El dibujante e ilustrador Benjamin Lacombe (París, Francia, 1982) en Madrid, en diciembre de 2025. /Foto cortesía de editorial Edelvives
Benjamin Lacombe (1): “Siempre me interesaron los artistas cuya posición en el mundo no necesariamente respondía a la norma”
El prestigioso ilustrador francés de literatura intantil y juvenil y de clásicos para adultos celebra un cuarto de siglo con tres obras de colección: 'El gran Gatsby' (Fitzgerald), 'La pequeña cerillera' (Andersen) y 'La infancia de Papá Noel', un libro original con textos de Sébastien Perez. En esta entrevista revela su génesis, su forma de trabajar y de reinterpretar las obras
La nieve cae de noche, una niña, apenas abrigada, está acurrucada en un andén de la calle, vende cerillas, pero las enciende para tratar de calentarse, mientras esos pequeños fogonazos revolotean como luciérnagas a su alrededor.
Es la belleza de la fragilidad o de la vulnerabilidad a punto de quebrarse o de fortalecerse.
Es la belleza de la periferia que no se suele o no se quiere ver, reconocer o aceptar y que deja en evidencia la inhumanidad o la incomprensión o la indiferencia.
Es la invitación a mirar más allá de la apariencia con una reflexión crítica o de denuncia que rompe el canon y abre el abanico de la pluralidad y la diversidad.
Esto es lo que palpita en los dibujos de Benjamin Lacombe (43 años /París, 1982), uno de los ilustradores literarios más relevantes y populares del siglo XXI. Hace veinticinco años empezó a consolidar su universo artístico y transgresor cuando, con 19 años, entró, en 2001, en la Escuela Nacional de Artes Decorativas (ENSAD), de París, y publicó su primera novela gráfica. Ya van unos cuarenta libros juveniles, para adultos, ilustrados y propios traducidos a una veintena de idiomas, con millones de ejemplares vendidos.
Su obra escenifica y reinterpreta el mundo “tradicional o normal” en una conjunción de delicadeza, tragedia, nostalgia, temor, ilusión, reivindicación y vulnerabilidad de personajes de belleza “extraña” en un equilibrio frágil donde alguna de estas características está a punto de desbordarse o de quebrarse.
“Tengo una cierta querencia por lo friki, lo raro. Nunca me dieron miedo de niño. Al contrario, veía ahí una clase de belleza. Personajes peculiares que tenían una cierta presencia”, recuerda Benjamin Lacombe en una entrevista en Madrid en diciembre de 2025.

