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Lee a los diez finalistas de la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa

Publicamos pasajes de las obras que optan al galardón de los escritores Gioconda Belli, Rodrigo Blanco Calderón, Álvaro Enrigue, Mónica Ojeda, Laura Restrepo, Alberto Ruy Sánchez, Antonio Soler, Manuel Vilas

WMagazín publica pasajes de los diez libros finalistas de la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, cuyo ganador se anunciará en Guadalajara (México) el 30 de mayo. Se trata de:

Las fiebres de la memoria, de Gioconda Belli (Seix Barral).

The night, de Rodrigo Blanco Calderón (Alfaguara).

Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue (Anagrama).

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau (Peisa).

Cuando te hablen de amor, de Mónica Lavín Maroto (Planeta).

Mandíbula, de Mónica Ojeda Franco (Candaya).

Los divinos, de Laura Restrepo (Alfaguara).

Los sueños de la serpiente,  de Alberto Ruy Sánchez (Alfaguara).

Sur, de Antonio Soler Marcos (Galaxia Gutenberg).

Ordesa, de Manuel  Vilas Vidal (Alfaguara).

La Bienal de Novela Mario Vargas Llosa premio la mejor novela de cualquier nacionalidad, siempre y cuando haya sido publicada originalmente en español. «No se admitirán obras traducidas. La convocatoria está abierta a obras de ficción en el más amplio sentido de la palabra, quedando excluidas las obras de ensayo, cuentos, memorias, historia y crítica, al igual que la novela gráfica, el cómic y la literatura infantil».

El galardón está dotado con 100.000 dólares. En esta edición se presentaron 426 obras procedentes de veinte países. La primera edición del certamen recayó en Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), del español Juan Bonilla, y la segunda edición en la obra Si te vieras con mis ojos (Alfaguara), del chileno Carlos Franz. La Bienal es organizada por la Fundación de la Universidad de Guadalajara, la Cátedra Vargas Llosa y la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, con el apoyo de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara y Acción Cultural Española (AC/E).

El jurado del premio está compuesto por el escritor, periodista y político nicaragüense Sergio Ramírez Mercado (como presidente); la escritora, profesora y miembro de la Real Academia Española Carme Riera; el escritor, periodista y profesor universitario peruano Alonso Cueto Caballero; el profesor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua Felipe Garrido y el crítico, poeta y exdirector del Instituto Cervantes español Juan Manuel Bonet Planes. La III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa se desarrollará entre los días 27 y 30 de mayo en Guadalajara (México).

Las siguientes son las novelas y sus pasajes presentadas en orden alfabético del apellido del autor:

 

'Las fiebres de la memoria', de Gioconda Belli

¿Qué piensan los enterradores? ¿Qué pensaron quienes cargaron mi féretro en la noche húmeda y calurosa de agosto en París? Irían a paso lento para no tropezar ni deslizarse sobre el musgo húmedo de otras lápidas. Sus hombros creerían soportar el peso del duque Charles Laure Hugues Théobald Choiseul de Praslin, que tras asesinar a su esposa se envenenó. Sospecho que les complacería secretamente llevar a un noble a la esquina apartada del camposanto, dejarlo caer sin miramientos dentro de la fosa recién cavada, darle el entierro propio de un criminal solo, sin familia doliente, o hijos que se preguntaran si esa maldad habitaba en su linaje. Los enterradores trabajarían deprisa, anhelando el cocido que los esperaba en casa, apilando veloces las paladas de tierra sobre el féretro, escuchándolas caer como bofetadas contra la madera. Uno de ellos clavaría después el madero vertical con el número 5701 toscamente grabado. Pensarían que era justo que yo no contase siquiera con la cruz rudimentaria asignada a los pordioseros.

  • Las fiebres de la memoria. Gioconda Belli (Seix Barral). La editorial dice: «Es es una novela de amor, misterio y aventura, una mirada íntima al reto de reinventarse una identidad, y aceptar una segunda oportunidad».
  • Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 1948) es poeta, ensayista y narradora.

'The night', de Rodrigo Blanco Calderón

1. Apagones

Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas. Caracas parecía un hormiguero destapado. Más allá de las citas canceladas, los cheques sin cobrar, la comida descompuesta y el colapso del metro, Miguel Ardiles recuerda ese día con una ternura casi paternal: la ciudad sintió el estupor de ser cueva y laberinto.

En los meses siguientes, a medida que los apagones se repetían, los habitantes fueron dibujando sus primeros bisontes, marcando con piedras los recodos familiares del recinto. Luego el Gobierno anunció el plan de racionamiento de energía. Los voceros de la oposición no tardaron en recordar la situación de Cuba en los años noventa y cómo el plan de cortes eléctricos que implementaron durante el periodo especial era idéntico al que se iba a aplicar en Venezuela.

