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Picasso, Bacon, Magritte, Warhol, Gaudí y Frida Kahlo en libros sobre sus mundos artísticos y pasionales

Biografías, ensayos, cómics y novelas de varios artistas muestran sus vidas como en un prisma que ilumina sus fuertes vocaciones y ayuda a entender algunas de sus obras

Pasión, instinto, vida, realidad, emociones y arte se funden como uno solo en los grandes creadores. Varios libros sobre ellos recuerdan la importancia, influencia y vigencia de sus obras. Son Biografías, ensayos, cómics, novelas y ensayos que comparten una filosofía de estructura: los muestran desde diferentes puntos de vista creando un rompecabezas de sus vidas lo que permite al lector entender mejor su vocación y algunas de sus obras.

Se trata de artistas esenciales del siglo XX que crearon un universo propio y alentaron a la apertura de puertas creativas: Francis Bacon, Andy Warhol, René Magritte, Frida Kahlo, Antoni Gaudí y ochenta de ellos como Picasso reunidos en Artistas. Su vida y sus obras. Estos son sus mundos:

'Andy. Una fábula real. La vida y la época de Andy Warhol', de Typex

Este es un libro acorde a la obra de Andy Warhol (Estados Unidos, 1928-1987) al ser editado de manera novedosa y hasta revolucionaria, en forma de cómic. El responsable de este acercamiento a la vida, pensamiento y obra del pintor y cineasta estadounidense es Typex, un artista gráfico neerlandés que innova en sus líneas y enfoques.

Tipex investigó cinco años a Warhol para poder mostrar al ser humano, es decir sus diferentes facetas: popular e íntimo, vehemente y contradictorio, creativo y dudoso. El resultado son 500 páginas rebosantes de vida, imantadas y llenas de preguntas sobre el artista y la obra de uno de los padres del pop art y, por lo tanto, uno de los artistas clave de la segunda mitad del siglo XX cuyas influencias aún se siente.

'Artistas. Su vida y sus obras'. Prólogo de Andrew Graham-Dixon. Varios autores

El primero en acercarse a los artistas para mostrarlos como en un prisma fue Giorgio Vasari en el siglo XVI en el clásico Las vidas de pintores, escultores y arquitectos. Lo recuerda Andrew Graham-Dixon en el prólogo de este libro que toma el relevo en esa filosofía de presentar a los creadores desde diferentes puntos de vista de tal manera que el lector arma su vida y su obra con cinco o seis piezas que se completan y complementan como en un rompecabezas.

Son ochenta artistas de los que se cuentan sus vidas y la historia que hay detrás de algunas de sus obras más famosas. De Da Vinci a Van Gogh, de Rafael a Picasso, de Boticcelli a Kiefer.

'El corazón': Frida Kahlo en París', de Marc Petitjean

“Yo no pinto mis sueños, sino mi propia realidad”, dijo Frida Kahlo (México, 1907-1954) a André Bretón, representante del surrealismo. La vida de la gran artista mexicana con problemas físicos no le impidió realizar una obra memorable y vivir y sentir la vida. Uno de esos episodios lo protagonizó en París en enero de 1939 cuando viajó a una exposición que le hizo Bretón. Varios de los artistas de la época tuvieron la oportunidad de contemplar su obra, pero, quizás, la experiencia más significativa para ella fue el romance que sostuvo aquellos dos meses con Michel Petitjean, que era el enlace con la galería. Como despedida y recuerdo, Frida Kahlo le regaló uno de sus cuadros más emblemáticos: El corazón. Una historia oculta y descubierta por el hijo de este, Marc, que ahora relata en este libro lleno de arte y de cómo el arte se mezcla con la vida. Porque en el caso de la artista mexicana ella no pintaba sueños sino su realidad.

  • El corazón: Frida Kahlo en París, de Marc Petitjean (Circe).

'René Magritte', de Varios autores

Desmontando a René Magritte (Bélgica, 1898-1967) se podría titular esta biografía del artista belga: es un libro-objeto que permite el acercamiento a su vida y obra a través de seis puntos de vista de personas reconocidas: David B, Gabriella Giandelli, Éric Lambé, François Olislaeger, Miroslav Sekulic y Brecht Venderbroucke. Ellos ofrecen diferentes recorridos por la obra del artista surrealista que indagó en la percepción de la realidad y la cuestionó desde la razón y la emoción.

El libro contiene: dos libros-póster, de Gabriella Giandelli y Brecht Vendenbroucke; dos libros-acordeón, de David B y Éric Lambé, y Miroslav Sekulic-Struja; un librito de François Olislaeger, autor de Duchamp, un juego entre mí y yo.

