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La nueva era de la prescripción de libros con periodistas digitales, booktubers, instagramers, tiktokers y demás recomnedadores del ciberespacio. /WMagazín

Booktubers, bookstagramers, bookstokers y revistas literarias digitales llevan al libro de papel y la lectura a una nueva era

La divulgación y prescripción literaria y la industria editorial viven una nueva época de optimismo gracias a la “transhumancia virtual”. Damos las claves del éxito de estos recomendadores y formatos que recuerdan, además, al libro impreso como refugio perfecto en un mundo saturado de hábitos digitales. Especial WMagazín, con apoyo de Endesa

¿El mundo digital llegó para rescatar al libro de papel? O cuando quien iba a ser tu enemigo se convierte en tu mejor aliado. Ese es el argumento de la historia real que vive el libro en estos momentos, contra todo pronóstico: el mundo virtual, que al principio fue visto como una amenaza, ha pasado a ser una pieza esencial en el mundo del libro y la divulgación de la lectura y, quién lo iba a decir, de las obras en papel.

El libro vive una nueva época de optimismo gracias a la “transhumancia virtual» debido a los nuevos formatos de los prescriptores de canales de internet, redes sociales y revistas literarias digitales. Lo hace tras una década larga muy difícil para el ecosistema del libro por la crisis económica mundial, la reconversión digital del sector, la jubilación de un modelo de negocio centenario, el descenso de las ventas, la pandemia de covid-19 y los nuevos hábitos de consumo cultural, ocio y socialización en el mundo dual, analógico y digital.

Esta “transhumancia virtual” se debe a la fuerza que han tomado los nuevos formatos y espacios, acordes a estos tiempos, dedicados a los libros en las diferentes redes y plataformas digitales con booktubers (You Tube), bookstagramers (Instagram), bookstokers (Tik tok), así como en los nuevos medios literarios digitales como revistas tipo WMagazín y blogs de calidad en abierto en un momento en que los medios tradicionales reducen la información literaria de calidad y cobran por el acceso a sus contenidos.

Es el libro impreso como refugio y aliado perfecto en un mundo saturado de impulsos y hábitos audiovisuales, de computadores, de relaciones virtuales, de comunicación en celulares, en suma, de pantallas. Estos prescriptores potencian los libros como un remanso y vuelta a la humanidad donde la persona completa lo allí escrito.

Booksinfluencers y revistas literarias digitales han pasado a ocupar un lugar de preferencia en una población con grandes cambios en sus hábitos. Los primeros prescriptores hablan de lecturas, de libros impresos que enseñan como objetos y fuentes de saber y ocio. De un reencuentro con los cinco sentidos y el placer de pasar páginas y vivir una experiencia única y proactiva que conecta la vista, con el tacto, con el olor, con la voz, con la imaginación y refuerza la conversación e intercambio de ideas alrededor de un tema cultural. Y lo hacen a través de la escenificación del comentario que va del histrionismo a recomendaciones más sosegadas, pero siempre informales, sin pontificar.

Los segundos, las revistas y blogs, ofrecen reseñas y críticas, pero, sobre todo, grandes temas sobre el ecosistema del libro como creación, industria y lectores, además de entrevistas y demás géneros periodísticos, cuyos textos se convierte en consulta. Con formatos y enfoques originales y rigor ponen en contexto los temas de interés. Estas publicaciones han creado nichos de lectores por temáticas o géneros literarios o información de calidad en formatos especiales como lo hace WMagazín. Nuestra revista es consultada tanto por el público general y lectores habituales, como por los profesionales del mundo del libro y los profesores, académicos, libreros, estudiantes y promotores de lectura tradicionales, es decir los prescriptores más próximos a la gente que se convierten así en un eslabón natural entre el universo analógico y digital. Un dato: uno de cada cuatro lectores de WMagazín tienen menos de 25 años, otro de cada cuatro menos de 35. Lo que significa que el 50% de nuestros lectores es menor de 35 años, lo que deja nuestra media de edad de lectores en la treintena.

