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Ilustraciónn de Fernando Vicente para la portada del libro ‘Las palabras primas’, de Fernando Iwasaki.

Por qué la palabra polla tiene un significado en España y otro en Latinoamérica

El escritor peruano ganó el Premio Málaga de Ensayo con el libro 'Las palabras primas' en el cual rastrea y analiza con rigor, literatura y chispa el habla de España y América Latina

Presentación de WMagazín. El estilo personal y los inteligentes destellos de humor de Fernando Iwasaki (Lima, 1961) desplegados en Las palabras primas lo hicieron ganador del IX Premio Málaga de Ensayo. Una obra que rastrea y analiza con rigor y mucha literatura el curso de algunas palabras de nuestro idioma entre España y América Latina. “Un hablante. Dos orillas. Dos lenguas que son iguales y al mismo tiempo diferentes: el habla española y el habla latinoamericana”, dicen en Páginas de Espuma, sello encargado de su edición. Las palabras primas se convierte así en una geografía e historia de varios términos muy llamativos que tienen significados y acepciones distintas a ambos lados del Atlántico.

Fernando Iwasaki, que recibirá este 22 de febrero de 2018 el premio, vive en España desde hace más de veinte años. Es doctor en Historia de América por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y profesor de las facultades de Comunicación y Relaciones Internacionales de la Universidad Loyola Andalucía. Entre sus novelas destacan Neguijón y Libro de mal amor. El cuento es uno de sus géneros preferidos y, quizá, por el que es más conocido con títulos como España, aparta de mí estos premios, Helarte de amar y Ajuar funerario.

WMagazín avanza un capítulo de Las palabras primas que ejemplifica a la perfección la evolución o metamorfosis y cambio de significado de un vocablo popular: Polla. Mientras los españoles usan esta palabra como sinónimo de pene, para los latinoamericanos no es más que una apuesta, un juego de azar.

¿Por qué, entonces, esos significados tan diferentes? Según el interesante y ameno ensayo de Iwasaki, el origen de la palabra está en uno de los juegos de cartas llamado “polla”, con lo cual su significado genuino es el que se le da en América Latina. Aunque en el mismo origen del término, hace ya más de cuatro siglos, nació la acepción para referirse a los genitales masculinos debido a que las características de esa modalidad de cartas llamada polla se prestaba a interpretaciones sexuales maliciosas propias del pene.

Los invitamos, como escribe Fernando Iwasaki, a descubrir “por qué alguna vez ambas pollas fueron la misma, hasta que los españoles perdieron la suya”:

La polla de Cervantes

Por Fernando Iwasaki

El escritor peruano Fernando Iwasaki habla de 'Las palabras primas'

Una polla en la mayoría de países hispanoamericanos es una inofensiva quiniela hípica o deportiva, mientras que en España es un obsceno vulgarismo que define al órgano genital masculino, tal como lo admite la Academia Española desde la décimo novena edición de su Diccionario en 1985. ¿Por qué en América Latina una polla es una apuesta y en España es algo que nadie se apostaría? Me propongo demostrar que alguna vez ambas pollas fueron la misma, hasta que los españoles perdieron la suya.

 

(…)

La polla y los juegos de manos

La baraja fue una fuente inagotable de diversión y entretenimiento durante unos años en los que apenas existían otras opciones de ocio fuera del teatro y la lectura. Como cualquier otro hombre de su tiempo, Cervantes sucumbió al hechizo de los naipes y por eso los nombres de los juegos del Siglo de Oro aparecen diseminados por sus obras.

Así, en el principio de La ilustre Fregona (1613) Cervantes da cuenta de todo lo aprendido por el pícaro Carriazo en la “Cátedra de Alfarache”:

En tres años que tardó en volver a parecer y volver a su casa aprendió a jugar a la taba en Madrid, y al rentói en las ventillas de Toledo, y a la presa y pinta en las barbacanas de Sevilla.

