Atardecer en Barcelona con la Sagrada Familia al fondo.

Una independencia de Cataluña llevaría a Barcelona a su ocaso editorial

Si la Generalitat declara la independencia de España, de la capital catalana se irían varias empresas del sector. La ciudad perdería la capitalidad editorial en español y dejaría de ser punto de referencia

Barcelona corre el riesgo de ser conjugada en pasado… Era… Fue… De convertirse solo en una leyenda en el mundo editorial y literario si la Generalitat de Cataluña, la comunidad de la que es su capital, declara la independencia porque muchas de las editoriales se irían de allí. No se quedarían en un país que estaría fuera de la Unión Europea cuyo idioma oficial no es con el que ellas trabajan ni el que reclaman sus más de quinientos millones de potenciales lectores. Es decir, donde está el negocio. Barcelona se podría convertir, entonces, en un mero lugar de impresión de libros, y para eso ya están China y otros países donde, incluso, puede ser más barato imprimir.

Gran parte del prestigio cultural de Barcelona en el imaginario profesional e intelectual y colectivo del libro se debe a que no vive de las glorias pasadas, como centro de la edición en español del último medio siglo, sino de su renovación constante a partir de un idioma hablado en veinte países, más Estados Unidos, y que es la segunda lengua universal después del inglés. Eso es parte de su capital, activo cultural y económico en expansión. Una muestra es el Día de Sant Jordi, celebrado en Barcelona el 23 de abril, Día del Libro en el resto del mundo hispanohablante, cuya única jornada puede vender la cuarta parte de lo que se vende en un año, y son, especialmente, libros en español.

Barcelona es como un sistema solar del libro con sus planetas y satélites. Además de que gran parte de los mejores escritores catalanes contemporáneos escriben en español.

El paso de grandes intelectuales y escritores por esa ciudad y la realización de eventos literarios y del libro se deben, sobre todo, a la instalación allí de editoriales importantes que han convertido la ciudad en punto de encuentro y referencia mundial de la creación literaria y de la industria editorial en español. A su alrededor gira buena parte de la cadena de valor del libro. Por ejemplo, algunas de las principales agencias literarias que conectan a los autores españoles y latinoamericanos con el mercado hispanohablante y del resto del mundo tienen su sede allí: desde la Agencia Carmen Balcells, impulsora del boom latinoamericano; Schavelzon-Graham, Silvia Bastos, Antonia Kerrigan y Mercedes Casanovas, hasta nuevas agencias como VicLit.

50% de la facturación

Ese ecosistema especial hace que el resto del mundo editorial en otros idiomas se fije en la capital catalana porque en ella confluye buena parte de la publicación de los escritores españoles y latinoamericanos que tanto interesan y buscan los sellos de otros países.

El resultado es una Barcelona con la combinación perfecta de simbiosis de creación literaria y negocio e industria editorial.

Es un estatus apoyado en cifras. El informe del mercado del libro 2016 señala que las empresas agremiadas en Barcelona concentran el 50.8% de la facturación total del mercado editorial español y Madrid representa el 42.4%. Y el año pasado esa facturación fue de 2.317 millones de euros en total, lo que significa que las empresas de Barcelona facturaron casi 1.170 millones de euros.

Los dos grandes grupos editoriales tienen sus sedes principales en esa ciudad: Planeta (el Grupo editorial más grande en español con más de veinte sellos) que ya ha traslado su sede social a Madrid, aunque sus oficinas seguirán en Barcelona, y Penguin Random House (filial de Bertelsman, cuarto grupo más grande el mundo y segundo en lengua española con otra veintena de editoriales) que aportan más del 60% del mercado editorial en España. A ellos se suman editoriales medianas de gran prestigio internacional como Anagrama, Galaxia Gutenberg, Gedisa y Salamandra; y otras medianas o más pequeñas que han surgido desde finales del siglo XX como Acantilado y, claro, todas aquellas que en el siglo XXI han llegado para enriquecer la oferta a los lectores: desde Libros del Asteroide, Roca, Minúscula o Candaya; pasando por Alpha Decay, Blackie Books, Ático de los Libros, Rayo Verde; hasta otras más recientes tipo Rata, Malpaso, Pasado & Presente, Plataforma, Sajalín o Wunderkammer.

¿De capital editorial a ciudad de impresión?

