)

(Madrid, España, 17 de enero de 1942 – Madrid, 22 de febrero de 2018)

Durante medio siglo, Forges contó la vida del país y del mundo de manera sencilla y crítica desde un ámbito cotidiano. Fue un artista en convertir la vida cotidiana, privada, pública, institucional, social y el túnel de la política en unos dibujos y viñetas dentro en una esfera cercana a todos con un humor cargado de reflexión. Sus trazos iluminaron las zonas en sombra de los españoles, pero también sus alegrías, y, especialmente, la esperanza y la ilusión secreta de que todo podía mejorar.

Forges publicó su primera viñeta en el diario Pueblo en 1964. Luego, lentamente, empezó a colaborar con otros medios hasta pasar por un buen número de ellos, desde Diario 16 hasta El País, donde tenía su viñeta diaria desde 1995. Parte de su obra gráfica está recogida en libros como El libro de los 50 años de Forges. Parece que fue hoy (Planeta), La posguerra vista por una particular y su marido (Planeta), Lo más de las historias de aquí 1, 2 y 3 (Espasa) y Coloreitor: El libro antiestres de Forges (Espasa).

Stephen Hawking

(Oxford, Inglaterra, 8 de enero de 1942 – Cambridge, 14 de marzo de 2018)

Una de las mentes más fascinantes de nuestro tiempo falleció a los 76 años. Sus teorías espaciotemporales y de los agujeros negros revolucionaron la física. Hace treinta años el nombre del científico británico empezó a estar en boca de medio mundo y luego del mundo entero cuando publicó su libro Historia del Tiempo. Del big bang a los agujeros negros. Pronto se convirtió en un best-seller hasta convertirse en longseller. En 2002 publicó El universo en una cáscara de nuez, en 2005 Brevísima historia del tiempo, escrita con Leonard Mlodinow, y en 2010 El gran diseño, de nuevo con Mlodinow.

Hawking era físico, astrofísico, cosmólogo y uno de los mejores divulgadores científicos. Desde la relatividad general intentó descifrar las teorías espaciotemporales, de los agujeros negros y del big bang, el origen del universo.

Lee un fragmento de El gran diseño (Crítica):

“La teoría del ser

Cada uno de nosotros existe durante un tiempo muy breve, y en dicho intervalo tan sólo explora una parte del conjunto del universo. Pero los humanos somos una especie marcada por la curiosidad. Nos preguntamos, buscamos respuestas. Viviendo en este vasto mundo, que a veces es amable y a veces cruel, y contemplando la inmensidad del firmamento encima de nosotros, nos hemos hecho siempre una multitud de preguntas. ¿Cómo podemos comprender el mundo en que nos hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el universo un Creador? La mayoría de nosotros no pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose por esas cuestiones, pero casi todos nos preocupamos por ellas en algún instante. Tradicionalmente, ésas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento…”.

 

Sergio Pitol

(Puebla, México, 18 de marzo de 1933 – Xalapa, México, 12 de abril de 2018)

Sergio Pitol. /Fotografía de Carles Mercader
Sergio Pitol era un discreto escritor viajero que vivió más de la tercera parte de su vida fuera de México pero que conocía y sentía a su país como pocos. Un autor cuya obra es el resultado de sus lecturas, su pasión por la pintura y la música clásica y su nomadismo planetario. Fue distinguido con el Premio Cervantes de las Letras en 2005  “por sus reflexiones constantes sobre el arte de escribir, su anticipación a la fusión de géneros, y por su dimensión cervantina”. Fue lector, traductor y escritor de cuentos, novelas y ensayos que lo convirtieron en una figura intetelectual admirada y apreciada en México.
El primer libro de cuentos Tiempo cercado es de 1959. Ese fue el género con el cual empezó y practicó en los años sesenta hasta alcanzar un total de ocho libros. En 1972 tiene su primera novela: El tañido de la flauta, luego vendrían otras como El desfile del amor, con el cual obtuvo el Premio Herralde, en 1984, y empezó a ser conocido en España y parte de Latinoamérica, Juegos florales, Domar a la divina garza y La vida conyugal.

