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Viaje al origen, presente y sueños de los niños migrantes en Estados Unidos

Los siguientes pasajes de 'Los niños perdidos. (Un ensayo en cuarenta preguntas)', de Valeria Luiselli, revelan la realidad de los menores inmigrantes y los laberintos jurídicos estadounidenses. La historia de un drama sin precedentes

Presentación WMagazín. “Mamá, dime, ¿cómo termina esta historia?”. Es la pregunta insistente que le hace a Valeria Luiselli su pequeña hija tras escucharle algunas de las historias de los niños inmigrantes en Estados Unidos. La escritora mexicana fue una de las intérpretes de muchos de estos menores ante el cuestionario que se les hace para tratar de establecer su situación a partir de la llamada “crisis migratoria” de 2014. Una experiencia que Luiselli ha compartido en un magnífico libro: Los niños perdidos. (Un ensayo en cuarenta preguntas) (Sexto Piso), con prólogo de Jon Lee Anderson.

Una obra publicada hace año y medio que ya alertaba de ese delicado problema y que cobra una vigencia absoluta con la reacción del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos contra la inmigración, la separación de niños de sus padres, luego corregida, pero ahora ha sorprendido con el anuncio de que los menores serán internados en centros especiales. Medidas que han dejado perplejos a su país y al mundo entero y que ponen en jaque principios básicos de humanidad y políticas adecuadas para ayudar a los más necesitados.

Los niños perdidos es una obra testimonial en la cual Valeria Luiselli (México, 1983) pone en el centro las sesiones con los menores (lo humano, lo jurídico y lo político) y a su alrededor, o de manera paralela, hace avanzar el relato con episodios de su viaje en carro con su esposo y su hija a la frontera con México para ver cómo se desarrolla una situación de retención masiva de inmigrantes o sus reflexiones diarias una vez terminados sus servicios como intérprete o a través de sus alumnos en clase. Una narración realista y sencilla enriquecida de Historia, testimonios, orígenes de esa problemática, reacción de los medios de comunicación y los laberintos del sistema migratorio en Estados Unidos. El resultado es un libro revelador que no solo cuenta una verdad, sino que pone frente al espejo a un país, a una sociedad y a los sueños de quienes quieren entrar allí. Un libro necesario por lo que dice y por cómo lo dice, de manera conmovedora, con una estructura y palabras precisas donde Luiselli comparte lo vivido y pensado, y lo deseado. Todo vertebrado a partir de las dichosas cuarenta preguntas.

WMagazín reproduce algunos pasajes de Los niños perdidos que muestran no solo la situación jurídica frente a los inmigrantes en Estados Unidos sino también el fracaso de los políticos, las políticas, los gobiernos de los países de origen, y, también, la sociedad.

Los niños perdidos

Por Valeria Luiselli

“¿Por qué viniste a los Estados Unidos?”. Esa es la primera pregunta del cuestionario de admisión para los niños indocumentados que cruzan solos la frontera. El cuestionario se utiliza en la Corte Federal de Inmigración, en Nueva York, donde trabajo como intérprete desde hace un tiempo. Mi deber ahí es traducir, del español al inglés, testimonios de niños en peligro de ser deportados. Repaso las preguntas del cuestionario, una por una, y el niño o la niña las contesta. Transcribo en inglés sus respuestas, hago algunas notas marginales, y más tarde me reúno con abogados para entregarles y explicarles mis notas. Entonces, los abogados sopesan, basándose en las respuestas al cuestionario, si el menor tiene un caso lo suficientemente sólido como para impedir una orden terminante de deportación y obtener un estatus migratorio legal. Si los abogados dictaminan que existen posibilidades reales de ganar el caso en la corte, el paso siguiente es buscarle al menor un representante legal.

Pero un procedimiento en teoría simple no es necesariamente un proceso sencillo en la práctica. Las palabras que escucho en la corte salen de bocas de niños, bocas chimuelas, labios partidos, palabras hiladas en narrativas confusas y complejas. Los niños que entrevisto pronuncian palabras reticentes, palabras llenas de desconfianza, palabras fruto del miedo soterrado y la humillación constante. Hay que traducir esas palabras a otro idioma, trasladarlas a frases sucintas, transformarlas en un relato coherente, y reescribir todo eso buscando términos legales claros. El problema es que las historias de los niños siempre llegan como revueltas, llenas de interferencias, casi tartamudeadas. Son historias de vidas tan devastadas y rotas, que a veces resulta imposible imponerles un orden narrativo.

“¿Por qué viniste a los Estados Unidos?”. Las respuestas de los niños varían, aunque casi siempre apuntan hacia el reencuentro con un padre, una madre, o un pariente que emigró a los Estados Unidos antes que ellos. Otras veces, las respuestas de los niños tienen que ver no con la situación a la que llegan sino con aquella de la que están tratando de escapar: violencia extrema, persecución y coerción a manos de pandillas y bandas criminales, abuso mental y físico, trabajo forzoso. No es tanto el sueño americano en abstracto lo que los mueve, sino la más modesta pero urgente aspiración de despertarse de la pesadilla en la que muchos de ellos nacieron.

