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Detalle de la ilustración de la portada del libro ‘La nena’, de Carmen Mola (Alfaguara), que resulto ser el seudónimo de tres hombres:Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero. / WMagazín

Carmen Mola o el debate de oportunismo o no con este seudónimo que escondía a 3 hombres en tiempos de concienciación feminista

Varias escritoras y el público en las redes analizan la jugada comercial del alias que ha ganado el Premio Planeta que tiene detrás a los autores Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero. Sus tres libros anteriores de novela negra son un éxito de ventas con protagonista femenina

¿Ahora los escritores se colocan seudónimos de nombre de mujer como estrategia comercial en tiempos de concienciación feminista? ¿Las editoriales buscan con seudónimos de mujeres empatizar con el público? ¿El mainstream devora la causa de visibilización de mujeres, escritoras y artistas?

El mundo literario español está entre contento, desconcertado e indignado porque detrás del seudónimo de quien firma como Carmen Mola, cuya protagonista de sus tres libros de novela negra con una mujer inspectora, están tres hombres: los escritores y guionistas Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero. La concesión del Premio Planeta 2021 por su novela La bestia no solo los sacó del anonimato, al canto de un millón de euros, sino que ha abierto el debate sobre el posible oportunismo y prácticas dudosas del marketing, toda vez que Carmen Mola empezó a publicar en 2018 en pleno auge de la toma de conciencia del feminismos, de la visibilidad que se ha intentado dar a las mujeres en las artes, la recuperación de sus nombres eclipsados u ocultados a lo largo de la historia y de que las escritoras aumentaron su presencia en el género negro con personajes femeninos como protagonistas y gran acogida del público.

Una sombra de preguntas sobre el manejo de este tema ha caído sobre los dos grandes grupos editoriales de España: Planeta y Penguin Random House. Sin cuestionar la calidad de los libros firmados por Carmen Mola, varias escritoras consideran en WMagazín que sí hay oportunismo en el uso del seudónimo y que prueba del éxito de la jugada comercial es que se hable del tema en diferentes ámbitos del mundo del libro y en las redes sociales.

«¿Es este montaje oportunista en estos tiempos? Sí. Como también lo fue cuando muchos se pusieron a escribir montados en diferentes olas, fueran imitaciones de pilares de la tierra, sombras del viento, niños magos, señores de los anillos…»: recuerda Rosa Ribas.

«Evidentemente es estrategia comercial para aprovechar esta etapa en la que se ha intentado priorizar la literatura escrita por mujeres, o al menos darle el lugar que siempre se le había negado», afirma Berna González Harbour.

«El nombre generaba misterio y exotismo y eso en el mercado literario es un valor, atrae, intriga. De hecho, la operación ha conseguido que estemos hablando de este premio«: reflexiona María Folguera.

Las tres novelas de Carmen Mola las ha publicado editorial Alfaguara, del Grupo Penguin Random House, con éxito de ventas, 400.000 ejemplares, y traducido a ocho idiomas. Se trata de La novia gitana (2018), La red púrpura (2019) y La nena (2020). En marzo está pervista la cuarta entrega: Las madres. Los hombres detrás del seudónimo han contado, desde la misma noche de la entrega del Premio Planeta, que este alias surgió de manera casual, nada premeditado, cuando en 2017 se reunieron y decidieron juntar sus talentos para contar sus historias macabras. «Tuvo éxito y luego siguió otra, y luego otra que nos ha traído hasta aquí», dijo Jorge Díaz al recibir el premio.

Sobre este debate de si hubo o no oportunismo con el seudónimo, María Fasce, Directora Literaria Alfaguara, Lumen y Reservoir Books, no lo considera así: «Lo que me parece oportunista es la interpretación: no puedo juzgar los móviles de los escritores. Me atengo a sus novelas».

La misma noche de la entrega del premio Planeta, Jorge Carrión resumió parte de la polémica en su cuenta de Twitter: «El colmo del heteropatriarcado: cuando las escritoras son al fin visibles, inventa seudónimos femeninos para seguir ocupando su lugar. Y, encima, el Planeta premia su usurpación».