Lee un pasaje del discurso de Sergio Pitol al recibir el Premio Cervantes:

“Llegué a la ciudad de México a los dieciséis años para cursar estudios universitarios. Me inscribí en la Facultad de Derecho y frecuenté la de Filosofía y Letras. Pero la que definió mi destino, mi camino hacia la literatura, fue la Facultad de Derecho, y concretamente a un maestro, Don Manuel Martínez de Pedroso, catedrático de Teoría del Estado y Derecho Internacional. Los alumnos más comprometidos con la carrera, los más ordenados, los de óptimas calificaciones en todas las asignaturas, desorientados ante la ausencia de un programa previamente establecido, desertaron a las dos o tres semanas de haberse iniciado el curso. Don Manuel Pedroso fue una de las personas más sabias que he conocido, y, quizás por eso, nada en él había de libresco. Cuando en el salón no quedó sino un puñado de fieles, el maestro sevillano inició realmente su paideia. La impartía del modo más heterodoxo que en aquella época pudiera concebirse la enseñanza del derecho. Pedroso solía hablarnos del dilema ético encarnado en «El gran inquisidor», de Dostoievski; del antagonismo entre obediencia al poder y el libre albedrío en Sófocles y Eurípides; de las nociones de teoría política expresadas en los tantos Enriques y Ricardos de los dramas históricos de Shakespeare; de Balzac y su concepción dinámica de la historia; de los puntos de contacto entre los utopistas del Renacimiento con sus antagonistas los teóricos del pensamiento político, los primeros visionarios del Estado Moderno: Juan Bodino y Thomas Hobbes. A veces en la clase discurría ampliamente sobre la poesía de Góngora, poeta que prefería a cualquier otro del idioma, o de su juventud en Alemania, donde había realizado la traducción al español de poemas de Rilke, algunas obras de Goethe y también la de Despertar de primavera, de Franz Wedekind, uno de los primeros dramas expresionistas que circuló en el ámbito hispánico”.

 

Tom Wolfe

(Virginia, Estados Unidos, 2 de marzo de 1930 – Manhattan, 14 de mayo de 2018)

Es uno de los autores más influyentes en las técnicas que mezclan literatura y reporterismo. En 1963 ayudó a mover el suelo del periodismo al empezar a narrar informaciones en las que los detalles y los trazos visibles y sicológicos de los personajes e interpretaciones suyas cobraron relevancia para crear un fresco novelado de la realidad. Frases de chistera, metáforas curiosas, la literatura embarrada de realismo, dardos a lo políticamente correcto y a la progresía. Wolfe fue uno de los padres del llamado Nuevo periodismo en unos años de grandes transformaciones para el mundo que parecía reclamar otro ritmo, otra mirada, otro pulso más acorde a los latidos de los nuevos tiempos que venían de prisa. Un hecho tras otro en un carrusel de reinvención de la vida en una prosa rápida y acerada, con algunos meandros.

Lee el comienzo del famoso libro de Tom Wolfe, El nuevo periodismo:

“Dudo de que muchos de los ases que ensalzaré en este trabajo se hayan acercado al periodismo con la más mínima intención de crear un «nuevo» periodismo, un periodismo “mejor”, o una variedad ligeramente evolucionada. Sé que jamás soñaron en que nada de lo que iban a escribir para diarios o revistas fuese a causar tales estragos en el mundo literario… a provocar un pánico, a destronar a la novela como número uno de los géneros literarios, a dotar a la literatura norteamericana de su primera orientación nueva en medio siglo… Sin embargo, esto es lo qué ocurrió. Bellow, Barth, Updike —incluso el mejor del lote, Philip Roth— están ahora repasando las historias de la literatura y sudan tinta, preguntándose dónde han ido a parar. Malditos sean todos, Saul, han llegado los Bárbaros…
Dios sabe que nada nuevo abrigaba mi mente, y mucho menos en cuestiones literarias, cuando conseguí mi primer empleo en un periódico. Me impulsaba un ansia desatada y artificial hacia algo completamente distinto”.