 

(…)

También en la Segunda Parte del Quijote, Sancho reniega de la caza como pasatiempo y pregona en alta voz su preferencia por los juegos: “En lo que yo pienso entretenerme es en jugar al triunfo envidado las pascuas, y a los bolos los domingos y fiestas”. ¿Qué era el triunfo envidado? Según el da, triunfo “Llaman también à un juego de náipes lo mismo que el del burro” y envidado vendría de envidar: “Término del juego. Provocar, incitar, excitar à otro para que admita la parada, no para darle el dinero; sino para ganársela y llevárselo, si puede” (da). Por lo tanto, el juego del triunfo nos lleva a definir los juegos del parar y del burro.

parar. Juego de náipes, que se hace entre muchas personas, sacando el que le lleva una carta de la baraja, á la qual apuestan lo que quieren los demás (que si es encuentro como de Rey y Rey, gana el que lleva el náipe) y si sale primero la de este, gana la parada, y la pierde si sale el de los paradores. Lat. Ad unicum folium lusorium sponsio vel depositio (da).

burro. Se llama también un juego de náipes en que se dán tres cartas à cada jugadór, y se descubre la que queda encima de las que sobran, para señalar el triumpho de que ha de jugarse cada mano. El priméro à quien dán los náipes puede passar, y después jugar si le pareciere: los demás que passan no pueden entrar. Los ases son las superiores, y las figúras y demás cartas como al juego del hombre: y en defecto del triumpho señalado por la carta descubierta es la mayor el as, síguele el Rey, y las demás por su orden. Gana el juego quien mas bazas hace, y si hacen igualmente parten entre los tres que hicieron cada uno una baza, y el que no hace, ò los que no hacen, todos ponen lo que tenía la polla, ò lo que pactan los jugadóres. Lat. Pagellarum pictarum quidam ludus (da).

De la cita anterior se colige que la polla del burro era algo que tenían que poner los jugadores y no precisamente un burro. ¿Tendría alguna relación con aquel “juego del hombre” citado en las definiciones del burro y del rentói? Cervantes vuelve a mencionar la polla en un fragmento de El Licenciado Vidriera (1613), colmado de referencias naipescas:

Alababa mucho la paciencia de un tahúr, que estaba toda una noche jugando y perdiendo, y con ser de condición colérico y endemoniado, a trueco de que su contrario no se alzase no descosía la boca y sufría lo que un mártir de Barrabás. Alababa también las conciencias de algunos honrados gariteros que ni por imaginación consentían que en su casa se jugase otros juegos que polla y cientos; y con esto a fuego lento, sin temor y nota de malsines, sacaban al cabo del mes más barato que lo que consentían los jueces de estocada, del repárolo, siete y llevar, y pinta en la del punto.

(…)

En el caso de los cientos, Covarrubias se limita a definirlo como «juego ingenioso y muy usado en España» y por desgracia carece de una entrada propia en el da, aunque existe una referencia indirecta en la definición de quinta. Por lo tanto, el último juego de manos que nos queda por averiguar es la polla de Cervantes:

polla: En el juego del hombre y otros, se llama assí aquella porción que se pone y apuesta entre los que juegan. Lat. Ludis sponsio. M. LEÓN, Opr. Poet. tom. I. pl. 454.

Pedro por triumphar de espada,
á la
polla en contingencia
puso, cantóle otro gallo,
sino la
polla perdiera (da).

Como se puede apreciar, la polla no era un juego propiamente, sino el nombre de una apuesta dentro de uno en particular: el Juego del Hombre. El universo de los naipes del Siglo de Oro fue muchísimo más rico, pero el Juego del Hombre reinó soberano durante siglos y sus lances y suertes fraguaron un campo semántico único, donde las pollas se remetían, se sacaban, se corrían y hasta se metían dobladas.

Cómo se hacía un hombre en el Siglo de Oro

El Juego del Hombre fue el más popular de la baraja española y conoció hasta cinco variantes que participaban de un mismo vocabulario que servía para definir suertes, lances y figuras. A través de las fuentes consultadas solo hemos podido identificar las siguientes modalidades:

juego del hombre. Género de juego de náipes entre varias personas, con elección de palo, que sea triumpho, y el que le elige se llama hombre. Hai varias especies de él, jugándose unas veces, y con más o menos cartas, con descarte o sin él, y se le dan varios nombres: como la Zanga, la Cascarela, el Cinquillo y otros. La más principal y antigua es la que llaman del Renegado: y se juega entre tres, dando a cada uno nueve cartas, y el que tiene juego entra eligiendo triumpho, y para sacar la polla necesita de hacer cinco bazas, si no es que de los contrarios haga el uno tres y el otro dos: que entonces se bastan quatro para ganar. Lat. Ludus cartharum pictarum, sic vulgo dictus (da).

