El escritor irlandés Colm Toíbín. /Foto de Steve Pyke – cortesía de editorial Lumen

Colm Toíbín: «Thomas Mann es, a veces, como un fantasma en su propia vida. Vivía con sus ojos»

El escritor irlandés publica 'El mago' donde novela la vida del autor de clásicos como 'Los Buddenbrook', 'La montaña mágica' y 'José y sus hermanos'. Crea un retrato de Mann sobre la tensión entre la vida y el arte, sus máscaras por su homosexualidad o bisexualidad, su metamorfosis política, su migración física e íntima y su búsqueda de la belleza

El sol del atardecer son dos pequeños ojos rectangulares en movimiento lento sobre la pared, reflejo de los ventanucos por donde entra al salón de la casa de Colm Toíbín en Cush, junto a Blackwater, en el condado de Wexford, al oriente de Irlanda. El mismo condado de Enniscorthy donde el escritor nació en 1955 y veranea estos días.

Colm Toíbin, afable y alegre, como siempre, interrumpe su descanso para esta videoentrevista. Su cara ocupa casi toda la pantalla del computador que acentúa el brillo de sus ojos y cobran fuerza las expresiones de su rostro cuando enfatiza algo o da suspense a una frase, o a las risas ante algo que parece sorprenderle a él mismo. A cambio, se diluye un poco el movimiento teatral de sus manos.

Se ha conectado para hablar de El mago (Lumen), su nueva y extraordinaria novela, que recrea la vida de Thomas Mann (Lübeck, Imperio alemán 1875 – Zúrich, Suiza, 1955), no tanto su faceta como uno de los grandes escritores del siglo XX, Nobel de Literatura de 1929, como la de la persona, el ser humano que mantuvo en tensión el dilema entre la vida y el arte, tuvo una metamorfosis política importante, buscó la belleza y creo máscaras por su homosexualidad o bisexualidad. «Un hombre que casi no existía y que vivía a través de la mirada el deseo por los hombres”, señala Toíbín.

El autor que con solo 25 años tuvo la osadía milagrosa de novelar una especie de autobiografía familiar y europea con Los Buddenbrook. Si Thomas Mann trató de desentrañar el alma europea de su tiempo con esa obra y otras como La montaña mágica, José y sus hermanos, Doktor Faustus y La muerte en Venecia; Colm Toíbín ilumina el interior de la suya.

El mago, como llamaban a Thomas Mann en la familia, es un viaje por la existencia en tránsito de un hombre, su migración continua, privada y pública, y la máscara que creó sobre su homosexualidad o bisexualidad. Es el acercamiento a un hombre en apariencia tranquilo, con un universo íntimo muy vital respecto a su búsqueda, contemplación y gozo de la belleza, representada, también, en el deseo de otros hombres. La novela muestra la metamorfosis que vive frente a su posición política y social en un tiempo convulso que parece derrumbarse a su alrededor que abarca desde la Primera Guerra Mundial hasta la Guerra Fría, pasando por el ascenso del nazismo, su exilio y la Segunda Guerra Mundial.

Es la décima novela de Colm Toíbín, y la segunda centrada en la vida de un escritor tras la dedicada a Henry James en El maestro, retrato del novelista adulto (2004). Ambos autores, James y Mann, admirados por Toíbín, tienen sus retratos en una pared de su casa de Dublín junto a otros de sus dioses literarios tutelares. Ambos con inclinaciones homosexuales ocultas, ambos con prosas profundas y cerebrales y de gran influencia en la literatura.

Si Thomas Mann es de prosa laberíntica, intelectual y filosófica, con temas profundos que buscan trascender al individuo y al tiempo, el escritor alemán revive en manos de Colm Toíbín a través de su clásico estilo sereno, evocador, elegante, contenido y sin estridencias literarias en un sumo ejercicio de sencillez, de difícil sencillez en movimiento, que muestra la literatura sin alardes para entrar en la cabeza de un autor tan celebrado como convertido en uno de los escasos héroes alemanes ante la causa nazi.

La magia de Colm Toíbín no se queda ahí porque deja pistas sobre de dónde podría proceder el genio de Mann, de dónde surgía su inspiración, los detalles que cincelan su universo creativo. Un asunto que ya ha intentado rastrear con otros autores al ir a los orígenes, raíces e influencias en varios escritores con los libros Madres e hijos y Nuevas maneras de matar a tu madre.

