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La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda. /Fotografía de Lisbeth Salas – cortesía de Páginas de Espuma

Mónica Ojeda explora el gótico andino en ‘Las voladoras’, su primer libro de cuentos

AVANCES LITERARIOS DE VIVA VOZ La escritora ecuatoriana, una de las voces revelación de los últimos años, habla en este vídeo sobre su libro y lee un pasaje del mismo. Indaga en "la relación que existe entre la violencia y la hostilidad de lo terrenal con el plano mítico, ritual y simbólico"

Presentación WMagazín Una de las escritora/es en español revelación en los últimos años es la ecuatoriana Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988). Este otoño de 2020 publicará su primer volumen de cuentos, Las voladoras, en Páginas de Espuma, el 7 de octubre, uno de los más destacados de la temporada. Relatos en los que aborda el llamado gótico andino con historias que suceden a más de tres mil metros sobre el nivel del mar. En ellos intentan «indagar en torno a la relación que existe entre la violencia y la hostilidad de lo terrenal con el plano mítico, ritual y simbólico». Una obra que sorprenderá por la imbricación de los temas y el manejo del lenguaje.

Portada del primer libro de cuentos de Mónica Ojeda: ‘Las voladoras’ (Páginas de Espuma). /WMagazín

En 2018 su novela Mandíbula (Candaya) estuvo en las listas de los mejores libros del año. Mónica Ojeda fue seleccionada en la lista de Bogotá 39, de 2017, en la que el Hay Festival, a través de un jurado, eligió a los 39 escritores latinoamericanos menores de 40 años más prometedores. Por lo pronto, veamos a Mónica Ojeda contar en este vídeo en qué consiste Las voladoras y leer el fragmento de su cuento El mundo de arriba y el muno de abajo, además, reproducimos el comienzo de Las voladoras:

Mónica Ojeda habla de 'Las voladoras', su primer volumen de cuentos, en Páginas de Espuma, para la sección Avances literarios de viva voz, de WMagazín.

Mónica Ojeda habla de su primer libro de cuentos 'Las voladoras'

En Las voladoras reúno cuentos que se desarrollan a más de tres mil metros sobre el nivel del mar en paisajes andinos el a cordillera, junto a montañas, valles, páramos y volcanes. Recogen relatos en donde se pierden cabezas en medio de jardines, en donde mujeres se suben a los tejados y alzan el vuelo, en donde hay hijas que guardan las dentaduras de su padres, en donde amigas se lanza desde lo alto de un volcán, en donde padres intentan revivir a sus hijas, y hermanas intentan explorar el horror sonoro…

Son cuentos que desde el gótico andino intentan indagar en torno a la relación que existe entre la violencia y la hostilidad de lo terrenal con el plano mítico, ritual y simbólico que se encuentra en las partes más altas y que obligan a las personas a mirar hacia arriba, quizás, desesperadamente, para buscar una especie de alivio frente al horror y la violencia.

Voy a leer un fragmento de Las voladoras, el relato se llama El mundo de arriba y el mundo de abajo:

«Esta escritura es un conjuro. Escribo el segundo nacimiento de mi hija con el agua fresca de mis palabras. Soy un padre creador de cociencia, forjador de errores cósmicos. No tengo miedo en el alto paramo sino deseo. Cuando mi mujer vivía pronunciaba el sol…».

  • Las voladoras. Mónica Ojeda (Páginas de Espuma). Llegará a las librerías el 7 de octubre en España y a finales de año en Latinoamérica.
Portada del primer libro de cuentos de Mónica Ojeda: 'Las voladoras' (Páginas de Espuma). /WMagazín

Asi comienza 'Las voladoras'

Por Mónica Ojeda

¿Bajar la voz? ¿Por qué tendría que hacerlo? Si uno murmura es porque teme o porque se avergüenza, pero yo no temo. Yo no me avergüenzo. Son otros los que sienten que tengo que bajar la voz, achicarla, convertirla en un topo que desciende, que avanza hacia abajo cuando lo que quiero es ir hacia arriba, ¿sabe?, como una nube. O un globo. O las voladoras. ¿A usted le gustan los globos? A mí me encantan, sobre todo los que mamá ata a los árboles para espantar a los animales del bosque. A las voladoras no les gustan los globos y siempre los revientan. Hacen ¡bam!, y con eso yo ya sé que son ellas. Mamá les grita mucho: les lanza zapatos, les lanza tenedores. Pero las voladoras son rápidas y lo esquivan todo. Esquivan los cascos de los caballos de papá. Esquivan los balidos de las cabras. Yo he llorado mucho por esto, y si ya no lo hago es porque me dan miedo las abejas que se prenden de mis pestañas. Si quiere que se lo explique bien, míreme. En mi cara está toda la verdad, la que no tiene palabras sino gestos. La que es materia, la que se escucha y se toca. Verá, es cierto que las voladoras no son mujeres normales. Para empezar tienen un solo ojo. No es que les falte uno, sino que solo tienen un ojo, como los cíclopes. Yo soñé con una de ellas antes de que entrara a nuestra casa por la ventana de mi habitación. La vi sentada, rígida, dándole de beber sus lágrimas a las abejas. Pocos saben que las voladoras pueden llorar, y los que saben dicen que las brujas no lloran de emoción, sino de enfermedad. La voladora entró llorando con su único ojo y trajo los zumbidos a la familia. Trajo la montaña donde jadean las que aprendieron a elevarse de una forma horrible, con los brazos abiertos y las axilas chorreando miel. A papá le disgusta su olor a vulva y a sándalo, pero cuando mamá no está le acaricia el lomo y le pregunta cosas muy difíciles de entender y de repetir. En cambio, si mamá está presente, él intenta patearla para que salga de la casa, le escupe, se saca el cinturón y golpea las puertas y las paredes como si fueran a gemir. En secreto, yo dejo las ventanas abiertas por la noche para escuchar el rezo de los árboles. Los oigo y me arrullo con ellos aunque a veces también me da escalofríos el negro fondo de sus oraciones. La voladora tiene el pelo negro, ¿sabe?, como el mío y como el canto de los pájaros del monte. La siento acurrucarse entre mis piernas en las madrugadas y me abrazo a ella porque, como dice papá cuando mamá no lo ve, un cuerpo necesita a otro cuerpo, sobre todo en la oscuridad. He aprendido a amar sus lágrimas. Usted no sabe lo que es amar un pelaje como si fuera un cabello, pero verá: en mis sueños, la voladora tiene un paisaje y una tumba.

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