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David Rieff. /Fuente Wikipedia

David Rieff (y 2): “Estados Unidos tendrá que compartir la hegemonía mundial con China”

Historiador, corresponsal de guerra y ensayista, el intelectual estadounidense analiza el declive del orden liberal, el ascenso de China y la fragilidad de Europa en el nuevo tablero geopolítico. Publica 'Deseo y destino. Lo woke, el ocaso de la cultura y la victoria de lo kitsch'

Un extranjero profesional que desde niño aprendió a desarrollar una mirada transversal de la historia para entender el presente. Eso es David Rieff (Boston, Estados Unidos, 1952). Creció bajo la intensa luz intelectual y creativa de sus padres, Susan Sontag y Philip Rieff, lo que lo llevó a buscar su propio lugar en el mundo: historiador, humanista, editor, escritor, corresponsal de guerra, analista político y geopolítico y profesor universitario.

Su periplo por algunos de los principales conflictos bélicos del planeta, de los que fue testigo entre los años noventa del siglo XX y la primera década del XXI, ha terminado. Tiene 73 años. Los análisis siempre fueron su fuerte y ahora lo son aún más. Su capacidad de conectar los asuntos y conflictos políticos, sociales y culturales en ebullición se refleja en su ensayo Deseo y destino. Lo woke, el ocaso de la cultura y la victoria de lo kitsch (con traducción de Aurelio Major en la editorial Debate). Un tema sobre el que profundizó en la primera parte de esta entrevista que puedes leer AQUÍ.

Tras sus reflexiones sobre el movimiento woke y su impacto en la vida actual, David Rieff se asoma ahora a los asuntos de la geopolítica. Confiesa que no es una persona muy optimista.

Tras renunciar como editor de Farrar, en 1989, año de la caída del Muro de Berlín, eligió Europa para vivir una temporada. En 1991 estaba en Berlín cuando empezó la guerra de Croacia, la primera de la antigua Yugoslavia, y que sería la mecha de la Guerra de los Balcanes. Publicó en medios como The New Yorker y, en la primavera de 1992, llegó a los Balcanes, cuando la guerra se había extendido a Bosnia y empezaba el primer gran conflicto bélico en el continente desde la Segunda Guerra Mundial. Pero no fue su primer acercamiento periodístico a este tipo de escenarios. Ocurrió cuando, en los años setenta, estaba en la universidad y visitó varias zonas difíciles de países africanos. Y un momento clave se produjo en 1973, cuando fue asistente de su madre en la realización del documental Promised Lands sobre el histórico conflicto árabe-israelí.

En mitad de la guerra de los Balcanes, Rieff fue a cubrir el genocidio de Ruanda, en 1994. Volvió a Sarajevo. Regresó a África para contar desastres como los de el Congo, Liberia, Sierra Leona o Sudán. El siglo XXI lo llevó por Oriente Medio y Asia Central, por países como Irán y Afganistán.

Lo humanitario siempre le llamó la atención: “He trabajado en muchos lugares porque me interesaban mucho más las consecuencias humanitarias de las guerras que la guerra en sí misma”.

Tras los fallecimientos de sus padres, en 2007, The New York Times lo empezó a enviar, sobre todo, a Europa del Este y América Latina. En 2016 empezó a enseñar en universidades la historia de la acción humanitaria.

China y Estados Unidos

Winston Manrique Sabogal. Treinta y cinco años después de desembarcar en tierras hostiles como corresponsal, el tablero geopolítico del mundo es otro, con una tríada formada por Estados Unidos, China y Rusia, y múltiples dudas e incertidumbres.

David Rieff. Todos hablan del fin del imperio estadounidense. Esto es un wishful thinking (pensamiento ilusorio) de los progresistas. Lo que sí es cierto es que Estados Unidos va a tener que compartir la hegemonía mundial con China. Y es posible que China sea la primera potencia en 25 años y Estados Unidos, la segunda. No me sorprendería, aunque no voy a vivir para verlo.

Tampoco me sorprendería un régimen capitalista autoritario organizado y gobernado por personas racionales e inteligentes, y no por personas completamente locas como el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su problema no es su política, aunque hay cosas que odio de ella, sino que el gran problema es que es un loco. No debe ser presidente. No debe tener control sobre las armas nucleares de Estados Unidos.

