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Fotomontaje del soneto ‘El poeta dice la verdad’, de Martínez Oliva para el volumen ‘Sonetos del amor oscuro’, de García Lorca.

Los ‘Sonetos del amor oscuro’, de Lorca, en un fotomontaje con imágenes de la época

Varios poetas consideran oportuna esta nueva edición del clásico lorquiano con ilustraciones de Martínez Oliva que recuperan imágenes, estética e inconografía de los años treinta. Una reivindicación del deseo y el amor homosexual que los inspiraron conservando el aire críptico de los versos y del amor sin prejuicios

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.

¿Cómo hubiera sido una edición ilustrada de los Sonetos del amor oscuro, de Lorca, en la época? Han pasado ocho décadas desde su escritura y el fusilamiento del poeta, en 1936, y sus ediciones en España casi han corrido la misma suerte que los desamores y desasosiegos sentimentales cantados por Lorca. Durante la dictadura de Franco se ocultaron y después se intentó extender el silencio sobre ellos, pero, poco a poco, se ha normalizado la mirada del deseo y del amor homosexual que los inspiraron; de la reivindicación del sentimiento amoroso sin prejuicio más allá de los sexos.

Por eso algunos escritores aplauden una nueva edición de estos once sonetos ilustrados con fotomontajes en collages de imágenes, estética e iconografía que recuerdan la época. Antonio Gamoneda, poeta y Premio Cervantes, considera que ediciones así son oportunas: “La ilustración no debe solo dirigirse a decir lo que no está dicho hasta ahora. Pero debe ser una comprensión visual completa del soneto, sin inclinarse a resaltar aspectos que Lorca ocultó. Debe contemplar el poema en su realidad”.

Es lo que ha intentado la editorial Flores Raras con estos Sonetos del amor oscuro al encargar el trabajo artístico a Jesús Martínez Oliva con prólogo de Juan Vicente Aliaga y que llegará a las librerías el próximo fin de semana. La editorial ha querido “reivindicar al Lorca homosexual… Al Lorca que metieron en el armario después de asesinarlo. También denunciar la estrategia del armario del mundo de la cultura durante muchos años con respecto a la obra de Lorca”.

Los años treinta colonizaron la mente de Martínez Oliva. Investigó en muchos archivos y documentos y estudió la estética de la época, a la vez que trató de conservar el tratamiento críptico. “Son collages que permiten montajes surrealistas muy de entonces. De un Lorca que venía de Poeta en Nueva York”, cuenta este artista que en sus obras ha trabajado el cuerpo y la sexualidad desde los años noventa. Y Aliaga analiza a fondo y da detalles de cada una de las ilustraciones en consonancia con el soneto respectivo, como el siguiente de ¡Ay voz secreta del amor oscuro!:

¡Ay voz secreta del amor oscuro! “El lamento sostenido, continuo de este poema, todo él lleno de ayes, se traduce en la composición artística en una fotografía de un fondo boscoso y umbrío de una foto del Retiro madrileño de 1930 en el que se adivina el espejismo del cuerpo tentador, de brazos cruzados, de un joven erguido…”, escribe Aliaga.

Otros son un ciclo lunar bajo el que duerme una pareja que se mira acostada en posiciones opuestas… Para El poeta dice la verdad.

Partes del cuerpo de un hombre semienterradas en una tierra seca… Para Soneto de la guirnalda de rosas.

Una manifestación que acecha el sueño de un hombre en posición fetal… Para El amor duerme en el pecho del poeta.

El amor duerme en el pecho del poeta: “La ocultación, en este caso, del amor homosexual, se enfrenta a la ley hegemónica, la «Norma que agita ya igual carne y lucero». La página que propone Martínez Oliva se ve surcada en la parte superior y central de la misma por un plano geométrico compuesto foto de una muchedumbre, tomada de una manifestación fascista. La sociedad vigila y cerca a los amantes…”, escribe Aliaga.

A Ian Gibson, biógrafo de Lorca, le “parece muy bien” que se hagan trabajos como estos. “Ya es hora de que se acabe definitivamente ese ADN de ocultamiento que a veces persiste sobre Lorca. ‘Nos acechan’, dice él en uno de los versos de estos sonetos, y esa es una palabra muy importante. Se sentía acechado, emboscado, incluso en su entorno próximo”, recuerda el autor de Federico García Lorca y El asesinato de Lorca.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

“Fascinantes, de una grandísima altura poética”. Eso le parecen los Sonetos del amor oscuro a Ángeles Mora, al mostrar “un Lorca tan herido por el amor y tan delicado que siempre ha emocionado especialmente”. La poeta cordobesa cree oportuno un nuevo esfuerzo editorial “con sabor a época que pueda resaltar con otra luz y normalidad la belleza de estos sonetos delicadísimos, la belleza de ese amor que Lorca llamó oscuro (lo que sin duda también le añadía misterio) por prohibido no porque no fuera más luminoso”.

