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Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas protagonizan la sección en vídeo Diálogos literarios sobre la vida de WMagazín, en abril de 2022.

Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas: radiografía y deuda histórica con las empleadas del hogar y las gentes del mar

Los dos escritores hablan de los temas afines en sus recientes libros y de la literatura de conciencia en la novela 'La nostalgia de la Mujer Anfibio' y el ensayo 'Fámulas', de Sánchez-Andrade, y el debut novelístico de Lucas con 'Buena mar'. WMagazín, con apoyo de Endesa, invitó a estos autores a su sección en vídeo Diálogos literarios

Presentación WMagazín ¿Hay una deuda de memoria histórica con las empleadas del hogar y las gentes del mar? Sí. Esa es la respuesta que dan a su propia pregunta Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas en Diálogos literarios sobre la vida, la sección mensual en vídeo de WMagazín, con apoyo de Endesa, este mes de abril de 2022. Los dos escritores españoles conversan sobre sus libros recientes: La nostalgia de la Mujer Anfibio y Fámulas, de Cristina Sánchez-Andrade (ambos en Anagrama) y Buena mar, de Antonio Lucas (Alfaguara).

Las obras de los dos autores tienen varios temas en común: una radiografía del mundo de personajes con trabajos minusvalorados o invisibilizados por la sociedad, pese a ser capitales y cercanos a la gente (empleadas del hogar y marineros), los testimonios y vivencias de estas personas con sus voces como ejes vertebradores de la escritura, la humanidad en esos oficios con todas sus luces y sombras en una narrativa profunda, delicada y poética y la literatura más como conciencia que como compromiso. Y un tema insoslayable en las dos novelas (La nostalgia de la Mujer Anfibio y Buena mar): el mar, el rumor del oleaje como latido incesante de la vida y de la muerte, y de la espera.

Cristina Sánchez-Andrade narra en La nostalgia de la Mujer Anfibio la historia de una mujer que guarda un secreto marcado por un naufragio que la acompañará toda su vida, y en Fámulas registra el testimonio de una serie de empleadas del hogar con los que da cuenta de la terrible realidad en la que viven, en parte, por culpa de las personas para quienes trabajan. Sánchez-Andrade nació en Santiago de Compostela y compagina la escritura con la docencia. Es autora de las novelas Ya no pisa la tierra tu rey (Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2004) y Las Inviernas, Alguien bajo los párpados  y del volumen de cuentos El niño que comía lana.

Antonio Lucas (Madrid, 1975), en este debut novelístico se embarcó quince días en un pesquero que fue hasta el legendario caladero de Gran Sol. Un doble o triple viaje, el físico para narrar lo allí vivido en altamar, el biográfico y emocional de los marinos y el suyo propio, físico y existencial. Lucas es poeta, periodista y narrador con poemarios como Antes del mundo, Lucernario, Las máscaras, Los mundos contrarios, Los desengaños (Premio Loewe), y Fuera de sitio (Poesía, 1995-2015). Ha escritor los lirbos de arte Manolo Valdés: esculturas en Nueva York Soledad Lorenzo, una vida en el arte, así como Vidas de santos, perfiles literarios de creadores de la cultura de los siglos XIX y XX.

Te invitamos a ver el diálogo en un videorrelato en cinco partes con su transcripción entre Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas:

Los escritores Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas (imagen de Fundación Juan March) protagonizan la sección Diálogos literarios sobre la vida de WMagazín en abril de 2022.

Las trabajadoras del hogar y los marineros son trabajos invisibles

Cristina Sánchez-Andrade. Hay una pregunta que me gustaría hacerte: Yo creo que tú has intentado dar voz a estos marineros a través de tu experiencia, tu paso por el pesquero, por ese arrastrero, esa estancia allí quince días, has intentado contarnos lo que ellos nos podrían contar si escribieran un libro, ¿no? Es un poco lo que he intentado hacer yo en el pequeño ensayo que he sacado en Cuadernos de Anagrama que se llama Fámulas. Un poco mi intención era dar voz a las empleadas domésticas. Sé que son sectores distintos pero, en el fondo, la intención es la misma. Mi intención era que fueran transcripciones, quería que fueran las palabras exactas tal como las cuentan ellas y no pasado a través de un narrador que podía ser yo. En este sentido, me interesa mucho saber si tú crees que, en realidad, hemos podido, o has podido, dar voz a estos marineros o hay cosas que se han quedado porque son imposibles de transmitir porque no son ellos quienes están contando la historia.

Antonio Lucas. Fámulas es un libro que ensayos que da voz a lo que parece mentira que podamos denominar invisibles. Muchas de las experiencias de los empleadas del hogar, es muy habitual, es un trabajo muy digno, pero, sin embargo, qué importante es cuando uno fija los ojos, fija el interés en ese oficio, en este tipo de trabajadoras, principalmente mujeres, cómo descubre la enorme invisibilidad que sobre ellas hay, teniéndolas tan cerca.

