La escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero. /Fotografía cortesía de la autora y Páginas de Espuma

María Fernanda Ampuero: «El emigrante es el héroe moderno, el sacrificio moderno”

La escritora ecuatoriana se fortalece como una de las nuevas voces del español con sus cuentos 'Sacrificios humanos', tras el éxito de 'Pelea de gallos'. Un zoom literario que denuncia violencias cotidianas envueltas en un halo de terror

El pasado adolescente y juvenil de María Fernanda Ampuero permanece en un pequeño tablero de corcho despelucado de papeles. Está colgado en la pared de su dormitorio de la casa de Quito. Sigue como lo dejó antes de que empezara su periplo por otros países en busca de ampliar su sueño como la destacada cronista y escritora que es de los libros de cuentos Pelea de gallos y Sacrificios humanos (ambos en Páginas de Espuma). Dos obras literarias que la han colocado en primera línea de las nuevas voces en español no solo por sus temáticas actuales y de denuncia relacionadas con diferentes tipos de violencias cotidianas venidas desde el hogar, sino también por su mirada y estilo que bordea lo impactante de los hechos.

María Fernanda Ampuero (Quito, 1976) volvió al hogar materno, procedente de México, desde mediados de 2019. Y de allí saldrá a mediados de septiembre de 2021, otra vez, rumbo a España, como cuando tenía 27 años. Entonces dejaba atrás su vida como reportera en Quito para hacerlo desde otro país y sin perder su columna de opinión.

Su periplo no ha sido solo territorial sino también laboral, literario, emocional y existencial. Mientras se bandeaba por la vida madrileña publicó en 2011 Lo que aprendí en la peluquería, una antología de artículos de la revista Fucsia; y en 2013 Permiso de residencia donde deja constancia de las complejidades y dificultades de ser inmigrante en España a través de varios testimonios. Las historias, lo humano, los rincones menos transitados de la vida en las voces de sus protagonistas y bajo su mirada donde se juntan lo real y los sueños, las expectativas de sus personajes, con las amenazas latentes.

Aún en esa itinerancia en múltiples sentidos, Ampuero recibió en 2016 el Premio Cosecha Eñe por su cuento Nam. Algo de luz parecía caer sobre su camino, pero al final se fue a México en busca de enderezar el destino soñado con un trabajo medianamente estable que le permitiera seguir escribiendo. Pero nada.

Los dos volúmenes de cuentos de María Fernanda Ampuero.

En 2018 publicó su primer volumen de cuentos: Pelea de gallos (Páginas de Espuma), historias conectadas por los lazos familiares entre los personajes y el dolor, el grito y el silencio que subyacen en ellos. Una narración directa que mezcla la dureza y crueldad de los hechos con cierta sensibilidad sin esconder nada de aquellas situaciones violentas pero normalizadas por la sociedad y las personas. Ampuero retrata las violencias de muchos tipos, desde las familiares y privadas hasta las sociales. El libro obtuvo en Ecuador el Premio Joaquín Gallegos Lara a los mejores cuentos de ese año y lleva varias ediciones y traducciones.

La muerte de su padre en 2015 despertó otros dolores antiguos. «Si mi papá viviera, Pelea de gallos no existiría. No soportaría esa mirada implacable de él sintiéndose avergonzado porque supuestamente lo avergüence. Esa orfandad despertó otra vez microorfandades que yo fui teniendo toda la vida de que él no estaba, de que él no me quería, de que no me hacía caso», contó la escritora en un encuentro con WMagazín en 2019.

En julio de ese año volvió a Ecuador para dirigir el Plan Nacional del Libro y la Lectura José de la Cuadra con dos misiones inmediatas: mejorar las bibliotecas públicas y realizar la XII Feria Internacional del Libro de Quito. Una vorágine de la que se retiró en enero de 2020, un mes después de realizar con éxito la feria y ponerla en el mapa latinoamericano. «Me enseño eso de ‘Zapatero a tus zapatos», confiesa la escritora que un año más tarde publicó Sacrificios humanos presentada por la editorial, con mucho acierto, con la frase: «Todos podemos ser el demonio del otro».

