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De izquierda a derecha y de arriba abajo las escritoras: Liliana Blum, Claudia Piñeiro y Berna González Harbour. Participan en FILGua virtual 2021. /WMagazín

Claudia Piñeiro, Berna González Harbour y Liliana Blum o cómo los hombres se acostumbran a que haya más escritoras

Las tres narradoras conversan en Centroamérica cuenta para la Feria Internacional del Libro de Guatemala (FILGua) virtual sobre novela, realidad y poder. Puedes ver el vídeo completo en WMagazín y un resumen textual con los pasajes más destacados

Novela, realidad y poder es el título de la conversación que tuvieron las escritoras Claudia Piñeiro (Argentina), Liliana Blum (México) y Berna González Harbour (España) en el segundo día de la Feria Internación del Libro de Guatemala (FILGua) virtual 2021, del 2 al 12 de septiembre, que tiene como invitado de honor al Festival Centroamérica cuenta. La conversación fue moderada por Winston Manrique Sabogal, director de WMagazín. Uno de los temas abordado fue la manera como los hombres empeizan a asumir que cada vez haya más escritoras y personajes femeninos potentes. Aún hay muchos prejuicios, pero coinciden en que empiezan a quitarse.

Puedes ver el vídeo de la conversación completa entre las tres escritoras en este enlace.

De arriba abajo y de izquierda a la derecha: Winston Manrique, director de WMagazín; Claudia Piñeiro, Liliana Blum y Berna González Harbour durante la conversación de FILGua 2021. /WMagazín

Las tres escritoras, recuerda Winston Manrique, «exploran las pulsiones oscuras del ser humano, del poder, de todo lo corruptible, y también desde la cotidianidad». La conversación se abrió con la situación que viven las escritoras y las mujeres en Aganistán ahora que el país vuelve a estar bajo el poder de los talibanes.

Liliana Blum (es autora de Tristeza de los cítricos -Páginas de Espuma): «Es lamentable y triste. México está recibiendo a algunos afganos. Aquí también la violencia es fuerte porque se promedian cien homicidios al día y de esos 12 son feminicidios. Cuando estos regímenes llegan al poder es como volver a la Edad Media en términos de Derechos Humnaos, de arte. A través de nuestros textos nos toca denunciar y dar una perspectiva como mujeres. Visto desde fuera a muchos hombres no les molesta. Aquí todos los días se asesina a doce mujeres y no sucede absolutamente nada».

Berna González Harbour (su novela más reciente es El pozo – Destino): «Estoy de acuerdo. Y llamo la atención sobre la hipocresía de Occidente. Hay una especie de subasta de las ciudades y países para acoger afganos mientras Grecia levanta un muro para que no llegue otra oleada de migrantes como ya hubo con Siria; Turquía tambien ya ha advertido que no quiere más refugiados; España misma tiene cientos de menores no acompañados que han venido de Marruecos y nadie les quiere. No somos capaces de salvar a gente que se está muriendo en el mar. Ahora parece que los recibimos y nos solidarizamos, pero, realmente, lo que están preparando los gobiernos europeos es cerrar las fronteras».

Claudia Piñeiro (su novela más reciente es Catedrales – Alfaguara): «Tengo el orgullo de decir que en Argentina siempre recibe a quien quiera venir de cualquier parte. Pero estamos tan lejos que, tal vez, lleguen más a países europeos. Ojalá Europa abra esas puertas».

La violencia, las violencias diferentes están presentes en sus obras, tanto las domésticas, cotidianas y camufladas como las públicas.

Liliana Blum: «En mi caso hay dos tratamientos de la violecia: una es la que sucede en el interior de las familias y la otra la de los narcos. En México hay más de tres mil muertos por el narcotráfico. Hace unos meses descubrieron unas fosas con varias toneladas de restos humanos. Como yo viví en un estado muy azotado por el narco no les he querido dar espacio a estos hombres que me parecen la peor escoria del universo por todo lo que han hecho a la sociedad. En mis libros me centro en la violencia doméstica».

