Detalle de la fotografía de Carmen Martín Gaite (España 1925-2000)en la portada de su biografía escrita por José Teruel, Premio Comillas 2025, en Tusquets. /WMagazín
Carmen Martín Gaite: el arte de vivir, comprender la vida y escribir para transformar la realidad
Recordamos la filosofía de una de las escritoras españolas más relevantes del siglo XX en el centenario de su nacimiento (1925-2000). Antología de sus mejores reflexiones: "Se escribe para lanzar al aire nuevas preguntas, para interrumpir los asertos ajenos, para tratar de entender mejor lo que no está tan claro como dicen"
“Me gusta más transformar lo que he visto. Todo el material de lo que he vivido, de lo que he sentido, de lo que he soñado o de lo que me han contado, se acumula. La realidad es muchas veces insoportable y algunos tenemos la suerte de poderla transformar”, Carmen Martín Gaite a Rosa Mora en El País (España).
Y vaya si lo hizo. Carmen Martín Gaite tuvo muchas vivencias que transformó en literatura gracias a una mirada profunda, sensible y de crítica tan sutil como contundente con un pensamiento claro y adelantado que la coloca como una de las escritoras españolas más relevantes del siglo XX. Nació en Salamanca el 8 de diciembre de 1925 y falleció a los 74 años en Madrid, el 23 de julio de 2000.
Su educación fue especial gracias a su padre, pues, como no quería que fuera educada por instituciones religiosas, él mismo se encargó de darle clases junto a profesores particulares. El comienzo de la Guerra Civil (1936-1939), cuando tenía diez años, impidió que siguiera los pasos de su hermana Ana de estudiar el bachillerato en el Instituto-Escuela de Madrid. Así es que su padre la matriculó en el Instituto Femenino de Salamanca.
Siempre expresó admiración y agradecimiento por sus padres a quienes debía su destino literario, como cuando lo recordó en el programa de entrevistas A Fondo, de Televisión Española, en 1981:
“La afición a leer se la debo a mi padre. Era un lector de vocación, se pasaba la vida leyendo. La generación del 98, por ejemplo, son libros que he viso en mi casa. No es que hiciera una cosa mágica de la lectura. Eso se pega. Mi padre me dejó, aparte de iniciarme en la lectura, un ejemplo de ponderación, de equilibrio y, sobre todas las cosas, de atención sobre lo que te decían los demás. Era una persona que escuchaba muchísimo. Era liberal en el sentido más amplio del término. Era un hombre con lo que se llama ahora sentido del liberalismo. No conozco a nadie que comprendiera mejor a los demás, ni juzgó nunca a nadie. Mi madre nunca me forzó a nada, y parecía que nunca me enseñaba nada”.
Carmen Martín Gaite hizo su vida alrededor de la literatura en sus múltiples formas al escribir cuentos, ensayos, novelas, obras de teatro, críticas literarias, prólogos de obras queridas, traducciones…
En 1955 publicó su primer libro: El balneario, un volumen de cuentos encabezado con el relato con el cual había ganado el Premio Café Gijón. Entre sus obras más destacadas figuran las novelas Entre visillos (1958, Premio Nadal), Ritmo Lento (1963), Retahílas (1974), El cuarto de atrás (1978), Caperucita en Manhattan (1990), Nubosidad variable (1992), Lo raro es vivir (1996) o Irse de casa (1998) o los ensayos El proceso de Macanaz: historia de un empapelamiento (1970), Usos amorosos de la postguerra española (1973), El cuento de nunca acabar (notas sobre la narración, el amor y la mentira) (1983) o Desde la ventana: enfoque femenino de la literatura española (1987). Obtuvo premios importantes como el Príncipe de Asturias (1988, hoy conocido como Princesa de Asturias) y el Nacional de las Letras Españolas (1994).

Su concepción de la vida se cuela en Caperucita en Manhattan cuando escribe:
“Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald… Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar… y vivir es reírse”.
Editorial Siruela ha publicado de manera constante su obra, en 2025 el Premio Comillas, de editorial Tusquets, lo obtuvo José Teruel por Carmen Martín Gaite. Una biografía. En el centenario de su nacimiento, en 2025, recordamos a esta escritora con algunas ideas sobre la vida y la literatura expresadas en su discurso del Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en la entrevista de A Fondo, de 1981:
¿Generación quemada, desencantada?
“Quemada para los que no están ya. Para los que no la hayan superado. Concretamente, en cuanto a las mujeres, las que hemos pasado la prueba hemos dado mejor resultado que un pantalón de pana”, A Fondo.
Pasión por la palabra
“Quien tiene pasión por la palabra y está abierto a ella recibe, tanto de los libros que ha leído como de las conversaciones que ha escuchado, un continuo acicate que le puede tentar a escribir, una especie de savia que le entra por todos los poros y lo encarrila hacia una expresión más eficaz y cuidadosa. Y en este sentido, aunque no pueda decir de forma diáfana cómo hemos aprendido a escribir, sí sabemos que ese misterioso aprendizaje, que se inició en la infancia, siempre se ha visto fomentado por los textos o discursos que nos proponían preguntas que por lo menos nos suministraban infalibles respuestas”, Princesa de Asturias.
Por qué se escribe
“¿Para qué se escribe? Se escribe para lanzar al aire nuevas preguntas, para interrumpir los asertos ajenos, para tratar de entender mejor lo que no está tan claro como dicen. Para distanciarse de la realidad, mirarla como un espectador y convencerse de que nada es lo que parece.
Un escritor, aunque haya vislumbrado la inconsistencia de su aportación personal e incluso el aumento de caos que puede suponer, escribe a pesar de todo. ¿Por qué? Porque cree que lo que él va a decir no lo ha dicho nadie todavía desde ese punto de vista. Puede tomarse como un vicio, como una arrogancia o como una defensa, que de todo tendrá.