El creador francés acaba de publicar tres libros para todos los públicos, como objetos: dos clásicos, La pequeña cerillera con la cual rinde homenaje a Hans Christian Andersen, por los 150 años de su muerte; y El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald, para celebrar el primer siglo de su publicación. Junto a estas dos obras, en las que con sus dibujos amplía sus narrativas, ha publicado un libro propio, original: La infancia de Papá Noel, una obra de gran formato y de colección firmada por él como dibujante y Sébastien Perez como escritor de la historia, con quien ya ha hecho otros trabajos exitosos (Todos en editorial Edelvives).
A la ya tradicional filosofía de Benjamin Lacombe de observar con hondura y reflexión la belleza de lo marginal o no canónico, este libro sobre el origen de Papá Noel resulta transgresor al proponer un personaje con valores opuestos a los actuales o denostados por algunos, incluso porque no faltan quienes ensalzan o hacen gala de la insolidaridad, la incomprensión o la crueldad, como explica en la segunda parte de esta entrevista.
Winston Manrique Sabogal. En un momento de pluralidad de tantas cosas, de lo político a lo estético, hay una tendencia a la mezcla, al descubrimiento y a la aceptación de bellezas que antes eran marginadas o marginales para asumirlas con naturalidad. Algo que usted siempre ha visibilizado y reivindicado, ¿qué es la belleza?
Benjamin Lacombe. Es algo también cultural y ligado a lo cultural. No podemos, en un momento en el que tenemos una influencia de la cultura, de la forma de crianza y de cómo nos han educado, determinar que es bello y que no. Además, hay un aspecto individual, cada uno tiene una cierta querencia. Por ejemplo, había cosas que a mí me parecían bellas y me decían que no, que eran un horror. Me encantaban los insectos, las arañas o árboles sin hojas que me decían que eran tristes. Lo que no me gusta dibujar son formas mecánicas impecables y cosas parecidas.
W. Manrique Sabogal. De niño ya tenía inclinación por lo no canónico, por encontrar la belleza en lo considerado feo, como hizo Charles Baudelaire.
Benjamin Lacombe. Sentía inclinación hacia lo extraño. Tengo una cierta querencia por lo friki, lo raro. No me daban miedo. Al contrario, veía en ellas una cierta belleza. Personajes peculiares que tenían una cierta presencia. Eso me parecía fascinante. Y los he ido metiendo en mis novelas siempre. Llevo ya veinte años haciéndolo.
¿Qué debería ser bello o no bello?
En la literatura, vemos rostros totalmente diferentes, colores de piel totalmente variados con respecto a lo que había antes. Entonces, en La infancia de Papá Noel, incluimos a otros personajes. Nadie nos dijo que la Mamá Noel no era rubia o afro. A los lectores les da igual. Ya no nos cuestionan, como hace unos años.
Cuando hicimos La familia Appenzell (2020) fue al revés. Es decir, hablábamos de la monstruosidad. Y, entonces, dijimos: La monstruosidad no es lo que se ve, porque es algo que va intrínseco en los actos.
La belleza es el acto. En el caso de Papá Noel es el acto de ser generosos, que busca el bien de los demás.
W. Manrique Sabogal. ¿Sébastien, recuerda un libro que lo haya llevado a pensar en que quería escribir?
Sébastien Perez. No tenía esa necesidad. Yo llevaba una trayectoria más técnica y científica. El fin era inventar historias, no tanto escribir, es algo que llevo haciendo toda la vida. Mis padres no eran grandes lectores, pero mi hermano y yo nos inventábamos muchas historias.
Benjamin Lacombe. Sébastien tenía un universo interior con una gran capacidad. Cuando lo conocí era impresionante la capacidad de crear, de innovar, de inventar. Es olvidadizo. Él está inmerso en la invención, la creatividad. No en el mundo cotidiano repetitivo de la nostalgia.
Sin embargo, yo he estado rodeado de libros. Vivía en una casa repleta de libros y he reproducido exactamente lo mismo. En casa es un caos, los libros nos comen. Nos define lo que leemos, lo que descubrimos con los libros mucho más que la vestimenta, cómo nos comportamos, las elecciones que adoptamos.
Los libros para mí siempre han estado accesibles, disponibles, han sido un refugio verdadero. Algo donde nosotros podríamos proyectarnos, adentrarnos y, bueno, ir al otro lado. Para mí los libros han sido vertebradores en mi vida.
El primer autor, probablemente de cuentos, serían los hermanos Grimm o Andersen. Me acuerdo de álbumes ilustrados que de niño me llamaban mucho la atención, como los de Maurice Sendak, me encantaba. Los libros en una editorial que se llamaba L’école des femmes. Los libros que yo leía de pequeño eran libros ya feministas, alegatos feministas.
Rose Bonbon era un elefante rosa que no quería seguir siendo rosa, sino que quería ser gris el resto de su vida. Y otro libro que se llamaba El regalo, era muy parecido, un poco anti sexista. Y mi madre me lo dejaba al alcance de la mano, porque mi madre era así, y es así.
W. Manrique Sabogal. ¿Diría que ahí está el origen de su mirada y conciencia feminista y de igualdad trasladada a las ilustraciones donde la mujer ocupa un lugar importante física e intelectualmente en su posición ante el mundo?
Benjamin Lacombe. Sí, sí. Nos definen las lecturas, nos definen las elecciones literarias. A mí siempre me han encantado los artistas y pintores que la evocaban: Leonardo da Vinci, Frida Kahlo, todo el quattrocento, en términos generales, Egon Shiele, Caravaggio y un par más de estos artistas cuya posición en el mundo no necesariamente respondía a la norma.
W. Manrique Sabogal. ¿Hubo algún ilustrador que le diera el impuso de dedicarse a este arte?
Benjamin Lacombe. Si alguien responde es que se lo está inventando. No existe eso, no pasa. No es que llegue un momento así. El acto de dibujar es algo de lo más natural. Empiezas con eso cuando eres niño, no escribes, dibujas. Es así como te expresas: primero con los ruidos, luego el movimiento y después con el dibujo. Es algo que se hace desde que estábamos en cuevas, no había escritura, había dibujo, pintura. Yo llevo pintando desde el comienzo y he seguido. Nunca he parado.