zanga. El juego del hombre que se juega entre quatro, parecido al que llaman de la cascarela; solo que las ocho cartas que quedan, á las quales llaman zanga, las toma el postre, después de haber passado todos quatro. Y de no tomarlas este, puede hacerlo uno de los otros tres, y este que las toma, queda precisado á elegir juego. Lat. Cartharum pictarum ludus, á modo ludendi sic dictus (da).

cascarela. Cierta espécie de juego del hombre entre quatro, que se reduce á que uno de ellos tomando una carta, ò yendo sin ninguna, toma las que quedan, y después de vistas elige un palo para jugar la polla. Y si la saca, le pagan calidad como si fuera solo; pero si la pierde, la paga. Tiene el que va á cascarela, privilegio de quitar la entrada á los otros, aunque estén antes que él. Y también de meterse en baraja sin jugarla, pagando la calidad, pero hasta cierto número de pollas, conforme se pacta. Es voz moderna, y algunos dicen ya cáscara por cascarela (da).

renegado. Juego del hombre entre tres, en que se reparten nueve cartas á cada uno. Lat. Ludus cartharum pictarum sic dictus (da).

El Juego del Hombre era en realidad un complejo juego de estrategia, donde un máximo de cuatro jugadores libraban una suerte de guerra en la que los únicos objetivos posibles eran ganar o impedir la victoria de cualquiera de los rivales. Cada jugador recibía nueve cartas y la baraja se colocaba al centro de la mesa para robar cartas en cada turno. Las espadas y los bastos representaban las armas de combate, las copas, los triunfos y los oros el botín de las batallas.

Por otro lado, su repertorio de estrategias era enorme, los lances o jugadas riquísimos y ganaba el jugador que tras reunir cinco bazas se sacaba la polla o suma total de las apuestas. En la Biblioteca Nacional de Madrid, en el tomo 47 de los “Papeles curiosos manuscritos” de la colección del Duque de Osuna, podemos encontrar una antigua versión de sus reglas: Primera, Segunda, tercer y quarta parte del Juego del Hombre, en que juegan a España como Polla, entre los cinco Monarchas de la Europa, que se comprehenden en este juego. ¿Cómo dudar de la decencia de la palabra polla en los siglos xvii y xviii? Por eso una polla podía ser una expresión metafórica sobre la pérdida de las colonias o simplemente el regalo generoso de una espléndida señora.

No obstante, a comienzos del siglo XIX el Juego del Hombre se convirtió en el Tresillo y sus lances fueron rebautizados, sus expresiones malsonantes refinadas y las pollas fueron del todo amputadas, porque un juego de manos donde un hombre era “el que entra la polla” y hacerse un hombre no era otra cosa que “entrar à la polla”, se prestaba a peligrosos juegos de palabras donde la polla podía terminar en otras manos y en otros juegos. Véase al respecto el siguiente soneto atribuido al Conde de Villamediana, que en cada verso riza el doble sentido del vocabulario del Juego del Hombre:

A una señora que se facilitaba por dinero
Éntrale el basto siempre a la doncella
cuando de oros el hombre no ha fallado;
espadas su manjar es descartado,
porque lo quiere así la madre della.

La malilla, aunque deje de tenella
no perderá tanto, es lo que le ha entrado;
y si quiere elegir, porque ha robado,
él es la copa, y la malilla es ella.

Quien entrare a jugar, quien hombre fuere,
si de oros a triunfar no se dispone,
nunca ganar aquesta polla espere.

Carta de más, dinero no se pone
en esta mano; antes quien la diere
su basto encima, a la malilla pone

Si una polla en manos de un aristócrata como el Conde de Villamediana podía degenerar así, ¿qué no habría hecho el vulgo canalla con las suyas? De aquellas pollas estas pajas.

Del pagellas deponere al vocabularium veneris

Jean-Pierre Etienvre ha demostrado que en la poesía del Siglo de Oro “se habla poquísimas veces, en realidad, de los naipes”, pero se hablaba “muchísimas veces, en cambio, con los naipes”. Aquel lenguaje figurado explotaba el doble y triple sentido de palabras como “meter”, “doblar” y “sacar”, que dentro del Juego del Hombre estaban siempre en función de la polla:

meterse. En el juego de la cascarela es ceder la polla, conviniéndose á reponerla antes de elegir palo (da).

doblar la parada. Phrase de los que juegan dados u otros juegos de envite, que vale poner cantidad doble de la que estaba puesta antes (da).

sacar cartas. Juego en los náipes. Lo mismo que sacar pajas (da).

