La escritora mexicana Dahlia de la Cerda debuta en la novela con ‘Medea me cantó un corrido’. /Foto cortesía Sexto Piso
Dahlia de la Cerda: “Necesitamos la ternura. Estamos muy necesitadas y necesitados del cuidado del otro”
La escritora mexicana es una de las mejores revelaciones en español con su novela 'Medea me cantó un corrido'. Funde el mito griego con la realidad de su país para hablar de las violencias contra la mujer, del dolor de las madres buscando a sus hijos, de la libertad para decidir sobre la maternidad, de los hombres obligados a participar en la guerra. Y de la belleza agazapada. Sátira, fábula, thriller, neo realismo mágico por que la realidad no alcanza
La pobreza hizo que cuando Dahlia de la Cerda tenía unos 9 años descubriera la compañía de los libros, mientras años más tarde los feminicidios, en México, la impulsaron a escribir. Hasta convertirse, con tres libros, en una de las escritoras revelación en español más destacadas de los últimos años con novelas como Medea me cantó un corrido, donde funde el mito griego con la atroz realidad mexicana para aliarla con las mujeres marginadas y la igualdad. Una Medea que nos lleva por espacios del maltrato femenino, de los hombres obligados a participar en la guerra, del dolor de las madres buscando a sus hijos desaparecidos, de las mujeres que quieren decidir sobre su maternidad, de la libertad y la belleza y de como todas las personas necesitan afecto.
La rabia es la emoción que asalta con facilidad a Dahlia de la Cerda, pero a ella le gustaría que fuera reemplazada por la calma.
Todo empezó una noche, y siguió muchas noches más, a mediados de los años ochenta en una travesía entre la tragedia y la esperanza:
“La lectura me conquistó porque mi mamá trabajaba de noche, por una crisis económica muy fuerte en México. Se le conoce como ‘el error de diciembre’, porque fue un error que cometió un ex gobernante que provocó una devaluación. Mi mamá, para economizar, porque no podía pagar una casa o un departamento, rentó un cuarto en la casa de una amiga que vivía de eso. Nos fuimos a uno que estaba al fondo del patio y que tenía baño. La cocina la compartíamos. Mi mamá salía todas las noches a trabajar y me dejaba sola. Yo tendría unos 9 o 10 años. Casi todas las personas que vivían ahí eran japonesas, de la Nissan, solo había un niño de unos 12 años. La señora de la casa tenía un librero donde yo me ponía a buscar y ver qué encontraba. Como era una señora que le gustaba incentivar la lectura en sus hijos, tenía varios libros y colecciones de libros infantiles y juveniles.
Lo primero que empecé a agarrar fue una enciclopedia. Bueno, era más bien como un tipo de diccionario ilustrado donde te decían: A. Alicia en el País de las Maravillas. Te contaban de qué se trataba. Luego, B. La bella y la bestia. Entonces, me fui enganchando por desquehacerada, no tenía nada que hacer. Así que empecé a agarrar el gusto de la lectura porque era una forma de distraerme en lo que mi mamá llegaba. Pasaba mucho tiempo sola y los libros me acompañaron”.

Es el origen lector de Dahlia de la Cerda (Aguascalientes, México, 1985). Debutó, en 2019, con los relatos Perras de reserva, Premio Nacional de Cuento Joven Comala, traducido a media docena de idiomas; siguió, en 2023, con la recopilación de sus columnas en Desde los zulos y en 2024 sorprendió con la novela Medea me cantó un corrido. Su reciente historia rescata al mito griego de Medea para ponerlo en el México actual ayudando a varias mujeres a enfrentar su relación con el amor, la maternidad, la violencia, el aborto y las relaciones afectivas y personales. Crea historias entrecruzadas que se van complementando y mostrando, poco a poco, la vida de sus personajes y la realidad con la cual lidian. Dahlia de la Cerda es licenciada en Filosofía, ha sido empleada de un call center, un bar y una fábrica de dulces, fue editora de noticias internacionales y vendedora de Avon, de ropa de segunda mano y de rosas negras en la calle. Es cofundadora y codirectora de la organización feminista Morras Help Morras y participa en dos podcasts: Escribe como morra y Morras vs fundamentalismos.
