La filósofa y escritora italiana Adriana Cavarero, autora de ‘Mujeres que amamantan cachorros de lobo’, en otoño en Madrid (España), en 2025. /WMagazín
Adriana Cavarero: “El yo no está creado por mí, está creado por las circunstancias, por los lugares, es un constructo cultural”
AUTOR/A DEL AÑO 2025 WMAGAZÍN La prestigiosa filósofa italiana abre nuestra serie sobre los especiales con lo mejor del año. Su ensayo ‘Mujeres que amamantan cachorros de lobo’ es una cartografía sobre lo que significan el cuerpo de la mujer o ser madre más allá de la imagen sacralizada y contando su realidad entre la filosofía y la narración
El individualismo impulsado por un yo que tergiversa la libertad converge en cinco asuntos clave que, ahora mismo, actúan como placas tectónicas que definirán parte del futuro: la mujer, lo trans, las relaciones sentimentales y sexuales, el manejo del poder entre ellas y el conocimiento sobre el mundo real de lo femenino.
Son aspectos que la filósofa italiana Adriana Cavarero (78 años/ Bra, 1947) ha abordado en más de medio siglo y que confluyen en el ensayo Mujeres que amamantan cachorros de lobo (con traducción de David Paradela López / Galaxia Gutenberg). Un libro en el que la presidenta del Comité Científico del Centro Hannah Arendt de Estudios Políticos de la Universidad de Verona (Italia) habla sobre la esencia de la mujer: el cuerpo de la mujer como materia viva y qué significa ser madre. A partir de ahí construye un universo real y diferente al que suele tener la gente en su imaginario.
Se trata de una deconstrucción y construcción de la verdad sobre la mujer. Y lo hace desde la filosofía, que ha tenido muy poco en cuenta a la mujer y sus circunstancias, y la narración.
Para esta misión en la que levanta esta cartografía, Adriana Cavarero dialoga con escritoras y pensadoras de todos los tiempos, a la vez que convoca a filósofos y seres de la mitología clásica que refuerzan esta realidad eclipsada o manipulada por la historia de una estructura social patriarcal.
Reconocida por sus teorías y estudios feministas y de la filosofía, donde Platón y Sócrates irradian su pensamiento, Adriana Cavarero se gradúo con una tesis sobre Filosofía y poesía, en la Universidad de Padua. Tras varios años como académica se unió a la fundación de Diotima, en la Universidad de Verona, que estudia la filosofía feminista. Entre sus obras destacan A pesar de Platón. Figuras femeninas en la filosofía antigua, Cuerpos majestuosos, Horrorismo: nombrando la violencia contemporánea, Inclinaciones: crítica de la rectitud y Democracia surgente: notas sobre el pensamiento político de Hannah Arendt.

En una de las salas de un hotel de Madrid (España), Adriana Cavarero se entusiasma al recordar sus primeros encuentros con la filosofía. Estaba en secundaria, tenía 14 o 15 años. El responsable de despertar esa pasión fue Sócrates:
“Sócrates me impactó, su figura de filósofo libre que defiende una idea, que se condena a tomar la cicuta. Me pareció un héroe positivo. Un héroe laico en el que no había una religión detrás. Desde entonces leí la filosofía con mucho agrado. Como profesora universitaria, cuando enseño la parte de Sócrates los estudiantes lloran.
Fue un hallazgo, porque de joven leía novelas. Por lo tanto, estaba muy influenciada por las historias noveladas. Desde Jane Austen con Orgullo y prejuicio hasta Conan Doyle con El perro de Baskerville y su Sherlock Holmes. Si Sócrates me impactó como personaje ético, Homero me impactó por su mundo de historias y veo que el poder de su mundo sigue igual, intacto”.
Winston Manrique Sabogal. ¿Hay un momento especial en el que haya tomado conciencia de la desigualdad entre hombres y mujeres, que es uno de sus temas filosóficos?