El anuncio se hizo a la medianoche del miércoles 13 de enero de 2010.

Dos días después, Miguel Ardiles se encontraba en el Chef Woo con Matías Rye. Como todos los viernes en la noche, después de ver al último paciente, se iba a los chinos de Los Palos Grandes a esperarlo. Matías Rye dictaba talleres de escritura creativa en un instituto de la zona. Estaba por empezar su más ambicioso proyecto, The Night: una novela policial que involucionaría hacia el género gótico. El título lo había tomado prestado de una canción de Morphine y buscaba trasladar los matices de esta banda a su escritura: entrar en el horror como quien poco a poco se adormece y le da la espalda a la vida.

  • The night . Rodrigo Blanco Calderón (Alfaguara). La editorial dice: «Es una fábula sobre la Venezuela de hoy».
  • Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981) es escritor, editor y profesor universitario.

'Ahora me rindo y eso es todo', de Álvaro Enrigue

Al principio las cosas aparecen. La escritura es un gesto desafiante al que ya nos acostumbramos: donde no había nada, alguien pone algo y los demás lo vemos. Por ejemplo la pradera: un territorio interminable de pastos altos. No hay árboles: los mata el viento, la molicie del verano, las nieves turbulentas del invierno. En el centro del llano, hay que poner a unos misioneros españoles y un templo, luego unos colonos, un pueblo de cuatro calles. Alguien pensó que ese pueblo era algo y le puso un nombre: Janos. Tal vez porque tenía dos caras. Una miraba al imperio español desde uno de sus bordes, el lugar donde empezaba a borrarse. La otra miraba al desierto y sus órganos: Apachería.

En algún momento el sitio resultó estratégico: tenía pozos artesianos. Mandaron unos soldados, construyeron un presidio para amedrentar a los habitantes originales del terreno y darles una sensación de seguridad productiva a los colonos que ya habían dejado de ser españoles y ahora eran criollos, negros, keraleses, lombardos, chinos, irlandeses. Llegaban pocas migrantes, así que se casaban con indias, sus hijos ya eran otra cosa: chihuahuenses, mexicanos, sabrá Dios. Luego otro sintió que debería medrar con el trabajo de los ganaderos, los comerciantes, el panadero y la maestra y puso una alcaldía que aunque estaba en el centro parecía que había quedado afuera solo porque Janos era tan chico que no tenía periferia. O sí tenía periferia, pero ni contaba ni se recuerda: eran pueblos de indios, se les llamaba goteras, a veces rancherías.

'Vivir abajo', de Gustavo Faverón Patriau

Información de la editorial: «Vivir abajo nos muestra que la locura de George es hija de otra aún más ominosa. Para darle algún sentido a su venganza de hijo atormentado en casa, George persigue la locura de su padre, el coronel George S. Bennett, miembro de la CIA y torturador, por Paraguay, Argentina, Chile, Perú y Bolivia, cuando descubre que su progenitor es un monstruo. Siguiéndolo por sótanos de tortura, manicomios y campos de concentración, descubrimos que esa enajenación personal e íntima es la que ha engendrado los regímenes de Stroessner, Videla, Pinochet y sus miles de muertos de manos de artistas frustrados como Hitler o Goebbels, y devenidos como estos en asesinos».

  • Vivir abajo. Gustavo Faverón Patriau (Peisa).
  • Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966), es escritor, crítico literario y periodista.

'Cuando te hablen de amor', de Mónica Lavín Maroto

Información de la editorial: «Una novela sobre las imperfecciones del amor y a la certeza de que, a pesar de todo, siempre es posible.A punto de casarse y mudarse a otro país con su futuro esposo, Maya no está convencida de que el amor sea para siempre. Entre arreglos de flores, invitaciones y la búsqueda del ajuar para la boda, conoce a Eugenia, una mujer que vive con el dolor de una decepción amorosa y atormentada por el recuerdo de un marido muerto que aún la persigue. En este encuentro, el pasado de Eugenia y el futuro de Maya colisionan y, donde una ve la oportunidad de vengar sus viejas heridas, la otra encuentra certezas en los pliegues de la seda. Entre los secretos de un vestido de novia, ambas mujeres revelan dos caras muy distintas de la vida que al final desembocan en el mismo lugar: la posibilidad del amor está llena de imperfecciones».