María Fernanda Ampuero. /Foto cortesía Páginas de Espuma

Itinerancia personal y literaria

Delante de aquel tablero de corcho con notas desmelenadas en su habitación de Quito, María Fernanda Ampuero repasa parte de su vida en esta videoentrevista. Son casi veinte años de itinerancia entre Latinoamérica y España detrás de su sueño.

“Vivo esta situación con mucho cansancio. No creo que sea ya edad, sin ser una anciana, pero soy de mediana edad. Tengo ganas de un lugar donde las cosas a tu alrededor sean tuyas. Ahora estoy en casa de mis padres en la habitación de adolescencia y en mi cerebro esto debe hacer mucho ruido, tengo 45 años. Es muy extraño. Lo de México fue difícil empezar de nuevo, tan difícil que abandoné el proyecto.

Luego el gobierno de Ecuador me invitó a ser la directora del Plan Nacional del Libro y la Lectura en 2019. Fue una experiencia muy extraña y terminé peleada con el país. La relación que tenía con Ecuador era de vacaciones, de reencuentro con familia y amigos, de sabores, era preciosa. La sensación de ser funcionaria pública no la recomiendo. Me hizo mucho daño”.

De pronto se asoma en la pantalla Bruja, la gata de la casa. Mira, olisquea, mueve la cabeza… y se va como llegó. Varias cosas alteraron la situación de María Fernanda Ampuero en ese cargo. Después de año y medio sus ecos siguen en su cabeza:

“La gente no habla mal de mí. Toda mi vida he hecho una labor de hormiguita con mi trabajo como periodista y escritora. Tengo una columna desde los 19 años en la revista Diners. Cuando salió Pelea de gallos tuvo un buen reconocimiento. Me sentía muy mimada por la gente y la prensa. Lo que ocurre inmediatamente después de que aceptas un trabajo público es que te odian y quieren cambios inmediatos. Yo no conocía el engranaje de una entidad pública como esta; pero querían que en tres meses el país estuviera lleno de bibliotecas, cuando Ecuador tiene antes un problema que resolver porque cada cosa que el Estado compra le pertenece al Estado y las bibliotecas son lugares donde tú les prestas libros y bienes del Estado a la gente y algunos de esos bienes se pierden. Luego tuve que hacer la Feria del Libro de Quito.

Fue un trabajo monumental y recibí como respuesta odio. Cometí errores, por ejemplo, decir que en las manifestaciones de octubre de 2019 no se ordenaron balazos contra los ciudadanos. Pero la gente entendió que me pronunciaba en contra de los movimientos ciudadanos, y no era así. La gente entendió que yo defendía al Estado. Eso generó mucho dolor. Mostró el desconocimiento que la gente tenía de mi vida y mi trayectoria.

Fue una suma de despropósitos. Lo que me queda es que mi nombre como autora no quedó manchado. Al final fue una experiencia bonita y muy breve, de agosto de 2019 a enero de 2020, que me enseño que lo mejor es ‘Zapatero a tus zapatos’. Así es que volví a centrarme en la escritura”.

De este periodo surgió Sacrificios humanos, editado hace unos meses, cuyos cuentos van mas allá de lo abordado en Pelea de gallos con un componente más de terror. El 15 de septiembre María Fernanda Ampuero regresa a España. Lo vuelve a intentar ya con dos libros de cuentos importantes, la crítica a su favor y sus lectores a la espera de mas historias sobre mujeres, violencias, machismos, discriminaciones, penurias, orfandades afectivas…

“El regreso a España tiene que ver con que estoy en casa de mis padres y este no es mi hogar. Necesito buscar mi hogar. Por eso fue el movimiento a México en 2018. Quiero estar ya en un lugar estable, en un lugar que te espera, donde sabes de dónde salió cada cosa que has elegido y te rodea en tu casa… Y eso no lo tengo hace mucho tiempo.

