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El periodista, historiador, analista político y escritor David Rieff (Estados Unidos, 1952). /Foto Megan Hustad -cortesía Penguin Random House

David Rieff (1): “La idea de que somos más inteligentes, más morales, etcétera, que nuestros ancestros es una fantasía arrogante”

El analista político, historiador, periodista y escritor analiza un tema muy actual en 'Deseo y destino. Lo woke, el ocaso de la cultura y la victoria de lo kitsch'. Es un ensayo panorámico sobre una tendencia que es resultado de la política, lo social y la cultura que determinan buena parte del modo de vida

Desde niño, David Rieff ha escuchado o ha sido testigo de los cambios más significativos de las últimas siete décadas en lo político, social y cultural; tres ámbitos que hoy se entrelazan y marcan los derroteros del mundo. En ellos el lenguaje está en el centro y diferentes fuerzas libran batallas por dominarlo e imponer su visión, su relato, su lenguaje. Este tiempo es el eslabón entre el devenir histórico que moldeó el mundo de hoy y el futuro que se abre paso deconstruyendo todo lo conocido.

Analista político y geopolítico, historiador, profesor universitario, periodista, corresponsal de guerra, editor (de Farrar, Straus and Giroux, entre 1978 y 1989), escritor (ha publicado una quincena de libros), estudiante, lector… David Rieff (Boston, Estados Unidos, 1952) logra en Deseo y destino. Lo woke, el ocaso de la cultura y la victoria de lo kitsch (con traducción de Aurelio Major en editorial Debate) un ensayo panorámico sobre una tendencia que es resultado de la política, lo social y la cultura que determinan buena parte del modo de vida.

Para Rieff, la cultura woke se centra más en lo identitario y deja de lado el capital y el trabajo, mientras ataca la cultura tradicional porque vive sumida en un presentismo permanente. Lo explica en una videoentrevista desde Ucrania, donde, aunque no está cubriendo la guerra, sí la observa desde la primera línea, como profesor de la Universidad de Kiev donde imparte cursos presenciales y por teleconferencias.

David Rieff. /Fuente Wikipedia

“Sin la economía lo woke no presenta ningún desafío al capitalismo”

“Lo woke es una política identitaria de izquierda de nuestra época en varias partes del mundo; no ocurre, por ejemplo, en África. Se identifica como un movimiento emancipatorio, un movimiento para la justicia, un movimiento por las víctimas históricas del racismo, de las minorías, del poder de los imperios europeos y el imperio norteamericano en el caso de América Latina, sobre todo.

Es el único movimiento de izquierda de gran amplitud que no tiene un análisis económico importante. El socialismo perdió, en parte, por razones históricas y de sus propias debilidades.

Dicen, fundamentalmente, que lo que importa es la representación. Se ha excluido a los gays, a los negros, a los mestizos, a las minorías, a las mujeres, y es neecesario incluirlos, por supuesto, pero no hay una crítica del sistema. He hablado con personas que comparten esas opiniones o esa visión del mundo y, obviamente, piensan que están socavando el sistema capitalista. Pero no es así.

Para mí no es un movimiento de izquierda, aunque se identifica así. Es más un movimiento de reforma moral, y hay vínculos entre la reforma moral y la izquierda tradicional. La izquierda tradicional siempre ha tenido un elemento en esa línea. Por ejemplo, la mujer de Lenin quería transformar la familia, el Che Guevara y Fidel hablaban de un hombre nuevo, etcétera. Los chinos hablaban del año cero.

Sin la economía lo woke no presenta ningún desafío al capitalismo.

Intenta destruir a la gran cultura. No es la victoria de la justicia, es la victoria del kitsch, y detrás del kitsch está, obviamente, el dinero.

Lo que me subleva contra el elemento woke va contra la cultura tradicional o la cultura del pasado, sea europea o asiática. Su realidad fundamental es la opresión.

Los historiadores norteamericanos hablan del presentismo; en lo woke hay un presentismo cultural y moral.
No creo en el artista como creador de moralidad. En el artista, lo importante son las artes: inventar, crear, escribir, pintar, actuar, hacer música para algo bello. Posiblemente, tengo una visión bastante mística del rol de las artes.

Lo woke es una versión, digamos, del protestantismo radical, aquel que destruyó las iglesias católicas en el siglo XVI porque tenían santos y otras cosas.

Lo woke es, fundamentalmente, un movimiento de reforma moral e iconoclasta.

Es un debate que parece primitivo. La idea de que somos más inteligentes, más morales, etcétera, que nuestros ancestros es una fantasía arrogante y pueril.

Ósip Mandelshtam, el poeta ruso, dijo que como artista entras en una conversación que ha ocurrido siglos antes y esta va a continuar una vez mueras. El arte es un continuum. Por el contrario, lo woke presenta una visión de un presentismo permanente. Para ellos la vida personal de un artista vale más que su vida creativa. Es una visión bastante infantil de la realidad.

Un amigo mío amaba decir que los seres humanos no soportan mucha realidad. Es posible que el wokismo sea, simplemente, una forma más potente de rechazarla”.

«No hay alternativa al capitalismo”

Desde niño, a David Rieff la realidad del mundo lo ha perseguido. Como hijo de Susan Sontag, una de las intelectuales y escritoras más importantes de Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX, y de Philip Rieff, un profesor de Sociología de la Universidad de Harvard, en Boston, en su casa solía ver las tertulias de sus padres con otros intelectuales, artistas y profesores, desde el sociólogo y pensador alemán Herbert Marcuse; el politólogo, historiador y filósofo judío Isaiah Berlin; el artista estadounidense Jasper Johns; y varios creadores latinoamericanos.

