Detalle de la portada en inglés de la novela ‘Las niñas del Naranjel’, de Gabriela Caabezón Cámara, traducida como ‘We Are Green and Trembling’, ganadora del National Book Award 2025 a Literatura traducida. /WMagazín
Auge de vidas y biografías noveladas en el siglo XXI (1): las fronteras entre la ficción y la no ficción
La argentina Gabriela Cabezón Cámara ganó el National Book Award 2025 en Literatura traducida por ‘Las niñas del Naranjel’, sobre la vida de la monja alférez. Recuerda el auge de estas biografías no convencionales que cuenta con nombres que van desde la nobel polaca Olga Tokarczuk hasta el irlandés Colm Toíbín, el español Javier Cercas, el francés Emmanuel Carrère, el colombiano Juan Gabriel Vásquez o la mexicana Cristina Rivera Garza. Hablan varios de sus autores
Cada día más escritores van tras el rastro de los acontecimientos que determinan la vida de las personas y de los aires que se juntan para dar impulso al primer soplo de inspiración de artistas, escritores, intelectuales, científicos o personajes determinantes de la sociedad: de la monja alférez, del siglo XVI, o el Papa Francisco a Van Gogh, María Moliner o Thomas Mann. Es la realidad y la vida narradas con las técnicas de la ficción sin faltar a la verdad y, sobre todo, con un hilo argumental, un relato.
Una exploración que plasman en biografías noveladas, no convencionales y nada académicas, donde imbrican el relato de la vida y la obra del personaje y cuentan cómo el entorno influye y moldea en silencio su carácter y su trabajo. Estos libros confirman que cada vida es una novela o un cuento o una sucesión de relatos.
Son herederos de Giorgio Vasari (1511-1574) que con Las vidas retrató a grandes artistas y arquitectos del Renacimiento. Una variante que cobra fuerza en los últimos años porque los autores la enriquecen con todos los géneros literarios y que da como resultado personajes muy humanos. Ya sea con una historia que abarque toda la vida del protagonista o un momento concreto a través del cual se ilumina el resto de la existencia. Narraciones que convierten al lector en testigo de la travesía y la exploración íntima que hace cada personaje en busca de sí mismo, mientras se le ve combatir con el tiempo y las fuerzas de la historia.
Una de las esas novelas acaba de ganar en Estados Unidos el National Book Award a la mejor traducción 2025. Se trata de Las niñas del Naranjel (Random House), de la argentina Gabriela Cabezón Cámara, donde realiza una exploración literaria, a partir de su mirada, sobre la vida de la legendaria Catalina de Erauso, o la Monja Alférez (España, 1585 o 1592 – Nueva España, 1650), que avanza por el mundo como Antonio de Erauso en el siglo XVII, al ser autorizada a vestir como hombre.
La clave de esta recreación de una vida real está en saber mirar y entender el fondo del personaje y descubrir su relación con el mundo que la rodea y el momento histórico en el que vive, explicó Gabriela Cabezón Cámara a WMagazín en 2023, en un vídeo, cuando la elegimos como una de las apuestas de la temporada en nuestra sección Avances literarios de viva voz:
“Esta novela surge de un cuadro que representa a la Monja Alférez en batalla. Me llevó a preguntarme quién había sido y a leer su autobiografía. La Monja Alférez, Antonio de Erauso, fue un personaje siniestro y picaresco que anduvo entre el genocidio colonial y las aventuras un poco grotescas. Me interesó partir de esa historia para pensar y explorar un montón de temas. Uno es la posibilidad de cambio en las personas en el sentido muy fuerte. Después, cuestionar la versión única de la historia, pensar qué otras historias hay. Cómo se puede ver de otro modo algo que me parece vital en este momento de crisis civilizatoria, de crisis planetaria. Porque la razón occidental, la razón única de la Historia, nos está llevando a la muerte de toda forma de vida compleja”.
La sensibilidad y la mirada desde donde se observa, cuenta, actúa, aprende y dejan las enseñanzas de lo vivido y la Historia es una de las claves de esta corriente literaria. Abordar a estas personas no como seres aislados, sino como parte de un todo donde han sido más o menos activos, tanto en su propio destino como en los derroteros de la historia, es lo que han tratado de hacer los autores en novelas de los últimos años como:
Jazmina Barrera con La reina de espadas, sobre Elena Garro.
Javier Cercas con El loco de Dios en el fin del mundo, sobre el papa Francisco, y El impostor, sobre Enric Marco Batlle que se hizo pasar por víctima del Holocausto
Emmanuel Carrère (Francia) con El adversario, sobre Jean-Claude Romand que vivía en la mentira y tras verse descubierto mató a su mujer y sus hijos, y Limónov, sobre el escritor y político ruso de extrema derecha.