Llegué a España a comienzos de este siglo con 27 años. Me parecía que todo estaba por hacer. No me importaba dormir en el suelo, vivía la noche madrileña que era tan diversa, andaba por la calle sin miedo. Ahora busco la paz”.

Lo dice desde aquella habitación donde descubrió la literatura y se enamoró de ella. Ese mismo lugar donde los libros la impulsaron a buscar una nueva vida. Los recuerdos de las lecturas adolescentes y juveniles llegan a su memoria y desvela el origen de su vocación.

“Por ahí andan los libros de mi papá. Él compraba muchos en los ochenta a Círculo de Lectores. Había mucho espionaje, cacería de nazis, romances, infidelidades. Me impactó Los niños de Brasil. Mi papá tenía un batiburrillo de lecturas. Me impactó también el libro Los mil mejores versos de la lengua castellana. Recuerdo los poemas de Machado, de Pedro Salinas con mucha impresión, de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz, de Gabriela Mistral. Ese libro fue superimportante en mi vida. De repente, apareció Cavafis y aquello de: “La vida que aquí perdiste / la has destruido en toda la tierra”. Fue algo trascendente”.

Un poema que parece encajar en este momento de su vida.

El Diario de Ana Frank le impactó en la adolescencia. Pero si hay un libro que determinó el futuro de María Fernanda Ampuero como escritora es El fantasma de Canterville y otros cuentos, de Oscar Wilde. Lo leyó cuando tenía 9 o 10 años:

“Era un libro de segunda mano que estaba en casa. Otro niño había puesto su nombre ahí y yo detestaba eso. Así es que el día anterior de que fuera al colegio mi mamá pasó toda una noche recortando los bordes del librito y lo forró con papel regalo y luego lo plastificó para que no se viera que era de segunda mano.

El fantasma de Wilde me impactó porque era un fantasma que no daba miedo. Ahí te das cuenta del poder que tiene la literatura. Yo venía de leer cuentos de hadas, de buenos y malos, arquetipos, y me encuentro con que Wilde dice ‘hago lo que me da la gana’. Así es que convierte una figura tradicional que da miedo en todo lo contrario, en un fantasma anciano algo patético que hace que tú te vincules con él. Eso fue una revelación”.

María Fernanda Ampuero. /foto cortesía Páginas de Espuma

Pasión por el terror

Desde niña empezó a comprender que el miedo, el verdadero miedo no era lo sobrenatural, sino que residía en la realidad, podía aguardar en la puerta de al lado.

“He sido muy fan del género de terror. He sido muy fan del género de terror psicológico. Las historias de terror tienen un asidero en los miedos reales de cada uno como la muerte, la pérdida de algo o de alguien querido, la bancarrota, el miedo a los otros… Stephen King tenía miedo al alcoholismo y de ahí sale El resplandor. Wes Craven creó a Fredy, el de Pesadilla sin fin, por lo terrible que le parecía que alguien se metiera en los sueños, los sueños tienen un elemento mágico o un pasadizo a otros mundos. Tal vez quiso crear un monstruo con manos de cuchillos para demostrar lo fácil que es destruir a alguien a través de algo tan nuestro y que nos aísla como es la piel”.

Es la atracción por al abismo, la pulsión a despertar nuestros fantasmas incubados en algún momento de la infancia o adolescencia por algo real o por la imaginación.

El terror es un género muy adolescente y no lo digo peyorativamente. Hay una emoción en la adolescencia que requiere un tipo de literatura que apela a eso. Tú y yo somos adultos que no vamos a creer en una casa poseída por un espíritu o en una muñeca diabólica. Eso va a una parte de tu cerebro, a tu inconsciente. Por eso los adolescentes suelen protagonizar las historias de terror. Nos gusta y nos entregamos a las emociones fuertes. El terror va más allá del juego de que nos van a mentir. Y si lo pienso bien es ridículo, pero nos adentramos en ese mundo que nos da miedo”.

