El Nobel de Literatura 2021 Abdulrazak Gurnah. /Foto de Mark Pringle -Cortesía Ediciones Salamandra

Abdulrazak Gurnah: «La esclavitud sigue existiendo en algunas formas de la sociedad anti-esclavitud»

El Nobel de Literatura de Tanzania analiza la situación de refugiados que vive el mundo, la guerra de Rusia contra Ucrania y la literatura poscolonial. Presenta su novela 'A orillas del mar'

Abdulrazak Gurnah es un hombre modesto que, a pesar de las vicisitudes de su familia y la suya que lo llevaron con 18 años a emigrar de Tanzania a Londres, hace énfasis en lo que une más a las personas que aquello que las separa. Invoca la belleza de los actos de la vida ante los de la fealdad, a pesar de que todos buscan y evangelizan sobre la belleza de la vida.

“Nuestra naturaleza como seres humanos nos permite las dos cosas, la mayor amabilidad y quizás la belleza, si por belleza entendemos algo como generosidad, o algo así. También, por otro lado, somos muy capaces de hacer cosas muy feas. A veces, para mi desesperación, parece que somos más capaces de cosas feas que de cosas hermosas… Así que, cuando se encuentra generosidad, amabilidad, capacidad de justicia es algo que debemos celebrar, festejar y aferrarnos a ello. Debemos presentarlo como un ejemplo para convencernos de que esta es la mejor manera, que es preferible ser así que del otro modo.

La manera como llegué a esta conclusión y actitud es algo que no es difícil… No es difícil aprender con un poquito de experiencia, crecer y madurar. No es difícil aprender que la generosidad y la amabilidad son preferibles a la crueldad y a la fealdad. Supongo que es algo que debo haber tomado del aire porque es una idea que está disponible en todas partes. No hace falta ser muy listo para entenderlo”.

El Nobel de Literatura 2021 lo expresa con voz pausada en mitad de la rueda de prensa por videoconferencia ante medio centenar de periodistas de España y América Latina por la presentación de su novela A orillas del mar (Salamandra). Abdulrazak Gurnah (1948) nació y creció en la isla de Zanzíbar que mira al Índico. Viajó a Inglaterra como refugiado cuando tenía 18 años, con 21 comenzó a escribir, tuvo varios empleos y allí sigue ya jubilado como profesor de literatura inglesa y poscolonial en la Universidad de Kent, Canterbury. Sus libros editados al español son Precario silencio (1998) y Paraíso (1997).

Los temas capitales de la literatura de Gurnah son los efectos de la colonia en la gente, en su diáspora y en su identidad individual, interior y colectiva, sin concesiones a la nostalgia, pero sí con sentido crítico de lo emergido del nuevo tiempo de la colonización. Lo ha plasmado en diez novelas, varios cuentos y ensayos. La Academia Sueca le concedió el Nobel 2021 “por su penetración intransigente y conmovedora de los efectos del colonialismo y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes”. “El tema de la perturbación del refugiado recorre todo su trabajo. Comenzó a escribir a los 21 años en el exilio en inglés, y aunque el suajili era su primer idioma, el inglés se convirtió en su herramienta literaria».

En esa triangulación de la experiencia del refugiado, su identidad y la propia imagen están los personajes de Gurnah:

«El desarraigo es algo que le puede ocurrir a las personas cuando están solo a diez o quince kilómetros de casa; pero yo estoy interesado en movimientos de personas más amplios, personas que tienen que abandonar sus países por que están obligados a ello por la guerra, por la violencia y por otras razones. Ha sido un poco mi propia experiencia personal. Es algo que a lo largo de toda mi vida lo he tenido en mi mente. El desarraigo es un fenómeno global”.

Los millones de refugiados ucranianos expulsados de su país por culpa de la guerra de Rusia, lo indignan:

“Lo que siento es compasión y siento lo mismo que sentimos todos. ¿Qué más puede uno sentir cuando ve algo que es, sin duda, un ataque cruel y malévolo sobre los hogares de muchas personas? Lo único que puedo sentir es que es terrible ser testigos de esto. En cierto modo, hay cierta suerte, por una razón: hay muchos vecinos que han respondido con compasión en muchos lugares del mundo. Pero no todos los pueblos son bien recibidos. Solo se puede sentir tristeza al ver cómo, una vez más, se obliga a esas personas a huir de sus países y perder a los seres queridos”.

Esta situación ha servido para que algunas personas recuerden a Europa lo desigual que es su trato a los refugiados porque mientras recibe bien a los ucranianos, no hace o mismo con los de Siria o de África:

“No me resulta nada sorprendente que los países europeos muestren más simpatía por los ucranianos, son sus vecinos; algunos son, incluso, gente de la misma familia, al menos en las zonas de Alemania o Rumania. Pero es triste, aunque no sea sorprendente, es triste que este tipo de hospitalidad, este tipo de preocupación humana, no siempre se extienda tan bien a los afganos, a los sirios y a los iraquíes. Esta situación ha servido para exponer, en cierto modo, esta actitud parcial o sesgada hacia las personas que vienen de distintos países”.