Ese ecosistema armónico entraría en su ocaso si la Generalitat declara la independencia. El primer campanazo de este escenario lo dio en 2012 José Manuel Lara Bosch, presidente del Grupo Planeta, al asegurar que su empresa se iría de Barcelona en caso de que Cataluña se independizara. Palabras que ratificó su sucesor, José Creuheras, en 2015, tras la muerte de Lara Bosh. El 11 de octubre se informó que este grupo trasladaba su sede social a Madrid.

Incluso Storytel, la empresa sueca de audiolibro recién llegada a Barcelona, afirma a WMagazín: “Si la Generalitat de Catalunya declara la independencia, nos veremos obligados a trasladar nuestra sede a Madrid para garantizar los derechos de nuestros empleados, clientes e inversores. No obstante, nuestra oficina, estudios de producción y equipo seguirán en Barcelona”.

Javier Marías, escritor madrileño, y uno de los autores contemporáneos más importantes, dijo: “La competitividad entre dos ciudades: Madrid-Barcelona, Barcelona-Madrid o Cataluña-Madrid es buena. Barcelona ha sido la capital mundial en castellano y Madrid su competidora y su complemento. El mundo de la edición es prueba del hermanamiento entre estas dos ciudades y autonomías”.

Esta reflexión la hizo Javier Marías el jueves pasado en Madrid, al recibir el Premio al mejor autor hispanoamericano entregado por LIBER, Feria Internacional del Libro. Precisamente, la feria que reúne, desde hace 35 años, a los editores y profesionales del mundo hispanohablante cuya sede se alternan Madrid y Barcelona. Según la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), organizadora del evento, a pesar de los ruidos independentistas, las relaciones con las editoriales con sede en Cataluña son excelentes. Daniel Fernández, su presidente de la FGEE y editor de Edhasa y Castalia, dos sellos con sede en Cataluña, expresó: “Espero diálogo y cordialidad y soy partidario de la convivencia como ha sido hasta ahora”.

Sellos del Gremio de Editores de Cataluña

Editores catalanes consultados por WMagazín comparten las palabras de Javier Marías sobre las buenas relaciones del sector como ejemplo de lo que ellos creen es la realidad y de la armonía del mercado editorial que allí editan en español y catalán.

En caso de una independencia unilateral el marco jurídico dejaría varios puntos importantes en el aire y lo que muchas editoriales no podrían asumir son dos oficinas y sedes: la de Cataluña y la de España. La mayoría se inclina por trasladar su centro al ámbito del idioma español porque es en el cual trabajan, como creación literaria y mercado y porque los españoles son sus principales clientes. Las siguientes son algunas de las editoriales registradas en Cataluña, varias de ellas con ediciones en español y catalán:

Acantilado

Alba

Libros del Zorro Rojo

Alpha Decay

Altair

Ático de los Libros

Anagrama

Asteoride Libros

Blackie Books

Bromera

Blume

Candaya

Castalia

Combel

Duomo

Edebé

Edhasa

Ekaré

Galaxia Gutenberg

Gedisa

Gustavo Gili

La Galera

Malpaso

Minúscula

Norma

Pasado y Presente

Penguin Random House, con una veintena de sellos, algunos de los cuales ya funcionan en Madrid: Lumen, Debate, Alfaguara, Debolsillo, Taurus, Literatura Random House, Grijalbo, Plaza y Janés, Caballo de Troya, Aguilar, Beascoa, Montena, Vergara, Reservoir Books, Ediciones B, Penguin Clásicos…

Planeta, con una veintena de sellos, algunos de los cuales funcionan en Madrid: Destino, Seix Barral, Tusquets, Planeta, Crítica, Paidós, Zenith, Espasa, Booket, Esencia, Ariel, Timunmás, Oniro, Proa…

Plataforma

Rata

Rayo Verde

RBA

Roca

Sajalín

Salamandra

Thule

Vicens Vives

Wunderkammer

De producirse la independencia unilateral el escenario del mapa editorial de la lengua española sería muy diferente al actual. La capitalidad editorial en castellano cambiaría. Además, podría impulsar y acelerar la instalación de sedes de editoriales españolas en ciudades latinoamericanas. Una estrategia que se tiene cada vez más en cuenta con el fin de descentralizar la producción, mejorar la circulación de libro y atender mejor a los autores y lectores.

 

 

 

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