El escritor español Enrique Vila-Matas, autor de ‘Mac y su contratiempo’, en su casa de Barcelona. /Fotografía de Lisbeth Salas.

Vila-Matas: “No hay originalidad. Lo que hacemos es repetición de algo que ya ocurrió”

El escritor barcelonés ha perfeccionado su mundo en 'Mac y su contratiempo', una de las novelas más destacadas de 2017. En esta entrevista da las claves de su universo metaliterario, de ficción y realidad

Camino de los setenta años, las manos de Enrique Vila-Matas heredan el secreto de Dorian Gray. Ellas y su risa animada y continua, su entusiasmo, su energía, sus frases cargadas de ironía fina, su presencia en las librerías. Vila-Matas no revela el secreto ni siquiera en su casa de Barcelona vestido de negro y calzado con zapatillas de deporte del mismo color. Es un hombre de negro en un sofá burdeos.

Este curso que termina ha sido inmejorable para el escritor español (Barcelona, 1948). Empezó con nuevas traducciones en Estados Unidos, siguió con buenos despliegues de entrevistas y críticas muy favorables y hace unos meses publicó en España Mac y su contratiempo (Seix Barral). Una novela de grandes éxitos perfeccionados del universo Vila-Matas esparcida de humor en un viaje al origen del relato.

Y eso que a los 17 años quería ser poeta. Los versos derivaron en narraciones que exploraron nuevas formas de contar y hoy es uno de los mejores escritores españoles y uno de los más admirados y apreciados en América Latina.

Fueron primero los latinoamericanos quienes entendieron la gracia literaria de Vila-Matas. Lo sintieron como propio, a él y a su literatura. El escritor extiende el brazo izquierdo sobre la parte superior del sofá a un lado del balcón. Trata de encontrar la clave de esa sintonía. Empezará a darse cuenta de que no se sabe qué fue primero: si la creación del mundo Vila-Matas por él o si ese mundo lo perseguía, y persigue, ahí fuera.

“Mi forma de trabajar siempre ha sido con máscaras de personajes que se parecían a mí sin serlo”

“Esa sintonía fue anterior a la española. En realidad, fue anterior inicialmente en México, luego en Argentina, en Colombia, en Perú, en Venezuela… En las entrevistas que me hacían en España, hace unos 20 o 15 años, me preguntaban cómo era que me hacían tanto caso allá. Como diciendo: ‘Qué extraño, a nosotros no nos interesa mucho esto, pero allí…’. Mi respuesta era: ‘No lo sé’. Lo que me pregunto es por qué aquí no pasó lo mismo. El editor de García Márquez en Buenos Aires, el español Francisco Porrúa, me dijo que le parecía que yo utilizaba elementos de género fantástico que eran utilizados en América Latina y comprendidos allí sin ser visto como extravagantes o excéntricos. Un día le pregunté a Sergio Pitol esto que me pasaba y contestó: ‘Mira, lo que ocurre en México es que es un país excéntrico y tu literatura es excéntrica también y eso hace que intereses más”.

Premios

Entre los premios que destacan de Vila-Matas figuran: Premio Rómulo Gallegos por 'El viaje vertical' (2001) / Premio Herralde por 'El mal de Montano' (2002) / Premio Nacional de la Crítica por 'El mal de Montano' (2002) / Oficial de la Ordre des Arts des Letrres de Francia / Premio Jean Carriere por 'Dublinesca' (2010) / Premio Formentor de las Letras por su obra literaria en 2014 / Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 / Premio Feronia Città di Fiano 2017 por el conjunto de su obra

Vila-Matas termina la frase con una subida y bajada de hombros rápida y se aventura a lanzar su propia teoría. Cree que tal vez los latinoamericanos son más abiertos a las artes y a su exploración. Que tienen una especial capacidad de asombro y de entusiasmo para apoyar propuestas innovadoras. Y las suyas, desde los años ochenta y noventa, por Historia abreviada de la literatura portátil, Suicidios ejemplares, Bartleby  y compañía o El mal de Montano fueron bien recibidas. Incluso El viaje vertical fue Premio Rómulo Gallegos 2001 y en 2015 la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) lo distinguió con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

“Es el mismo entusiasmo que encontré en Norteamérica. Emerson decía que sin entusiasmo no se ha construido nunca nada. Esa es un poco la idea. Quizás en España, desde el desastre de 1898, ha habido una sensación de pesimismo, de cerrarse un poco y, sobre todo, de falta de interés. También he notado que ciertos autores españoles viajan a Latinoamérica sin el menor interés por el lugar al que van. Yo entré enseguida en México. Recuerdo que llevaba tres días en el hotel cuando fui a una terraza de Ciudad de México con unos conocidos y les dije: ‘Esto es extraordinario, llevo tres días aquí y aún no sé quién me ha invitado’. Y ellos me dijeron: ‘Somos nosotros”.

Su risa llena el salón y se pierde por el pasillo al fondo, mientras sube las cejas asombrado de que el universo Vila-Matas lo persiga. Eso sí, se pone serio para confesar que la primera vez que fue a México le horrorizó, le impresionó y le gustó. Todo a la vez.

