Obelisco del centro de Buenos Aires.
Crisis del libro en Argentina: educación, lectura e industria editorial en la FIL de Buenos Aires 2026
Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara y Leila Guerriero analizan el impacto social del deterioro cultural y las tensiones en el discurso público y del gobierno argentino
Argentina afronta tres crisis en el mundo del libro: el avance del desmantelamiento de la educación pública, el derecho a la lectura y su fomento entre los niños, y la crisis de la industria editorial derivada de la situación económica del país.
Estas preocupaciones fueron expuestas por las escritoras argentinas Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara y Leila Guerriero durante la inauguración de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, celebrada del 23 de abril al 11 de mayo de 2026, desde donde lanzaron un mensaje directo al gobierno del presidente Javier Milei.
“Estamos en un tiempo en que la escuela pública está desmantelada, los sueldos de los docentes son miserables y todo eso vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños”, denunció Selva Almada al referirse a las problemáticas que afronta el sistema educativo. Y agregó: “Que los niños y las niñas sepan que tienen derecho a leer. Hay intentos de censura que pueden estar en la casa, en las direcciones de las escuelas o en los gobiernos”.
Leila Guerriero amplió el foco y vinculó estas tensiones con el clima social general.
“Si los salarios de los argentinos son tan bajos, los libros resultan caros”, explicó Gabriela Cabezón Cámara. Y añadió: “¿Cómo podríamos defender las librerías más que comprando libros o encontrándonos en las librerías? Es precioso, pero si los salarios promedio de los argentinos son de 800 mil pesos, entonces los libros resultan caros. Elevar los salarios sería una buena idea”.
Esta problemática económica ya había sido señalada por Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro, entidad organizadora de la feria, en una entrevista en WMagazín:
“En Argentina hoy tenemos un problema de consumo. La economía está estancada, no hay crecimiento, y eso repercute en el libro.
Salvo en algunos puntos, no hay aumento de partidas hacia nuestro sector. La cultura, en general, se resiente. El gobierno tiene herramientas para incentivar el sector y no las está utilizando. Por ejemplo, tiene bancos nacionales. El Banco Nación dejó de estar en la feria, por ejemplo, y era un socio importante para dar cuotas en la venta de libros. Es una herramienta concreta que podría reactivarse para impulsar el consumo”.

Lenguaje y clima social
Las tres escritoras no olvidaron el lenguaje oficial y la tensión propiciada por el gobierno. Para Leila Guerriero “la sociedad está intoxicada por la degradación y el peligro. Veamos lo que sucede en los colegios, pero no es algo que venga desde dentro de los colegios… no sucede en Saturno ni en una atmósfera controlada. Eso viene de una sociedad intoxicada con arrebato, la hostilidad, el griterío y el desprecio. Pero ese discurso de agresividad es un hongo venenoso, y promover esos discursos desde el poder me parece una irresponsabilidad gigantesca”.
Gabriela Cabezón Cámara señaló directamente al presidente: “¿Qué voy a pensar? Lo que sucede en nuestro país es necrogrotesco, de un nivel… ¿Qué le vas a contestar a alguien que habla de niños violados y de mandriles? No se puede ir por ese carril. El uso de la palabra en el ámbito público debería ser más delicado y preciso”.
Selva Almada dejó claro que “si desde el poder se es tan descuidado con el lenguaje, con ese desprecio y esa oscuridad, entonces el resto de la sociedad se siente habilitado para hablar con ese desprecio”.
Otros debates
Durante la conversación también surgieron otros temas que, aunque no forman parte directa de las tres crisis principales, reflejan preocupaciones del campo cultural.
¿Existe la literatura de mujeres? No. Esa es la respuesta de las escritoras argentinas Selva Almada, Gabriela Cabezón y Leila Guerriero. Para esta última “es un gueto: nos ponen en una mesa con puras mujeres para hablar de literatura femenina, cuando tal cosa no existe. Pero sí hay más mujeres en la industria editorial, y es positivo”.
La periodista y narradora agregó que el hecho de que “seamos concebidas como mujeres que escriben es poner una etiqueta, achatar la cuestión o meterla en un frasquito. Estoy en contra de la idea de que se nos englobe como mujeres que hacen literatura de mujeres”.
En esa misma línea, Gabriela Cabezón Cámara reivindicó una mirada igualitaria en todos los aspectos al recordar que las mujeres escriben como cualquier otra persona, y que, por lo tanto, no se debería hacer énfasis en el género, “como ocurre con otros grupos sociales subrepresentados”.
Lo primero: el agua
La conversación empezó por algo fundamental cuando Gabriela Cabezón Cámara mostró la frase que tenía su camisa: “El agua vale más que todo”, en protesta contra la reforma de la ley de glaciares impulsada por el Gobierno de Javier Milei.
“El agua vale más que todo”, afirmó la escritora: “Paso a explicarles por qué: sin agua no hay cóndores, no hay vino, no hay helados, no hay flores que florezcan ni patitos […] sin agua no hay vida ni libros; la ley de glaciares no se toca”.
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