Adriana Cavarero. Desde niña vi que había cosas que yo no podía hacer y los chicos sí. Eso lo viví como una gran injusticia. Me preguntaba quién había decidido que yo y las mujeres no pudiéramos hacer ciertas cosas. De repente, en la adolescencia quise hacer las mismas cosas que los chicos, porque ellos eran mucho más libres que nosotras, eran unos privilegiados. Por ejemplo, en casa, yo tenía que poner la mesa y ellos no, estaban libres de no hacer nada. Yo estaba muy enfadada con eso.
W. Manrique Sabogal. En este ensayo, Mujeres que amamantan cachorros de lobo, cita el libro El amanecer de todo, de David Graeber, donde estaría el origen de por qué la mujer ha buscado la armonía, mientras el hombre ha hecho más la guerra. Y, más o menos, dice que el camino organizativo e igualitario y no violento era el de la mujer. Le pregunto: ¿Cree que, quizás, esta condición de la mujer inclinada hacia la no violencia y la armonía procede, en parte, del hecho de que viven y experimentan un acto violento cuando dan a luz y desde niñas viven discriminaciones con respecto a los hombres, luego afrontan la menstruación y otras agresiones biológicas, además del trato que reciben por parte de los hombres en la adultez durante toda la historia?
Adriana Cavarero. Hay algo hay de eso, es una de las explicaciones fundamentales de la corriente feminista. Pero mi posición personal es que no podemos pensar en femenino y masculino. Son ideas que no llegaron de la nada como si hubiera un sentido universal. Porque lo que pensamos o el lenguaje que usamos son el resultado de la cultura y de la historia. Por tanto, estamos sumergidos en prejuicios, descripciones culturales e impregnados de la violencia masculina y las mujeres son las víctimas de la violencia del guerrero.
En la sociedad contemporánea, por ejemplo, tenemos un fenómeno llamado Feminicidio. Según unas estadísticas recientes, en Europa, el 98% de los asesinatos en ámbitos privados son hombres que matan a mujeres. Es algo objetivo como resultado de la mentalidad, la cultura y la sociedad. La violencia se suele relacionar con la figura masculina y tóxica, pero lo que debo decir, como mujer y feminista, y lo he escrito en mis libros, es que no somos víctimas. Soy bastante contraria a la categoría de víctima. Siempre intenté pensar en figuras femeninas positivas. Las mujeres tienen algo que decir, una cierta visión del mundo más pacifista o más próxima al mundo de la vida, de los seres vivientes; tienen un enfoque más ecológico y no como víctimas, sino como seres capaces de vivir la complejidad de las formas vivientes. Reconozco que la mujer ha sido víctima por la historia patriarcal, pero no la tomo como un paradigma victimario para definir el feminismo.
También debo decir que una de las cuestiones más inquietantes de este modelo histórico patriarcal es que ellos, los hombres, asumen ser el sujeto universal, de ahí el desconocimiento o no reconocimiento de la mujer y su papel esencial en la vida.

W. Manrique Sabogal. En la más reciente ola del feminismo, desde el Movimiento Me Too, que empezó en 2018, se han sacado a la luz cuestiones que pueden resultar violentas como algunas prácticas de seducción, tipo piropos, en general, maneras de conquistar a otra persona, pero donde las mujeres se pueden sentir agredidas, ¿qué opina de todo eso?
Adriana Cavarero. El Me Too ha sido extremadamente importante porque no ha señalado solo la violencia masculina sobre las mujeres en general o víctimas de la violencia machista, sino que ha señalado el sistema de poder. Todos esos casos eran de mujeres en posiciones subordinadas, personas acosadas sexualmente por sus jefes que podían echarlas a la calle. Esta estructura jerárquica de poder es vieja, pero en el mundo contemporáneo ha tenido diferentes maneras de expresarse.
