‘Cien años de soledad’ (1967), de Gabriel García Márquez, y algunas portadas emblemáticas: la primera(arriba-izquierda), la de diseño de Vicente Rojo (arriba-derecha), la del Círculo de Lectores (abajo -izquierda), la de RBA con fotografía del autor y de Mondadori. /W;agazín
Cómo ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez, cambió la vida de lectores y escritores: así recuerdan su primera lectura
Guillermo Arriaga, Mariana Enriquez, Selva Almada, Santiago Roncagliolo y otros autores recuerdan la huella que dejó en sus vidas el clásico universal del Nobel de Literatura colombiano. Con el estreno de la segunda parte de la serie de Netflix y el centenario del escritor en 2027, WMagazín recupera y amplía este viaje al poder de la lectura y la imaginación

Sin saberlo, un adolescente quedó deslumbrado al leer Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, mientras hacía el mismo trayecto en carro que, treinta años atrás, recorría Gabriel García Márquez cuando se le apareció la primera frase de su obra maestra y dio media vuelta para sentarse a escribirla: Ciudad de México-Acapulco
Aquel muchacho era Emiliano Monge. Tenía diecisiete años. Durante las seis o siete horas de viaje permaneció acostado en el asiento trasero del coche de sus padres sin poder soltar la novela desde que leyó aquella frase que llevó a García Márquez a interrumpir sus vacaciones:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
La escribió en agosto de 1965. Monge la leyó en 1995. Fue la entrada a descubrir el mundo de Macondo.
Es el momento en que un libro entra en la vida de una persona para no salir nunca de ella y pasar a formar parte de su biografía. Pocas obras provocan esa huella perdurable: el lector recuerda no solo la historia, sino el lugar donde la leyó, quién lo acompañaba o la sensación de que el tiempo parecía detenerse mientras avanzaba por sus páginas.
Y en ese territorio íntimo de la lectura cada libro termina de completarse en la imaginación de quien lo lee.
Y una novela como Cien años de soledad es tan singular porque el mundo de Macondo despierta imágenes tan fantásticas y con tal intensidad que trasladarlas al lenguaje audiovisual constituye un desafío, aunque cada expresión artística tenga sus propias dinámicas.

Varias obras de García Márquez (Colombia, 1927, México, 2014) han sido llevadas al cine y la televisión sin mucho éxito. La más reciente es, precisamente, Cien años de soledad convertida en miniserie por Netflix. El 5 de agosto de 2026, se estrena la segunda y última parte de ocho capítulos, cuya primera entrega se estrenó en diciembre de 2024 con críticas desiguales. Esta segunda parte llega con más de un año de retraso respecto a la fecha prevista originalmente.
Antes de que muchos lectores sustituyan las imágenes que imaginaron durante años por las de la pantalla, recordamos el valor de la lectura, el poder silencioso de la imaginación y el impacto que este clásico universal ha causado en los lectores. Recuperamos un especial que WMagazín realizó en 2017, cuando se cumplían cincuenta años de la publicación de la novela. En la Feria Internacional del Libro de Bogotá preguntamos a varios escritores qué recordaban de su primera lectura de Cien años de soledad. Sus testimonios desvelan el mecanismo por el cual un clásico se convierte en un recuerdo íntimo.