“Quedé con dudas. Pero cuando me volvieron a invitar, en 1992, salté de alegría. Era la oportunidad para descifrar si realmente era tan horroroso como lo había visto y al mismo tiempo me había gustado. Me integré en el color local. Siempre he sido feliz, desde el principio, ese es el sentido. Aquí en España es posible que se mezclara la mala fama que tenía por mi conducta nocturna y que, por tanto, no se me tomara muy en serio”.

Enrique Vila-Matas en el salón donde escribe y tiene su biblioteca, en su casa de Barcelona. / Fotografía de Lisbeth Salas

Vila-Matas ha sido fiel a sí mismo. ¿Pero dónde asoma por primera vez el Vila-Matas que habrá de ser? ¿Cuál es el primer libro donde juega con la metaliteratura, la ficción y la realidad?

“Es en el segundo libro, La asesina ilustrada, de 1977. Un libro de notas en el que estoy bastante influenciado por Pálido fuego, de Nabokov. Construí una historia criminal con un manuscrito, un libro de notas. En la siguiente novela, Al sur de los párpados, de 1980, aprendí a escribir, a trabajar con un libro de mayor extensión. Alguien dijo que no debí publicarlo, pero si no lo hubiera hecho posiblemente me habría quedado sin publicar. Sin ese libro no habría, quizás, seguido la trayectoria que después me llevó a editoriales mejores”.

Los años ochenta empezaban y el treintañero Vila-Matas sabía lo que quería. En su primera entrevista al periódico español El País, le dijo a Rosa Mora sobre Al sur de los párpados: “Me gusta pensar que es también el relato de un itinerario mental o el viaje del narrador por el país del autor, mi novela tiene la busca del estilo”. Al escuchar su propia declaración de 37 años atrás el escritor sonríe pensativo… Luego sus palabras se precipitan:

“¡Lo que buscaba era el estilo! Empleé una novela en buscar el estilo y que el tema fuera este además. Entonces era mejor entrevistado que escritor, porque si decía estas cosas… (y ríe sonoramente). Una cosa es que no sepa escribir, la otra es que no sepa pensar (agrega entre risas). Estaba influenciado por el Tristram Shandy, traducido por Javier Marías. Siempre he dicho que Tristram Shandy me abrió muchísimo la cabeza, como texto e idea de libertad total. Yo llegué al Quijote a través de Tristram Shandy, esto sí que es una extravagancia”.

“Yo llegué al Quijote a través de Tristram Shandy, esto sí que es una extravagancia”.

Casi todo le ha llegado por sorpresa. Eso dice él. Nunca ha pensado: voy a conseguir aquello, voy a conseguir esto, la ruta es esa. Escribe por diversión y como manera de explorar.

“Cada vez escribo con más interés y divirtiéndome más. Ahora mismo estoy intrigado por cómo he hecho Mac y su contratiempo. Veo que la novela está funcionando desde el principio. Y me pregunto cómo lo he hecho. ¡Para poder repetirlo! (y se echa hacia delante en el sofá mientras ríe). Pero siempre hay que volver a empezar de cero… Aquí ha habido un cambio, un estado de humor. En las fotos sonrío desde hace dos años. Y la pregunta es ¿por qué? Antes siempre estaba muy serio, tratando de mostrarme muy interesante en las fotos, ¿no? Creyendo que de esa manera estaría interesante” (y sube las cejas en un gesto teatral).

Se ha quitado la máscara. Lo reconocerá más adelante. Está liberado. Se aprecia en Mac y su contratiempo. Mac es un hombre que se hace pasar por otro para reescribir la ópera prima de su vecino, Sánchez, que es un reputado escritor que quiere olvidar aquel libro. Mac lleva un diario y es parte de lo que lee el lector, luego está lo que sucede con el libro y la realidad. El universo metaliterario está servido: dobles, repeticiones, autenticidades y desfile de referencias literarias imbricadas con naturalidad en el discurso del personaje real en la ficción. Un ir y venir de mundos que orbitan armoniosamente en este sistema Vila-Matas luminoso y alegre.

Enrique Vila-Matas en una calle de Barcelona. /Fotografía de Lisbeth Salas

Vila-Matas se divierte contando cómo lo pasó de bien en el proceso de escritura. La novela iba sola por momentos, sobre todo cuando llegó a las páginas finales donde las palabras….

“El final se resolvió un poco en el momento de la escritura. Te voy a contar algo: Entregué el libro a la editorial y estuve meses sin leerlo. Cuando lo volví a leer en galeradas no recordaba muy bien una parte de la resolución final. Lo leí como un lector más, con un interés enorme por saber cómo se resolvía aquello, porque hay infidelidades y suplantaciones que se resolvieron casualmente. Me di cuenta de que el libro podía interesar a la gente”.