Estas publicaciones y personas nativas o migrantes del ciberespacio han desplazado u ocupado el lugar de los medios de comunicación tradicionales cuya capacidad de influencia ha bajado de manera acelerada en la última década tanto en el ecosistema del libro y lectores habituales, como en el gran público. Editoriales y agentes están atentos a lo que digan los nuevos prescriptores o influencers, como se les denomina, por su capacidad de llegar a la gente. A su vez, las comunidades de sus seguidores aumentan. Ello ha permitido que muchos lectores discretos o escondidos en el mundo analógico se hagan ver y hablen sin complejos y abiertamente de lo que les apasiona: los libros.

Las claves del éxito

Es la lectura y el libro como un nuevo estatus entre los jóvenes.

Esta revolución ha ocurrido en la última década. Todo empezó en la primera gran crisis económica de este siglo XXI cuando, hacia 2009 y 2010, surgieron vídeos donde empezaron a hablar de libros en sus canales de You Tube. Dos años atrás, en 2007, el libro electrónico reclamaba una nueva oportunidad con el Kindle y las alarmas saltaron con las profecías de que acabaría con el libro tradicional.

A partir de 2012 los booktubers aumentaron en todos los países y su presencia en las ferias del libro se hizo indispensable por dos motivos principales: ser una nueva e indiscutible generación de prescriptores con una ascendencia fuerte en un grupo de lectores y porque su público objetivo es sobre todo el juvenil, con lo cual la presencia de este grupo de lectores en las ferias es muy positivo.

El español Javier Ruescas, uno de los booktubers más exitosos y de referencia con millares de seguidores, cree que la clave del éxito de sus colegas ha sido “la cercanía, sinceridad y dedicarle espacio a libros que antes no lo tenían”.

¿Acaso el libro y el lector en el siglo XXI son otros? Javier Ruescas no lo cree: “Los lectores siguen siendo iguales que hace siglos, pero el libro es verdad que ha cambiado, o, más bien, convive con varios formatos: el digital, el audiolibro, etc… Y eso no deja de ser una gran noticia porque da más oportunidad de acceder a ellos. Como autor he escrito mi primer libro que ha salido exclusivamente en formato audiolibro y narrado por mí en Audible: En Delos no puedes morir. Ha sido una experiencia maravillosa y, si bien en algunas cosas muy similar a la creación de un libro para papel, también muy distinto”.

Si libros y lectores siguen siendo los mismos, entonces ¿cuáles son las principales transformaciones o revoluciones que han hecho los booktubers? ¿Cuáles son las aportaciones más destacadas que han hecho?

Ruescas tiene la primera respuesta muy clara: “Acercar a los jóvenes los libros de una manera igualitaria: no es un profesor, no es un académico, un editor o un librero. Es un igual a ti, por lo tanto, es más fácil conectar, y los argumentos para que te animes a leer son distintos a los que había hasta el momento y te son más cercanos”.

Ese valor de proximidad, desenfado, colegaje y complicidad de los booktubers a la hora de hablar de libros fue uno de los aspectos por los que al principio fueron desdeñados por los medios tradicionales.

Imagen de la web de José Miguel Tomasena.

Transformación del mundo del libro

Pero esta nueva generación ha transformado, ampliado y enriquecido el ecosistema del libro que ha salido reforzado en tiempos de pandemia. José Miguel Tomasena, periodista, escritor, profesor universitario e investigador de nuevas formas de socialización en internet, empieza por aclarar que “los booktubers, definitivamente, han transformado y enriquecido la forma en que circula la literatura, a través de una serie de prácticas que mezclan géneros, temas, lenguajes y formatos que tradicionalmente estaban separados. Frente a las profecías apocalípticas que auguraban que internet y la digitalización harían desaparecer los libros en papel, desplazados por los blogs, los ebooks u otras formas de consumo cultural, como los videojuegos, las series o el cine, han mostrado que lo hay son procesos de hibridación y creación de públicos mucho más complejos y una reivindicación del libro en papel y de la práctica de la lectura como signo de identidad”.