No se sabe quién o quiénes inspiraron estos versos. Muchos apuntan a Rafael Rodríguez Rapún, un hombre a quien le gustaban las mujeres pero que también, al parecer, mantenía una relación con Lorca. Lo cierto es que durante 1936 cuando el poeta está afinando en agosto estos sonetos en casa de Luis Rosales, en Granada, estaba ilusionado con su viaje a México con el joven Juan Ramírez de Lucas.

Noche del amor insomne: “El yo del poeta y el tú del amado son los protagonistas de estos versos sentidos. Son dos seres que no se encuentran pese a yacer sobre el mismo lecho. Y así los presenta el artista sobre un catre desnudo, dos cuerpos, el de Federico García Lorca y el de Rafael Rodríguez Rapún…”, escribe Aliaga.

Las ediciones de los Sonetos del amor oscuro han sido erráticas. Durante casi medio siglo no se editaron. Primero salieron en Francia en 1981, en la Pleiade. Dos años después lo hicieron en España en una edición clandestina de 250 copias. Como respuesta, la familia de Lorca autorizó al diario ABC su publicación en la primavera de 1984, solo que el diario madrileño tituló solo Sonetos de amor y eliminó en sus imágenes cualquier rastro de pulsión homosexual. En 1995 se hizo otra edición que enmascaraba el sentido de los sonetos con ilustraciones que los heterosexualizaban, a cargo de Josep María Subirach. El semestre pasado editorial La Calle, de Antequera, publicó la colorida antología Sonetos del amor oscuro y otros poemas ilustrado por Francisco Asencio.

La edición actual de Flores Raras ofrece otra lectura, pasea la mirada sobre el amplio territorio del amor teniendo en el centro el sentimiento genuino que no sabe de sexos. Propicia un diálogo entre los sonetos y aquello que lo inspiró. Una simbiosis natural entre el sentimiento, la palabra escrita y lo que esta crea en el imaginario del lector sin prejuicios. Para Martínez Oliva, “no se trata de desvelar las claves porque los Sonetos del amor oscuro sigue siendo opaco y algunos sonetos crípticos”.

El poeta dice la verdad: “El autor lamenta que un amor de este tipo, heterodoxo, solo puede cultivarse en el secretismo y ocultamiento de la noche. Sin embargo, el llanto e incluso la muerte son invitadas a la ceremonia de la sinceridad de los amantes”, escribe Aliaga.

“Martínez Oliva empezó sus proyectos artísticos con una propuesta sobre la sexualidad profiláctica y fría, atenazada por el miedo al contagio de la enfermedad, en la Fundació Miró de Barcelona en 1994”, explica Aliaga, de la Universidad Politécnica de Valencia. En este tiempo, añade, “su pensamiento y su obra estaba trufada de las teorías freudianas y lacanianas a las que se añadió la lectura de Michel Foucault y los primeros ensayos de Judith Butler. Con ese valioso bagaje decidió emprender una investigación visual sobre diversos aspectos de la cultura gay como el culto al cuerpo, o las articulaciones de género en las identidades gays”.

Esa mirada recae ahora sobre Federico García Lorca para sacar estos sonetos, definitivamente, de la penumbra que se ha querido extender sobre ellos, y cómo habrían podido ser ilustrados en la época.

Los Sonetos del amor oscuro forman una colección única en la historia de la poesía, afirma Juan Antonio González Iglesias. “Aunque son unos pocos, apenas un puñado de poemas, se nota que forman parte de algo grande. Lo primero que pensamos es en otras grandes colecciones de sonetos amorosos como los de Petrarca, los de Shakespeare o, entre nosotros, los de Garcilaso, Cetina o Quevedo. Nos saben a poco y nos da la sensación de que son la muestra de un gran libro. Sin embargo, creo que hay que ir más allá. La colección de sonetos, que en sí mismos forman un género noble, nos llevan a un mundo, remoto ya, en el que el amor era lo más importante. En lo particular, los sonetos de Lorca son un exponente precioso de por qué un poema es una criatura verbal única, incomparable con la prosa. Son homoeróticos y esto debe ser apreciado en todo lo que significa, que es muchísimo, pero no deben quedar atrapados en eso. Cantan de una manera irrepetible nuestra atadura definitiva con el mundo y con lo que no es el mundo y que resumidamente llamamos amor”. Como los versos de Soneto de la dulce queja:

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu
río con hojas de mi Otoño enajenado.

  • Sonetos del amor oscuro. Federico García Lorca. Ilustraciones de Jesús Martínez Oliva y prólogo de Juan Vicente Aliaga. Editorial Flores Raras.

 

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