Tu has hecho un ejercicio que tiene mucho que ver con el periodismo, pero que sobrepasa el periodismo, es el ejercicio casi de reportajear una serie de voces crear, un patchwork y a partir de esas voces confeccionar un espacio muy tremando, un espacio muy ingrato. Un espacio que, si te fijas, todas esas mujeres son una sola garganta hablando con una sola voz. Al fin y al cabo es la indiferencia que sufren, las injusticias laborales que se parecen, las fatigas, la incomprensión, la falta de gratitud sobre ese trabajo; con los pescadores, con los marineros de altura. Además, eres de origen gallego sabes muy bien que podemos hablar de los invisibles del mar, de aquellos que en un momento dado sabemos que existen pero no sabemos dónde están. En el caso de los pescadores de altura, que faenan en el caladero terrible de Gran Sol… es un trabajo que mientras tú y yo estamos hablando a estas horas de la tarde son los invisibles del mar, también… Las empleadas del hogar son los invisibles inmediatas que tenemos al lado y ellos son los invisibles del mar.

Si hemos conseguido tú y yo darles voz es el momento de darte la palabra. En el caso de los pescadores, si no darles la palabra, por lo menos abrir la escotilla para que alguien se pueda asomar y mirar hacia aquellos que se han dejado la vida en las aguas.

Los escritores Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas (imagen de Fundación Juan March) protagonizan la sección Diálogos literarios sobre la vida de WMagazín en abril de 2022.

Mil historias desconocidas de las empleadas del hogar y los marineros

Antonio Lucas. No sé si tienes conciencia de que en el trabajo hecho sí que has puesto la lupa en algo que necesitábamos amplificar.

Cristina Sánchez-Andrade. Creo que todavía quedan muchísimas cosas por decir. Por lo menos en el sector de las empleadas del hogar han pasado muchísimas cosas terribles, sobre todo durante el COVID. Muchas de estas chicas han estado encerradas en situaciones muy extremas, han tenido que apechugar con lo que se les daba, conformarse con poquísimo. En mi caso, tengo la sensación de que también he abierto un poco la escotilla, pero todavía hay muchísimas cosas por contar y por decir. Hay muchas cosas que a mí, aun conociendo un poco la vida de los marineros, hay cosas que  desconocía y me han asombrado mucho.

En el caso de las empleadas del hogar también hay miles de historias que desconocía. Como dices tú, todos hemos tenido alguna vez una empleada del hogar, es un trabajo muy normal, se les paga, vienen, se van, pero es que no conocemos las historias realmente truculentas que hay detrás. Ahí está el libro. Lo que quería era eso, que ellas, con sus propias palabras y, sobre todo, personas que yo no conocía de nada, ni ellas me conocían a mí, hablaran sin estar cohibidas por una relación previa, han hablado libremente. Supongo que habrán quedado cosas que tendrían mucho pudor contar, pero han hablado libremente.

En el caso de tu libro, me ha sorprendido, por ejemplo, el poco apego que tienen los pescadores por el mar. Hay como una insistencia tuya en que esto te tiene que gustar, esa relación con el mar, pero todos tienen como esa especie de indiferencia y se asombran de que a ti te atraiga ese tema. El mar, pues esto es lo que tenemos que hacer para trabajar y demás, sacarnos el jornal que es lo que nos interesa, y luego volver a tierra. Realmente lo importante está en tierra. Yo también creía, sinceramente, que había una conexión más nostálgica o más fuerte hacia el mar, eso me ha extrañado mucho.

Antonio Lucas. Puede que la haya en otros. Yo coincidí con esta tripulación que fue la que me acogió para poder hacer el viaje hasta Gran Sol y estar allí con ellos y volver. Puede que haya quien tenga ese vínculo orgánico, más arterial con el mar, desde luego ellos no, y otros muchos que he ido conociendo tampoco. Es verdad que el mar no les ha generado ese entusiasmo que nos genera a los de tierra. El mar para ellos es un espacio hostil, tremendamente feroz, muy agresivo, que se ha convertido en el catafalco de sus vidas. Primero porque su memoria, la memoria de la gente que quieren muchos de ellos están bajo las aguas. Segundo, porque saben que su vida es aquello que el mar no les ha querido arrancar todavía. Entonces, la conexión es muy salvaje. Pero a la vez no saben vivir de otro modo.