Tomasena, autor de la tesis doctoral Los booktubers en lengua española: entre la cultura participativa y el comercio de la conectividad, da otra clave sobre cómo este fenómeno no fue bien leído por el sector de libro y los medios de comunicación, en el sentido de no habérselo tomado como algo serio, sino anecdótico y pasajero: “Curiosamente, las prácticas de estos jóvenes que hace diez años eran consideradas periféricas, exóticas y deslegitimadas por algunos sectores del campo editorial, con la pandemia se han desplazado al centro: libreros, editoriales, autores y periodistas han recurrido a las cámaras de video para hablar de libros y contagiar el deseo por leer a las audiencias”.

Es una respuesta y complemento a la estela del ebook, los smartphone y la lectura en pantallas diversas porque familiarizaron el concepto de un nuevo orden entre la población, aceleraron la revolución del negocio editorial y ampliaron el horizonte del libro.

En esta tercera década del siglo XXI los booktubers, bookstagramers, bookstokers y medios literarios nativos digitales parecen como Don Quijote por los bosques despejando miedos e incertidumbres y explorando el porvenir que reclama la convivencia y la armonía de un mundo dual con nuevas coordenadas.

Cartel de la Pijamada literaria, el sábado 7 de mayo de 2022, organizada por Libros Before Tipos. Puedes incribirte aquí: https://bit.ly/3vLuSKH

El nuevo estatus de la lectura

Un plano cenital que luego desciende y gira 360 grados alrededor de un libro puesto de canto como si fuera el Cristo Redentor del cerro del Corcovado de Rio de Janeiro.

Dos amigos que charlan apasionadamente sobre una novela como si debatieran sobre un estreno de cine o el último capítulo de la serie más esperado.

Una música de suspenso suena mientras alguien abre una caja o un sobre del cual saca libros como si fueran el hallazgo de un tesoro.

Una jornada fotográfica con un premio Nobel de Literatura que lo muestra en toda su naturalizad y back stage antes de dar una conferencia o hablar por la radio.

Son rituales, liturgias y escenificaciones alrededor de los libros y los escritores que lo que hacen es bajarlos del pedestal o sensación de difícil acceso con que los ven muchas personas. Y a esa representación se suma el tono desenfadado y los argumentos que usan los recomendadores al abordar la obra literaria desde una relación o experiencia personal ya sea desde la lectura en sí hasta situaciones en que se ven reflejados. Al fin y al cabo, un libro es un espejo de la vida, una manera de contar, dar sentido u ordenar el mundo por lo menos en sus páginas.

Eso es lo que buscan los booktubers, bookstagramers, bookstokers y medios literarios nativos digitales. Están en comunión con lo que dijo hace unos años John Banville a WMagazín cuando se le preguntó qué era para él un libro en el siglo XXI, y respondió:

“El libro es uno de los grandes inventos de la civilización. Este hecho es ciertamente evidente. Es en los libros, más que en la palabra hablada, que el lenguaje de un pueblo es preservado, atesorado, modificado, enriquecido. ¿Importa la forma que toma el libro? Me encanta el libro como un objeto estético, pero otros pueden obtener más placer de un libro electrónico, entregado a través de un juguete brillante gracias a la tarde del Señor Jobs. Les deseo lo mejor. Pero para mí, nada puede reemplazar esa maravillosa mina de información, ideas, inspiración, imaginación y poesía, que está impresa en papel y contenida entre cubiertas de cartón. Así que atesoremos el libro, la librería, la biblioteca. Porque puede llegar un día en que Internet y todas sus obras se desvanezcan en el ciberespacio con un ¡pop! Siguió un escalofrío de silencio estático y bendito. Entonces será el tiempo, otra vez, para inclinarse ante un buen libro…”.