Eso mismo en el caso de Tóibín empezó al nacer en Enniscothy en 1955 en una familia típica irlandesa, tradicional y conservadora que de niño jugaba en un castillo del pueblo y soñaba con ser poeta. Uno de sus abuelos fue miembro del IRA, un tío ayudó a la formación del Fianna Fáil, el partido dominante, su padre murió cuando él tenía 12 años con los cual su madre los crió, de ahí surgió su novela Nora Webster. En el internado se aficionó a la lectura, a los 17 años viajó a Dublín a estudiar en University College, con 21 estaba en Barcelona donde aprendió español y luego regresó a trabajar como periodista del magazín político Magill. Hoy es uno de los escritores e inglés más relevantes del siglo XXI, uno de los críticos literarios más prestigiosos y profesor de Columbia.

Descubrimiento de Mann

Toíbín nació dos meses antes de la muerte de Thomas Mann con quien comparte varios paralelismos vitales desde la infancia. Recuerda que la primera vez que lo leyó estaba en la universidad:

“Eran los años setenta. La Montaña Mágica fue una novela muy de moda, como las películas de Godard. Tenía 18 o 21 años y leí Doktor Faustus y Los Buddenbrook. Así es que cuando cumplí 23 años había leído, más o menos, todas las novelas de Thomas Mann. En esos años nadie sabía que él era bisexual u homosexual.

Me gustaba mucho el mundo de Los Buddenbrook, era su mundo perdido, había perdido su ciudad natal. Cuando Mann andaba por Lübek era joven, era como un príncipe a quien todo el mundo le reconocía como el hijo de la familia… En ese libro se nota la intensidad en la manera de escoger los detalles… Todo el mundo desaparecido apareció con más intensidad por el mero hecho de estar perdido.

Mi padre se murió cuando yo tenía 12 años. En Los Buddenbrook el padre del chico muere cuando tenía como 14 años. Todo su mundo está destrozado. Todo esto yo lo podía leer con un poco de reconocimiento. Aquí quería reinventar, reconstruir este mundo perdido. Finalmente tenemos el chico Hanno que muere al final del libro… Mann crea retratos de personas que están solas, por ejemplo, Aschenbach, en La muerte en Venecia, incluso todos en La montaña mágica donde cada uno tiene su propia habitación, allí no hay vida doméstica.

Yo pensaba entonces, con 19, 20, 21 años, que un autor era una persona muy importante, muy seguro en sí mismo, poderoso, y que la novela venía de un poder personal, y eso no es verdad. Es al revés. Quizás las novelas vienen de cosas no resueltas más que de cosas seguras. Las novelas vienen de la parte de uno mismo que está oculta o semioculta, que casi no existe, que no ha salido. Entonces escribes tus novelas utilizando tu vida.

El cambio grande en el mundo mío hacia Thomas Mann es la publicación de sus diarios en inglés en los años ochenta, y tres biografías muy grandes en 1996. Ese año empecé a escribir sobre Thomas Mann. Primero un ensayo bastante largo. En el año 2005 estuve la primera vez en Los Ángeles (Estados Unidos) porque quería visitar la casa de Thomas Mann. La casa que él construyó en 1942 en Pacífico Palisades (en el 1550 de San Remo Drive), en Santa Mónica. La mujer que estaba allí tenía unos ochenta años y había comprado la casa. Ella pudo describir los cambios que se habían hecho y lo que permanecía igual. Fue entonces cuando pensé en escribir una novela”.

Un fantasma

Toíbín conoció la casa y pudo imaginar cómo vivían los Mann. El hogar que levantó sobre su segundo mundo perdido porque el nazismo lo empujó al exilio. Una casa grande de los años cuarenta, con ventanales enormes y amplios jardines. Su estudio era pequeño, con muchos libros y sin distracciones: dos ventanas pequeñas que miraban al jardín, pero sin vista a las montañas ni al mar. Era un lugar con mucha más sombra que sol. Tenía su propia escalera para subir a su habitación fuera del resto de la casa. Eso le permitía desaparecer y volver a estar en el estudio.