(…)

Luego viene la segunda pregunta del cuestionario de admisión: “¿Cuándo entraste a los Estados Unidos?”. La mayoría de los niños no saben la fecha exacta. Algunos sonríen y otros se ponen serios. Dicen: “el año pasado” o “hace poco” o simplemente “no sé”. Todos huyeron de sus pueblos o ciudades, caminaron kilómetros, nadaron, corrieron, durmieron escondidos, montaron trenes y camiones de carga. La mayoría se entregó a la Border Patrol al cruzar la frontera. Todos llegaron buscando algo o a alguien. ¿Buscando qué? ¿Buscando a quién? El cuestionario no hace esas otras preguntas. Pero pide detalles precisos: “¿Cuándo entraste a los Estados Unidos?”.

(…)

El tránsito de menores que migran a Estados Unidos desde México y Centroamérica, solos, sin padres o familiares mayores de edad, es un fenómeno que ocurre desde hace muchos años. Pero en los ocho meses anteriores a que se declarara una crisis, había habido un aumento enorme y muy repentino en esa tasa de migración: entre octubre de 2013 y junio de 2014, la cifra total de menores detenidos en la frontera México-Estados Unidos alcanzó de pronto los 80 mil. Ese aumento repentino detonó las alarmas en Estados Unidos y provocó que se declarara la crisis. Más adelante, hacia el final del verano de 2015, se supo que la cifra seguía aumentando: entre abril de 2014 y agosto de 2015 llegaron más de 102 mil menores. La tasa de llegadas sigue en aumento. Las preguntas nueve, diez y once del cuestionario son: “¿Cómo te sientes en el lugar en el que estás viviendo ahora?”, “¿Estás feliz aquí?” y “¿Te sientes seguro/a?”. Pienso seguido en esta constelación de preguntas. Me pregunto qué imágenes brotan en la mente de los niños el segundo antes de darme una respuesta.

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Las preguntas doce y trece están dirigidas específicamente a niños cuyos parientes directos (padres y/o hermanos) ya estaban en Estados Unidos cuando llegaron: “¿Han sido tus padres o hermanos víctimas de algún crimen desde que llegaron a los Estados Unidos?” y “¿El crimen fue reportado a la policía?”.

(…)

Si los niños son mexicanos y el oficial de migración que procesa su detención determina –basado en cualquier evidencia, sea sustancial o insustancial, sea comprobable o no– que ni son víctimas de tráfico de personas ni “temen” regresar a México, son deportados de inmediato siguiendo un procedimiento legal que se llama, de modo un tanto edulcorado, “retorno voluntario”.

Por increíble que parezca, «retorno voluntario» es el dictamen más común, y la enorme mayoría de los niños mexicanos son deportados inmediatamente bajo esta instancia, sin derecho a apelar la decisión en la corte. La deportación inmediata de niños mexicanos es producto de una enmienda que hizo el presidente G. W. Bush en 2008 a una ley llamada Trafficking Victims Protection Reauthorization (Reautorización de la Protección de Víctimas del Tráfico), en la que se dictamina que Estados Unidos tiene derecho a deportar a cualquier menor de edad de un país con el que comparte fronteras (México y Canadá de iure, aunque hasta ahora sólo México de facto) sin garantizar un procedimiento formal de deportación en una corte. Si los niños son de cualquier otra nacionalidad, la ley de los Estados Unidos los protege con la garantía del derecho a un juicio formal en la Corte Federal de Inmigración. Esos niños tienen derecho a un abogado privado para defenderse de la deportación y pueden buscar cualquier entresijo legal a su disposición para conseguir un estatus migratorio que les permita permanecer legalmente en Estados Unidos”.

***

Jon Lee Anderson empieza el prólogo diciendo: “En Los niños perdidos (Un ensayo en cuarenta preguntas) no hay respuestas, tan sólo más preguntas. En este urgente, cautivador y magnífico pequeño libro, las preguntas formuladas por Valeria Luiselli son las suyas, las de su hija, y las que se topa en el cuestionario de admisión para los niños indocumentados, el documento elaborado por un grupo de abogados migratorios estadounidenses para entrevistar a las decenas de miles de niños centroamericanos que llegan cada año a los Estados Unidos, tras ser traficados por la frontera mexicana. Estos niños son los miembros más vulnerables de un continuo éxodo de centroamericanos que huyen de la pobreza y la violencia en sus derruidas naciones, con la esperanza de encontrar una vida mejor en los Estados Unidos. Muchos de los niños son violados, asaltados, y algunos son asesinados en el camino”.

La pregunta de la pequeña hija de Valeria Luiselli queda en nosotros como un eco circular: “Mamá, dime, ¿cómo termina?”.

WMagazín también ha publicado un fotorrelato con ocho libros contemporáneos sobre la experiencia y problemática migratoria en Europa y Estados Unidos en este enlace, AQUÍ.

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4 comentarios

  1. ¡Hola!

    Excelente artículo. Desde que os descubrí en la Feria del Libro de Madrid, vuestro trabajo me ha ido enganchando cada vez más. Es triste que lecturas como las que nos exponéis aquí sean tan necesarias, pero a la vez espero que ayuden a abrir los ojos de todos aquellos que se han vuelto contra la Humanidad.

    Es una propuesta que me apunto, pues parece un trabajo realmente increíble y, sobre todo, concienzudo y veraz.

    Espero leeros pronto.

    ¡Un abrazo!

    1. Gracias por tus palabras, Santiago. Nos alegra mucho que te guste Wmagazin.com Y sobre todo por este libro de Valeria Luiselli que es fundamental. Un saludo.

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