'Tríptico. Tres estudios sobre Francis Bacon', de Jonathan Littell

«Cuando Francis Bacon se acercaba a El Prado con Manuela Mena, sólo quería ver a dos pintores, Velázquez y Goya», escribe al escritor francés Jonathan Littell en su ensayo Tríptico. Tres estudios sobre Francis Bacon. En este libro Bancon (Dublín, 1909-Madrid, 1992) es radiografiado en sus gustos, intereses y resultados artísticos, una manera de conocer cómo logró reactualizar la mirada del arte a través del cuerpo humano. A la manera de los trípticos de Bacon, Jonathan Littell, divide su ensayo en tres partes: la primera la dedica a su visita al Museo del Prado, de Madrid; la segunda revela las correspondencias ocultas entre las figuras que Bacon pinta, como los retratos de su amante, George Dryer, pintados poco antes del suicidio de este en 1971; y la tercera parte trata sobre la representación de la verdad en la pintura.

El siguiente es un pasaje de Bacon en El Prado que resulta muy revelador de su vida y su obra:

«Cuando Francis Bacon se acercaba a El Prado con Manuela Mena, sólo quería ver a dos pintores, Velázquez y Goya. A ningún otro, ni El Bosco ni Brueghel, ni Tiziano ni Rubens, nada. Ni siquiera sentía el menor interés por el Hermafrodita de bronce situado delante de Las Meninas. «A Hockney le gusta mucho –menciona Manuela Mena–, pero Bacon apenas lo miraba.» Se situaba muy cerca de las pinturas y se quedaba mirándolas fijamente durante mucho rato, sin pronunciar palabra. Se las sabía de memoria, por supuesto; pero siempre encontraba algo nuevo en ellas, una solución a un problema particular al que él se estaba enfrentando en aquel momento. Con el transcurso de los años había aprendido y tomado muchas cosas de todas las pinturas que contemplaba, mucho más que las figuras, como aquella del soldado romano cayendo de espaldas en La Resu-rrección, la extraordinaria obra de El Greco, que reaparecerá en los desnudos invertidos que repitió a lo largo de la década de 1950 y de 1960, o en el hosco y dominante Papa Inocencio X de Velázquez, que él pintó más de cuarenta o cincuenta veces, sin éxito alguno a su juicio, pero compulsivamente. Al igual que todos los pintores, Ba-con tuvo como primera y principal preocupación la forma de aplicar la pintura».

'Yo, Gaudí', de Xavier Güell

Una de los artistas y arquitectos por el que más peregrinan los admiradores del arte y los turistas es Antoni Gaudí (Barcelona, 1852-1926). Barcelona está habitada por varias de sus creaciones, más allá de la famosa Sagrada Familia. Un artista que fusionó religión, realidad, vida personal y arte. Con esos elementos Xavier Güell, descendiente de Eusebio Güell, quien financió a Gaudí la mayoría de sus proyectos, ha escrito una novela sobre el arquitecto catalán. La obra se articula a partir de las confesiones de Gaudí en veintiuna cartas escritas mientras se recuperaba de una enfermedad en la Cerdaña. Una narración que responde a preguntas como ¿Qué relación tuvo con su principal mecenas, Eusebio Güell? ¿Qué edificio veríamos si hubiera acabado la Pedrera como él quería? ¿Qué Sagrada Familia existiría hoy de haber elegido a Josep Maria Jujol como su continuador en las obras? ¿Por qué iba tan distraído el día de su mortal atropello? ¿Quién fue en realidad Gaudí?

El siguiente es el pasaje que recrea los momentos previos a la muerte de Gaudí:

«La alarma comienza cuando mosén Gil Parés advierte que Gaudí no ha vuelto a la Sagrada Familia. Junto a Domènec Su-grañes, discípulo del arquitecto, va a buscarlo por el camino habitual que utiliza para regresar de su misa diaria. Ni rastro de él. Entonces buscan por comisarías, hospitales y centros de pri-meros auxilios. Bien entrada la noche lo encuentran al fi n en el hospital de la Santa Cruz. Está inconsciente, con la cara extraña-mente iluminada, los labios negros y la mano sujetando una pe-queña Biblia ensangrentada. El médico les dice que no vivirá más allá de uno o dos días. A la mañana siguiente Gaudí recobra el conocimiento y pide que le administren los sacramentos. A ratos está sereno y reza; en otros, sin embargo, es presa de gran agitación: gesticula, bal-bucea palabras incomprensibles. Santaló ve entrar a los amigos de Gaudí en el hospital: el obispo Miralles, Alfonso Trías, Puig i Cadafalch, Cambó, Rubió 19i Bellver, Jujol, el cerrajero Mañach, el poeta Melchor Font…: están todos, todos menos él, retenido también en la cama de otro hospital. El barón de Viver, alcalde de Barcelona, se ofrece a llevarlo a una clínica privada, donde recibirá un tratamiento mejor. Pero Gaudí se niega. Quiere morir como ha vivido siem-pre, entre gente sencilla. Durante los dos días siguientes permanece tranquilo; a veces suspira y con la mano aferrada a su Biblia, repite: Jesús, Déu meu!Son sus últimas palabras».

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