El escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa. /Cortesía Alfaguara – Cherie Nutting

Rodrigo Rey Rosa: «La humanidad se ha hecho a base de violencia. Somos producto de las guerras»

El escritor denuncia en 'Carta de un ateo guatemalteco al Santo Padre' las injusticias de la Iglesia Católica al reclamar tierras que pertenecen a comunidades indígenas. En un vídeo cuenta que antes de escribir envío una carta al Papa Francisco pero no obtuvo respuesta

En vista de que el Papa Francisco no contestó su carta en la que denunciaba que la Iglesia Católica de Guatemala quería arrebatar unas tierras a una comunidad indígena maya, Rodrigo Rey Rosa decidió escribir una novela. Recrear el motivo de aquella injusticia y contar la verdad desde la ficción: Carta de un ateo guatemalteco al Santo Padre (Alfaguara).

El escritor a ún espera una respuesta del pontífice.

Las realidades de sucesos concretos han inspirado los últimos libros de uno de los escritores latinoamericanos más destacados de las últimas décadas. Solo que en esta novela Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958) completa el círculo de realidad convertida en ficción a la espera de que esta tenga efecto sobre la realidad de la que parte.

A su paso por Madrid, el escritor cuenta que viene de Tánger (Marruecos) a donde lo llevó otro hecho real que parece de novela y que él intenta desmentir. Rey Rosa es el albacea literario de Paul Bowles (Estados Unidos, 1919-Tánger, 1999), de quien fue amigo. Viajo a Marruecos a buscar documentación para desmentir las acusaciones de Mhamet Mrabet al afirmar que Bowles nunca le había reconocido dinero por las historias que este narraba y que el autor estadounidense convirtió en libros.

“Todo eso es falso. Fui a Marruecos en busca de pruebas. Puedo demostrar que Bowles pagó al señor Mrabet varios cheques que este cobró por miles y miles de dólares a lo largo del tiempo. Me reuní con un archivista de la Universidad de Delaware, donde están casi todos los papeles de Bowles de sus últimos quince años de vida. Puedo probar en cualquier tribunal que esos pagos existieron”.

Una de las características de la obra del autor guatemalteco es que parte de la realidad entre la denuncia y la reivindicación con el fin de que la sociedad se dé cuenta de lo que sucede. Sus obras indagan en las raíces o resortes de hechos violentos. El caso de Carta de un ateo guatemalteco al Santo Padre tiene que ver con la comunidad maya Kaqchikel.

“Los katchiques son un grupo étnico y una lengua situados en la gran área geográfica de Guatemala de Ciudad de Guatemal. Es un mundo que desconocía. Un día unas amigas, que son hermanas y abogadas y sociólogas mayas, me contaron que estaban defendiendo a esta cofradía Kaqchikel por un pleito de tierras. Ya habían perdido esa causa y me explicaron que había habido una excomunión de cofrades por parte de un párroco muy beligerante que había terminado en una expropiación. Mostré cierto escepticismo sobre una excomunión por unas tierras  y me enseñaron los legajos que tenían y más tarde me enviaron la documentación de las dos partes, la sentencia y demás. Así nació el libro».

Todo empezó a finales de 2018 como lo cuenta en el siguiente vídeo:

Rodrigo Rey Rosa cuenta en vídeo cuál fue el primer soplo de inspiración de su novela 'Carta de un ateo guatemalteco al Santo Padre'. /WMagazín

El escritor envío una carta al Papa Francisco y al no obtener respuesta empezó a escribir la historia desde la ficción. Cambió nombres y la localidad y Rodrigo Rey Rosa creó un alter ego con el narrador llamado Román Rodolfo Rovirosa.

La Iglesia Católica tiene cientos de pleitos en todo el mundo de expropiación de tierras a indígenas y otras comunidades. En España parece que también hay litigios por tierras que no están registradas como es debido que están en manos de la Iglesia, pero alguna comunidad reclama”.

La estructura de la novela surgió tras el silencio papal con la intención de denunciar y reivindicar. Todo lo demás salió a medida que escribía.

“No sabía hacia donde iba. Tracé un camino de ficción paralelo a la realidad. No me han matado todavía (y ríe). Aunque hay un punto de partida real todo es invención, si no me va a demandar el Vaticano”.

La novela denuncia la injustica y expresa la incredulidad ante los actos de la Iglesia y cuando al referirse al Opus Dei y señala que ¿Dios es el gran rompecabezas? Y cómo las religiones más que ayudar a las comunidades crean conflictos.

“No es la religión sino la administración. La religión parece ser una necesidad humana, no es la que crea el conflicto sino sus administradores terrenales”.

