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Annie Ernaux, Nobel de Literatura 2022, en una ilustración de Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach. /WMagazín

Annie Ernaux, Nobel de Literatura, y el laberinto de los celos y su colonización del ser en su libro ‘La ocupación’

Publicamos un pasaje clave de una de las obra más relevantes de la escritora francesa que recupera la editorial Cabaret Voltaire: "Escribir como si tuviera que morir y ya no hubiera jueces. Aunque sea una ilusión, quizá, creer que el advenimiento de la verdad dependa solo de la muerte...". Sigue leyendo en WMagazín, con apoyo de Endesa

Presentación WMagazín La Nobel de Literatura francesa 2022, Annie Ernaux, publicó en 2002 el libro La ocupación. Una obra sobre los celos, sus laberintos y la colonización implacable, a veces, inmisericorde, que suele tener en la mente y el alma de quien los padece. La editorial Cabaret Voltaire hace una nueva edición de este escrito y WMagazín, publica el comienzo de este viaje por las sombras del amor y la pasión. (Todo sobre la premio Nobel en este enlace de WMagazín)

Annie Ernaux ha explorado y contado los laberintos de las emociones y sus zozobras sin pudor como pocos autores. La vida tal cual como literatura. Eso crea otra belleza, inquietante, reconocible por ser experimentada por todos en algún momento y, por ende, creada por todos de manera secreta por que, a veces, no se admite. La fragilidad y vulnerabilidad del ser humano antes sus pasiones, deseos y aspiraciones, sus sentimientos en suma.

Puedes leer el comienzo de La ocupación, traducido por Lydia Velázquez, a continuación:

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    Portada del libro 'La ocupación', de Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura.

    'La ocupación'

    Por Annie Ernaux

    He querido escribir como si tuviera que estar ausente cuando se publicara el texto. Escribir como si tuviera que morir y ya no hubiera jueces. Aunque sea una ilusión, quizá, creer que el advenimiento de la verdad dependa solo de la muerte.

    Mi primer gesto al despertarme era cogerle el sexo, empinado por el sueño, y quedarme así, como aferrada a una rama. «Mientras siga asida a esto, me decía, no estaré perdida en el mundo.» Si reflexiono hoy sobre lo que significaba la frase, me parece que quería decir que el único deseo posible era ese, tener el sexo de aquel hombre agarrado con la mano.

    Ahora está en la cama de otra mujer. Puede que ella haga el mismo gesto, tender la mano y cogerle el sexo. He estado viendo esa mano durante meses, y me daba la impresión de que era la mía.

     

     

    Sin embargo, fui yo quien dejó a W. unos meses antes, tras una relación de seis años. Por cansancio pero también al no verme capaz de cambiar mi libertad, recuperada tras dieciocho años de matrimonio, por una vida en común que él deseaba fervientemente desde el principio. Seguíamos llamándonos por teléfono, nos veíamos de vez en cuando. Me llamó una noche, me anunció que se mudaba de su apartamento para ponerse a vivir con una mujer. A partir de ese momento, deberíamos seguir ciertas reglas a la hora de telefonearnos —solo a su móvil—, a la hora de vernos —nunca por la noche ni los fines de semana—. Por la sensación de debacle que me invadió de inmediato, supe que había surgido un elemento nuevo. A partir de entonces, la existencia de esa mujer invadió la mía. Solo pensaba en y por ella.

    Esa mujer me llenaba la cabeza, el pecho y el vientre, me acompañaba a todas partes, dictaba mis emociones. Al mismo tiempo, aquella presencia ininterrumpida me llevaba a vivir intensamente. Me provocaba sacudidas internas que nunca antes había conocido, desplegaba en mí una energía, una inventiva de la que jamás me habría creído capaz, me mantenía en una actividad febril y constante.

    Estaba, en ambos sentidos de la palabra, ocupada.

     

     

    Aquel estado alejaba de mí preocupaciones y disgustos cotidianos. En cierta manera, me ponía fuera del alcance de la mediocridad…

    • La ocupación. Annie Ernaux. Traducción de Lydia Vázquez Jiménez (Cabaret Voltaire).

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    Annie Ernaux, Nobel de Literatura 2022, en la portada de WMagazín.

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