Ni más, ni menos…

Alberto Villarreal, booktuber y escritor, en una imagen de su espacio Abriendo libros. /WMagazín

Nuevas rutas para lectores y escritores

Alberto Villarreal es un booktuber mexicano que lleva varios años en esta liga con Abriendo libros. Se hizo adulto hablando de libros en su canal, es de los que mejor cuenta y se expresa sobre los libros. Y toda clase de obras: desde una novedad muy popular hasta un clásico de los que pocos se leen en el colegio. Muchos de sus vídeos son para todo el mundo, no solo para adolescentes o veinteañeros, ese es uno de sus mejores logros. Además, se ha hecho escritor, su reciente libro es Todo lo que dejas cuando llegas y te vas (Planeta)

“En esencia, el libro y el lector no ha cambiado mucho”, asegura ante la pregunta de qué es un lector y un libro en el siglo XXI. Y añade una clave: “En un mundo en el que cada día todo se vuelve más y más digital, el libro ha resistido. Basta con ver las estadísticas de las cámaras editoriales para percatarnos de que las ventas del libro digital están muy lejos de alcanzar al formato físico. El lector siempre ha sido un romántico y me parece que esa es una de las razones que mantienen al libro en papel en la cima. Nos gusta sentir. De nuevo, creo que el lector sigue siendo el mismo solo que ahora tiene nuevos canales para compartir los libros que ha leído. La experiencia de compartir ha cambiado gracias a Instagram y Youtube y gracias a estas plataformas el acto de leer ya no es solitario”.

Ellos, los antes adolescentes y ahora veinteañeros y otros nuevos adolescentes no es que hayan aprendido a leer estos tiempos duales, es que ellos son quienes están escribiendo este tiempo.

Él y sus colegas son responsables del aire fresco y renovador que han introducido al universo del libro. Entre las principales transformaciones o aportaciones que han hecho hay una que sobresale, según Alberto Villarreal: “La aportación más importante: crear lectores. Hemos logrado que las ferias del libro den espacios para los jóvenes, espacios que son indispensables para su formación lectora y al mismo tiempo guiar a futuros escritores. Se han creado conversaciones alrededor del libro que no hubieran sido posibles sin el movimiento y se ha bajado al libro del pedestal para acercarlo a la gente”.

En esa misma línea reflexiona el investigador José Miguel Tomasena cuando señala que “la gran aportación es la construcción de comunidades de lectores vivas. Personas que se conectan para compartir sus experiencias de lectura, que aprenden, discuten, forman hábitos lectores. Y es un esfuerzo compartido por otras personas e instituciones del campo literario, especialmente los libreros y bibliotecarios, que trabajan incansablemente en la promoción comunitaria de la lectura a través de clubes de lectura, presentaciones, diálogos, festivales, lecturas en voz alta. La capacidad para provocar procesos sociales de lectura es asombrosa. Por ejemplo: el colectivo LibrosB4Tipos, formado por 15/16 booktubers y vlogueras feministas mexicanas, que promueven la visibilidad de la escritura producida por mujeres. Organizan maratones de lectura, encuentros con autoras, clubes, etcétera”.

Es un acercamiento acorde estos tiempos, menos protocolario, menos engolado, menos críptico y más empático, más como una oportunidad para disfrutar y aprender al mismo tiempo.

Para lograr esa receptividad por parte de eso lectores, las claves de su éxito estaría en una idea ya expresada por Ruescas, Villarreal y el propio Tomasena que aquí la aclara y amplía:

“Un asunto universal de todo adolescente/joven es descubrir quién eres y encontrar un grupo humano al que pertenecer. Contemporáneamente, muchos de estos procesos pasan por formas de consumo cultural en internet. Por eso el auge de creadores de contenido digital en muchas plataformas (YouTube, Instagram, TikTok) y sobre muchos temas (videojuegos, viajes, moda, música, etc.). Generan vínculos de pertenencia e identificación muy fuertes. Esto se ha trabajado desde hace muchos años dentro del campo de los estudios de fans (fan studies) y del rol de las celebridades en la vida contemporánea (celebrity studies).