En Madrid la librería Mujeres & Compañía retiró de sus estanterías los libros de Carmen Mola y publicaron un vídeo en los canales de TikTok y Twitter del momento en que los pusieron en una caja para devolver a la editorial acompañado del siguiente texto: «Mola más que los señores no lo ocupen todo»; y sobre el vídeo: «De los libros registrados en España en 2018 (año en que se publicó la primera novela de Mola) solo un 32% están escritos por mujeres».

De izquierda a derecha: Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, los tres escritores y guionistas detrás del seudónimo de Carmen Mola, durante la entrega del Premio Planeta 2021 por ‘La bestia’. /Imagen tomada del vídeo de Planeta – WMagazín

¿Oportunismo?

Rosa Ribas, autora de novela negra con títulos como Los buenos hijos, Un asunto demasiado familiar (Tusquets ) y Azul marino (Siruela), expresa a WMagazín que no hay que darle más trascendencia de la que tiene, pero añade: «Tres señores vieron un posible filón creando un producto escrito que combinaba ingredientes que podían funcionar: una protagonista femenina + crimenes brutales y truculentos + autora femenina».

El resultado ha sido el éxito que Rosa Ribas trata de desentrañar con variables literarias y oportunas: «Es decir pensando en que hay más mujeres lectoras y, por lo tanto, el personaje femenino es más atractivo, teniendo en cuenta que las personas, todas, somos algo morbosas y jugando con el hecho de que no se suele asociar la escritura de las mujeres a tales grados de crudeza. Esto último lo podemos entender como un reflejo de los prejuicios que existen sobre la escritura de las mujeres, que siempre se espera más ‘sensible’ y así muchos quedaban sorprendidos de la crudeza. Me imagino que entraba también en el cálculo y de ahí el perfil anodino que se le dio a Carmen Mola. El contraste le daba morbillo. Los lectores se podían imaginar a esa señora más bien gris escribendo esas cosas de noche tras corregir los exámenes del instituto. Es un buen personaje».

Sobre el posible oportunismo ante los tiempos de concienciación feminista y esfuerzo por dar visibilidad a las creadoras, Ribas empieza con una pregunta: «¿Es este montanje oportunista en estos tiempos? Sí. Como también lo fue cuando muchos se pusieron a escribir montados en diferentes olas, fueran imitaciones de pilares de la tierra, sombras del viento, niños magos, señores de los anillos... Por no deprimirnos, podemos darle la vuelta y entenderlo como una prueba de que los libros escritos por mujeres interesan cada vez más. También de que hemos conquistado el derecho a la mediocridad, de que las mujeres para tener éxito ya no precisan demostrar la excelencia. Más importancia no tendría si no fuera porque el premio es una gran caja de resonancia».

«Evidentemente es estrategia comercial para aprovechar esta etapa en la que se ha intentado priorizar la literatura escrita por mujeres, o al menos darle el lugar que siempre se le había negado. Que usen el nombre de una mujer, una falsa mujer, para esconder a tres hombres da vergüenza ajena», afirma y periodista Berna González Harbour, creadora de la serie de la comisaria María Ruiz con las novelas Verano en rojo (2012), Margen de error (2014), Las lágrimas de Claire Jones (2017), El sueño de la razón (2019) y El pozo (Destino, 2021).

Rescate de mujeres escritoras

Dos de los libros de la colección Seix Barral que restaura los nombres reales de escritoras que escribieron bajo seudónimos. /WMagazín

Antes algunas mujeres, para poder publicar sus libros y que editores y público las tuvieran en cuenta, tenían que firmar con seudónimos de hombres; ahora parece que los hombres, para empatizar con las editoriales y el público en momentos de concienciación feminista, empiezan a firmar como mujeres. Mucho antes y al margen de intereses comerciales ya lo hacía con calidad el autor y exmilitar argelino Yasmina Khadra que buscó proteger su vida y homenajear a su esposa y a las mujeres árabes.

