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Interior de la Biblioteca Deichman Bjørvika de Oslo. /Gatis Rozenfelds -Cortesía Biblioteca

La biblioteca del futuro, en Oslo, juega con los cinco sentidos para fortalecer la democracia

VACACIONES LITERARIAS Así es el ágora de la capital noruega: un espacio donde el libro es el pretexto para dialogar con las otras artes e intereses individuales y colectivos para fortalecer el bienestar, la democracia, la interculturalidad. Varios autores dejan libros inéditos para ser leídos en un siglo

Biblioteca Deichman Bjørvika de Oslo.

Un sol veraniego de las diez de la noche broncea Oslo reflejada sobre las serenas aguas ambarinas de su fiordo. La luz natural venida de arriba y potenciada por el reflejado de las aguas coloniza el interior de un edificio de seis plantas cubierto de cristal y cae desde tres inmensos lucernarios en el centro que intentan borrar cualquier sombra. Es la biblioteca del futuro construida para disfrutar con los cinco sentidos, y alguno más: en uno de sus rincones en forma de gruta, cada año un gran escritor se asoma al porvenir al dejar allí un libro inédito escrito en el presente para ser leído solo en el futuro, a partir de 2114.

Es la Biblioteca Deichman Bjørvika inaugurada el 18 de junio de 2020, la biblioteca pública número 22 de Oslo cuya red funciona desde hace 235 años. En este nuevo ágora a orillas del fiordo los libros son un pretexto para el entretenimiento y el ocio y el aprendizaje y el desarrollo de habilidades individuales y colectivas, punto de encuentro intercultural y artístico.

Los muelles antiguos del barrio de Bjørvika pasaron de ser desdeñados a ser el centro de la ciudad y a alojar la actividad cultural. Tres edificios modernos conforman el triángulo de la cultura como símbolos para el fortalecimiento de la democracia, la integración y la aspiración a borrar las diferencias sociales alrededor de la música y la danza, con el edificio de la Ópera inaugurado en 2008; las bellas artes, a través del Museo Munch que se inaugurará en otoño; y el libro en diálogo con todas las artes y entretenimientos, con esta nueva Biblioteca Deichman Bjørvika.

Biblioteca Deichman Bjørvika, sala de niños. /Foto de Eric Thallaug- cortesía Biblioteca

El edificio de 135.000 metros cuadrados aloja casi un millón de libros y un catálogo con diversas actividades para todos los públicos: leer un libro en una especie de cueva o un sillón cómodo, juegos y escondites para niños, minisalas de cine, cabinas para hacer podcats, uso de impresoras 3D, salas de trabajo en grupo o para conversar con los amigos, espacios para practicar o aprender a tocar el piano o la batería, cuartos para aprender a coser prendas de vestir, zona de comidas o espacios, simplemente, para contemplar el paisaje en todas las plantas, pero, sobre todo, en la última que en una esquina se convierte en un gran balcón cubierto o voladizo que parece asomarse al fiordo.

Es más que una estructura arquitectónica diseñada por Lundhagem Architects y Atelier Oslo. El edificio es un organismo vivo, abierto, de techos altos y luz natural que funciona como cruce de caminos de amplios y múltiples intereses de la gente para la lectura, el ocio, el trabajo, el descanso, el aprendizaje, las relaciones sociales. Abre todos los días con horarios muy extendidos: de lunes a viernes de 8 a.m. a 10 p.m y los fines de semana de 10 a.m. a 6 p.m.

Sala de música de la Biblioteca Deichman Bjørvika de Oslo.

Desde allí las personas pueden conectarse con el mundo a través de internet inalámbrico gratuito y acceso gratuito a computadoras y herramientas de taller. Solo se paga el papel y los materiales utilizados de impresión o copia. En Deichman recalcan que quieren “contribuir a una sociedad en la que todos tengan un sentido de pertenencia, propiedad y compromiso, tanto con la comunidad como con sus propias vidas. No importa por qué vienes aquí, te irás con algo”.

Una biblioteca que invita al uso del tiempo, o no, en un espacio sin tiempo, o sí.

La luz que lo invade todo es por la fachada de cristales mate que tienen un sistema solar con la triple función de ahorro de energía para la iluminación, aprovechar el calor para la calefacción en temporadas de frío y para el aire acondicionado en época de verano.

Biblioteca Deichman Bjørvika de Oslo y una de su áres de estudio con cabinas. /Foto de Gatis Rozenfelds- cortesía para WMagazín

La biblioteca está hecha para recibir a unas tres mil personas a la vez para un total de dos millones cada año en una situación libre de covid-19. Pero con la pandemia la situación ha cambiado: se han tomado todas las medias de seguridad sanitaria y control de acceso que permite un máximo de mil personas a la vez.

Aunque “los libros no se consideran un riesgo de infección y no los limpiamos después de su uso. Dentro de las bibliotecas pedimos a las personas que mantengan una distancia mínima de un metro. Permitimos diez personas por cada cien metros cuadrados. También distribuimos antibacterias para desinfección antes de usar computadoras. La gente parece respetar estas reglas y disfrutar de la biblioteca como antes”, explica Knut Skansen, director de las Bibliotecas Deichman.