La voz de Abdulrazak Gurnah ya se empieza a escuchar en los diferentes estamentos. Respecto al papel que corresponde a los intelectuales y a los escritores en el mundo de hoy con una realidad tan convulsa con casos como la guerra de Rusia contra Ucrania, el Nobel confía en un poder especial del arte:

“Uno no puede tirar un libro a un tanque para pararlo. La literatura no puede intervenir contra la tiranía de ese modo, a través de la fuerza. La escritura no puede hacerlo, pero la literatura, la escritura, puede aclarar cosas, aclararnos cosas para que después nosotros tengamos que luchar, si deseamos hacerlo. No creo que una persona autoritaria lea un libro y diga: ‘Creo que llevo toda la vida equivocado, ahora, voy a cambiar y seré más amable con la gente’. No creo que eso pase, aunque ha habido transformaciones espectaculares. Lo que sí puede hacer la literatura es informarnos a nosotros, al resto de nosotros, no a los tiranos, pero sí al resto, informarnos para impedir para que no permitamos que los tiranos abusen de nosotros y nos presionen tanto”.

El Nobel de Literatura Abdulrazak Gurnah en Edimburgo en 2017. /Foto de Simone Padovani/Awakening/Getty Images – cortesía Ediciones Salamandra

Han pasado casi treinta años de la publicación de Paraíso (1994) donde habla de desplazamientos humanos, sociedades multiculturales. Abdulrazak Gurnah no sabe si los discursos actuales en favor de esto es corrección política o si en verdad ha habido un cambio en la sociedad.

“No estoy seguro de si los lectores o el público en general o los periódicos son hoy más conscientes o más comprensivos respecto a los refugiados y a las personas desplazadas, pero inevitablemente deben ser más sensibles porque aparecen en los periódicos estos acontecimientos terribles. Sí hay una mayor concienciación, pero, también, está ocurriendo otra cosa: una cierta resistencia a los emigrantes. Esa resistencia hacia los extraños y no es ninguna novedad. En este caso también tiene que ver con las distancias, con las personas que vienen. Esta resistencia responde a un cierto racismo contra la aparición de estas personas en Europa. No todos los países han respondido así. Alemania lo hizo muy bien con la acogida de los sirios, España y Portugal también han acogido a muchas personas, pero algunos países no lo han hecho. En algunos países se habla de estos movimientos de personas como si fueran delincuentes, como si fueran personas que están aquí para provocarnos daño, para robarnos la prosperidad o algo así, para arruinar nuestras cómodas vidas”.

La literatura poscolonial permite recordar cómo se ha formado el mundo actual:

“Empieza como una manera de intentar ver qué tienen en común algunas literaturas, algunas escrituras y lo que tienen en común es la experiencia del colonialismo en este caso porque antes como mínimo en Gran Bretaña la manera de estudiar la producción literaria de distintos países, era así, como producción de otros países, literatura india o asiática o caribeña o africana. Y siempre habría algo que diga, bueno, usted como o es africano pues yo soy la principal autoridad sobre esta cuestión porque yo soy indio, porque soy africano, porque soy lo que corresponda en cada momento. Sin embargo, al pensar en este paradigma de la literatura poscolonial es que ya damos por sentada la experiencia del colonialismo. Gran parte de esta literatura que aquí se escribe en francés, o en portugués y eso es casi como una cuestión curricular, pero cuando hemos empezado a entender un poquito más las ventajas de este paradigma, otras disciplinas han empezado a utilizar la misma idea como la antropología o los estudios medievales.

Este encuentro entre unas civilizaciones y otras con los europeos ha sucedido durante muchos siglos. Así que esta idea del postcolonialismo se puede utilizar para estudiar muchas cosas mucho antes de que la gente hablara del colonialismo y del poscolonialismo. En realidad, consiste en estudiar el encuentro entre europeos y los otros, los que sean esos otros, y qué pasa con eso. No se trata solo del colonialismo, sino de algo mucho más profundo que tiene un alcance mucho más amplio. No me parece que sea un saco donde se pueda tirar todo si no que es un concepto muy útil. Pero si alguien consigue encontrar otro nombre para ese proceso o esa manera de investigar pues le ponemos otra etiqueta no creo que haya que ponerse nervioso con lo del poscolonialismo si es un término que molesta o pone nerviosos a algunos”.

Sus novelas recuperan el tema de la esclavitud y otras formas de esclavitud, ¿cree que esa palabra sigue teniendo sentido en el contexto sociolaboral actual?

“Uno imagina la esclavitud como aquello de los fenómenos en las plantaciones al otro lado del atlántico en que se llevaban a los africanos a trabajar en los campos y usamos muchas veces a los esclavos para hablar de ese tipo de servidumbre. Pero hay otros tipos de esclavitud. La servidumbre no es una persona que pertenezca legalmente a otra en el sentido antiguo del término, hay que entender el contexto. En la actualidad, la esclavitud sigue existiendo en algunas formas de la sociedad anti-esclavitud. Se sigue investigando casos en todas partes del mundo de personas que están mantenidas en cautiverio y en condiciones de esclavitud, pero no en una plantación. Hay que pensar en términos flexibles sobre las palabras y hay que entender en qué contexto, qué significado tienen. Eso es lo que yo quisiera decir sobre el uso de esa palabra en Paraíso. Es una manera de alguien de expresar su pesimismo respecto a su situación y desear, quizás, aprovechar esas palabras para hacer referencia a la realidad. También es una manera de decir que hay distintas maneras de esclavitud”.

A orillas del mar. Abdulrazak Gurnah. (Salamandra).

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