La mirada sobre la violencia, en especial la ejercida sobre las mujeres, fue la que la motivó a escribir:
“Con la escritura me enganché cuando empezó a gustarme lo gótico, porque quería ser buena gótica y, además, saber de música, de libros, porque si eras artista te daba puntos. A partir de ese momento me empezó a interesar la escritura. Pero no me lo empecé a tomar en serio hasta que hubo un feminicidio en mi familia. Fue en 2012. Me puse a investigar un poco sobre qué se había escrito sobre el fenómeno de los asesinatos de mujeres en México. Y encontré muy poco. Encontré que asesinaban a muchas mujeres, pero muy poco desde la literatura, y eso me impactó un montón. Sí había libros sobre asesinatos de mujeres, pero las mujeres y su muerte solo eran un pretexto para que la trama avanzara y para que los hombres, generalmente investigadores dentro de esa trama narrativa, se lucieran y ellos fueran los héroes, pero no desde una perspectiva crítica. Entonces me decidí a escribir sobre las violencias que vivimos las mujeres desde una perspectiva crítica”.
Medea me cantó un corrido es una novela con un gran manejo del lenguaje oral, de la fuerza, la riqueza y lo vivificante de las palabras de la calle y con gran sentido del ritmo para narrar y describir hechos, pensamientos, lugares, acciones, contradicciones y emociones, muchas emociones, en el torbellino que producen en el alma de las personas. Todo un mundo de desigualdad, desencanto, desequilibrio, resiliencia e impotencia desvelado entre la fábula, el thriller, el naturalismo y el neo realismo mágico que retrata una sociedad en aparente sin salida de la violencia, el racismo, el clasismo o la discriminación, mientras por sus páginas aparecen múltiples ideas, denuncias y formas de belleza desde lo marginal, donde se citan desde Jean-Paul Sartre hasta Carol G. Lo popular hermanado con lo llamado culto en santa armonía, con desparpajo y en igualdad de condiciones. La belleza de la vida en ebullición y el dolor imantado a las vidas de las personas, sin olvidarse del humor o la sátira. Desdramatizar la vida.
“Los mexicanos le tenemos muy poco respeto a todo y de todo nos reímos. Hay que buscarle el lado humorístico a la tragedia y a la dura realidad. También es una estrategia de escritura, porque cuando tú pones pura desgracia, pura violencia, es un texto cansado. Yo he leído textos de autoras que respeto y admiro su trabajo, pero que digo: “¡Dame aire! Es pura violencia aquí. Una risita. Dame algo”.
Dahlia de la Cerda cuenta todo este sentir y simbiosis personal y literaria con aires actorales en esta video entrevista desde México.
Winston Manrique Sabogal. ¿Cuándo supo, por primera vez, de Medea? ¿Por qué decidió que ella era el personaje indicado para vertebrar su primera novela?
Dahlia de la Cerda. En la escuela siempre me hablaron de la mitología griega, pero nunca fui su fan. Leí libros que me hicieron leer como la Ilíada y la Odisea, algunas tragedias griegas y comedias porque eran parte del plan curricular. Entre ellas leía Medea, pero no fue que me llamara especialmente la atención.
Fue ya cuando estaba trabajando la novela que me detuve en el mito. Yo necesitaba una madre que fuera una mala madre. Una madre que hubiera maltratado a sus hijos, porque quería estructurar la novela a partir de esa idea.
Inicialmente iba a utilizar a la Llorona, que es una figura mexicana que mató a sus hijos, los ahogó en un río y anda buscándolos por ahí gritando: “¡Ay, mis hijos¡”. Pero era muy local o latinoamericano. A mí sí me interesaba que el tema fuera mucho más global y que el mito lo conociera todo el mundo. Un día di con Medea cuando en TikTok me encontré a un chico que hace contenido de mitología griega a manera de chismecito y habló de Medea y me dije: “Ah, esta es la mala madre que necesito”.