Mariana Enriquez con La hermana menor, sobre la escritora Silvina Ocampo.
Leila Guerriero con La llamada, sobre Silvia Labayru.
Andrés Neuman con Hasta que empieza a brillar, sobre María Moliner.
Maggie O’Farrel (Irlanda) con Hamnet, sobre Shakespeare y su hijo fallecido, y Retrato de casada, sobre la duquesa Lucrezia de Medici.
William Ospina con Pondré mi oído en la piedra hasta que hable, sobre Humboldt.
Ignacio Peyró con El español que enamoró al mundo, sobre Julio Iglesias.
Cristina Rivera Garza con El invencible verano de Liliana, sobre su hermana.
Ana Rodríguez Fischer con Antes de que llegue el olvido, sobre Anna Ajmátova y Marina Tsvietáieva.
Jesús Ruiz Mantilla con Franco y yo, sobre el dictador español y los cambios políticos y domésticos en la población bajo la dictadura.
María Isabel Sánchez Vegara con sus novelas gráficas para niños sobre personajes clave de la historia.
Javier Santiso con Un paso a dos, sobre Edward Hopper, y Vivir con el corazón, sobre Van Gogh.
Paulina Spuches con Brontëana, sobre las tres hermanas Brontë.
Colm Toíbín (Irlanda) con The Master, sobre Henry James, y El mago, sobre Thomas Mann.
Olga Tokarczuk (Nobel de Literatura de Polonia) con Los libros de Jacob, sobre un polaco del siglo XVIII, un judío convertido al islam que luego adoptó el catolicismo y que vivió en el imperio de los Habsburgo y en el Otomano.
Kirmen Uribe con Lo que mueve el mundo, sobre Karmentxu, una niña vasca exiliada de la Guerra Civil española, tras el bombardeo de Gernika, en 1937, que fue acogida en Gante, Bélgica, por el escritor Robert Mussche; y La hora de despertarnos juntos, sobre Karmele Urresti que en la Guerra Civil decide quedarse curando a los heridos y tratando de liberar a su padre encarcelado; al final de la Guerra parte a Francia donde conocerá a su marido, el músico Txomin Letamendi, con quien recorre media Europa y afrontan la Segunda Guerra Mundial.
Juan Gabriel Vásquez con Los nombres de Feliza, sobre la artista colombiana.
Liliana Viola con Esta no soy yo, sobre Aurora Venturini.
Monika Zgustova con Soy Milena de Praga, sobre Milena Jesenská, amiga de Franz Kafka.
Son libros en la frontera entre la realidad, la verdad, la imaginación o la ficción y los recuerdos, las tres dimensiones de la vida real. Pero: ¿Cuáles son las diferencias entre novela con ficción y otra sin ficción? ¿Cuáles son los motivos para escribir una vida en este formato? ¿Cómo se elige al personaje? ¿Cómo se decide el formato? ¿Cómo es la experiencia de acercamiento al personaje?
Varios de estos autores explican a WMagazín la carpintería de estos libros que renuevan la novela:
Cómo se descubre al personaje

El origen de cada personaje tiene su propio relato y su propio recorrido hasta convertirse en novela, cuento, poema, ensayo, cómic, biografía…. En el caso de Olga Tokarczuk, ella llegó a Jacob Frank cuando descubrió su historia en una pequeña librería del norte de Polonia:
“Me pregunté cómo su historia había caído en el olvido y desaparecido del imaginario colectivo. Planteé, entonces, escribir un ensayo breve, pero, cuando empecé, me di cuenta de lo poco que sabía y la mucha documentación que requería para poder hacerlo. Así que me embarqué en un proyecto que me obsesionó por completo durante ocho años.
Fue una experiencia muy íntima. Mi familia proviene de la región donde sucede todo, por lo que yo conocía todos los pueblos y ríos por los que se mueve Jacob. Me interesaba dejar constancia de la presencia de judíos en Polonia y en diferentes partes de Europa en esa época, ya que me da la sensación de que, cuando uno estudia historia, la idea de los judíos se estanca en el Holocausto. Nadie parece preguntarse nada más.
