Escritores más comprometidos con los derechos de la mujer reclama el Festival de la Palabra

Varios autores reflexionan para WMagazín sobre lo que ellos y la literatura pueden hacer por la igualdad de la mujer. Lo hacen desde el encuentro literario de Puerto Rico que vuelve un año después del huracán María que arrasó la isla

Un año después del huracán María, que arrasó Puerto Rico y habría aumentado los índices de violencia contra las mujeres y del surgimiento del movimiento Me Too por los derechos femeninos y contra al violencia machista, el 15 de octubre, una pregunta ronda el noveno Festival de la Palabra que se realiza en la isla:

¿Qué papel deben jugar los escritores y la literatura contemporánea en esta reivindicación de igualdad de derechos de la mujer y contra la violencia machista?

Desde la calidad literaria deben reflejar la nueva realidad y servir de guía para una sociedad más igualitaria de tal manera que en poco tiempo exista una bibliografía de estas luchas y sus obras no sean noticia no tanto por el tema como por su literatura.

Porque el primer compromiso es con el propio arte de escribir, coinciden los escritores consultados por WMagazín en el Festival de la Palabra, en San Juan de Puerto Rico, del 11 al 14 de octubre.

La literatura como reflejo de la realidad y de la condición humana para contribuir a una nueva sociedad. La escritora y académica mexicana Rosa Beltrán tiene claro lo que deben hacer los escritores en primera instancia por los derechos de la mujer: “Deben verlas como individuos, no como categorías (una mujer para el deseo, una mujer para la religión, una mujer para el cuerpo jurídico, etcétera.). No tolerar crímenes de género ni violencia de género, de ningún modo, bajo ningún argumento ético o legal. Igualar salarios, tiempos de trabajo, exigencias”.

El compromiso social no es una opción

En tiempos donde el sentido común es el menos común de los sentidos, como dijo Nabokov, «el compromiso social del escritor no es una opción, es algo ineludible”, afirma la mexicana Fernanda Melchor. El escritor, explica la autora de Temporada de huracanes, “no puede evitar eludir los problemas de su época; incluso aunque los eluda el no hablar de ellos es una decisión política”.

A partir de estas ideas de Beltrán y Melchor, que proceden de un país donde el feminicidio es uno de los problemas más graves, surgen toda clase de reflexiones. “La literatura en sí es protesta, y la meta es repercutir, trascender, pero, sobre todo, que nos escuchen”, reclama la puertorriqueña Awilda Cáez, escritora, editora y consultora y del Festival de la Palabra.

Una idea que repiten otros autores consultados porque, insiste Cáez, “las escritoras llevamos denunciando en nuestra ficción las fechorías del patriarcado, el machismo y la misoginia, desde que teníamos que asumir identidades de hombre para poder escribir, trabajar o ir a la guerra. El gran acierto del movimiento #metoo es la apertura, ese momento en que se detienen los que escuchan, amplían su consciencia y aceptan que lo que se denuncia tiene el poder de construir y destruir”.

Ante estas sospechas, malas interpretaciones o posibles desvíos del fin del arte literario, el colombiano Andrés Mauricio Muñoz siempre ha pensado que, en términos generales, “la literatura no tiene compromisos de ninguna índole, como no sean los que el autor establece con sus personajes y las historias que decide para ellos. En ese orden de ideas, el oficio de escribir no puede circunscribirse a responsabilidades de tipo social o político”.

Una construcción colectiva

Sobre esas posibles intenciones espúreas, Awilda Cáez piensa que “ese oído del escritor que presta atención no siempre lo hace por solidaridad, es posible que también se exprese por cierto miedo que se esconde a veces tras el apoyo, ese pensar que me pongo del lado de ellas para que no despotriquen contra mí. Es precisamente ese temor lo que puede llevar a una lucha fría de géneros, pues si hay una emoción que los hombres odian sentir es miedo. Esta no cabe en la definición de lo que debe ser un varón y, por lo tanto, será un deseo natural querer eliminar lo que les minimiza y amenaza”.

