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La escritora española Cristina Fernández Cubas. /Foto del Ministerio de Cultura de España

Cristina Fernández Cubas descifra su universo de cuentos inquietantes y fantásticos sobre la cotidianidad

La escritora barcelonesa, una de las grandes cuentistas en español, publica 'Lo que no se ve'. Creamos un retrato suyo a partir de lo que ha dicho ella misma sobre este libro y su manera de acercarse a la literatura

Desvelar los rincones ocultos o invisibles dentro de nosotros y de la vida cotidiana que nos rodea es lo que hace Cristina Fernández Cubas en sus cuentos. La escritora española construye historias corrientes que llevan dentro lo inquietante en la medida que se insinúan espacios irreconocibles o sobre aquellos personajes o el lector no quieren reconocer o ver, y es ahí donde radica parte de su acierto: involucrar al lector en lo que sucede a los personajes mientras siembre la semilla en su propia vida.

Cristina Fernández Cubas (80 años /Barcelona, 1945) no publica cuentos desde hace diez años, en 2015. Es una autora muy minuciosa que solo publica cuando considera que sus historias están terminadas sin obedecer a modas ni a presiones editoriales ni de la prensa. Así es que en 2025 volvió a abrir sus espacios y dimensiones con Lo que no se ve (Tusquets). Con este volumen se puede decir que celebra sus 45 años como narradora de este genero que la ha consagrado como una de las grandes cuentistas en español.

En 2023 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas “por la magia de su narrativa que la ha llevado a ser considerada como una de las mejores cuentistas españolas. Por el dominio fascinante del empleo de la concisión para narrar historias, que se nutren de la literatura fantástica, y que hace llegar al lector de manera intensa hasta cambiar la forma de entender las cosas”.

Ya en 2016 había ganado el Nacional de Narrativa por La habitación de Nona, por el que un año antes había recibido el Premio de la Crítica.

Fernández Cubas abrió su universo literario en 1980 con Mi hermana Elba. En 2008 la autora recopiló sus relatos en el volumen Todos los cuentos (Tusquets). En él están las historias escritas en obras como Parientes pobres del diablo (2006), Con Agatha en Estambul (1994)El ángulo del horror (1990)Los altillos de Brumal (1983). 

Y es autora de tres novelas El año de Gracia (1985), que inspiró al compositor Albert Sardá una ópera; El columpio (1995) y La puerta entreabierta (2013) con el seudónimo de Fernanda Kubbs. Además, es autora de la obra de teatro Hermanas de sangre (1998); del libro de memorias narradas, Cosas que ya no existen, (2001), con el que obtuvo el Premio NH de Relato Publicado Cinco estrellas, y del ensayo, Emilia Pardo Bazán (2001).

En 2025 con Lo que no se ve parece condensar su mundo al tiempo que lo expande y donde las mujeres, y sus enfrentamientos, tienen el protagonismo. En esas historias están presentes asuntos recurrente de Fernández Cubas como el misterio, la figura del doble, situaciones inquietas, pero todo ello en una atmósfera de lo fantástico.

Desciframos su universo literario en sus propias palabras expresadas en diferentes espacios:

Cristina Fernández Cubas. / Foto de Iván Jiménez – cortesía editorial Tusquets

Sí pretendo con mis cuentos abrir otras dimensiones que están aquí mismo. Lo que pasa es que están ocultas, no se ven, haciendo honor al título. Y algunas de ellas están dentro de nosotros. En el proceso de escritura busco estas dimensiones. Estoy intentando colarme por rendijas. Y espero que el lector de cuentos, al que he visto siempre como un cómplice, se apunte conmigo en este viaje y se adentre en estas dimensiones”, en Espacio Fundación Telefónica durante la presentación del libro.

“En realidad, podría ser título de todo lo mío. Siempre lo ha sido. Lo oculto, la sombra. Lo que no se ve, pero está. Una atmósfera tú no la ves, pero está. Los pensamientos no los ves, pero están. Me parece que era Jung quien decía que cuando el sujeto no quiere aceptar ciertas cosas, queda la sombra. Cuando me hicieron doctora honoris causa en Alcalá de Henares, el discurso que di ya se llamaba Lo que no se ve. Se trata de dar carta de naturaleza no solo a lo tangible, sino a muchas cosas. A mí lo que me gusta es que me inquieten e inquietar a los demás”, El Periódico, David Morán.

“Los buenos cuentos son aquellos que de alguna manera no se olvidan. Aunque no los puedas repetir, hay algo que te ha quedado. El cuento acaba y tu sigues dándole vueltas, dándole vueltas, y ahí se te ha ofrecido un posible final, pero tú puedes estar pensando en otros. Porque, a veces, la vida misma no tiene por qué tener solo una conclusión, puede tener varias”, Página Dos (Televisión Española), Óscar López.

“¿Cómo lleva que todo el mundo la ponga por las nubes? Lo llevo con alegría, ¡cómo lo voy a llevar! Me ponen por las nubes por el cuento, que es un género que siempre he defendido en aquellos tiempos oscuros en que nadie creía en el cuento. Y éramos muy pocos los que lo practicábamos, y tenía que estar todo el rato explicando que se trataba de un género, pero no de un ejercicio en miras, luego, más tarde, para convertirse en una novela. Eso ahora ya ha desaparecido. El reconocimiento es muy agradable, la fama es otra cosa. El reconocimiento te da fuerzas para seguir”, El Heraldo de Aragón, Antón Castro.

Explicaciones y confesiones sobre Lo que no se ve, cuyo primer cuento empieza así:

“Son ya viejas. Dos hermanas viejas que viven juntas. Se llevan pocos años y, en otros tiempos, una fue morena y la otra rubia, pero, a medida que las canas recubren su cabello, van borrándose las diferencias y se parecen cada vez más. A menudo la cabeza les juega alguna que otra mala pasada. Confusiones, equívocos, mezcla entre sueños y realidad… A una de ellas, por lo menos. Lo que no queda claro es a quién. Para Joan la culpable de todo siempre será Bette. Para Bette, acostumbrada desde hace tiempo a su papel de maligna, es únicamente Joan, la mayor, quien está completamente demenciada. Un día se lo dice: ‘Necesitas ayuda’. Una fórmula que conoce de las películas y que le cuesta lo suyo pronunciar. Hubiera preferido espetarle: ‘¡Chalada!’, ‘¡Ida!’, «¡Chiflada!». O encerrarla en su habitación y dejarla sin comer durante unos días. Pero termina acudiendo a esa fórmula tan correcta tal vez sólo para incidir en lo fundamental…”.

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Maribel Lienhard

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