Por lo tanto, si un jugador sacaba una carta de triunfo, podía meter la polla doblada y entonces exclamaba ¡Polla corrida, triunfo en mesa!, porque en el Juego del Hombre no había nada mejor que sacar una polla como una olla. De ahí los versos de Calderón que sirven de pórtico a nuestras pesquisas:

César el juego aprendió
y un día que le jugó,
teniendo basto, malilla,
punto cierto y espadilla,
la tal polla remetió
.

La polla era tan omnipresente en el Juego del Hombre, que una expresión tan inofensiva como El que falla y arrastra, se mete en la banasta tenía una polla adentro, pues fallar “En el juego del hombre es tomar con triumpho el Rey ó carta de otro palo que uno salió jugando” (da); arrastrar “En el juego del hombre es salir triumphando de las cartas superiores del palo que se ha elegido por el hombre, à que deben precisamente servir los demás que juegan con él, echando carta del mismo palo elegido” (da), y meterse en la banasta era “Phrase familiar del juego del hombre con que se dá à entender que aquel que ha entrado á la polla, y no ha robado lo bastante para podérsela llevar probablemente, la dá por repuesta, metiéndose en baraja. Lat. Lusorias pagellas deponere, & in reliquarum fasciculum immittere» (da). Y si lusorias pagellas era una baraja, parece razonable que una carta fuera una paja.

El Tresillo desterró la voz polla de su vocabulario, pero ella sigue remetida en frases propias del juego como “Antes puesta que codillo”; “Solo sin fallo, capallo” o “Antes codillo que sacada”, porque codillo “En el juego del hombre se llama assí el perder la polla” (da), por no hablar de lo que se saca, se capa o se pone. Sin embargo, en el Tresillo la suma de todas las apuestas no es la polla sino el “pocillo”, cariñoso diminutivo que sin duda proviene de pozo, que “En el juego de la cascarela es cierto número de pollas, que se vá separando, para que no exceda de ello lo que se juega en una mano, y se van jugando uno á uno, hasta apurarlos. El número es arbitrario, porque unos hacen los pozos de ocho pollas, otros de diez y seis ú como se convienen al ponerse á jugar” (da).

Hace más de doscientos años que dejó de jugarse en España el Juego del Hombre, pero expresiones como “Ir a por todas”, “Echar el resto”, “Jugar todas las bazas” o “Aceptar el envite”, continúan –como la polla– dentro del caletre de los españoles del siglo XXI. Por eso suscribimos los razonamientos de Jean-Pierre Etienvre: “Los juegos de naipes que sirven de fundamento a ese lenguaje figurado ya no forman parte de nuestra experiencia; pero dicho lenguaje aflora por doquier en unos textos que seguimos leyendo, y lo poco que hoy día sabemos de estos juegos procede esencialmente del uso metafórico de lo que fue un lenguaje práctico. Un lenguaje común, por cierto, que ha venido a ser un lenguaje perdido”.

La puntita

Los hispanohablantes de América Latina hemos conservado la original acepción castiza de la palabra polla, como apuesta, sorteo, lotería o quiniela; mientras que en España ya nadie asocia la polla a las gallinas tiernas, los juegos de naipes o las doncellas en edad de merecer; porque una polla en España solo es –por culpa del Juego del Hombre– lo que se mete, se corre y se saca en el sentido más genital de la expresión.

Así, pensamos que hemos proporcionado indicios más que suficientes para suponer que el uso contemporáneo de la palabra polla proviene del Juego del Hombre y otros juegos de naipes de los siglos XVI y XVII, por lo que descartamos la teoría de la etimología latina –polla, ex pollutio venit– y sobre todo la hipótesis de la procedencia anglosajona, según la cual “polla” sería la traducción casi literal de cock [gallo], vulgarismo inglés de idénticas connotaciones venéreas y gallináceas. Pero no. La polla era una apuesta del siglo XVI, y Cervantes ya la metía doblada y la sacaba corrida en el Quijote y sus Novelas Ejemplares.

La mano hay que darla por perdida, don Miguel, pero después de cuatrocientos años hemos salvado la polla.

  • Las palabras primas. Fernando Iwasaki. Editorial Páginas de Espuma.
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