Muñoz, autor de los cuentos de Hay días que estamos idos, reconoce la función modeladora de la literatura en la sociedad. Reconoce la relación entablada entre los lectores y el texto escrito que «determina, de alguna manera, reflexiones que tienen incidencia en sus propios roles dentro de la sociedad, que a la larga intervienen en procesos de transformación».

El tema de la lucha por la equidad de la mujer es un tema de mucha pertinencia para Muñoz, con una advertencia: «sobre todo por las dinámicas que ha suscitado, que parecieran esmerarse en arrojarnos a una confrontación entre géneros, cuando en realidad debería tratarse de un propósito de construcción colectiva». Una idea sobre la cual trabaja en su próximo libro, «con la intención de hurgar en un proceso que literariamente me resulta bastante interesante”.

Obras en una sociedad igualitaria

Rosa Beltrán va más allá y no tiene duda en señalar que en el mundo del libro no hay que formar un canon ni responder al canon establecido. Recomienda «no estereotipar, no matar dos veces a una autora (muerte física, olvido), rescatar, valorar la diferencia, el discurso que sale de los moldes previstos, no pensar a priori que deben escribir de ‘cierto’ modo o que de hecho lo hacen. Interesarse doblemente en conocer su literatura».

Es uno de los temas que le interesan a Fernanda Melchor. Lo dice claro, le gusta «escarbar en los mecanismos que producen esa violencia y desigualdad con las mujeres». Y aunque no cree que la literatura pueda cambiar nada socialmente, está convencida de que «sí que puede actuar de individuo en individuo». Melchor intenta producir sensaciones diversas «como sensibilizar sobre temas como la misoginia, la homofobia o la falta de oportunidades para los jóvenes. En suma, el papel del escritor debe ser modesto pero certero».

Es lo que puede hacer el arte, y en especial la literatura, para buscar y apoyar la igualdad entre mujeres y hombres. Biógrafos de la realidad y exploradores de la condición del alma humana que, según el mexicano Ernesto Alcocer «están ayudando a ampliar el significado, el alcance y las consecuencias de la desigualdad que existe entre las mujeres y los hombres en la sociedad actual».

Una labor hecha no solo con ensayos, sino también a través de la ficción sin sacrificar la calidad literaria que se estará escribiendo ahora mismo. Una biblioteca, explica Alcocer, de «novelas, cuentos y guiones que nos ayudan a imaginar cómo sería la vida en una sociedad igualitaria: de qué maneras se relacionarían, se enamorarían y se amarían los hombres y las mujeres, qué problemas tendrían que enfrentar, cómo educarían a sus hijos y de qué forma convivirían con ellos, qué impacto tendría la igualdad en la vida laboral y la economía».

Reconfigurar el mundo

Lo que reconocen los escritores es que poco a poco se da mas visibilidad a las mujeres en los libros. A sus trabajos y aportes históricos y contemporáneos. «Vidas de neurobiólogas, historiadoras, francotiradores, pintoras o cineastas; historias que insisten en visibilizar nuestra presencia en todo quehacer humano», explica Mayra Santos-Febres, directora del Festival de la Palabra.

Para esta escritora puertorriqueña y afrodescendiente, es un momento importante y lleno de incertidumbre: «Nacida en un ‘territorio’ norteamericano, pero perteneciente a una comunidad lingüística y cultural iberoamericana, asumo la contradicción que me llena de confusión y, precisamente por ello, me dota de infinitas capacidades de narrar lo que significa ser mujer marginal en el siglo XXI.

Desde mi país, Puerto Rico, Caribe, Diáspora del mundo, concurro con que el siglo XXI se pinta como el siglo de las mujeres y de las redefiniciones de la masculinidad al margen de los discursos patriarcales que ha infectado todas las luchas, tanto de derecha como de izquierda. En cada letra que escribo, en cada libro que publico, busco cómo profundizar más en la exploración de cómo las palabras pueden narrar esta historia, la de cómo estamos entrando y reconfigurando la esfera pública de cara a un futuro más inclusivo para todos».

@WinstonManrique

 

Winston Manrique Sabogal

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