Y lo decidí por el hecho de que no solo mata a sus hijos, sino que se lleva los cadáveres para que el papá no pueda darles los funerales correspondientes, que no pueda tener un cuerpo para llorar. Esto me llamó especialmente la atención en el contexto mexicano, porque en México hay muchas familias que están buscando los cuerpos de sus hijas e hijos para poder darles un funeral y despedirse de ellos. Terminar el duelo.
Así es que me puse a investigar más sobre Medea y sus diferentes versiones. En una, por ejemplo, Jasón no la abandona y se casa con ella. A mí me funcionaba más la versión donde solo se juntan, donde solo se van a vivir juntos, tienen hijos, sin todo este protocolo. Sobre versiones y reescrituras contemporáneas de Medea no leí mucho para no contaminarme.

W. Manrique Sabogal. La novela es un mosaico de temas en cuyo corazón, me parece, hay tres elementos que la cohesionan: la orfandad de los sentimientos en los personajes, la necesidad de ser queridos y sentirse queridos, es decir, las diferentes clases de amor, de los maternos al pasional; la necesidad de la ternura y la vulnerabilidad.
Dahlia de la Cerda. En México, a pesar del contexto violento en el que vivimos de la violencia cotidiana, la tenemos normalizada, no dejamos de tener pequeños guiños de ternura. Seguimos siendo una población muy tierna y que se enternece muy fácilmente. Creo que la ternura es algo constante y reflejada de múltiples formas. A mí, por ejemplo, me da mucha ternura que vas a un tianguis, un mercado de pulgas, y, también, encuentras personas que ofrecen servicios que a mí parecen muy enternecedores. Por ejemplo, darte masajes. También hay otro donde se usa algo que se llama cucurucho, que es que te meten un rollito de papel en la oreja y lo prenden para sacarte el aire, limpiarte los oídos. Siento que prevalece ese cuidado del otro y que estamos muy necesitadas y necesitados del cuidado del otro.
W. Manrique Sabogal. La ternura que describe en la novela me remite un poco a la infancia. ¿Quizás la ternura en adultos no es la reminiscencia que tenemos de nuestra infancia, de esos pequeños momentos donde nuestros padres, un hermano o un amigo nos acariciaban?
Dahlia de la Serna. El ser humano la busca y, en general, los mamíferos, porque yo tengo gatos y perros y veo cómo buscan mucho mi ternura. Enfocándome en los humanos, creo que nunca dejamos de necesitar cuidado. Y siempre sentimos esa orfandad porque cuando más nos cuidan es cuando somos pequeños. Cuando somos niños se da por hecho que necesitamos cuidados.
Es ya de adultos cuando experimentamos esa orfandad de ternura que, en realidad, es ese sentimiento de falta de cuidado, de que sientes que te dejaron de cuidar, que ya eres como aventado al mundo sin que nadie te esté apapachando y diciendo cosas. Como si no quisiéramos estar solos ante el mundo.
Todas las personas, de cualquier edad, necesitamos cuidados, necesitamos que alguien más nos externe que le importamos, que somos importantes.
Es algo que no hago con todo mundo, pero sí con mi familia con la que vivo. Trato de cuidarles mucho y que sientan, constantemente, que no se están enfrentando al mundo en soledad, sino que tienen a alguien que les va a apapachar, que les va a cuidar. Es algo que también hago con mis personajes, que sientan ese apapacho, a pesar de que están inmersos en un montón de violencias, que prevalece ese cuidado de las personas que están alrededor y esa ternura.

W. Manrique Sabogal. Su novela es un punto fronterizo de dicotomías, temas y dualidades que conectan la realidad física, emocional y racional con la creación literaria y que invitan a la reflexión. Le voy a mencionar un par de palabras o conceptos antagónicos presentes en la novela para que me diga un pequeño comentario: belleza y fealdad.