Un rompecabezas. No, un cubo de Rubik: piezas-colores lejos unos de otros hasta que llegan esas manos veinteañeras de Vila-Matas y lo encajan todo en un santiamén. Por eso quiere saber cómo lo hizo. Abre un camino por el que intenta ir al origen del relato, al arte de contar. En esa aventura se topa con la recuperación de una memoria familiar que es la esencia del libro. Es una novela que es varias novelas. Ha enriquecido su espacio donde solo falta la poesía. A lo mejor hay algunos versos en el cajón.

“No. Sólo hice poesía a los 17 años. Fue a partir de la lectura de los autores de la Generación del 27 que me deslumbraron. Y la dejé porque la poesía tiene que ser muy buena o nada. No la concebía como término medio y decidí que no escribiría poesía”.

La tentación de escribir poesía no existe, pero lo que escribió descansa en algún lugar. Rejuvenece al evocar aquellos momentos y ahí, ahí asoma su mundo…

“Conservo los primeros poemas. Hay uno que le di a una novia titulado Mi vida en la intemperie. En realidad, no era una novia, era una chica de la facultad que me gustaba y para ver si me hacía caso hice un poema. Pero me basé en Cernuda. Copié medio poema de Cernuda y medio mío, pero al final me olvidé de Cernuda y lo di como si fuera mío. La chica no me hizo ni caso, pero me dijo: ‘Por cierto, escribes muy bien’. Fue la primera vez que pensé que podía escribir bien porque me había olvidado del poema de Cernuda y que era mérito de otro… Aquel comentario me ayudó mucho”.

“Da igual cómo lo cuentes, el lector es quien crea el libro y crea lo que está leyendo”

No se sabe qué fue primero: si el mundo Vila-Matas inventado por él o el mundo Vila-Matas que esperaba que él lo viera. ¿Quién copia a quién? En Mac y su contratiempo aborda algunas teorías sobre la copia, la repetición, la máscara, lo auténtico… En la novela Mac escuchó a los cuatro años, por primera vez, la palabra Repetición. ¿Y Vila-Matas? Aquí un Big-bang de este universo:

“Fue en un niño que repitió párvulos. Un misterio, porque repetir párvulos tiene mucho mérito ¿no? (y vuelve a reír). Era un compañero que hoy es una persona muy conocida. Estudiamos juntos, yo sabía que él tenía un año más, lo que hacía que lo considerara un poco inferior (bromea). Ahora es muy amigo mío… La verdad es que todos repetimos cosas, los gestos de los padres, las palabras que aprendemos, todo eso consiste en repetición y diferencia”.

Es la manera como Mac y su contratiempo dinamita la idea, el mito y la leyenda alrededor de la importancia de la autenticidad, de una voz propia. Vila-Matas se sienta sobre el borde del sofá y se gira hacia la puerta del balcón que da a la calle:

“La repetición como movimiento. Es parecido al recuerdo, porque el recuerdo es hacia atrás y la repetición es un avance. El tema del libro es el arte de contar y la importancia de la persona que escucha. La originalidad es una cosa de la que se es consciente. Hay gente que cree en la originalidad porque no lo ha entendido bien. No hay originalidad. No conocemos los orígenes y, por tanto, lo que hacemos es repetición de algo que ya tuvo lugar. Tú puedes modificar la repetición y hacer algo nuevo porque modificas y eres tú el que escribe aquello. Es una propuesta que me divierte hacerla. Al mismo tiempo el libro de Mac es muy original en el sentido de que entendemos por original cuando se dice ¡Genial! En este caso original. Y lo es porque se puede comparar difícilmente con libros que se hayan publicado en lengua española”.

Mac y su contratiempo se convierte en una Penélope que teje y desteje teorías literarias cruzadas de ejemplos y salpicadas de humor, risas. Repetición, original y ¿auténtico? Como la risa, cuyo sonido no es más que la repetición de las mismas ondas sonoras que tienden a ser contagiosas.

“La autenticidad es la manera de contarlo y que el lector lo crea. Esto es lo más antiguo. Baroja decía que lo único que cuenta es el lector. Da igual cómo lo cuentes, el lector es quien crea el libro y crea lo que está leyendo. Si no lo cree no hay nada que hacer. Hay escritores realistas que creen que cuantos más detalles se pongan más verídico parecerá, pero no es absolutamente necesario. Depende mucho de la credibilidad que tenga la voz. Y mi voz es la voz del ensayista”.

Enrique Vila-Matas lee la revista de cine en la que apareció su nombre en la portada. / Fotografía de Winston Manrique

Es otro Yo del escritor. Y Vila-Matas tiene varias máscaras.

“Mi forma de trabajar siempre ha sido con máscaras de personajes que se parecían a mí sin serlo. Yo siempre he sido así, enmascarado. Hace poco logré salir en la portada de Cahiers du Cinéma sin trabajar en el cine. Pero ahí está mi nombre en una de las revistas de cine más prestigiosas: Enrique Vila-Matas”.

Un eco de su etapa de actor. Del universo Vila-Matas en la tierra que se resiste a estar a la sombra de su autor.

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