Claudia Piñeiro: «En mis libros la violencia está a través de lo cotidiano. En Argentina hay varios focos de violencia, pero uno que me preocupa es la violencia contra las mujeres. Uno cuenta lo privado. La ficción te permite ir de lo personal a lo colectivo. En mis libros esa violencia no es la materia prima, pero sí está encubierta en silencios, lazos y secretos».

Berna González Harbour: «La violencia es la materia prima esencial para la literatura policiaca, explícita e interior, probablemente la más difícil de tratar. No quiero dejar de mencionar el inmenso libro que ha escrito Cristina Rivera Garza sobre el feminicidio de su hermana hace treinta años y cómo le ha costado. Yo he elegido el género policiaco donde la violencia es la materia prima. La literatura es un cruce, un pulso entre poderes entre un abusador y un abusado, en cualquier término, económico o moral. Para mí Goya, por eso lo elegí para El sueño de la razón, es el que más ha sabido transmitir la capacidad de emprobrecerse y adquirir podredumbre de un pueblo, en este caso el español, por cómo él viajó de unos cuadros luminosos, coloridos y alegres de una España ilusionada y cómo treinta años después, cuando hizo las pinturas negras, ese mismo  país le sirvió para retratar la España negra, oscura y con todo tipo de defectos. El reto para mí fue trasladar esa negritud del alma pintada por Goya».

Berna González ha creado a la comisaria María Ruiz y se convierte en una de las pocas de este siglo en hacerlo. Crea ese personaje en un mundo dominado por los hombres en la ficción y en la literatura de este género.

Berna González Harbour: «Este suele ser un género muy masculino en todos los sentidos que estaba desactualizado. Y eso es lo que ha ocurrido en los últimos años con varias autoras que han creado comisarias o investigadoras que están trasladando al género la realidad. El género necesitaba actualizarse».

Sobre la presencia cada vez mayor de escritoras y la reacción de los lectores hombres las tres narradoras se mostraron sorprendidas ante la manera como algunos hombres todavía tienen prejuicios.

Claudia Piñeiro: «Los lectores se han ido entrenando. Una vez me hicieron una entrevista que me decían que yo también ya no solo escribo para mujeres».

Berna González Harbour: «Nos hemos educado y crecido en una literatura en la que eran los hombres quienes hablaban de las mujeres y de ellos mismos. Con personajes femeninos, pero bajo la mirada masculina como lo que creían debía ser una mujer. Hace un par de años indagué en libros de mujeres cuál era la mirada que tenemos sobre los hombres. Llegué a la conclusión de que la mirada era devastadora. No hacía falta matar al padre porque no existía, en general eran padres ausentes o maltratadores. La imagen fue demoledora».

Liliana Blum: «En México, más en los escritores que en los lectores, hay un razonamiento funesto de que si lo escribe una mujer, la protagonista es una mujer y los personajes son mujeres entonces es una literatura de segunda categoría.

Claudia Piñeiro: «Las muejres recibimos en las redes una cantidad de agravios intolerables. Además, no se nos agravia con argumentaciones sino que se nos dice vieja, abortera, pedorra, gorda, fea… A mí me da lo mismo esos comentarios. Pero hay que recibir todo el tiempo amenazas».

Ante la avalancha de comentarios negativos y descalificadores que reciben algunas autoras en las redes sociales y la desinformación en las mismas, las escrioras hablaron del grado de responsabilidad de los medios de comunicación y periodistas ante la exacerbación y el amarillismo.

Berna González Harbour: «Estamos en la era del odio. En el mundo real parece que no nos odiamos tanto pero en el mundo público estamos en la era del odio, de señalamiento, de la nula argumentación. Las redes son un espacio de intimidación. Los medios de comunicación tenemos responsabilidad y solo a través de la defensa de los medios profesionales, con deontología, se puede defender el flujo de la comunicación profesional, probada y contrastada. Pero en la medida que se precariza la profesión, se abre lo gratis y la no valoración del trabajo se confunde lo ciudadano, lo periodístico, el bulo. La propia opinión pública no tiene las herramientas para distinguir entre una información real y un bulo. Hay un trabajo que hacer, recuperar la credibilidad y pagar buenos sueldos para que se desempeñe bien el trabajo».

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