Antes de la emancipación femenina, las mujeres no participaban en el trabajo, no estaban en el mundo laboral, sino doméstico. Cuando entraron en lo laboran lo hicieron de manera subordinada, como secretarias, por ejemplo. Las actrices que querían hacer carrera tenían que soportar situaciones abusivas. Los jefes de esta estructura jerárquica han considerado, a menudo, que las mujeres siendo dependientes y subalternas eran también objetos sexuales de libre disposición. He ahí una de las claves de la importancia del Me Too. El mundo sabía lo que pasaba, y no solo en el mundo del cine, porque en cualquier empresa, a finales de los ochenta, el jefe podía molestar o acosar tranquilamente a las mujeres. Ha sido el momento en que se conoció y denunció esta práctica y ha sido muy interesante. Por cierto, no todo piropo es violencia; una cosa es el coqueteo y ser cortejada y otra que tu jefe o cualquier otra persona te tire los tejos y si tú no aceptas te pueda echar. Es una cuestión de poder.
W. Manrique Sabogal. En España, algunas encuestas con jóvenes indican que ellos se sienten intimidados por las chicas o cohibidos a la hora de seducir o cortejar. ¿Cómo se puede gestionar esto?
Adriana Cavarero. A veces, se pude llegar a exagerar este punto, pero si los jóvenes hombres se sienten mal lo siento por ellos. Las mujeres llevan diez mil años sintiéndose mal. Las mujeres han gestionado su malestar. Espero que los hombres jóvenes puedan gestionar su malestar también.
W. Manrique Sabogal. Usted publicó en los años noventa del siglo pasado A pesar de Platón donde ya hablaba de estos asuntos. Ahora, desde el Me Too, cada vez más escritoras cuentan otras miradas sobre la vida y el mundo a partir de sus vivencias y reflexiones. ¿Qué le parecen estos libros de mujeres, y algunos hombres, que al contar la verdad sobre el mundo de la mujer desacralizan lo femenino del imaginario universal y la idealización de la mujer o la madre, porque lo narran desde su propio cuerpo, el parto, las relaciones con la madre o los hijos, el trabajo, con realidades crudas y sinceras?
Adriana Cavarero. Estos temas son los que me interesan. Hay que distinguir entre la filosofía y la narración de un relato. La filosofía intenta hablar a través de categorías universales, discursos, y eso es complicado para acercarse a la realidad, a la materia. En cambio, la narrativa sí puede ocuparse de lo particular, desde Homero hasta hoy. Estas mujeres, como Elena Ferrante, Clarice Lispector y varias más, cogen la particularidad de su experiencia de la maternidad, por ejemplo, frente a la imagen idealizada de la madre de Dios, y comparten la experiencia real, corpórea de ser cómplices con la naturaleza, con las formas vivas. Eso se puede hacer con la narrativa, mientras que la filosofía tiene un lenguaje demasiado general para hablar de lo particular.
W. Manrique Sabogal. En Mujeres que amamantan cachorros de lobo también habla de la búsqueda de identidad y lo individual. Dos asuntos que han generado debates en los últimos años. Usted ha expresado su desacuerdo, por ejemplo, con lo denominado como hombre y mujer.
Adriana Cavarero. En mis libros siempre he criticado el individualismo, porque el individualismo es, fundamentalmente, una construcción moderna. Es una metafísica moderna a partir de la idea cartesiana del Cogito ergo sum (Pienso, luego existo). De ahí que el individuo es autosuficiente, independiente, libre. Es una gran metafísica cuyo último fruto es que uno puede escoger su propia identidad sexual, porque todo es producido por el lenguaje, porque todo es performático.
Siempre he criticado esto de escoger la propia identidad sexual, porque es importante la parte material y respetar los datos, que incluye el dato biológico, químico, factual. Yo no vuelo, no somos pájaros. Hay un límite. En lugar de este concepto metafísico de individuo prefiero utilizar una categoría propuesta por Hannah Arendt y otras pensadoras: Unicidad encarnada o singularidad. Es decir, encarnada en el sentido de que tiene cuerpo que significa que estamos en relación a algo, somos interdependientes. Reconocer que el cuerpo, la biología, es nuestro límite, que los demás son nuestro límite, que el mundo es un límite y que estamos en una red de dependencias. Esto es respetar la realidad y no construir una metafísica del individuo libre.