Esperanza y metamorfosis continua

Los BookTubers han articulado estos procesos de afinidad alrededor de la práctica de la lectura. Los libros son el centro de su identidad personal y de su comunidad. Y eso es magnético para otros jóvenes. Comparados con otras industrias culturales, son minoritarios, pero los vínculos que son capaces de construir son muy potentes. Comparados con la escala de la industria editorial, caracterizada por la saturación de oferta y las tiradas bajas, pueden ser muy importantes: la recomendación de ciertos mediadores puede ser crucial para el éxito de un libro”.

Y esos adolescentes o jóvenes que descubrieron o reforzaron sus vínculos con la lectura se han hecho y se harán adultos lectores. Cada país tiene sus prescriptores y algunos trascienden ese territorio y entre todos lo han ensanchado y han ido acordes a las innovaciones que ha traído la red y sus nuevos espacios y plataformas.

Es un modelo que no es moda, ha venido para quedarse y que evolucionará. Una de esas vías se aprecia en el colectivo ya citado de Libros Before Tipos (https://www.facebook.com/librosb4tipos/) , que organiza Pijamas literarias como la que habrá este 7 de mayo, como un fiebre de sábado noche que en vez de discoteca es de libros.

El error, explica Javier Ruescas, “es pensar en booktube como un ente, cuando está formado por muchas personas que hacemos cosas distintas. Yo he creado reseñas en instagram de 30 segundos, pensé que podía ser original y divertido”.

Booktube, recuerda Alberto Villarreal, es una comunidad que lleva más de una década en los países hispanohablantes. Y da pistas sobre la labor que desempeñan: “Crear contenido de libros es un trabajo de muchas horas que se hace por amor al arte. No hay más de cinco booktubers hispanos que puedan vivir de crear contenido a pesar de que pueden llegar a trabajar unas 30 horas semanales. Si booktube desaparece es porque no se ha encontrado la forma de hacerlo rentable y las obligaciones de la “vida real” pesan más.

Los booktubers que iniciaron el movimiento están en sus veintes y necesitan el dinero de un trabajo convencional y estos mismos trabajos no permiten invertir tiempo necesario para mantener el contenido literario. Creo que debería de evolucionar a la autosostenibilidad permita crear contenido de mayor calidad para poder competir con el resto de videos que se crean en las diferentes plataformas”.

Hacia allá apunta el futuro inmediato de tal manera que algunos medios tradicionales han empezado a incorporar y adaptar estos modelos de hablar de libros a sus públicos más adultos, desde el podcast hasta las videorreseñas.

“Me parece fantástico que más personas comiencen a usar YouTube y otras plataformas de video digital (como Twitch, Instagram o TikTok) para hablar de libros”, dice José Miguel Tomasena. “Es parte de procesos de aceptación de estas prácticas de mediación, que puede ayudar a mostrar la gran diversidad de creadores de contenido que siempre ha habido en BookTube”.

Ruescas aplaude que cada uno pueda dirigirse al público que más le encaje, “pero lo importante es que los lectores se animen a descubrir otros prescriptores diferentes a los que habitualmente suelen seguir, así encontrarán cosas nuevas”.

Las editoriales, de grandes grupos e independientes, ya tiene muy en cuenta a varios de estos prescriptores digitales y les tratan envían libros como a los periodistas literarios y críticos habituales de suplementos literarios.

“Nunca me he sentido obligado a hablar de libros por presión editorial, pero es cierto que somos grandes aliados de las editoriales”, cuenta Villarreal. «Booktube ha impulsado muchos libros y autores. Los grandes grupos editoriales son los que suelen colaborar más con los booktubers. Las editoriales pequeñas no tienen el presupuesto para mandar esos libros a los creadores de contenido o son tan “literarias” que se alejan de booktube”.

La rueda de la fortuna vuelve a girar a favor del libro y la lectura impulsada por las nuevas generaciones y los vientos de cambios continuos traídos por las tecnologías digitales. Por algo dijo Jorge Luis Borges que el libro impreso era el mejor invento.

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