 Philip Roth

(Nueva Jersey, Estados Unidos, 19 de marzo de 1933 – Nueva York, 22 de mayo de 2018)

Philip Roth es uno de los grandes escritores contemporáneos más influyentes. Novelista, cuentista y ensayista, era hijo de inmigrantes judíos europeos. Autor de una treintena de obras, fue uno de los autores que marcó la literatura de su país en la segunda mitad del siglo XX junto a Saul Bellow y John Updike. Su nombre siempre estuvo en las quinielas del Premio Nobel de Literatura. La identidad judía en Estados Unidos, los estadounidenses, su historia y sus contradicciones, la relación con el padre, los laberintos del amor, la sexualidad masculina, el deseo sexual de un hombre mayor y la mortalidad fueron algunos de sus temas esparcidos de ironía, sátira y humor. Roth publicó en 2010 su última novela, Némesis, y dos años más tarde confirmó que dejaba de escribir: “Me equivoqué. He llegado al final del camino. Ya no tengo nada más sobre lo que escribir”.

Entre sus obras destacan Goodbye, Columbus (1959), El lamento de Portnoy (1969), Trilogía americana: formada por Pastoral americana (1997), Me casé con un comunista (1998) y La mancha humana (2000); Patrimonio, una historia verdadera (2003), La conjura contra América (2004), El oficio (2007) y Némesis (2010).

Lee un fragmento de Goodbye Columbus:

—¿Qué ocurre? ¿Por qué no me dijiste nada cuando hablamos por teléfono?

—Ha ocurrido hoy.
—¿Es cosa de los estudios?
—De casa. Se han enterado de lo nuestro.

La obligué a mirarme de frente.
—Pues muy bien. Yo también le he dicho a mi tía que venía a verte. ¿Qué más da?

—Me refiero a lo del verano. Que dormíamos juntos. —¿Ah?
—Sí.
—¿Ha sido Ron?
—No.
—La noche aquella, ¿estás queriéndome decir que Julie…?

—No —dijo ella—. No ha sido nadie.
—No entiendo.

Brenda se levantó de la silla y se acercó a la cama, en cuyo borde se sentó. Yo me dejé caer en la silla.

—Mi madre encontró la cosa esa.
—¿El diafragma?

Asintió con la cabeza.
—¿Cuándo? —le pregunté.
—El otro día, creo.

Se acercó al escritorio y abrió su bolso.
—Toma. Léelas en el orden en que me llegaron. Me lanzó un sobre: tenía los bordes sucios y estaba algo arrugado, como si ya hubiera salido y entrado unas cuantas veces del bolsillo de Brenda.

—Ésta la recibí esta mañana por correo urgente —me dijo.

Saqué la carta del sobre y la leí:

LAVABOS Y FREGADEROS PATIMKIN

Todos los tamaños — Todos los modelos

Querida Brenda:

No hagas caso de la carta de tu madre cuando la recibas. Te quiero mucho, mi niña, y si te apetece comprarte un abrigo, yo te lo compro. Nunca te negaré nada. Tenemos plena Confianza en ti, así que no te molestes por lo que te dice tu madre en su carta. Claro, se ha puesto histérica de la impresión, con lo que había trabajado por la Hadassah. Siendo mujer, le cuesta trabajo entender las cosas que pasan en la Vida. Claro, no voy a decirte que no nos hemos llevado todos una sorpresa, porque yo lo traté muy bien desde el principio y pensamos que nos agradecería las vacaciones tan estupendas que pasó con nosotros. Hay gente que nunca resulta como uno esperaba, pero estoy dispuesto a perdonar, y lo Pasado, Pasado, tú siempre has sido una buena chica y has sacado buenas notas, y Ron siempre ha sido lo que queríamos, un buen chico, que es lo más importante, y agradable. A estas alturas de mi Vida no voy a ponerme a odiar la Carne de mi Carne. En cuanto a tu error, hacen falta Dos Personas para cometer un error, y ahora que estás en Boston estudiando, lejos de él y de la situación en que te metiste, estoy seguro, estoy totalmente convencido de que te comportarás como Dios Manda. Uno tiene que confiar plenamente en los hijos, como en los negocios y en cualquier empresa seria, y no hay nada tan malo que no pueda perdonarse, sobre todo tratándose de la Carne de nuestra Carne. Tenemos una familia muy unida y ¿¿¿por qué no??? Pásatelo bien estas vacaciones y yo rezaré…”.