Como adulto prematuro, escuchaba cómo quienes iban y venían por los salones de su casa explicaban la vida y buscaban arreglarla con teorías y opiniones. Pronto supo que debía buscar su propio camino y no estar bajo la sombra, sobre todo de su madre. Estudió Historia en la Universidad de Princeton, lo cual le permitió afinar su mirada transversal y conectar pasado, presente y algo de futuro.

Fue editor en los años ochenta y se hizo corresponsal de guerra en los noventa y de problemáticas sociales internacionales. Al mismo tiempo trabajaba en causas humanitarias. Vivencias que compartía en libros y artículos de prensa para medios como The New York Times, The Wall Street Journal, Le Monde, Foreign Affairs…

Un prestigioso corresponsal y analista que ha sido testigo y ha escrito sobre temas que van desde los sobrevivientes y familiares de personas asesinadas en el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945); la Guerra de los Balcanes, en los noventa; el conflicto de Irlanda del Norte, desde finales del siglo XX; el territorio minado de Oriente Próximo y Medio con Afganistán o Irak; hasta los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

Entre medias, fue lector y admirador de la cultura y las artes. Cree que los creadores, más allá de su vida personal, dejan testimonio de su tiempo; sus obras son ventanas a la historia. No se debe cambiar ni juzgar el pasado con la visión del presente. Para él, lo woke crea una disociación de la realidad y un mundo paralelo:

“Es una manera de eludir los verdaderos desafíos de la humanidad. Que hay demasiados hombres blancos en los museos, sí. Respondían a un tiempo. Evidentemente, sería preferible que más personas de otras razas y culturas estuvieran allí. Y esa es, precisamente, la victoria del capitalismo. La realidad es que no hay alternativa al capitalismo que tenga una influencia tan importante.

La gente se focaliza en aspectos secundarios. En el mundo bien pensante hay personas con ideales y buenas intenciones y ambiciones morales muy honorables. Pero creo que se equivocan en varios sentidos esenciales.

Creen que una nueva política democrática consiste en el pensamiento único, en la victoria de los buenos. En este sentido es revolucionario, pero en el sentido religioso. Yo diría que no, en el sentido, político y social. La idea de que todos van a ser buenos es puro proselitismo, es una idea fundamentalmente religiosa”.

La actriz Cate Blanchett en un cartel de la película ‘Tár’, de Tod Field. /WMagazín

“Estamos en el fin de la época de la democracia burguesa”

Es como si lo woke fuera una especie de Caballo de Troya de la democracia, cuyo concepto es impreciso para este movimiento. Y mientras tanto, lamenta Rieff, el mundo afronta problemas más importantes:

“Los partidos del centro, centro izquierda, centro derecha, de Japón a Chile y de Canadá a Polonia, no saben cómo responder, cómo presentar a sus poblaciones, a sus votantes, a sus sociedades respuestas sobre grandes temas de la época como el cambio climático, la migración que va a crecer…

Es ahí cuando entran en juego personajes como Donald Trump y Viktor Orbán y los populistas de cualquier partido. Y el centro no lo acepta. No veo el consenso más o menos socialdemócrata de la segunda parte del siglo XX. Estamos viviendo un momento casi inédito.

No hemos entendido la fragilidad de la Tierra, del planeta.

No sabemos qué hacer con la tecnología y la inteligencia artificial puede falsificarlo todo.

Hay personas que hablan de un nuevo sistema económico, pero, ¿qué hacer con la IA?

Estamos en el fin de la época de la democracia burguesa. La democracia en el sentido actual está completamente agotada.

Es curioso lo que sucede en las redes sociales, porque de un lado todos pueden expresarse y parece una nueva democracia, en el sentido de que tú estás en tu pequeño barrio y tienes la posibilidad de expresar tus ideas y, posiblemente, que un montón de personas vean tus pódcast o tus instagram. Pero estás con tus amigos, no hay intercambio. Es una ilusión. Esa democracia es todo lo contrario. Ahora las personas no saben cómo hablar entre ellos.

También existe el fenómeno conocido, y que genera más clips, que es decir cosas más duras, más extremas. Se extiende una radicalización de la retórica. No importa la posición particular de la persona. Si eres moderado nadie va a mirar tus TikTok.

Esto es un fenómeno antidemocrático, porque en nombre de expresarse de esa manera lo que se hace es socavar la posibilidad de intercambios buenos, sinceros”.

David Rieff escribe en su libro que en este movimiento “no se promueve tanto la diversidad real, porque no es la libertad, sino que se promueve más el trauma”, una idea presente en todo el ensayo:

“La actual generación de jóvenes padece un miedo existencial al futuro. Tienen una sed de una solución casi cósmica. De liberarte, de emanciparte de tu miedo, de tu tristeza existencial sobre el planeta, y de que no saben qué va a solucionar y ordenar la fusión de las nuevas tecnologías.

Y la respuesta de lo woke es, fundamentalmente, una reacción religiosa. Y en un mundo donde, al menos en nuestras sociedades, la gran mayoría de las personas no tienen una fe religiosa, no son cristianos, es un ¡wow! en un sentido que indica más la decepción que la esperanza”.

 

Todo lo que genera el movimiento woke, explica Rieff, “es un conflicto que no mata, pero sí menoscaba la sociedad y la cultura a largo plazo. Lo que libra es una batalla contra lo mejor de la cultura occidental. Todos los autores deben existir, pero es necesario calificar y valorar según calidad y aporte creativo, no solo por origen. Lo marginal importa, pero no debe desmerecer la alta cultura”.

Segunda parte: «Estados Unidos tendrá que compartir la hegemonía mundial con China».

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Winston Manrique Sabogal

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