Dahlia de la Cerda. La belleza y la fealdad son muy subjetivas. En el caso de México siempre se resalta la fealdad: que es peligroso para viajar, de que veinte estados tienen alerta de viaje, o sea, de Estados Unidos. Pero pocas veces se habla de la belleza que hay en México. Y no hablo solamente de sus playas, de sus ciudades, sino que hablo de la belleza de la gente. La belleza de que estamos constantemente buscando vivir en un país menos violento y menos atroz.
W. Manrique Sabogal. Amor y maltrato.
Dahlia de la Cerda. El amor y el maltrato, desgraciadamente, van mucho de la mano porque el amor, al final de cuentas, es el nombre que le pusimos a un grupo de emociones que estamos sintiendo, y gestionar nuestras emociones es complejo. Y, muchas veces, no sabemos manifestar o demostrar o externar estas emociones que sentimos de formas no violentas.
W. Manrique Sabogal. Esperanza y desolación.
Dahlia de la Cerda. La forma en la que hablamos de la violencia en México es casi siempre desde la desolación. Como el país que no tiene remedio, no tiene futuro, que no hay manera de pacificarlo, pero, también, creo que aquí hay mucha esperanza. A mí, por ejemplo, me llena de esperanza cómo en ciertos contextos se trata a muchos migrantes. En mi ciudad, por ejemplo, hay migración de haitianos y de haitianas y la sociedad trata de integrarlos, de ofrecerles trabajo, de que sientan que son bienvenidas. También están todas las formas de organización de cuidados colectivos que hay alrededor de la violencia. Las patronas, que son las que le dan comida a los migrantes que pasan en el tren, en la bestia, e incluso las madres buscadoras, a pesar de que su trabajo es sumamente complejo: que un grupo de madres o familias estén buscando a sus hijos picando la tierra es terrible.
También es muy esperanzador por la organización colectiva. Cómo un grupo de personas puede organizarse para cuidarse entre sí y cómo hay muchas que una vez que ya encontraron a sus hijas e hijos siguen ayudando a otras.
W. Manrique Sabogal. “Lenguaje culto” y “lenguaje de barrio”, entre comillas ambos.
Dahlia de la Cerda. La única diferenciación es, justamente, estas comillas que tú pones, es la diferenciación que se hace desde las élites. Porque en el barrio también hay intelectualismos y también hay formas de producir conocimiento y hay formas de producir conocimiento que son ancestrales, porque tú puedes ir a hablar con una viejita o con un viejito del barrio y te va a decir cosas que, probablemente, ya dijo un académico, un gran pensador, pero con otro lenguaje. Porque también se piensa, también se reflexiona, también se tienen ejercicios intelectuales. Únicamente la diferencia es que se atraviesan por este filtro de legitimación de saberes por el lenguaje que se está usando. Hay esta distinción de lenguaje culto y el lenguaje de los bárbaros, pero creo que el conocimiento ahí está.
W. Manrique Sabogal. Feminismo y machismo.
Dahlia de la Cerda. Muchas veces hacemos esto de ponerlos como si fueran contrarios, pero el machismo es la idea de que las mujeres y los hombres tenemos determinadas funciones estereotipadas y que sí o sí tienes que cumplirlas, porque si no vas a tener consecuencias. Por ejemplo, que los hombres no pueden llorar, no pueden mostrar sus sentimientos, que tienen que ser muy bravíos, que tienen que ser proveedores y que las mujeres tenemos que ser maternales, buenas, dulces, dedicarnos al cuidado y al hogar.
Creo en el feminismo, aunque con nuestras discusiones, porque, de pronto, ha cometido errores, tanto teóricos como a nivel de movimiento social, pues el feminismo se supone que buscaría lo contrario: buscaría una sociedad en donde las personas fueran libres de decidir sus destinos y sus roles en la sociedad y que no estuvieran determinados ni por su expresión de género ni por el sexo biológico ni por el sexo que les asignaron o como lo quieras llamar. O cómo me perciba, cómo se perciba o cómo te percibes, sino que, simplemente, pudieras ser una persona libre de que si eres hombre pudieras maquillarte, usar vestido, llorar y que esto no tuviera nada que ver en tu desarrollo ni en tu ejercicio de derecho. El feminismo es igualdad.