La novela transmite la idea de un Thomas Mann que añora su mundo perdido y vive como un inmigrante de sí mismo. En la vida real, sus padres vienen de un lado, él va a otros y en su mundo interior él es un exiliado, no termina de reconocerse a sí mismo como lo que es, lo cual lo lleva a buscar máscaras. Era una persona en tránsito continuo que debe amoldarse a nuevos mundos, sin cambiar el suyo interior, pero que añora los lugares que deja atrás. Toíbín muestra a un Thomas Mann cuya escritura transmite seguridad, con mundos sólidos, pero en el fondo él es una persona insegura.

Thomas Mann es, a veces, como un fantasma en su propia vida… El vivía a través de la mirada. Por ejemplo, cuando él entra en una habitación donde todos hablan, gritan, defienden sus opiniones, él llega y se sienta en silencio, mirando algo. Es muy interesante escribir una novela sobre alguien que casi no existe. Existe en su propio estudio por la mañana, en su imaginación… No tiene amigos, no tiene grupos de escritores, ni en California…

La novela es más el retrato de un matrimonio, de una pareja, que de un escritor, porque su esposa Katia fue muy importante para él. Vivía él una vida muy doméstica, no salía mucho, ni en Lübeck, ni en California. Es casi una novela sobre un mago. Él es un hombre que casi no es hombre, una persona que casi no es persona, con máscaras y que casi no tiene centro.

Si hablamos genéticamente, él tenía todo el peso de Lübeck, de ser hijo de una familia prestante. Cuando tenía 15 años perdió todo, a partir de ahí el resto de su vida es migrar, y es emigrante en Suiza y después en Francia y es emigrante en los Estados Unidos y después de la guerra es emigrante en Alemania”.

Deseo y homosexualidad contenidas

En esa itinerancia nunca lo abandonó la pulsión de su homosexualidad o bisexualidad secreta que llevaba a cabo a través de la mirada a jóvenes, sin tocarlos, el deseo contenido que logró sobrellevar porque encontró en Katia a una mujer moderna, así él vive esa doble vida interior.

“Mann cuenta en sus diarios, por ejemplo, que da una conferencia muy importante y, después, cuando llega a casa escribe sobre un chico joven en la tercera fila de la conferencia, un hombre guapo a quien miró de manera fuerte. Siempre el sexo con los ojos. Vivía así.

Al final de su vida su mujer, Katia, escribió sus memorias y dice que en el año 1911 fueron a Venecia con Thomas, y que cada día en la playa había un chico muy guapo, de una familia de Polonia, y que Thomas lo miraba constantemente. Todo era con los ojos. También en sus diarios dice que ese beso que tuvo con Klaus Heuser, de 17 o 18 años, fue muy importante para él. En 1927 fue de vacaciones con su familia, tenía unos 52 años, y en el hotel conoció a este chico que un mes después fue a visitar a la familia Mann a su casa. Increíble, ¿no? Era porque, después de la Primera Guerra Mundial, en Alemania, la gente quería tener hijos que pudieran hacer lo que quisieran en vez de recibir órdenes. Me parece que no tuvieron sexo, pero sí se besaban y tenían una relación sexual bastante inocente, fue algo muy importante para Thomas Mann. Si estamos hablando de la categoría homosexual o bisexual, lo importante es que nunca en los diarios, nunca, hay nada sobre la apariencia de una mujer, no le interesa… Él vivía con sus ojos el deseo por los hombres jóvenes.

Es posible que Thomas Mann haya estado toda su vida sin tener sexo con hombres como se entiende la palabra hoy, pero sigue mirando, tocando, besando…

Cuando fui a Alemania con este libro tuve entrevistas en las que me preguntaban por qué había puesto lo de su sexualidad. Era un escritor muy importante, padre de seis hijos. Hace unos meses apareció un libro sobre su vida en Princeton sin mencionar que era homosexual, pero hay detalles.

El mago es una novela construida de una manera que tú puedes dramatizar la diferencia entre lo que dice una persona y la vida pública, la máscara y la vida interior, la vida erótica secreta. En esta novela podía dramatizar, pero sin tener sexo, sin sexualizarle, sin tener momentos en que esté desnudo con otro en la cama. Más que eso era que, cada día, en su cabeza pensaba en eso sin decir nada. En una novela puedes jugar con el conflicto, el drama, o la manera de mirar y la manera de pensar y la manera de aparecer, y la manera de tener vidas ocultas. Entonces me interesa mucho más esa vida interior oculta, más que la vida en sí de la homosexualidad.