Pero, en cualquier caso, de acuerdo con la famosa frase de Unamuno ‘creer es crear’, me parece que el de la escritura es fundamentalmente un asunto relacionado con la fe, no con el medro ni el negocio”, Príncipe de Asturias.
Fe y escritura
“Si bien es cierto que cuando nos iniciamos en su ejercicio tenemos mucha menos destreza en el ‘oficio’, la fe y el entusiasmo suelen ser mucho mayores en la primera edad, cuando se inicia la aventura. A medida que van pasando los años y el escritor consigue un mayor o menor reconocimiento por parte del público, se ve forzado a confesarse muchas veces que la fe de los comienzos se le ha venido abajo, y que todo consiste en recuperarla, en revivirla. Si no lo consigue, corre el peligro de estarse metiendo por unos raíles demasiado cómodos, que le van a amortiguar cualquier sobresalto. Y en el fondo de su ser no es eso lo que busca ni lo que quiere.
El de la escritura es un aprendizaje que nunca se cierra, sino que se está renovando y poniendo en cuestión cada vez que nos vemos frente a un papel en blanco. Un carpintero que ha construido una mesa sólida puede estar relativamente seguro de que ya ha aprendido a hacer mesas, pero a un escritor nadie le garantiza que, porque ha escrito un libro, el próximo que escriba tenga que ser mejor ni tan siquiera bueno.
Es verdad que, una vez alcanzada cierta etapa de su carrera, al escritor pueden ayudarle y servirle de ánimo las opiniones de los demás sobre el resultado de su obra. Pero no debe caer en el halagüeño espejismo de justificar y dar por bueno, en nombre de lo que hizo, todo lo que haga en adelante.
Quienes consideran el oficio de escribir como un camino donde las flores crecen por generación espontánea suelen encarecer la suerte que supone desempeñar un trabajo donde no tenemos por encima de nosotros a nadie que nos mande. Y eso efectivamente es verdad. Si no escribimos no pasa nada grave ni nadie nos riñe ni nos va a echar de la oficina. Pero también es verdad que no se trata de un negocio espectacular sino de una inversión lenta, que bien podría llevar por lema aquella máxima del Eclesiastés: ‘Echa tu pan a las aguas, que después de mucho tiempo, lo hallarás”, Príncipe de Asturias.
Aventura literaria
“La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo. Pero en un mundo donde se huye cada vez más de la soledad, el escritor desconcierta como un nadador contra corriente, y de todas partes surgen brazos que le quieren anexionar a un determinado grupo y hacerle esclavo de sus normas y de sus reglas. Contra este peligro, no le queda al disidente más remedio que seguir aguantando en su reducto, a partir de cero, invocando aquella fe juvenil de la que hablaba.
Nadie lo ha dicho de forma más emocionante que Teresa de Jesús, cuya escritura ejemplifica ese camino emprendido partiendo de cero y cuya exploración pone en cuestión y en juego la propia vida. Para acometer esa tarea, que a ella se le planteaba como un combate, es menester según sus propias palabras:
‘Una grande y determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera me muera en el camino, siquiera se hunda el mundo”, Príncipe de Asturias.

El mejor libro
“Con Retahílas (1974), a partir del estilo, que diga más o menos mentiras o verdades, creo que empiezo a escribir mejor. Y lo hago porque El proceso de Macanaz: historia de un empapelamiento (1970) me probó tanto la paciencia que con ese libro, aunque es histórico, depuré mucho mi estilo. Aprendí que tenía que decir lo más significativo, lo esencial. Y me di cuenta, también, de que para hacerle entender a alguien un proceso tan enredado tenías que tener muchísima paciencia, mucho temple y mucha cabeza, entonces, cuando volví a la literatura traía el bagaje de haber aprendido a escribir con más rigor. Retahílas es mi mejor novela. Recuerdo haber escrito con más aplomo”, A Fondo.
Épocas y ritmo
“Comparar una época con otra siempre es absurdo. Habría que preguntarles a los de las litronas qué tal lo pasan. Es otro rito. Quizá, ahora, lo que ocurre es más rapidez y continuamente hay que estar haciendo algo. En mi época el ritmo era más lento, no había que estar cambiando de locales y de sitios. Sacabas más partido a algo apacible, de las charlas”, en A Fondo, de Televisión Española.
Feminismo
“No tengo un feminismo militante. Lo tengo a mi manera con un respeto total por la mujer que en muchos aspectos es más fuerte que el hombre. Como lo sé no necesito salir con banderas a proclamarlo. Me parece que se ha desenfocado el problema, porque una mujer cuando está picada por el feminismo suele, aunque ella no lo ve, reproducir esos defectos del varón que tanto está denostando como son el avasallamiento o ser mandona. Entonces, si va a hacer lo mismo que está criticando me parece que para ese viaje no había menester alforjas como decían en mi pueblo. Yo a los hombres les tengo una enorme simpatía, mientras las feministas parece que no”, A Fondo.
La importancia de hablar
“En el momento en que hay alguien con quien puedas hablar, a mí que se quieten el teatro, el cine, los viajes o placeres más fuertes. Encontrar un interlocutor es la obsesión del ser humano. Pero no se dan cuenta de que ahí está la clave de todo, pero es como si no lo supieran. Como si no operara de fondo el deseo de buscarlo. Si uno sabe, realmente, que lo que motiva todas las neurosis del ser humano es lo mal que habla con sus semejantes buscaría con más ahínco la forma de encontrar una pasarela entre tú y los demás”, A Fondo.
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Me gusto la reseña,buscaré leer a Carmen Gaite….