Lo que el feminismo está buscando, al final de cuentas, es que podamos tener unas sociedades más justas, donde las personas seamos mucho más iguales en cuanto ejercicio de derecho. Le llamamos feminismo porque todavía hay una brechita que tenemos que cerrar.
Yo espero que, algún día, ya no sea necesario que se nombre como feminismo, porque tampoco es que a mí me encante que tengamos que tener una lucha, pero la violencia que se vive es muy específica también por ser mujer.
W. Manrique Sabogal. Proletariado y burguesía.
Dahlia de la Cerda. ¡Ay! qué pregunta tan compleja… Al final de cuentas, no somos tan distintos como pensamos. Tanto el proletariado como la burguesía tenemos experiencias humanas universales que nos juntan, pero también diferencias de clase que nos separan. Porque, también, cómo experimentamos el sufrimiento o cómo experimentamos el amor depende mucho de la clase social a la que perteneces. Pero es mucho más complejo que dividirlo así entre los pobres y los ricos. Yo he vivido toda mi vida en colonias populares, te puedo decir que el proletariado es todo el mundo. En el proletariado hay gente de derechas, hay gente que tiene más dinero que otra, hay gente que explota a otras, hay gente que roba a otras, hay traidores de clase. Se necesita ver más matices.
W. Manrique Sabogal. Capitalismo y neoliberalismo, o como usted lo llama: capitalismo gore
Dahlia de la Cerda. El término de capitalismo gore es de Sayak Valencia que es como ella desarrolló este contexto para México, para hablar de organizaciones multicrimen que defienden la plaza con violencia, o sea, colgando cadáveres en los puentes. El neoliberalismo es una consecuencia del capitalismo que lo toca absolutamente todo y el amor, los recursos naturales y las vidas tienen un precio. Donde lo más importante es cuánto vales económicamente, cuánto puedes aportar económicamente o cuánto dinero te pueden sacar.
W. Manrique Sabogal. Embarazo y aborto.
Dahlia de la Cerda. Son las dos experiencias más universales de las personas con útero, de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar. Estoy convencida, como acompañante de aborto, que nueve de cada diez mujeres han abortado de forma voluntaria. Si no te lo dicen es porque no te tienen confianza. El aborto y el embarazo y todo lo que tenga que ver con lo reproductivo es la experiencia más universal de la mitad de la población.
W. Manrique Sabogal. Literatura y activismo.
Dahlia de la Cerda. Aunque se diga que no, la literatura siempre es política. Porque la literatura obedece a un contexto político, a un contexto social, a un contexto económico. La escritura o la literatura no surgen de la nada. Surgen de contextos específicos, de momentos históricos específicos y de seres humanos que no son abstractos, seres humanos que tienen un bagaje cultural, que tienen posiciones políticas y posiciones éticas.
Si las personas quieren utilizarlas como herramienta política o no, ese ya es un tema individual de cada autor. A mí la escritura me ha funcionado mucho como caballo de Troya para problematizar y poner sobre la mesa conversaciones que como activista me interesan, como el aborto.
W. Manrique Sabogal. Ahora que toca este tema, pasemos a la maternidad o no maternidad, en el sentido de que puede ser deseada o no y con todas sus variantes. Cada vez hay más escritoras que hablan de ella contando sus verdades y desacralizando los temas de la mujer, como la relación con los hijos, como se truncan sus sueños o el deseo y la soltería elegida. En Medea me cantó un corrido se aprecian diferentes visiones y opciones de la mujer frente a este escenario donde Medea llega a esos mundos a purgar sus penas ayudando y comprendiendo a las mujeres de la novela.