Fortalecer la democracia y la unión de culturas

Knut Skanse, director de Biblioteca Deichman Bjørvika, en una de las bibliotecas móviles de Oslo. /Fotografía de WMagazín

Esta red creada en 1785 es una de las que más orgullosos hacen sentir a los noruegos. No solo están los edificios fijos tradicionales, sino que hay bibliotecas móviles por los barrios con actividades parecidas a las ferias antiguas. Esas bibliotecas, cuenta Knut Skansen, han sido renovadas completamente en los últimos años. Todas, inlcuida la nueva de Bjørvika, “siguen la misma receta: espacios para trabajar, colaborar, crear y decantar o esquilar. Los libros todavía están allí, pero no dominan la organización del espacio. Los horarios son generosos y los interiores están en algún lugar entre el hogar y el trabajo: un espacio extraño que no es privado sino un espacio cálido, agradable e incluyente público”. Entonces el experto hace énfasis en una idea o filosofía de vida: “La biblioteca es una plataforma democrática y creativa para los ciudadanos”.

Quedó claro el jueves 18 de junio durante la inauguración que contó con la presencia del príncipe Haakon Magnus cuando los escritores Camara Lundestad Joof y Lars Saabye Christensen leyeron un prólogo a la biblioteca:

«La biblioteca es un cielo en el que cada libro es una estrella, la biblioteca es un océano, cada libro es una ola. La biblioteca es un bosque, cada lector es un árbol que pide luz, pide prestada lluvia. La biblioteca es un circo. es un castillo, la biblioteca es un lugar para esperar, la biblioteca es una ciudad, la biblioteca es un cielo en el que cada libro es una nube. La biblioteca es alta, la biblioteca es baja. no nos vemos a nosotros mismos, sino a otra persona que nos muestra en quién podemos convertirnos. La biblioteca es un camino. La biblioteca eres tú, la biblioteca eres tú».

Para Knut Skansen la biblioteca “está abierta, en todos los sentidos. La biblioteca es la base de la democracia y la cultura. La biblioteca es lo opuesto a las cámaras de eco y la exclusión social. La biblioteca es una vacuna contra uno de los mayores desafíos de la ciudad: la soledad. Será una biblioteca para niños, para adultos, para el este, para el oeste, una biblioteca para Oslo».

Si con todo esto la biblioteca trae un poco de futuro para mejorar el presente, en uno de sus rincones desde este presente aguarda una mirada hacia el futuro con un proyecto literario único desde 2014: libros escritos hoy exclusivamente para ser leídos a partir del año 2114. En este proyecto los autores invitados han aceptado un reto fantástico: escribir un libro y guardarlo allí de manera inédita para los lectores de dentro de un siglo, con una característica adicional: serán editados en el papel extraído de mil abetos noruegos que se han empezado a plantar en un parque de Oslo.

Web del proyecto Future Library.

El proyecto se llama Future Library y se le ocurrió a Katie Paterson en el verano de 2014. El objetivo es encargar cada año un libro a un autor y guardarlo sin que nadie lo lea en aquel rincón que parece una pequeña gruta que mira al oriente en la Biblioteca Deichman.

Esta cápsula o biblioteca del tiempo literaria ya tiene libros de autores de diferentes nacionalidades, géneros y estilos:

la canadiense Margaret Atwood dejó el manuscrito Scribbler Moon,

el novelista inglés David Mitchell guardó allí From My Flows What You Call Time,

el poeta islandés Sjón entregó el manuscrito As My Brown Brushes On The Tunics of Angels,

la narradora turca Elif Shafak, ofreció su libro The Last Taboo,

la novelista surcoreana Han Kang trajo Dear Son, My Beloved,

el autor noreugo Karl Ove Knausgård está pendiente de entregar su manuscrito.

Es la apuesta de estos y futuros autores por lo que creen será la literatura en un siglo, la intuición del creador en su máxima expresión porque además no comprobarán cómo reaccionarán los lectores frente a su obra. Escribir para nadie ahora, y para todos en el mañana.

Un proyecto único en un tiempo inédito. Una de las lecciones que deja este periodo de pandemia, según Knut Skansen, es la trascendencia de lo analógico en el umbral de la era virtual: “El confinamiento por la covid-19 deja ver el reconocimiento de los límites de los medios digitales. Todavía somos seres físicos y las reuniones y discusiones físicas son más valiosas de lo que podemos lograr a través de plataformas digitales. La biblioteca es, desde la antigüedad, un ágora donde podemos compartir nuestras experiencias como seres humanos en el contexto de los libros. Esta idea y este concepto permanecerán mientras sigamos caminando en este planeta”.

Instalación ‘Brainstorm’, en la Bibioteca Deichman Bjørvika de Oslo.

Hace un año, en el verano de 2019, el edificio empezaba a dejar de ser un boceto y ya asomaba la biblioteca que es. Desde la colina oriental de Oslo, el sol de medianoche caía tras la ciudad y los tonos rojos y ocres del cielo dejaban ensoñadas las aguas del fiordo, de esa pequeña bahía donde se levantan ahora lugares de música y danza, artes y libros que buscan crear más humanidad.

Atardecer de Oslo en junio de 2019. /Fotografía de WMagazín

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