Mariana Enriquez reconoce el milagro que produjo en ella:
“Leía la novela muy chica, siendo adolescente. Lo recuerdo como un momento muy impactante literariamente hablando. Yo no había leído nada así. No era la literatura que más me gustaba en ese momento. Pero me pareció un milagro de la imaginación y una gracia en la escritura que yo hasta ese momento no había conocido. Yo nunca intenté hacer eso, yo quería ser Stephen King. Es una novela tan importante que cerró algo”.
Rubén Orozco descifra el poder hipnótico:
“Logra a través de su lenguaje poético hipnotizar al lector y crear con sus historias estas muñecas rusas que dan luz a otras historias, que dan luz a otras historias que solo puede ser logrado con este lenguaje depurado y poético”.
Selva Almada evoca los sentimientos que le despertó:
“Leí otras obras de García Márquez antes de Cien años de soledad. Pero recuerdo la experiencia de lectura como una de las más intensas de mi vida. Ha sido una novela reveladora y arrolladora en el momento de la lectura. Es un libro que recuerdo con mucho cariño”.
Santiago Roncagliolo se alegra de haber expandido su mundo:
“Gente con cola de cerdo, gente que sale volando, guerras que no terminan nunca… Cuando leí Cien años de soledad me pareció increíble que alguien pudiera imaginar todo eso y cómo el universo de la imaginación podía ser mucho más rico que el real”.
Gabriela Alemán evoca la compañía que le ha traído la familia Buendía:
“La primera vez saqué una enorme cartulina y armé un mapa de todos los personajes para no perderme, porque lo leí en la adolescencia. Y ese mapa, a través de los años en todas las mudanzas de casa me ha ido siguiendo, porque detrás tengo direcciones de amigos muy queridos. Su lectura siempre estuvo muy ligada a los viajes y a la amistad, para mí”.
Michi Strausfeld agradece cómo alrededor de ella hizo su vida profesional:
“Es, quizás, el libro más importante que he leído en mi vida. Lo leí, primero, con diccionario en 1977. Después hice una tesis doctoral y luego fue el detonante para toda mi vida profesional. Estoy muy agradecida a García Márquez y a Cien años de soledad”.
Conrado Zuluaga subraya la alquimia del lenguaje:
“Tiene una exhibición y un manejo del lenguaje y una destreza con el idioma que uno después rueda fácilmente. Voy a leer una frase, de cuando José Arcadio descubre a Pilar Ternera y le promete ir a su casa. Luego, por la noche, le dice a su hermano que no irá. Pero a medianoche decide ir. Y esto dice la novela:
‘Se vistió a tientas, oyendo en la oscuridad la reposada respiración de su hermano, la tos seca de su padre en el cuarto vecino, y el asma de las gallinas en el patio, el zumbido de los mosquitos, el bombo de su corazón, el desmesurado bullicio del mundo que no había advertido hasta entonces y salió a la calle dormida’.
Así es toda la novela. Me pasó hace cincuenta años”.
Ese poder de suspender el tiempo reaparece en el recuerdo completo de Emiliano Monge, con el que iniciábamos este recorrido:
“Cien años de soledad es un libro que marca un momento importante como lector. Leía la novela muy joven, tenía unos 16 o 17 años. Lo recuerdo no tanto por lo que era la novela, sino porque fue uno de esos primeros libros que no pude parar de leer desde que entré en él. Iba de viaje con mi padre y mi madre desde la Ciudad de México hasta Acapulco. Recuerdo que iba acostado en el asiento de atrás leyendo la novela. La carretera se me hizo como un suspiro, literalmente. Llegamos y no había podido parar de leer. En ese entonces ese trayecto se hacía en seis o siete horas. Fue uno de esos libros en los que te das cuenta que el tiempo alrededor puede desaparecer”.
Ahora, en 2026, con motivo del estreno de la segunda y última parte de la miniserie de Netflix y en vísperas del centenario del nacimiento de Gabriel García Márquez (6 de marzo de 2027), WMagazín volvió a formular aquella misma pregunta a varios escritores.
Uno de esos nuevos testimonios es el de Guillermo Arriaga, que recuerda el deslumbramiento de descubrir una novela que, según él, inauguró y agotó una manera de narrar…
“Estaba en la universidad y publicaron el primer capítulo en la revista universitaria. Lo leí y dije: ¡Cómo me he estado perdiendo esto! Lo terminé de leer y lo volví a leer. Y dije: Esta forma de construir no tiene parangón. Es imposible de reproducir su realismo mágico. Se inicia y se cancela con García Márquez. Es una novela demasiado fuerte, prácticamente anuló toda su obra”.
Casi sesenta años después de haber sido escrita, Cien años de soledad sigue haciendo lo mismo: entrar en la vida de nuevos lectores para no salir nunca de ella. Lo consigue contando la historia de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, fundadores de Macondo, y de las generaciones de los Buendía que atraviesan las edades de la humanidad hasta pasar de la ficción a la memoria de sus lectores, donde permanecen vivos y llegan hasta nuestro presente para seguir habitando la imaginación de millones de personas.
Quizá ese sea su verdadero milagro: que cada generación vuelve a descubrirla como si fuera la primera y que ese pueblo mítico cobre vida en la imaginación de cada lector y termine por convertirse en un recuerdo propio desde las primeras palabras de la novela:
“Muchos años después…”.
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Leí el libro 20 veces.La serie no se condice con el libro por eso no me gustó verla
Aunquebla serie presenta mirafas diferentes al libro es interesante verla, es otto lenguaje, ni es literatura. Es cine y presenta otra mirada…antes de continuar viendo.la serie leere de nuevo el libro,lo he leido en mi vida unas doce o quince veces..desde la primera a mis 16 años en la edicion del Circulo de Lectores….ahora a lis 70 años vyrlvo a leerla antes de vernla serie completa…para afianzar mis visiones e imagenes personales de la historia y luego ver la seriq…para no llvidar mis imagenes..