W. Manrique Sabogal. Es el despertar del yo, desde la Ilustración, que se ha desatado en el siglo XXI. ¿Se ha malinterpretado o tergiversado esa idea del yo y de la búsqueda de lo singular y de la libertad frente a lo factual?
Adriana Cavarero. Sí. El yo es un gran invento. El yo es una gran invención porque lo que somos, lo que soy, es la parte consciente, que es una totalmente secundaria; porque hay una parte inconsciente con todos los fundamentos culturales que tenemos. Yo hablo como una italiana, una mujer mayor con todos los condicionamientos. El yo no está creado por mí, está creado por las circunstancias, por los lugares, es un constructo cultural.

W. Manrique Sabogal. Usted llama la Agenda LGBTIQ+ como una vuelta al estructuralismo. ¿Qué lugar cree que deben ocupar las mujeres trans, por ejemplo, porque el debate está en ellas y no en los hombres trans? ¿Qué decirles a estas personas que se sienten mujeres y quieren que se las trate como tal? Además, sabiendo que la imagen que tienen de la mujer es un constructo cultural y social y reproducen una parte de ese imaginario colectivo en su aspecto físico y formas de ser y que tienen derecho a ser respetados y aceptados en la sociedad.
Adriana Cavarero. Naturalmente defiendo los derechos de todas las mujeres trans con su imagen, la libertad de vestirse como quieran, comportarse como deseen, porque el género es un constructo cultural, pero la anatomía no es un constructo cultural.
Entonces, no defiendo sus derechos de, por ejemplo, participar en competiciones deportivas con las mujeres. Porque su estructura física, hormonal y muscular es mucho más fuerte. Por lo tanto, si compiten en una carrera con mujeres biológicas pues, desde luego, son más fuertes, es algo que viene desde el útero, y es injusto. En ese sentido no defiendo sus derechos. Tampoco el de estar en los vestuarios de las mujeres porque es una conquista de las mujeres; se trata de su lugar donde poder estar desnudas, tranquilas y esta conquista no tiene por qué ser invadida por la presencia de cuerpos que anatómicamente son masculinos. Si son masculinos van al vestuario de hombres o se hacen otros vestuarios para terceras situaciones.
Sé que se intenta polarizar el discurso: estar en contra o a favor de las personas trans y esto no es tan sencillo. Estoy de acuerdo con todo lo que sea su experiencia de sentirse mujer u hombre, elaborar sus ideas, todo lo que quieran. Pero soy contraria a que invadan espacios femeninos reservados, como los vestuarios.
W. Manrique Sabogal. ¿Qué opina de que cada vez se intenta socavar más los valores de la Ilustración?
Adriana Cavarero. Ya Aristóteles, y en toda la historia humana, siempre las nuevas generaciones destrozaban los valores de la anterior generación. Por lo tanto, no estoy muy preocupada. La idea de los valores cambia. Creo que entrarán en juego nuevos valores. Lógicamente, siendo ya mayor, tiendo al pesimismo, tengo miedo a que el mundo se vaya al abismo. Pero tengo mucha confianza en los jóvenes. Creo que elaborarán una visión del mundo diferente a la de nuestra generación. Siendo italiana y europea, la mía ha sido una generación muy afortunada. No he vivido guerras directamente, como sí las vivieron mis padres y mis abuelos en la Segunda o Primera Guerra Mundial. Espero que la próxima generación sea tan afortunada como la mía en democracia.
- Mujeres que amamantan cachorros de lobo. Adriana Cavarero. Traducción: David Paradela López (Galaxia Gutenberg).

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