'Mandíbula', de Mónica Ojeda Franco

Arrastraron las sillas. Miss Ángela, alias Baldomera, les pidió que las levantaran, pero ellas arrastraron las sillas sobre su voz áurea de Angelus Novus; voz de ángel-dormido-de-la-historia dictando el pasado, aunque inevitablemente empujado por el presente –como las sillas– hacia una promesa de futuro de veintitrés faldas, cinco sonrisas con brackets, tres relojes Tory Burch, veintiún iPhones, trece iPads y un rosario. La jauría de metal ladrando las baldosas despertó a Ivanna Romero, alias la Becada, quien se puso de pie de un salto para llevar la suya hacia adelante. Fernanda empujó su silla contra la de Annelise Van Isschot, alias la Pecas. Hacía mucho tiempo que no había carros chocones en la ciudad. Qué divertido es chocarse contra todo lo que importa, pensó recordando la infancia que le agitaba los caninos. Fiorella y Natalia Barcos se colocaron al fondo del aula, detrás de Ximena Sandoval y Analía Raad, sus best-friends-4ever-nunca-cambies-bebé, y les halaron las coletas sonriendo sus incisivos. Ximena y Analía se voltearon: les sacaron sus lenguas-clítoris hasta la barbilla. Las sillas de las otras pajarearon el suelo mientras Baldomera volvía a pedir, esta vez más enérgicamente, que las levantaran, pero nadie le hizo caso. Entonces golpeó la mesa con su puño de Mohamed Alí y el ruido del metal decreció para ser reemplazado por el de las sillas al caer. Una ola de diminutas risas e intercambios de miradas hicieron que Baldomera se arrepintiera de haber roto las filas, la disposición de auditorio, por 61 una de anfiteatro: un bello medio círculo pedagógico que pusiera a las chicas en situación de igualdad respecto a ella. Equidad. Democracia. Paridad. Mocosas infames. ¿Cómo iban a parecérsele esas ratonas hambrientas de deseo? Lucía Otero se abrió los primeros botones de la blusa. María Aguayo se acomodó la falda que, ajustada a sus medidas por alguna costurera, le marcaba sus nalgas-Nicki-Minaj. Renata Medina se las apretó con las manos abiertas como paraguas. Carcajadas a cascadas. No tenían compañeros varones, pero las más populares eran invitadas a fiestas de universitarios.

  • Mandíbula. Mónica Ojeda Franco (Candaya). La editorial dice: «Mandíbula es una novela sobre el miedo y su relación con la familia, la sexualidad y la violencia».
  • Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988). Master en Creación Literaria y en Teoría y Crítica de la Cultura, da clases de Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Actualmente cursa un Doctorado en Humanidades sobre literatura pornoerótica latinoamericana.

'Los divinos', de Laura Restrepo

Muñeco (alias Kent, Kento, Mi-lindo, Dolly-boy, Chucky)

—Los monicongos son dos y el más chiquitico se parece a vos —me despierta el Muñeco con un telefonazo a las tres o cuatro de la madrugada. Dice sólo eso, y cuelga.

El sobresalto me deja sentado en la cama con el corazón a mil. La voz del Muñeco, juguetona y entrapada en alcohol, cae como rayo a estas recónditas horas y me arranca del sueño, partiendo en dos mi noche hasta este instante plácida. Yo, que estaba tan bien, atravesando suavemente las planicies de mi ser profundo, ahora hechas trizas por culpa del Dolly-boy, a quien también llamamos Muñeco. Sus palabras provienen muy de afuera y se cuelan con patanería en el silencio de mi cuarto, enturbiando la quietud de aquí adentro. Y ahí quedo yo, en blanco, con los sueños espantados y sin manera de recuperarlos, y con el retintín de su voz en el tímpano: los monicongos son dos, son tres, son cuatro, son cinco.

Qué plaga, este Muñeco. Qué manera de joder. Si se le antoja alargar la parranda, o despilfarrar mariachis en murgas y serenatas, o romperse la trompa con la canalla, allá él. Su bendito problema. Que haga lo que le dé la gana. ¿No puede acaso respetar el descanso ajeno?

  • Los divinos. Laura Restrepo (Alfaguara). La editorial dice: «A partir un crimen verídico, Laura Restrepo ha construido esta ficción. Los personajes que en ella figuran no existen fuera del mundo imaginado. Pero la tragedia de la víctima es brutalmente real».
  • Laura Restrepo (Bogotá, Colombia, 1950), es narradora y periodista.

'Los sueños de la serpiente', de Alberto Ruy Sánchez

¿Quién era esa persona que insistió en contarme al oído su viaje al fondo de lo más obscuro del siglo? ¿Shajarazad de ilusiones perdidas? La respuesta me llegó muy poco a poco y nunca totalmente fuera de su bruma.

Lo que me enviaba estaba escrito desde la neblina del creyente, del enamorado, del ciego y sordo que todo lo oye y todo lo ve sin verlo, del que es tenaz en su deseo, del que cuenta los sueños que dibujan la orilla de su cuerpo, del que por azar regresó del infierno.

Conservo los principales desvaríos porque incluso si parecen alejarse, tarde o temprano confluyen en el mismo río nocturno donde todos nos bañamos, de donde todos bebemos. El río de las ilusiones del siglo que saben convertirse en algo amargo.