W. Manrique Sabogal. Este libro de La infancia de Papá Noel es una historia original, ¿a quién de los dos se le ocurrió? Porque imagina la génesis de cada uno de los 24 elementos del imaginario universal de la Navidad o de Papá Noel, desde el árbol hasta por qué da regalos.
Benjamin Lacombe. He trabajado observando a Papá Noel y cuestionándome y preguntándome, como suelo hacer habitualmente: ¿por qué un abeto? ¿por qué va en un trineo? ¿por qué hay renos? Es en el trabajo de investigación cuando me he percatado de que había elementos que no existían en la cultura francesa que rodeaban a Papá Noel. El hecho de que, por ejemplo, el que lleva las cartas es el gorrión.
Así, poquito a poco, hemos ido aprendiendo y construyendo las 24 historias. Y en cada una de las historias recreado un universo, de modo que cada una de ellas fuera independiente.
En este caso, primero fue la creación de una historia y luego la imagen o fueron en paralelo. Aunque, en alguna historia primero fue la imagen tuya (de Perez) y eso inspiró un relato. Solo en Frida fue donde la imagen fue primero, dio pie al libro, para inspirar a Sébastien. Siempre, siempre, siempre, es el texto primero y luego dibujo. Una vez que la imagen esté ahí, hay ligeros cambios.
W. Manrique Sabogal. Ustedes rompen cánones y hacen sus propias reinterpretaciones de historias o clásicos. Por ejemplo, hace un par de años con La sirenita que crearon negra. ¿Cómo es ese acercamiento?
Benjamin Lacombe. Que bien que menciones lo de la reinterpretación. Lo veo así porque ese es precisamente el objetivo: proponer una nueva interpretación, una nueva manera de leer el texto, distinta a la verdaderamente clásica. Primero me tiene que gustar el texto.

W. Manrique Sabogal. Lo mismo ha pasado con los clásicos para adultos. Por ejemplo, Notre-Dame de París, Cuentos macabros o Carmen, donde hay un descubrimiento auténtico. Lo hizo con El patito feo, de Andersen, que tiene como trasfondo que Andersen, según unas cartas, se interpreta que quería ser mujer.
Benjamin Lacombe. Hay un verdadero trabajo de búsqueda, de investigación para entender el origen de cada libro. ¿Por qué lo escribieron? ¿Cuál es el tema real? La mayoría se queda en lo más superficial. Por ejemplo, en La pequeña cerillera: Ay, pobre, que moría, que tenía cerillitas, iba descalza por la nieve. Y es así, pero esos son los acontecimientos. La cuestión es el porqué del libro o cuál es su fin. ¿De que habla, Andersen, en última instancia? Porque cuando estamos hablando de la esencia del cuento se trata de crear algo con una enorme fortaleza.
¿Por qué son clásicos?
Porque realmente tocan una tecla que trasciende a las generaciones, épocas, etcétera. Y la temática de La pequeña cerillera es, precisamente, la falta de empatía, la indiferencia. Algo de lo que estamos totalmente inundados en este momento.
Ahora sucede con las redes sociales, unos ven la pena de otros y hacen scroll, les da exactamente igual. La problemática es la misma: la indiferencia.
Por eso queremos reflejarlo. También desde el punto de vista gráfico. ¿De qué habla? De las cerillas. ¿Cuál es el pozo? Pues el carbón. Por eso he utilizado carboncillo, todo el universo con carboncillo. No he intentado esconder la tristeza, la dureza. Lo he mostrado con este lado expresionista, pero, también, he demostrado el poder que tienen la imaginación y los sueños. Porque, también se habla de la ilusión cuando se enciende una cerilla, hay una ilusión, hay una llama. Y he utilizado ese pantón del fluor verde amarillento que nos da esa sensación, la idea de los sueños.
W. Manrique Sabogal. La niña que enciende cerillas que la rodean como luciérnagas.
Benjamin Lacombe. Y en este caso, pienso: Ella enciende algo por la noche. Normalmente, durante la noche. Y, efectivamente, crea una atmósfera mágica.
- Segunda parte: Benjamin Lacombe: “Se nos olvida que el origen del éxito de la humanidad es la solidaridad y la generosidad, la ayuda entre unos y otros”.

***
Suscríbete gratis a la Newsletter de WMagazín en este enlace.
Te invitamos a ser mecenas de WMagazín y apoyar el periodismo cultural de calidad e independiente, es muy fácil, las indicaciones las puedes ver en este enlace.
Si quieres conocer WMagazín y sus secciones especiales PULSA AQUÍ.

- Wolfram Eilenberger, 1: “No estamos en un momento de transformación, sino que vamos hacia el abismo” - miércoles 1, Oct 2025
- Robert Perišić: “El neoliberalismo creó un caos en el mundo postcomunista que tiene que ver con el regreso del autoritarismo a Rusia” - miércoles 20, Ago 2025
- Ray Loriga: “El desarrollo de la inteligencia artificial replantea lo que entendíamos como humano” - miércoles 6, Ago 2025