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Las escritoras Gabriela Cabezón (arriba) y la portada en inglés de su novela ‘Las aventuras de la china Iron’, y Fernanda Melchor y la portada en inglés de ‘Temporada de huracanes. Finalistas del Booker Internacional 2020. /WMagazín

La argentina Gabriela Cabezón y la mexicana Fernanda Melchor son finalistas del Booker Internacional

Las dos escritoras fueron seleccionadas por sus novelas 'Las aventuras de la china Iron' (Cabezón), una reescritura del clásico 'Martín Fierro' en clave femenina; y 'Temporada de huracanes' (Melchor) sobre la violencia en el interior de México y un retrato de la sociedad

La reescritura del clásico argentino Martín Fierro en clave femenina y queer en Las aventuras de la China Iron, en manos de Gabriela Cabezón Cámara.

La recreación de una parte violenta y social de la realidad mexicana en Temporada de huracanes escrita por Fernanda Melchor.

Son las dos novelas de estas escritoras latinoamericanas finalistas del Premio Booker Internacional, cuyo ganador se anunciará el 19 de mayo. Dos obras (editadas en español por Literatura Random House) que tienen un gran manejo del lenguaje y del vocabulario para contar y reescribir sucesos reales y literarios que conectan con el presente y muchas de sus inquietudes. Dos viajes, también, al interior poco conocido de las personas.

«El Premio Internacional Booker se otorga anualmente por un solo libro, traducido al inglés y publicado en el Reino Unido o Irlanda. El trabajo vital de los traductores se celebra, con el dinero del premio dividido en partes iguales entre el autor y el traductor», recuerda la organización del galardón.

«Estamos doblemente felices con esta noticia: por el sello Literatura Random House (tres de los seis finalistas son libros publicados por nosotros) y por el buen estado de salud de la literatura latinoamericana», expresó a WMagazín Pilar Reyes, Directora Editorial de Alfaguara, Taurus, Debate, Lumen y Publicaciones Académicas del Grupo Penguin Random House en España.

La lista completa de los seis finalistas, de una preselección de trece, donde estaban la argentina Samanta Schweblin por Kentuki (Literatura Random House) y el español Enrique Vila-Matas por Mac y su contratiempo (Seix Barral), la conforman autores de seis países y cinco idiomas:

The Enlightenment of the Greengage Tree, de Shokoofeh Azar, traducida por Anonymous del farsi (Europa Editions). Según el jurado: “Una revisión salvaje y humorística de los mitos y fábulas persas, llena de escenas brutales de la vida contemporánea. Un retrato fantasmal de una familia atrapada en la violencia abyecta de los disturbios políticos «.

The Adventures of China Iron (Las aventuras de la China Iron), de Gabriela Cabezón Cámara, traducida por Iona Macintyre and Fiona Mackintosh del español (Charco Press). Según el jurado: “Una lectura feminista de los mitos fundacionales del siglo XIX, la brutalidad y la belleza de redescubrir un mundo ya devastado. Esto debe haber planteado un enorme desafío para los traductores, uno que han enfrentado con ingenio y equilibrio ”.

Tyll, de Daniel Kehlmann, traducida por Ross Benjamin del alemán (Quercus). Según el jurado: “Esta novela viaja con las corrientes de la historia. En sus ciclos de brutalidad y violencia, llega a nuestra soledad y resuena con el poder del mito reescrito ”.

Hurricane Season (Temporada de huracanes), de Fernanda Melchor, traducida por Sophie Hughes del español (Fitzcarraldo Editions). Según el jurado: “En una traducción propulsora, los ocho párrafos de esta novela caen en espiral a través de capas de violencia, corrupción y deseo. Una novela de fuerza endemoniada».

The Memory Police, de Yōko Ogowa, traducida por Stephen Snyder del japonés (Harvill Secker). Según el jurado: «Originalmente publicada en la década de 1990, esta novela habla directamente del presente amnésico: un mundo en el que las cosas desaparecen, luego el recuerdo de las cosas mismas, en una prosa sin afecto que refleja esta eliminación».