Hay represión en su vida, lo que él se perdió, y perdió: su ciudad natal, su padre, sus verdaderos deseos, Alemania, al final… Lo que perdió fue esencial en la construcción de su ficción».

Pérdidas, exilios y lucha contra Hitler

La vida familiar de Mann fue turbulenta: sus dos hermanas se suicidaron, sus hijos le dieron muchos quebraderos de cabeza con varios escándalos sexuales, de drogas  económicos, sobre todo Erika y Klaus, que al final se suicidó. A eso hay que sumar la pérdida de su mundo en Lübeck, de Europa, de una época que influyeron en la evolución de su pensamiento y posición política. La novela muestra cómo de joven era prusiano, monárquico, hasta convertirse en un demócrata total, y enemigo del nazismo.

“Es muy importante. Ha pasado también en Irlanda durante los últimos 40 años. Cuando yo tenía 20 años era como todos: nacionalista irlandés contra los británicos. Pero durante los años 70 yo iba cambiando y quería tener una posición mucho más sutil. La ambigüedad me interesaba más que ser nacionalista de pancarta.

Thomas Mann en el año 1914 era prusiano, la civilización alemana, la cultura alemana y enemigos por todas partes, Rusia, Francia, Inglaterra. En septiembre en 1914, comienzos de la Primera Guerra Mundial, no era un buen mes para la claridad o la seriedad, era la emoción… gritando todos y él también. Mann era monárquico, pero seis años después era demócrata. E irá cambiando más porque, diez años después, es enemigo implacable de Hitler; y diez años después es el enemigo más importante de Hitler en los Estados Unidos.

Tras el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, Mann llegó a Estados Unidos con la ayuda del presidente Roosevelt. Dio conferencias sobre el futuro de Alemania diciendo The Coming Victory Democracy… Hay que pensar que era alemán y que ningún italiano se fue para los Estados Unidos, ningún japonés y ningún alemán, menos él. Él se fue, hablaba inglés bastante mal, pero había miles de personas que asistían a sus conferencias en lugares como Oklahoma o Nueva York y San Francisco. En esos años, 41, 42, 43, él escribía de vez en cuando, pero también grababa conferencias para enviar a Alemania en alemán y hablando sobre el futuro. Diciendo ‘Yo soy alemán, vengo de una cultura alemana, pienso que la democracia es algo que será esencial en el futuro alemán’.

Es muy importante porque luego vino un debate muy fuerte sobre qué vamos a hacer con Alemania que dos veces han empezado guerras y han perdido. Como si Alemania se fuera a encerrar y, en vez de ser un país más industrial se pensara que debía ser más agrícola. Pero Thomas Mann decía ‘No, no. Hay un espíritu también oculto alemán y yo lo represento. La democracia será esencial en la Alemania de la postguerra’. Su viaje personal como pensador político es muy importante porque viene de ser monárquico y al final era un hombre tan abierto al futuro y con una interpretación de la cultura alemana que fue muy importante.

Era un hombre con muy poco interés en la política. Podía escribir toda su vida pensando en chicos jóvenes. Y dando conferencias. Toda su vida sin problemas, pero la vida lo puso ahí.

En la novela que hice sobre Henry James, él vivía en una época más o menos de paz. Es verdad que la Guerra Civil americana es al principio de su carrera y al final la Primera Guerra Mundial, pero vive más o menos una vida tranquila. Los problemas que tiene son personales. En cambio, Thomas Mann tiene la Primera Guerra Mundial, después la breve ilusión en Múnich, después la inflación, después Hitler, luego la Segunda Guerra Mundial y, al final, la Guerra Fría. Tiene 35 años de problemas en contra de su voluntad. Él ni siquiera quería un cambio en su vida. Tenía una vida personal muy contenta antes de la Primera Guerra. Era conservador.

Compromiso político y arte

Esa actitud, casi involuntaria, de Thomas Mann fortaleció la idea de que un escritor o un artista debe comprometerse abiertamente con su tiempo y sus causas. Colm Toíbín no lo tiene claro.

“Cuando hay problemas políticos o sociales puede salir un escritor que tiene un poder de la palabra. En Estados Unidos Toni Morrison más que sus libros, su persona, su manera de hablar, fue muy importante en la vida cotidiana de Estados Unidos. García Márquez también.