Además, sabes que soy un pesimista histórico. Algunos pueden pensar que el capitalismo como lo conocemos no está hecho para el mundo actual y que el capitalismo autoritario de China es mejor como principio de organización para el mundo que viene.

La democracia está en riesgo

W. Manrique Sabogal. ¿Democracias o sistemas iliberales? Tal vez, como ocurre en otros ámbitos, haya que crear nuevas palabras y conceptos porque los actuales no sirven.

David Rieff. ¡Absolutamente! Están completamente desactualizados. Voy a México a un encuentro sobre la defensa de la libertad y diré que no sé si ese concepto puede existir como lo conocemos en nuestra época, con las diferentes urgencias actuales.

El poder de China y de Estados Unidos va a continuar. Con China primero. Rusia es un Estado petrolero con armas nucleares. Tras la guerra de Ucrania, Rusia va a salir más dependiente de China y más debilitada como Estado. Sí, tiene la capacidad de destruir el mundo y recursos energéticos, pero no la veo liderando.

La otra pregunta es: ¿Estados Unidos y China quieren ayudar y tener, en los 75 años que quedan de este siglo, a una Europa fuerte o no? Yo no lo creo, no veo una respuesta clara. La Unión Europea es una idea básicamente económica, pero el mundo ha cambiado y se ha transformado profundamente.

Trump y el fin de las certezas

Donald Trump, presidente de Estados Unidos entre 2017 y 2021 y en la actualidad desde enero de 2025. /Foto del documental Dirty Secrets.

W. Manrique Sabogal. Europa ha dejado que Estados Unidos actúe por ella y no ha hecho lo suficiente por sí misma.

David Rieff. Le falta capacidad y fuerza. Tras haber vivido dos guerras mundiales, Europa es más cautelosa. También hay intereses diferentes. La Unión Europea está formada por 27 países, y cada uno piensa en sus propios intereses. Conciliarlos no es fácil.

En principio, los europeos habrían debido saber cómo afrontar la guerra en Ucrania. Habría sido una demostración del proyecto político europeo y también de su proyecto moral.

La amenaza de Rusia es clara. Putin, seguramente, es más astuto que Trump, pero juega con esa basa de amenazar y amedrentar. Eso frena a Europa.

Trump es una manifestación del descontento. Estados Unidos ha demostrado que no es un aliado tan fiable como se creía. Trump no durará siempre, pero habrá un sucesor. El problema es que Trump es una versión de manicomio, es un borderline. No es de fiar. Es completamente inestable mentalmente. Ese es el gran problema.

Hemos tenido gobiernos horribles y presidentes horribles, pero nunca uno tan loco. Ha dinamitado todo. Es como un adolescente que se toma tres tragos, coge el coche y se lanza a la carretera. Es un escándalo que alguien tan peligroso esté ahí.

Trump es como un adolescente que hace bullying en el colegio y todos le temen. Hay quien dice que a alguien así hay que plantarle cara, pero cuando esa persona mide tres metros, darle una patada no es la mejor estrategia.

Lo hemos visto con Dinamarca, porque habla de Groenlandia.

La gente espera que cuando Trump deje la presidencia todo termine, pero quizá lo suceda otro republicano en su misma línea. Y podría ser peor. Su vicepresidente, J. D. Vance, comparte una ideología similar a la de Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. Tendríamos entonces a un fanático de la derecha dura, pero no loco. Y Marco Rubio tiene su propia agenda para América Latina.

América Latina: el conflicto interior

W. Manrique Sabogal. ¿Qué papel juega América Latina en este panorama? ¿Es un territorio a repartir?

David Rieff. En América Latina los principales problemas son nacionales. Cada país tiene su propio debate sobre el futuro: Argentina, Chile, Colombia, Perú, Cuba, Bolivia o Ecuador. Y el destino de México y el de Estados Unidos están completamente vinculados.

W. Manrique Sabogal. Los países y las democracias latinoamericanas se están buscando a sí mismas.

David Rieff. Exactamente. Deben elegir entre extremos, no hay un punto medio. Ni hay posibilidad de debate real ahora. Priman las visiones opuestas e irreconciliables, no solo en lo político, sino también en lo personal. En Venezuela, por ejemplo, es una tragedia. Estamos regresando al pasado.

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Winston Manrique Sabogal

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