Ellos se han desprotocolizado mucho de las costumbres de tierra, de las normas de tierra; tienen a la familia como eje de su vida, pero esa familia es más arcádica que real, de la que no han gozado porque se pasan casi 300 días al año embarcados allí. Su relación con el mar es tempestuosa, convulsa; el mar les humilla todos los días, les ofende todos los días, les exige resignarse, el mar es un aliado muy perverso. Yo entiendo que esa relación no puede ser de otro modo, pero tiene un imán que es salvaje, es terrible. Hay muchos que vuelven al mar después de jubilarse, pero es que vuelven al Gran Sol, no se compran una barquita y se dan una vuelta por Aldán o por Cangas… ¡no, no, ellos vuelven al mar!

Los escritores Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas (imagen de Fundación Juan March) protagonizan la sección Diálogos literarios sobre la vida de WMagazín en abril de 2022.

Una literatura de conciencia, más que de compromiso

Antonio Lucas. Una cosa es la literatura, en este caso lo tuyo es un ensayo, una cosa es la literatura de compromiso y otra es la literatura de conciencia. Creo que este libro tuyo, este pequeño ensayo tuyo de Anagrama, Fámulas, y el libro mío sobre los marineros de altura, tiene más que reivindicación de un oficio, tienen de conciencia de que eso existe. No es una literatura de compromiso, si no de conciencia. Muchas veces es lo que nos importa de la literatura. Compromiso, al fin y al cabo, puede tener esa condición más pasajera de lo literario y la conciencia es lo que nos alerta, también nos abre los ojos, también nos estimula fijarlo ahí, ¿no?

Cristina Sánchez-Andrade. Totalmente de acuerdo. Lo que me ha interesado más de tu libro, aparte de que es bellísimo, se nota que eres poeta, la verdad es que esa toma de conciencia de esa situación de que tú te comes en tu casa ese pescadito y no te pones a pensar en lo que hay detrás de eso. Y lo expresas muy bien, desde esos mareos que sufrías al principio, esos olores que transmites tan bien; me he metido un poco contigo en ese barco y estaba ahí contigo zozobrando y con el estómago revuelto.

Luego esas conversaciones tan filosóficas al final, tan tiernas, tan interesantes… Al final todos vuelven, una y otra vez, al tema de la familia, de los hijos. Me ha agradado mucho saber que esa presión de tener hijos también la recibís los hombres, no solamente las mujeres. Ellos, los pescadores marineros, no entendían que no tuvieras hijos, y que eso no fuera lo más importante para ti, porque para ellos, según lo que cuentan, sí que lo es; lo que queda en tierra y es un poco lo que les da su razón de vida y de todo. Eso da mucho qué pensar, la verdad es que me ha interesado mucho meterme en esas vidas.

Los escritores Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas (imagen de Fundación Juan March) protagonizan la sección Diálogos literarios sobre la vida de WMagazín en abril de 2022.

Secretos del mar y deudas con los marineros

Antonio Lucas. Ha sucedido lo mismo en tu novela nueva de Anagrama (La nostalgia de la mujer anfibio), el drama que tiene que ver con el naufragio del vapor Santa Isabel, en 1921, en la bocana de la Ría de Arousa (Galicia), tiene algo ese arranque y ese libro que a mí me gusta mucho porque también tiene que ver con el mar exactamente y no solo con el naufragio. Es porque todo mar, y todo surcador de mar, o surcadora de mar, entierra un secreto. Y hay un secreto que se va revelando con las horas, que se va revelando con la vida que es del protagonista de tu aventura, Lucha Fíjate qué importante es el mar para los secretos; no hay ningún lugar, probablemente, tan excitante, o con tanto sex appeal, para un misterio que el mar. Todo lo que ocurre en el mar parece que se queda en el mar. Y en toda evocación que uno haga de aquello que puede ser lo prohibido, lo inoportuno, lo que traspasa la frontera de una cierta formalidad, parece que el mar se amplifica, lo digo por tu personaje, Lucha.

Cristina Sánchez-Andrade. Ella tiene ese secreto desde el principio de todo, desde que tiene el idilio con el náufrago inglés y se queda pensando en él. Un poco toda la novela va en torno a esa nostalgia de esa persona que conoció, un ratito de su vida y ya tiene presencia durante toda su vida. Eso puede llegar a ocurrir en cualquier vida. A lo mejor nos quedamos en el cómo podría haber sido nuestra vida si hubiera tomado otros derroteros. Te quería preguntar si tú has descubierto algún secreto tuyo, personal, habiendo estado en el mar, en esa burbuja durante quince días, si crees que has aprendido algo nuevo sobre ti, si ha habido alguna transformación importante.