En Irlanda, la figura de Seamus Heaney ha sido importante porque, más o menos, nunca comentaba la vida política de cada día, a pesar de la presencia del IRA. Escribía sus poemas personales. Él decía que el ejemplo lo daba con sus palabras al escogerlas, ponerlas de manera responsable, con un ritmo y atención a su peso. Eso no es directamente política, pero es una posición política. El compromiso es con su propio arte.

Ir con este libro a Alemania no fue fácil porque Thomas Mann es un héroe allí, incluso para los jóvenes. No tienen héroes de esa época. La familia Mann tiene importancia porque ellos, desde el exilio, lucharon contra Hitler. También Alemania es un país bastante conservador en asuntos sexuales. Hablar allí de que Thomas Mann vivía en el armario es difícil. Si quieres dramatizar su vida, tienes que hacerlo con el gran cambio en su vida política. Y la gran diferencia entre su persona pública y privada”.

Búsqueda de la belleza

Son varios mundos los que retrata Colm Toíbín de Thomas Mann. El escritor irlandés logra un gran fresco, sencillo, profundo, sereno y ágil, a la vez, a partir del interior de una persona y del exterior del mundo de la época. Él y Thomas Mann comparten varios paralelismos.

“No quería jugar con el estilo de la prosa de Mann. Quería frases más cortas, sencillas. Yo viví en el siglo XIX, en mi pueblo tuvimos electricidad, pero teléfono no. Algo importante es que nadie habla de la homosexualidad, ni de la sexualidad, en general.

Yo viví una vida oculta hasta los 20 años. Mi madre también murió cuando yo era adolescente. También fui el segundo de cinco hermanos. También éramos tres chicos y dos chicas. Yo me fui de mi pueblo a Dublín cuando tenía 17 años y luego a la universidad. También viví en Estados Unidos, en Princeton y Los Ángeles y escribí esta novela en Los Ángeles donde él vivió.

Tuve que buscar una energía secreta porque Thomas Mann nunca grita, nunca llora, casi no dice nada en la novela. Tienes que, constantemente, buscar esa energía secreta en las páginas, la manera de mirar, de escribir su diario, de guardar su corazón y sus pensamientos. Su mujer es quien dice algo interesante. Sus hijos tienen que hacer ruido, pero el lector siempre está viviendo en la cabeza de Thomas Mann que escucha a todos, observa. El lector entra a ser él.

Alemania también había creado belleza desde el dolor, y Mann crea belleza desde su propio dolor.

Para él la belleza tiene que ver con la cultura. Pensaba que la cultura alemana tenía raíces en esas historias de Faustus, de la muerte, de lo sombrío en vez de ser feliz y que la belleza venía de algo similar. La belleza para él tenía una profundidad y venía de la ambigüedad entre el sufrimiento y lo que puedes utilizar de experiencias difíciles como la muerte o perder el amor. Por ejemplo, la música de Bach tiene belleza y profundidad”.

No en vano, Colm Toíbín cierra su novela con el recuerdo del niño Thomas escuchando una historia de su madre sobre un largo camino que hace Johann Sebastian Bach en busca de un hombre que le revelará un secreto.

«-¿Y cuál es el secreto? preguntó Thomas.

-Se llama Belleza —respondió su madre—. El secreto se llama Belleza. Le dijo que no tuviera miedo de expresar la Belleza en su música. Y durante semanas y semanas y más semanas Buxtehude le mostró cómo conseguirlo».

***

¿Y la belleza para Colm Toíbín? Se ve en sus libros con un punto nostálgico e íntimo como El sur, El faro de Blackwater, Brooklyn, Nora Webster o ese monólogo de la virgen en El testamento de María. Toíbin recuerda una de las primeras veces que tuvo conciencia de estar ante la belleza:

“Hay un cuadro de Tiziano en el Louvre de un joven con guante. En Barcelona, cuando tenía 20 años, compré una postal con ese cuadro. Vi en ese joven sus ojos que parecían tener una vida interior. Recientemente fui a París, volví al Louvre, quise verlo, estar con él… Y pensé: ‘Qué lástima que no podamos estar juntos e ir a un restaurante y hablar”.

Y Colm Toíbín cierra su sueño con una risa que traspasa la pantalla desde el salón de su casa de luz ya casi ambarina porque los ojos del sol ya han desaparecido de la pared.

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