Hasta hace pocas décadas se prefería que las mujeres escribieran de temas relacionados con lo femenino, el hogar, las costumbres, lo social y lo cotidiano, mientras que para los hombres estaban destinados los campos del pensamiento, la política o la historia. Una prueba de esta desigualdad en el reconocimiento está en los ganadores del Nobel de Literatura que solo han obtenido 14 mujeres.

Para intentar subsanar estos ocultamientos y rendir homenaje a las mujeres que debieron esconderse tras un nombre masculino, la editorial Seix Barral empezó en 2019 una colección en la cual recupera los nombres reales de algunas de ellas con nuevas ediciones como las de Mary Anne Evans que firmó como George Eliot; Amartine Aurore Dupin que se dio a conocer como George Sand; y Matilde Cherner que escribió como Rafael Luna. A estas historias de mujeres cuyos seudónimos aparecen tachados en las portadas de los libros de Seix Barral, se suman otros casos como los de las hermanas Brönte, Charlotte, Emily y Anne que firmaron al comienzo como Currer, Ellis y Acton Bell; Caterina Albert i Paradís bajo el seudónimo de Víctor Catalá y Cecilia Böhl de Faber que se dio a conocer como Fernán Caballero.

Incluso Louisa May Alcott antes de publicar Mujercitas firmó historias góticas bajo el alias de A. M. Barnard, mientras que Karen Blixen, creadora de Memorias de África, se presentó primero con sus Siete relatos góticos com Isak Dinesen.

La periodistas Lorena G. Maldonado ha mostrado su indignación en su columna del diario El Español titulado: Y Carmen Mola eran tres tíos: la broma del Premio Planeta más reaccionario. Maldonado no cuestiona la calidad y el éxito de la obra de los autores, pero, escribe: «no deja de perturbarme el hecho de que tres autores hayan elegido un nombre de mujer para publicar su trilogía de novelas negras. Pienso en todas las escritoras que a lo largo de la historia han tenido que firmar sus obras en anónimo o con apodo masculino para poder publicarlas. Para poder existir. Para poder decir ‘esta boca es mía’, aunque ni siquiera las dejaran precisar que esas bocas tenían labios y lengua y furia y relato y saliva y verbo de mujer».

El origen de Carmen Mola

Imagen de Carmen Mola en la web de su agencia literaria Hanska.

Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero han dicho, desde la misma noche de la entrega del premio Planeta, que el alias de Carmen Mola surgió de manera casual, nada premeditado. La presentación que dan a esa autora en su web dice: «Es el seudónimo de una autora nacida en Madrid que ha decidido permanecer en el anonimato». Luego en entrevistas por correo electrónico, desde 2018, han dicho que se trataba de una profesora de instituto y madre de tres hijos. En cuanto a sus influencias literarias han señalado siempre a  autores como Fred Vargas, Pierre Lemaitre, Benjamin Black (seudónimo de John Banville en su registro policiaco), Alicia Giménez Bartlett, Víctor del Árbol…

Los creadores de Carmen Mola han quitado importancia al nombre, al género al que pertenece, y destacan que lo importante son los libros en sí mismos y su conexión con los lectores al margen de sexos, estrategias comerciales y demás.

La concesión del Premio Planeta del millón de euros a La bestia, de Carmen Mola, acabó con el misterio del seudónimo. Los tres autores subieron a recibir el galardón por una novela situada en un tiempo diferente al que tienen acostumbrados a sus lectores: es un thriller sobre un asesino situado en el Madrid de 1834 durante la epidemia de cólera con crímenes macabros, marca de la casa. La pregunta es si la revelación de su autoría romperá el hechizo con sus lectores. O si firmarán como Carmen Mola los casos de la inspectora Elena Blanco, en Alfaguara, y como Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero el resto de sus historias en Planeta.