Antonio Lucas. Pues mira, secretos míos no he descubierto, pero he descubierto la falta de valentía de no haber tenido alguno, eso sí que lo he descubierto ahí en el mar. Luego a mí me moduló en mi vida ese viaje. Yo no soy una persona de mar, yo no tengo vínculos con Galicia, no tengo los vínculos que te envidio de Galicia, no he tenido una tradición marinera en mi vida, toda mi aventura marina es haber dado dos vueltas a la bahía de Mazarrón, en el sur del Mediterráneo español, por lo cuál todo es más dramático. Pero lo que sí ha hecho esta gente es, de algún modo, darme un contorno distinto de algunas pequeñas cosas de las que yo sí he sido conciente. Es decir, cuando tú vives en un lugar donde la superficie y las cosas no tienen polvo vives en un lugar muy raro del mundo; en todos los lugares del mundo si pasas el dedo por las superficies hay algo de polvo, parece que hay algo de vida, el polvo es una especie de acumulación de tiempo, allí no hay nada de todo eso.

Y ellos tienen esa condición, ese kilate de lo humano, la nobleza, la lealtad, la rudeza que uno no descifra fácilmente que se convierte, al fin y al cabo, en una escala de valores que para mí era muy insólita. Yo les debo a esa gente mucho más de lo que ellos me deben a mí que para ellos fui un estorbo. Yo en ellos sí que tengo ese caudal de afecto y de admiración de quien me descubrió otra forma de estar por lo menos quince días en un territorio donde nadie me esperaba y volver entero a puerto fue un mérito más de ellos que mío que me habría tirado por la borda en varias ocasiones.

Los escritores Cristina Sánchez-Andrade y Antonio Lucas (imagen de Fundación Juan March) protagonizan la sección Diálogos literarios sobre la vida de WMagazín en abril de 2022.

Una deuda de memoria histórica

Cristina Sánchez-Andrade. Otro tema común en los dos libros es el de los naufragios. En Galicia son tan importantes y están ahí y recorren, yo creo, que la vida de todos. En tu libro uno o varios marineros vivieron naufragios, ¿cómo lo vivieron ellos, qué te transmitieron? Porque debió ser una experiencia brutal el haber sobrevivido a un naufragio.

Antonio Lucas. Es terrible, pero es una experiencia de la que uno no sale nunca más. Imagino que como otros tantos momentos traumáticos en la vida de la gente. Uno de ellos naufragó en Terranova, en un barco que se llamaba el Monte Galiñeiro, y fue muy conocido, afortunadamente se salvaron. El naufragio para ellos tiene esa condición simbólica. Hay una superchería del naufragio: dicen que al tercer naufragio uno alcanza la inmortalidad, pero uno sabe que esa inmoralidad está en el fondo del mar porque es muy difícil sobrevivir al tercer naufragio.

Esta gente tiene con el naufragio una relación que los afianza mucho más al mar. Es como si aquel desafío del naufragio les enclavijase más a vengarse del mar, porque hay un ejercicio de venganza del mar también. Igual que se claudica ante las olas, uno se encampana ante el mar. Creo que vivir la experiencia de un naufragio no te aleja generalmente de las aguas, al revés, te funde con ella de una manera mucho más violenta, no como gratitud, sino como desafío.

A mí me ha sorprendido mucho cómo ellos han hablado del naufragio, cómo bordean la palabra muerte permanentemente, van haciendo círculos como los tiburones van haciendo círculos alrededor de sus presas. El naufragio se convierte en esa compañía constante que en cualquier momento va a desatarse porque el mar, además, te está indicando, permanentemente, que te prefiere bajo las aguas y no sobre su piel. Así que es muy rara la situación. No los expulsa del mar.

A tu protagonista un naufragio le supone toda una alteración de la vida, un secreto que lleva hasta el final, o sea, imagínate un naufragio lo que puede dar de sí, esos cinco minutos de maravilla, sospecho que fueron de maravilla, para ella y se convierte en una condena hasta el último momento de su vida.

Cristina Sánchez-Andrade. Sí, de hecho, ella vive un poco regodeándose en esa nostalgia. Me acuerdo cuando estaba escribiendo que tenía dudas si realmente era el náufrago inglés lo que ella deseaba o, simplemente, vivir en esa nostalgia, porque esa nostalgia le proporcionaba un estado de ánimo que a ella le gustaba en el fondo. También está un poco inspirado en la vida de esas salvadoras reales del naufragio del Santa Isabel que fueron mujeres super valerosas en el sentido de que solitas, porque no habían hombres en la isla, sacaron a un montón de náufragos del agua. También está en la novela cómo les prometieron, después de hacerles homenajes y demás, rentas vitalicias y una serie de concesiones que nunca llegaron; todo lo contrario, pues acabaron acusándolas de robar las pertenencias de los náufragos, el tesoro que iba en el barco y demás. En ese sentido la cosa no acabó como debería haber sido, pero mi novela va por otros caminos

Antonio Lucas. En cualquier caso de los dos libros se saca una idea: tenemos una deuda de memoria histórica con el mar, con las gentes del mar, tanto las que quedan en la orilla como las que se adentran. Esa deuda de memoria histórica no la tenemos cumplida.

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