The Discomfort of Evening, de Marieke Lucas Rijneveld, traducida por Michele Hutchison del holandés (Faber & Faber). Según el jurado: “El lenguaje de Rijneveld renueva el mundo, revelando las conmociones y la violencia de los primeros jóvenes a través del prisma de una granja lechera holandesa. La extrañeza de un niño mirando la extrañeza del mundo «.

Ted Hodgkinson, presidente del jurado dijo: «En estos tiempos de distracción y aislamiento, es difícil ver más allá de la crisis actual, pero a través de estas hazañas excepcionales de traducción, encontramos personajes y sensibilidades que tienen una resonancia duradera. Algunos de los libros de nuestra lista corta canalizan el aire de contagio hacia distopías hábiles o épicas históricas llenas de plagas, y algunos nos transportan a mundos tan variados como una aldea rural mexicana y una granja lechera holandesa. Pero, sobre todo, nos dan acceso a mundos interiores ricamente realizados, lo suficientemente interesantes como para calmar cualquier distracción y colapsar cualquier distancia social”.

El jurado lo completan Lucie Campos, directora de Villa Gillet, el centro de escritura internacional de Francia; Jennifer Croft;, traductora internacional ganadora de Booker; Valeria Luiselli, escritora mexicana; y Jeet Thayil, escritor, poeta y músico preseleccionado de Booker.

Las aventuras de la china Iron

Gabriela Cabezón Cámara (Buenos Aires, 1968) es una periodista y escritora muy reconocida en Argentina. Las aventuras de la China Iron es su tercera novela, publicada en 2017. Su debut lo hizo con La Virgen Cabeza (2009). Siguieron las novelas cortas Le viste la cara a Dios (2011) y Romance de la Negra Rubia (2014); las novelas gráficas Beya (Le viste la cara a Dios) (2011) e Y su despojo fue una muchedumbre (2015) -ilustradas por Iñaki Echeverría- y de los relatos Sacrificios (2015).

Cabezón Cámara reescribe el gran poema fundacional de la literatura argentina: Martín Fierro (1872), de José Hernández. Si en aquella epopeya el protagonista se convierte en desertor del ejército por no querer combatir contra los indios, en la versión siglo XXI de la escritora es la mujer de Martín Fierro quien cuenta los sucesos, los suyos y su vida complicada hasta lograr un estadio utópico.

Fragmento de la novela

«Fue el brillo. El cachorro saltaba luminoso entre las patas polvorientas y ajadas de los pocos que quedaban por allá: la miseria alienta la grieta, la talla; va arañando lenta, a la intemperie, la piel de sus nacidos; la hace cuero seco, la cuartea, les impone una morfología a sus criaturas. Al cachorro todavía no, irradiaba alegría de estar vivo, una luz no alcanzada por la triste opacidad de una pobreza que era, estoy convencida, más falta de ideas que de ninguna otra cosa.

Hambre no teníamos, pero todo era gris y polvoroso, tan turbio era todo que cuando vi al cachorro supe lo que quería para mí: algo radiante. No era la primera vez que veía uno, incluso había parido a mis criaturas, y no es que no destellara nunca la llanura. Refulgía con el agua, revivía aunque se ahogara, toda ella perdía la chatura, corcoveaba de granos, tolderías, indios dados vuelta, cautivas desatadas y caballos que nadaban con sus gauchos en el lomo, mientras cerca los dorados les brincaban veloces como rayos y caían para lo hondo, para el centro del cauce desbordado. Y en cada fragmento de ese río que se comía las orillas se espejaba algo de cielo y no parecía cierto ver todo eso, cómo el mundo entero era arrastrado a un vértigo barroso que caía lentamente y girando sus cientos de leguas rumbo al mar.

Primero luchaban hombres, perros, caballos y terneros huyéndole a lo que asfixia, a lo que chupa, a lo fuerte del agua que nos mata. Unas horas después ya no había guerra, era larga y era ancha la manada, cimarrón como el río mismo ese ganado ya perdido, arrastrado más que arriado, dando vueltas carnero los carneros y todo lo demás; las patas para arriba, para adelante, para abajo, para atrás, como trompos con eje horizontal; avanzaban veloces y apretados, entraban vivos y salían kilogramos de carne putrefacta. Era un cauce de vacas en veloz caída horizontal: así caen los ríos en mi tierra, con una velocidad que a la vez es un ahondarse, y así vuelvo al polvo que todo lo opacaba del principio y al fulgor del cachorro que vi como si nunca hubiera visto otro y como si no hubiera visto nunca las vacas nadadoras, ni sus cueros relumbrantes, ni toda la llanura echando luz como una piedra mojada al sol del mediodía.