Un caso que le permite a Rey Rosa ahondar en uno de sus temas, la violencia, sus manifestaciones y sus orígenes.

“El ser humano es violento. Si se lee antropología o Historia se ve que la humanidad se ha hecho a base de violencia en todos los aspectos. La tecnología moderna está basada en tecnología de guerra. Si hemos avanzado en ese aspecto es por la guerra y la necesidad de ataque y defensa. En ingenio guerrero es lo que nos ha llevado al espacio sideral. Solo basta recordar que Internet es un invento militar en los años sesenta. Somos producto de las guerras, en cierta manera”.

Y la pulsión violenta la pueden activar situaciones injustas como la de los cofrades de Guatemala. Comunidades que incorporaron a sus creencias las que les obligó la Iglesia Católica durante la Conquista española y esas cofradías estaban adscritas a la Iglesia. Con el tiempo algunas fueron sumando ritos o creencias de otras religiones y así conviven muchos dioses y creencias.

“Es el motivo de ser de la carta al mostrar una total desigualdad de fuerzas. Es como dice el abogado: son cinco pelones contra la Iglesia. No tienen ninguna oportunidad de ganar. Y eso que estas comunidades forman parte de la religión. Hay un sacerdote que llama costumbres a los ritos propios de allí. Los sacerdotes lo pueden usar despectivamente para señalar que hay costumbres paganas, pero es su religión que sigue viva.

Hay una especie de fundamentalismo religioso maya que con todos los elementos cristianos a lo largo de los siglos se han llegado a confundir y ser inseparables. En el caso de las cofradías propiamente dichas. Hay otros grupos que rechazan el simbolismo cristiano. En cierta manera estos son moderados que han adoptado creencias y rituales e imágenes cristianas, pero no han eliminado sus propias deidades. Conviven. Son más universales. No hay que ser tan dogmáticos. Los ortodoxos cristianos sirios que están triunfando ahora en Guatemala son en ese sentido más tolerantes.

Pero en el caso del que hablo la excomunión los tenía muy mal porque al ser creyentes esa desición no los deja tranquilos. Los ortodoxos hoy son como dos millones y eso también debería conocerlo la Santa Sede y comenzar a ver qué hace”.

Por situaciones parecidas a estas es que se han sucedido protestas en países como Ecuador.

“Hay una especie de red de gente amerindia. Esta gente de la que te hablo tiene su contraparte en Ecuador y Bolivia y están comunicados. Los peritajes que se hacen para saber en qué consiste el derecho comunitario son muy parecidos. Estas protestas son una manera de resistir. Creen que no todo está perdido. No todo es negativo, hay resistencia y conciencia y unidad que ha facilitado la comunicación digital y está dando resultados inesperados. Luchan, por ejemplo, contra la industria extractiva del oro y el petróleo.

Rodrigo Rey Rosa sigue hablando de la situación de Guatemala que ha conocido más en este siglo porque tras un largo periodo de viajes por diferentes ciuades del mundo en 2002 se volvió a establecer allí al nacer su hija.

“En este siglo, prácticamente, no me he ausentado más de dos meses. Estaba anclado. Me ha permitido conocer mejor Guatemala. Hay mucho terreno por recorrer. Hay una realidad cambiante en todos los lugares y múltiples situaciones”.

El escritor está atento, investiga y escribe. Cada libro le supone una rutina diferente. Puede estar meses sin escribir y luego ¡saz! Como esta Carta de un ateo guatemalteco al Santo Padre de la que se enteró un diciembre y al poco se puso a investigar y a escribir.

Atrás está su pasado de querer hacer cine, aunque el deseo se mantiene, pero sabe que es imposible.

“No tuve una época, fue una temporada corta. He hecho dos largos, uno que rodamos en cuarenta días y luego tardamos tres años en terminar por problemas de dinero y postproducción. En ese periodo escribí dos libros, uno de cuetos y una novelita y traduje. No me dediqué al cine. El otro largo fue más rápido. El primero fue un rodaje en super16, superlento y caro. No me arrepiento, pero resultó más costoso en tiempo y dinero de lo que me imaginaba. Y el segundo fue un proyecto documental hecho ya en digital que fue menos costoso pero complicado. Ya no tengo tiempo para otro intento”.

Y se ríe con cierta resignación. Aunque en el mundo de los sueños le gustaría intentarlo.

“Es un campo fascinante, pero hay que tener medios y no solo económicos sino también técnicos. Hoy la tecnología facilita eso, lo que ocurre es que el tiempo es un problema”.

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