Carmen Mola llega a la editorial

Sobre cuándo María Fasce, Directora Literaria Alfaguara, Lumen y Reservoir Books, supo que Carmen Mola era el seudónimo de tres escritores y guionistas, no puede contestar del todo porque forma parte del acuerdo de confidencialidad inicial pactado con Carmen Mola y su agente Justyna Rzewska que fundó en 2017 la agencia Hanska, y quien trabajó en Penguin Random House en el departamento de venta de derechos internacionales. Fasce dice a WMagazín que no tiene importancia cuándo se enteró de la verdadera autoría, pero aclara que «la reacción, como editora y lectora, fue de asombro y te diría de felicidad ante todo lo que la escritura y la literatura puede ser. Conozco la obra de los tres autores, pero lo que habían creado juntos era algo totalmente nuevo. Carmen Mola tiene elementos de los tres y al mismo tiempo es distinta».

La editora se pregunta, entonces, si no es «fantástico» pensar en la posibilidad de extender esa fórmula a otras artes. Al cine, por ejemplo: «Tres directores -con sus respectivos estilos y egos- dirigiendo el mismo film: no episodios de una misma película sino la misma película. Quizá ya se ha hecho, no lo sé, sería asombroso también. Hay dúos, parejas conocidas y eficaces de escritores que escriben juntos novela negra (en Alfaguara publicamos en estos días El derecho de los lobos, de Stefano de Bellis y Edgardo Fiorillo, por citar sólo un ejemplo cercano), pero no una fórmula tan poderosa conseguida a seis manos».

Ninguna de las escritoras que participan en este reportaje y otros en las redes han puesto en duda a calidad literaria de las novelas firmadas como Carmen Mola. Insisten en que el debate aquí es otro.

Respecto al juego de oportunismo que algunos consideran que ha podido haber con el seudónimo en un momento de concienciación del feminismo y que las escritoras han entrado cada vez más y con mucha aceptación de público en el género negro y con protagonistas femeninas, María Fasce no lo considera así: «Lo que me parece oportunista es la interpretación: no puedo juzgar los móviles de los escritores. Me atengo a sus novelas. La competencia ha explotado seudónimos nuevos con novelas que no han tenido ningún éxito. Pero mañana puede haber otro seudónimo femenino con una detective femenina… habrá que leer la novela para juzgar».

La editora recuerda que en la historia de la novela negra ya ha habido detectives femeninas, como Miss Marple creada por Agatha Christie: «Puedes incluso, como escritor, partir de una premisa oportunista y sin embargo escribir una gran novela, que al final es lo que cuenta. Hay tan pocas. Podríamos ir más allá y hacer una pregunta como la que me ha hecho John Banville. “¿por qué últimamente sólo mueren mujeres en la novela negra?” ¿No será que la literatura quiere reflejar algo de la realidad que sigue produciéndonos escalofríos?».

María Fasce añade que es como si le preguntaran por qué ahora, de pronto, hay tantas modelos negras, tantas campañas con mujeres gordas, o mayores de setenta años, o con el pelo blanco. Y se responde: «¿Es una estrategia de marketing o estamos visibilizando algo que antes no veíamos o no queríamos ver? Quizá ambas cosas. Insisto. Yo soy editora, no juzgo más que los libros. Lo que sigo buscando, bajo cualquier firma, es un estilo único, una historia que me sacuda. Carmen Mola lo ha logrado. Y si hubiera recibido el manuscrito de La novia gitana firmado por Antonio Mercero, Agustín Martínez y Jorge Díaz, lo habría publicado igual y con idéntica emoción. Es más: es fácil, ahora, tras medio millón de lectores y con una serie de televisión inminente, hablar de oportunismo. Lo difícil era, hace 4 años, apostar por hacer llegar a los lectores una novela de una autora desconocida que no iba a poder dar entrevistas».

La reflexion de la dramaturga y narradora María Folguera, autora de Hermana. (Placer) (Alianza), en la que rinde homenaje a escritoras como Elena Fortún, Rosa Chacel y Carmen Martín Gaite, es que «ha sido una exitosa operación comercial. El nombre generaba misterio y exotismo y eso en el mercado literario es un valor, atrae, intriga. De hecho, la operación ha conseguido que estemos hablando de este premio tan cuestionado en los últimos días en medios y redes sociales».

Casualidad o no, y sin que hubiera nada premeditado en la elección del seudónimo de Carmen Mola, algunos se preguntan si pasado el tiempo nadie se planteó el juego en que se podía caer.

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