Lo vi al perro y desde entonces no hice más que buscar ese brillo para mí. Para empezar, me quedé con el cachorro. Le puse Estreya y así se sigue llamando y eso que yo misma cambié de nombre. Me llamo China, Josephine Star Iron y Tararira ahora. De entonces conservo sólo, y traducido, el Fierro, que ni siquiera era mío, y el Star, que elegí cuando elegí a Estreya. Llamar, no me llamaba: nací huérfana, ¿es eso posible?, como si me hubieran dado a luz los pastitos de flores violetas que suavizaban la ferocidad de esa pampa, pensaba yo cuando escuchaba el “como si te hubieran parido los yuyos” que decía la que me crió, una negra enviudada más luego por el filo del cuchillo de la bestia de Fierro, mi marido, que quizás no veía de borracho y lo mató por negro nomás, porque podía, o quizás, y me gusta pensar esto aun de ese que era él, lo mató para enviudarla a la Negra que me maltrató media infancia como si yo hubiera sido su negra».

Temporada de huracanes

Fernanda Melchor (Veracruz, México, 1982) alcanzó una voz fuerte y envolvente con su debut novelístico Temporada de huracanes. La aparición de un cadáver en el río y la resolución de su asesinato involucra a unos jóvenes cuyas historias sirven para retratar una realidad violenta y discriminada y escarbar sus orígenes. Un lenguaje riquísimo y lleno de matices que crea un ritmo torrencial y adictivo. Un paisaje narrativo con ecos rulfianos.

Melchor se sirve de la realidad para contarla y dennciar algunos sucedos que retratan las zonas en sombra del ser humano a través  las voces de sus personajes, reproduce la oralidad con toda su musicaliad y significado.

«Soy una escritora que le interesa hablar del momento actual pero no como denuncia. Fui criada en una época, vivimos ciertas dinámicas sociales. Hay también una manera de encasillar la literatura hecha por mujeres que tiene que hablar de la misoginia o el machismo; aunque uno decida hablar de ello», dijo Fernanda Melchor en un videorrelato de WMagazín que puedes ver en este enlace.

Sobre sus influencias literarias y Temporada de huracanes explicó en el mismo videorrelato: «Mi educación como escritora y lectora no pasa por la literatura negra sino de terror. Lo mío tiene que ver con las novelas de Stephen King que más me gustan y son aquellas que no trata lo sobrenatural, sino el mal que radica en los humanos más allá de un contexto social o político. Me interesa esa humanidad oscura. Temporada de huracanes tiene más influencias de autores como Dennis Cooper o James Ellroy. En México la violencia es costumbrista, algo que en realdiad tiene que ver con cosas más amplias».

Puedes escuchar unos minutos del audiolibro Temporada de huracanes a continuación:

Puedes leer un fragmento de la novela de Melchor a continuación:

«Llegaron al canal por la brecha que sube del río, con las hondas prestas para la batalla y los ojos entornados, cosidos casi en el fulgor del mediodía. Eran cinco, y su líder, el único que llevaba traje de baño: una trusa colorada que ardía (…)

Pieles color canela, color caoba tirando a palo de rosa, pieles húmedas y vivas que desde lejos, desde aquel tronco a varios metros de distancia desde donde la Bruja los espiaba, se le figuraban tersas pero firmes y apretadas como la carne acidulada de la fruta aún verde, la más irresistible, la que más le gustaba, por la que suplicaba en silencio, concentrando la fuerza de su deseo en el haz penetrante de su negra mirada, oculta siempre en la espesura o paralizada por el ansia en los linderos de las parcelas, con las eternas bolsas del mandado colgando de sus brazos y los ojos humedecidos por la belleza de toda esa carne lozana, el velo alzado por encima de la cabeza para verlos mejor, para olerlos mejor, para saborear en la imaginación el aroma salitroso que los machos jóvenes dejaban flotando en el aire de la llanura, en la brisa que a finales de año se tornaba en un viento necio…».

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