V. S. Naipaul

(Chaguanas, Trinidad y Tobago; 17 de agosto de 1932 – Londres, Inglaterra; 11 de agosto de 2018)

V. S. Naipaul. /Fotografía Literatura Random House.

Vidiadhar Surajprasad Naipaul murió con 85 años. Escritor británico, pero descendiente de una familia india que se trasladó a Trinidad y Tobago, donde nació, Naipaul basó su creación literaria en la exploración de las raíces y la identidad y el rastro de los estragos del imperio británico en todo el mundo. Considerado por algunos como el mejor escritor británico de las últimas décadas, Naipaul recibió el Nobel en 2001, según la Academia Sueca, por “haber unido una narración perceptiva y un escrutinio incorruptible en obras que nos obligan a ver la presencia de historias reprimidas”. En verano su novela Un estado libre, de 1971, fue elegida como uno de los 5 mejores libros que han obtenido el prestigioso Man Booker Prize.

Naipaul escribió más de una treintena de obras con, según The Guardian, “una prosa diamantina”. Y una prosa que vivió una gran transformación al empezar en los años  cincuenta con libros de comedia ligera y convertirse en uno de los autores más acerados, incómodos y profundos en cuanto a la situación del presente de muchas excolonias británicas y europeas, en general, y de su visión del mundo y la sociedad.

Lee un fragmento de Una casa para el señor Biswas:

“PASTORAL

Poco antes de que naciera el señor Biswas, hubo otra pelea entre su madre, Bipti, y su padre, Raghu, y Bipti se llevó a los tres hijos, andando bajo el ardiente sol hasta el pueblo en el que vivía su madre, Bissoondaye. Allí, Bipti lloró y contó la vieja historia de la tacañería de Raghu: que controlaba cada centavo que le daba, que contaba cada galleta de la lata, y que era capaz de caminar quince kilómetros con tal de no pagar un penique por un carro.

El padre de Bipti, incapacitado por el asma, se incorporó en la hamaca y dijo, como hacía siempre en los momentos de desgracia: «El Destino. No se puede hacer nada».

Nadie le prestó la menor atención. El Destino le había llevado de la India a la plantación de caña, le había avejentado rápidamente y le había dejado que muriese en una choza de barro a punto de desmoronarse en medio de los pantanos; sin embargo, hablaba del Destino con frecuencia y con afecto, como si, por el simple hecho de sobrevivir, fuera especialmente afortunado.

Mientras el anciano seguía hablando, Bissoondaye llamó a la comadrona, preparó comida para los hijos de Bipti y les hizo la cama. Cuando llegó la comadrona, los niños estaban dormidos. Al cabo de un rato los despertaron los chillidos del señor Biswas y los alaridos de la comadrona..”.

Stan Lee

(Nueva York, EE UU, 28 de diciembre de 1922 – Los Ángeles, California, 12 de noviembre de 2018​)

Buena parte de la humanidad está agradecida con Stan Lee, Stanley Martin Liber fallecido con 95 años. Desde los años sesenta, muchos leyeron sus historias y crecieron con sus personajes desde niños, primero a través de sus tebeos y luego con las películas. El universo del cómic se enriqueció y ensanchó sus territorios gracias a su inventiva. Suyos son héroes más humanos como Los Cuatro Fantásticos, Hulk, Spiderman, Los Vengadores, Iron Man, Thor, X-Men… Todos de la galaxia Marvel como contrapeso al dominio de héroes como Superman y Batman.

Fernando del Paso

(Ciudad de México, 1 de abril de 1935 – Guadalajara, México, 14 de noviembre de 2018)​

Fernando Del Paso (Ciudad de México 1930-Guadalajara, 2018), en la FIL de Guadalajara. /Fotografía de Universidad de Guadalajara.

“Soy parte de la cola del boom latinoamericano”, decía el narrador, poeta, ensayista y dramaturgo. Del Paso se sentía él sobre todo, poeta, aunque todos lo hubieran visto como un autor de historia y de México, como un escritor que hizo del pasado un arte narrativo con obras como José Trigo, Palinuro de México, su favorito, y Noticias del Imperio. Además de las novelas citadas, entre los ensayos destacan El coloquio de invierno, Yo soy hombre de letras y Viaje alrededor del Quijote. En 2015 fue distinguido con el Premio Miguel de Cervantes “por su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad”.