Dahlia de la Cerda. Todas las personas vamos a experimentar la maternidad de alguna forma. Ya sea maternando o desde la hijitud, siendo hijos, hijas, hijes. Vamos a estar cerca de una madre, sea nuestra madre, la madre de alguien o vamos a maternar. En México la maternidad ha sido sacralizada, idealizada y romantizada. De ahí que uno de los iconos más venerados sea la Virgen de Guadalupe, que es la madre de todos los mexicanos, que vela por sus hijos. Pero, en lo concreto, la maternidad no es tan así. Al menos en los contextos donde yo he vivido, las mamás son unas cabronas: así como te pueden dar mucho amor y muchos cuidados, también te pueden agarrar a palos por cualquier cosa. Hay un meme de la canción de Shakira que le escribió a sus niños donde dice que lo único que quiero es tu felicidad y estar contigo hoy. Entonces alguien puso a una persona cantando esta canción y arriba le puso: “Mi mamá después de pegarme con la escoba”. Creo que eso define la maternidad.
W. Manrique Sabogal. ¿Qué le parece la deriva que ha tomado la cultura woke y cómo ha surgido lo anti woke? ¿Cree que su sentido originario de luchar por la igualdad para todos se ha vuelto más restrictivo o excluyente?
Dahlia de la Cerda. Lo woke surgió de comunidades afroamericanas y afrodescendientes que te decían que te mantuvieras alerta frente al racismo y frente a la desigualdad. Es un movimiento social que lo que buscaba era precisamente la igualdad y que no hubiera personas que estuvieran siendo discriminadas por su color de piel, por su identidad genérica, por su orientación sexual o por si eres mujer, eres hombre, eres parte de una diversidad sexogenérica.
Pero, de pronto, las personas de izquierdas o personas progresistas o personas woke, sí abusamos un poco y sí somos demasiado woke. A mí me ha pasado que me cuestionan o me cancelan por cosas que yo digo. Las acciones tienen que ser más enfocadas, no tanto en vigilar y castigarnos entre nosotras, sino en quienes, realmente, están ejecutando el genocidio o quienes están ejecutando acciones de desigualdad que, al final de cuentas, son los gobiernos y los estados.
No estoy a favor de la cultura de la cancelación.
Hay que separar un poco no la obra del artista, pero sí de analizar las obras críticamente, de tener una postura mucho más compleja y de buscar reparaciones y soluciones colectivas más allá del castigo.
También tenemos que mantenernos críticas en estos tiempos porque sí hay una polarización muy notoria y los movimientos anti derechos utilizan lo woke a manera de burla o como hombre de paja para deslegitimar luchas que son genuinas.
Como decía Aristóteles: tenemos que buscar un justo medio y encontrar justo la medida entre no caer tampoco en prácticas policiales de vigilancia, en convertirnos en policía. En realidad, buscar soluciones efectivas que nos garanticen que vamos a poder vivir de manera pacífica, de manera digna, independientemente de quien seas.
W. Manrique Sabogal. ¿Cuál es la emoción con la que se identifica más?
Dahlia de la Cerda. La emoción con la que yo más me identifico es con la rabia. Yo siempre estoy llena de rabia. Siempre estoy así, me desconecto, decimos en México, muy fácilmente. Me enojo muy fácilmente y me encolerizo muy fácilmente. Pero quisiera identificarme más con la emoción de la quietud y de la paz.
***
Suscríbete gratis a la Newsletter de WMagazín en este enlace.
Te invitamos a ser mecenas de WMagazín y apoyar el periodismo cultural de calidad e independiente, es muy fácil, las indicaciones las puedes ver en este enlace.
Si quieres conocer WMagazín y sus secciones especiales PULSA AQUÍ.

- Wolfram Eilenberger, 1: “No estamos en un momento de transformación, sino que vamos hacia el abismo” - miércoles 1, Oct 2025
- Robert Perišić: “El neoliberalismo creó un caos en el mundo postcomunista que tiene que ver con el regreso del autoritarismo a Rusia” - miércoles 20, Ago 2025
- Ray Loriga: “El desarrollo de la inteligencia artificial replantea lo que entendíamos como humano” - miércoles 6, Ago 2025