Un personaje muy presente en el universo literario de María Fernanda Ampuero son los niños. Un ser muy potente en la literatura porque representan la inocencia, inspiran protección, transmiten o despiertan cariño en mundos rodeados por alguna amenaza invisible. Pero sobre todo pueden ser fuente del miedo más terrorífico porque que un niño represente el mal es casi inconcebible, rompe los esquemas reales y eso suscita pánico en el adulto.

“Hay varias historias de niños aterradores, como Los niños del maíz. Pero ¿quién puede matar a un niño que juega a matar a los adultos? Creo que uso mucho la infancia por un tema de mecanismo de cómo funciona la relación entre autor y lector. Siento que cuando algo le pasó a los niños ellos lo explican como pueden, pero tú y yo como adultos sabemos lo que puede pasarle como testigos de algo que no podemos cambiar y eso despierta el instinto protector, eso ya crea la tensión. En este libro de Sacrificios humanos lo muestro en el cuento Creyentes, por ejemplo”.

Es una de las caras en que en sus historias muestran la violencia. Ampuero habla de violencia y dolor y daño desde el propio seno familiar, en donde se supone que solo hay seguridad para los niños, pero que muestra cómo puede ser un nido de violencias a las que ella mira de frente.

“He pensado que tengo una edad en la que la gente a mi alrededor tiene hijos adolescentes. Quizás quienes no tenemos hijos miramos hacia nosotros mismos, hacia dentro. En mi caso, la adulta que soy quiere decir a la niña y adolescente que fui que yo me encargo, que yo respondo por ti, que te voy a defender. Esa violencia no la puedo borrar. No puedo borrar lo que viví. Sé qué le pasó a esa niña y adolescente que no puedo cambiar lo que vivió, pero lo que sí puedo hacer es decirle que yo me encargo. Advertirles, y hay una especie de venganza o de subsanar lo que pasó”.

Es un mundo inquietante y de denuncia y advertencia donde está presente el amor, por su presencia o por su ausencia o como reclamo silencioso ante la falta de ese amor o ternura que generan los miedos latentes en algunos.

“Es precioso esto. Sí que he pensado en el amor porque creo que mis libros se sostienen o están en la cuerda floja que no caen, pero podrían caer en un sobreexceso de violencia casi amarillista y justo esa cuerda estrecha hecha en amor, como dices, o desamor y la búsqueda, lo evita.

Le tengo mucho cariño a los personajes. Siento que ahora que soy adulta les digo que les van a pasar cosas, pero yo estoy aquí. Son personas que intento proteger. Intento sororidad más allá del amor. También hay ternura en la sororidad. He escrito cuentos violentos como Biografía o Subasta pero son cuentos de salvación. Hay un homenaje a las mujeres migrantes, los nombres de las mujeres desaparecidas en España son reales. Hay homenaje de heroicidad del emigrante que es el héroe moderno, el sacrificio moderno”.

El relato que abre Sacrificios humanos parte de una experiencia de la propia escritora ecuatoriana en España. Se titula Autobiografía. Un episodio de terror que ella vivió.

“Cuando estaba indocumentada buscaba trabajo y puse un anuncio en Segunda mano en que ofrecía mis servicios de escritora para alguien que quisiera escribir su vida. Solo contestó un hombre de San Cugat, en Cataluña. Me dijo que quería contar su historia y que si me interesaba tenía que viajar de inmediato. Yo estaba desesperada, vivía en una habitación muy barata. Todo me había salida mal, no como yo esperaba. El hombre me ofreció un dinero que consideré bueno y decidí viajar. Me recogió en la estación de tren. Avanzamos durante mucho tiempo hasta llegar a su casa en medio del campo. Llegamos y salieron sus perros dóberman…”

Y el relato apenas empieza. Lo mejor es leer el cuento para ver cómo convierte aquella experiencia en literatura. Desde 2005 quiso contar ese episodio de su vida y lo que sucedió después, pero no encontraba la fórmula.

“El terror lo que hace es subir el volumen a la realidad, según Mariana Enriquez. Yo digo hacer zoom”.

Y lo hace. Pone al lector ante los hechos narrados, lo convierte en testigo para que vea, oiga y sienta la verdad hecha palabra.

@winstonmanrique

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