Lee el comienzo de Noticias del imperio:

“Yo soy María Carlota de Bélgica, Emperatriz de México y de América. Yo soy María Carlota Amelia, prima de la Reina de Inglaterra, Gran Maestre de la Cruz de San Carlos y Virreina de las provincias del Lombardovéneto acogidas por la piedad y la clemencia austriacas bajo las alas del águila bicéfala de la Casa de Habsburgo. Yo soy María Carlota Amelia Victoria, hija de Leopoldo Príncipe de Sajonia-Coburgo y Rey de Bélgica, a quien llamaban el Néstor de los Gobernantes y que me sentaba en sus piernas, acariciaba mis cabellos castaños y me decía que yo era la pequeña sílfide del Palacio de Laeken. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina, hija de Luisa María de Orleans, la Reina Santa de los ojos azules y la nariz borbona que murió de consunción y de tristeza por el exilio y la muerte de Luis Felipe, mi abuelo, que cuando todavía era Rey de Francia me llenaba el regazo de castañas y la cara de besos en los Jardines de las Tullerías. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina, sobrina del Príncipe Joinville y prima del Conde de París, hermana del Duque de Brabante que fue Rey de Bélgica y conquistador del Congo y hermana del Conde de Flandes, en cuyos brazos aprendí a bailar, cuando tenía diez años, a la sombra de los espinos en flor. Yo soy Carlota Amelia, mujer de Fernando Maximiliano José, Archiduque de Austria, Príncipe de Hungría y de Bohemia, Conde de Habsburgo, Príncipe de Lorena, Emperador de México y Rey del Mundo, que nació en el Palacio Imperial de Schönbrunn y fue el primer descendiente de los Reyes Católicos Fernando e Isabel que cruzó el mar océano y pisó las tierras de América, y que mandó construir para mí a la orilla del Adriático un palacio blanco que miraba al mar, y otro día me llevó a México a vivir a un castillo gris que…”.
  •   Lee el artículo completo de WMagazín sobre el autor mexicano publicado tras su muerte: Fernando del Paso, un poeta de la Historia y de su México.

Amos Oz

(Jerusalen (Israel), 4 de mayo de 1939 – Tel Aviv (Israel), 28 de diciembre de 2018)

El escritor israelí, Amos Oz (1939-2018).

El escritor israelí Amos Oz, murió de cáncer el 28 de diciembre de 2018.  Un escritor, intelectual y defensor de la paz y la convivencia. Oz, narrador, ensayista y periodista, es uno de los más importantes autores contemporáneos en hebreo que siempre estuvo en las quinielas del Nobel de Literatura.

Era una persona admirada por su literatura y respetada por su capacidad intelectual y compromiso con el proceso de paz de Oriente Próximo. En 1967 participó en la Guerra de los Seis días. A partir de ahí dejó clara su posición y defendió una solución de dos estados con Palestina.

Amos Oz obtuvo algunos de los principales premios y distinciones internacionales: el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, la Legión de Honor francesa, el Premio Goethe, el Franz Kafka o el Israel Prize. Su obra consta de más de veinte títulos, incluyendo novelas, colecciones de cuentos, libros para niños y ensayos. Su literatura se encuentra traducida a 42 idiomas, incluido el árabe.

Su pasión por la lectura y la escritura lo llevó a publicar su primer volumen de cuentos en 1965: Donde aúllan los chacales y otros cuentos. Al año siguiente publicó su primera novela: Quizás en otra parte. Ya desde el comienzo gozó de buena crítica. Entre sus obras destacan Tocar el agua, tocar el viento, Un descanso verdadero, La Caja negra , Una pantera en el sótano y Judas (2014). Su último ensayo es Queridos fanáticos (todos publicados en editorial Siruela).

Fragmento de su autobiografía Una noche amor y oscuridad (Siruela):

“Nací y crecí en un piso muy pequeño, de techos bajos y unos treinta metros cuadrados: mis padres dormían en un sofá cama que ocupaba su habitación casi de pared a pared cuando lo abrían por las noches. Por la mañana temprano plegaban el sofá sobre sí mismo, escondían la ropa de cama en la oscuridad del cajón de abajo, daban la vuelta al colchón, cerraban, empujaban, lo cubrían con una funda gris clara y unos cuantos cojines bordados de estilo oriental, ocultando cualquier rastro de su sueño nocturno. Así pues, su habitación servía de dormitorio, estudio, biblioteca, comedor y salón”.

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