Es un pacto con la literatura polaca. Este era un libro que tenía que escribir por mis compatriotas, por mi país y porque cambia la percepción de nuestra historia nacional. Tenemos otro Nobel, Henryk Sienkiewicz, que escribió también para entender la historia de Polonia, pero lo hizo de forma nacionalista, heroica, patriarcal y diría, incluso, que feudal. Con Los libros de Jacob pretendí contrarrestar esta percepción y ser esa semilla que se propone explicar los hechos de otra forma. Esa fue siempre mi mayor motivación”.
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Novelas sin ficción

Uno de los escritores pioneros en contar la realidad en novelas sin ficción es el español Javier Cercas, tanto de hechos históricos como de personajes como de hechos y personajes. Su último acercamiento es El loco de Dios en el fin del mundo (Random House):
“Hay gente que no sabe si esto es una crónica, un ensayo o qué. Yo esto lo leo como una novela. La construí como una novela sin ficción, lo cual obliga a contorsiones muy particulares y a operar de manera distinta. En una novela de ficción puedes hacer lo que te dé la gana, dar sentido a una realidad que no tiene sentido, buscas simetrías.
Esto en una novela sin ficción no lo puedes hacer porque todo es constatable. A veces se trata de encontrarle sentido al caos y parece una contradicción. Este libro trata sobre mi madre y el padre Bergoglio y la pegunta de mi madre de si cuando ella muera se encontrará con mi padre. Al final sucede algo inimaginable: “No lo he inventado. La realidad adoptó esa forma de ficción y es imposible mejorarla. La realidad adopta un sentido y tú tienes que estar atento a ver qué forma cobra la realidad y la ordenas”
Lo que hay es un uso particular al que uno llega desde determinada manera de construir la novela sin ficción que no tiene absolutamente nada que ver con Capote ni Carrère ni otros autores. Esa forma la encontré primero en Soldados de Salamina, luego en Anatomía de un instante, después en El impostor y ahora en esta. Para mí ha sido una exploración y he necesitado esta forma para contar lo que quería contar de la mejor manera posible”.
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Diferencias entre ficción y mentira

La hibridación de géneros literarios en esta clase de novelas lleva para algunos a espacios difusos entre la ficción y la no ficción. El escritor francés Emmanuel Carrére, aclaró en una charla con Juan Gabriel Vásquez, en el Hay Festival de Cartagena de Indias, en 2021, dos asuntos clave en la manera como él afronta estas narrativas:
“Yo suelo ser transparente sobre lo que es ficción o no. Es importante decir a los lectores dónde empieza la ficción y dónde termina la realidad. (…)
No hay que confundir ficción y mentira. Hay que tenerlo claro. Si es ficción no quiere decir que sea mentira. Hay un contrato con la ficción, pero también en la autobiografía de decir la verdad. Por eso cuando esta parte autobiográfica entra en un aspecto de ficción siento la obligación de decírselo al lector”.
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La vida particular y su entorno

El colombiano Juan Gabriel Vásquez ha transitado en la frontera entre la realidad, la verdad, la imaginación o la ficción y los recuerdos, las tres dimensiones de la vida real. Lo ha hecho en varias novelas, la más reciente Los nombres de Feliza, una novela sobre la artista colombiana Feliza Bursztyn que “murió de tristeza”, según Gabriel García Márquez. Pero antes lo había hecho en Historia secreta de Costaguana (sobre Joseph Conrad), La forma de las ruinas (sobre el asesinato de los políticos colombianos Rafael Uribe Uribe, en 1914, y Jorge Eliécer Gaitán, en 1948) y Volver la vista atrás (sobre el cineasta colombiano Sergio Cabrera):
“Estas novelas se escriben con herramientas más propias de la ficción, pero sin inventar cosas, para extraer aspectos significativos de estas vidas que las vidas no cuentan por sí mismas. La materia es la biografía de los personajes, la biografía conocida, sus circunstancias históricas, sus circunstancias sociales. Pero hay un cierto tratamiento del lenguaje que hace el lenguaje de la ficción que extrae de estos materiales reales verdades o revelaciones que los materiales no dicen por sí mismos o que encuentra una forma novedosa en materias reales para tratar de decir algo que los hechos no dicen por sí mismos. Que es por otra parte para mí el único mandato realmente de la novela. Como decía Milan Kundera: la única razón de ser de la novela es decir lo que solo la novela puede decir. Y hay que encontrar qué es eso”.
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Serie completa
- 1- Vidas y biografías noveladas en el siglo XXI: las fronteras entre la ficción y la no ficción.
- 2- Vidas y biografías noveladas en el siglo XXI: los motivos, la inspiración y cómo se escriben.
- 3- Vidas y biografías noveladas en el siglo XXI: motivos personales con el escritor dentro del libro.
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