Conservo también las hojas sueltas con citas de poemas que me envió, algunos más enigmáticos que otros, como ese de Alejandra Pizarnik, una de sus lecturas preferidas. Es una descripción de los indicios deshilados que estas cartas ofrecen y a la vez la clave primordial del modo de leerlas:

“Te alejas de los nombres que hilan el silencio de las cosas”.

Trataré aquí de desafiar el silencio de las cosas y restituir poco a poco, y en la medida de lo posible, los nombres involucrados en esta historia. Lo que de ella sobrevive.

Quien ama ciegamente el tiempo que le tocó vivir, y lo ama hasta la locura, vive necesariamente una aventura que lleva al borde del abismo. Escucha ahí, con placer y misterio, sin ataduras, la música de las promesas del abismo.

Dejaré que sus palabras aquí y hasta su escritura nos vayan indicando a tumbos el camino.

  • Los sueños de la serpiente. Alberto Ruy Sánchez Lacy (Alfaguara). La editorial dice: «Es la fascinante crónica de un siglo reconstruida desde la memoria de uno de sus protagonistas»
  • Alberto Ruy Sánchez (México en 1951) es narrador, poeta ensayista y codirige la revista Artes de México.

'Sur', de Antonio Soler

La leche tibia del cielo se derrama en silencio sobre todas las cosas. los tejados, los árboles dormidos, el brillo de los automóviles. es una luminosidad blancuzca que brota con un golpe rápido, espesa, turbia. Mancha las nubes y cuelga de ellas. Se oye el jadeo con el que viene el día, una respiración profunda que por un momento se suspende, como si la tierra estuviera a punto de detenerse y girar hacia atrás antes de retomar su órbita y traer un nuevo día.la noche no ha podido enfriar el asfalto, que sigue ahí, adormi-lado y caliente, serpeando con su costra de fiebre. el sol asciende, obstinado. Bulle la vida. Se acaban las horas menguadas, la patara-ta de la muerte. el día comienza. los insectos escarban la tierra.en ese tramo de la avenida ortega y Gasset la ciudad se ha desnu-dado ya de viviendas y almacenes, el polígono industrial deja paso a los solares y las tapias que solo guardan terrenos baldíos. Palme-ras solitarias, torretas de electricidad, un barco a medio pintar jun-to al muro de un jardín abandonado. en la cornisa de la gasolinera BP se produce un fulgor momentáneo, la atraviesa un pájaro de luz.

  • Sur. Antonio Soler (Galaxia Gutenberg). La editorial dice: «En uno de los descampados de la ciudad de Málaga, aparece el cuerpo de un hombre moribundo cubierto de hormigas. Este hecho marginal de la crónica de sucesos da origen a la narración del día de una ciudad y su abigarrada realidad».
  • Antonio Soler (Málaga, España, 1956), es narrador.

'Ordesa', de Manuel Vilas Vidal

Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres humanos que pueden soportarlo, yo nunca lo soportaré.

Nunca lo soporté.

Miraba la ciudad de Madrid y la irrealidad de sus calles y de sus casas y de sus seres humanos me llagaba por todo mi cuerpo.

He sido un eccehomo.

No entendí la vida.

Las conversaciones con otros seres humanos se volvieron aburridas, lentas, dañinas.

Me dolía hablar con los demás: veía la inutilidad de todas las conversaciones humanas que han sido y serán. Veía el olvido de las conversaciones cuando estas aún estaban presentes.

La caída antes de la caída.

La vanidad de las conversaciones, la vanidad del que habla, la vanidad del que contesta. Las vanidades pactadas para que el mundo pueda existir.

Fue entonces cuando volví otra vez a pensar en mi padre. Porque pensé que las conversaciones que había tenido con mi padre eran lo único que merecía la pena. Regresé a esas conversaciones, a la espera de lograr un momento de descanso en mitad del desvanecimiento general de todas las cosas.

Creí que mi cerebro estaba fosilizado, no era capaz de resolver operaciones cerebrales sencillas. Sumaba las matrículas de los coches, y esas operaciones matemáticas me sumían en una honda tristeza. Cometía errores a la hora de hablar el español. Tardaba en articular una frase, me quedaba en silencio, y mi interlocutor me miraba con pena o desdén, y era él quien acababa mi frase.

  • Ordesa. Manuel Vilas Vidal (Alfaguara). La editorial dice: «Escrito a ratos desde el desgarro, y siempre desde la emoción, este libro es la crónica íntima de la España de las últimas décadas, pero también una narración sobre todo aquello que nos recuerda que somos seres vulnerables».
  • Manuel Vilas (Barbastro, España, 1962) es poeta y narrador.

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