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Donald Trump, presidente de Estados Unidos entre 2017 y 2021. /Foto del documental Dirty Secrets.

Donald Trump ante el abismo y las grietas de la democracia, según Bob Woodward

'Rabia' es la continuación del libro 'Miedo' (Roca Editorial), del periodista sobre el presidente de Estados Unidos. WMagazín publica fragmentos clave sobre Trump y su gestión que permiten comprender cómo instigó la crisis el 6 de enero de 2021 cuando alentó a sus seguidores a marchar sobre el Capitolio Nacional en Washington al no aceptar la derrota democrática para continuar su presidencia

Presentación WMagazín «Hablando de Miedo por televisión, me pidieron que resumiera en pocas palabras el liderazgo de Trump: ‘Esperemos por lo más sagrado que no haya ninguna crisis’, dije». Eso contestó Bob  Woodward. Y la crisis llegó, el 6 de enero de 2021 cuando el presidente alentó a sus seguidores a marchar sobre el Capitolio el día que el Congreso certificaba el triunfo de Joe Biden, es decir su derrota. El resultado de las palabras del presidente fue un asalto al Capitolio y la muestra de grietas y fallos en la democracia de Estados Unidos.

Tras su libro Miedo. Trump en la casa blanca (Roca Editorial) en 2019, Bob Woodward ha escrito una continuación del gobierno de Donald Trump: Rabia. La obra se centra en la pandemia de la covid-19, la economía, las protestas raciales, a la vez que traza un retrato más global sobre Trump en lo personal y como presidente de Estados Unidos. Es el resultado de diecisiete entrevistas que Trump le concedió al periodista a lo largo de siete meses de 2019 y 2020, uno de los momentos más convulsos de su mandato.

WMagazín publica unos fragmentos de este libro con motivo de los hechos ocurridos el 6 de enero de 2021 en los que cientos de personas alentadas por Trump que no aceptaba su derrota democrática asaltaron el Capitolio de Estados Unidos e intentaron bloquear la votación que certificaba el triunfo de Joe Biden. La nueva administración asumirá el 20 de enero de 2021.

Portada de ‘Rabia’, de Bob Woodward (Roca) /WMagazín

Rabia

por Bob Woodward

«Pero ahora he llegado a la conclusión de que la ‘dinamita detrás de cada puerta’ estaba bien a la vista. Era el propio Trump. Su desmesurada personalidad. La incapacidad para organizar. La falta de disciplina. La falta de confianza en las personas que él mismo ha elegido, en los expertos. Los ataques o los intentos de ataque a tantas instituciones nacionales. El no conseguir inspirar calma, aportar remedios. Su negativa a reconocer cualquier error. A escuchar a los demás. A elaborar un plan. Mattis, Tillerson y Coats eran personas conservadoras o apolíticas que querían ayudarle a él y al país. Hombres imperfectos que habían respondido a la llamada del servicio público. No eran el estado profundo. Sin embargo, los tres fueron despedidos con palabras crueles por parte de su líder. Llegaron a la conclusión de que Trump era una amenaza inestable para su país».

«Pongo el punto final a este libro convencido de que durante el mandato de Trump puede pasar prácticamente cualquier cosa; la que sea. Muchas cosas podrían ir mucho mejor, o peor, o mucho peor. Es poco probable que muchas cosas vayan mucho mejor. De momento, en pleno verano, lo que más condiciona su gobierno es el virus, la economía y las divisiones políticas internas. Y esas divisiones internas están en su nivel máximo».

«Por motivos que no entiendo del todo, Trump decidió que cooperaría. Pensaría que se convertiría en una fuente fiable. En ocasiones es fiable, en otras nada fiable, y en muchos casos se mezclan ambas cosas. He intentado guiar al lector lo mejor que he podido. Pero las entrevistas muestran que vacilaba, prevaricaba y que a veces esquivaba sus responsabilidades como líder del país a pesar de su retórica de “solo yo puedo arreglarlo”.»

«Durante casi cincuenta años, he escrito sobre nueve presidentes, desde Nixon a Trump: el 20 por ciento de los 45 presidentes de Estados Unidos. Un presidente debe estar dispuesto a compartir lo peor con su pueblo, las malas noticias, igual que las buenas. Todos los presidentes tienen la obligación de informar, advertir, proteger, definir objetivos y buscar el interés nacional. Deberían mostrar una respuesta honesta ante el mundo, especialmente en tiempos de crisis. Trump, en cambio, ha dado prioridad a sus impulsos personales, convirtiéndolos en principios de gobierno durante su presidencia. Examinando el desempeño que ha hecho de su cargo como presidente durante todo el mandato, solo puedo llegar a una conclusión: Trump no era el hombre indicado para este trabajo.»

El coronavirus que China exportó ¿ a propósito?

«Colgué, sintiéndome algo inquieto. Trump no se había mostrado dispuesto en ningún momento a movilizar por completo al Gobierno federal, y daba la impresión de que dejaba los problemas en manos de los estados. No había un planteamiento de base sobre cómo gestionar el caso, o sobre cómo organizar la acción global para enfrentarse a una de las emergencias más complejas que había afrontado nunca Estados Unidos. Mi trabajo como periodista era una cosa, pero además estaba preocupado por el país.»

«—Yo creo que lo que pasó, Bob, [dice Trump] es que se les escapó de las manos y decidió no contenerlo y dejar que pase al resto del mundo, porque si no, habría quedado en clara desventaja. Nosotros les llevábamos una gran ventaja. Ya sabes, en el comercio. Aquello sí que me sorprendió. Nunca se me había ocurrido que Trump pudiera pensar que el presidente Xi hubiera dejado que el virus se extendiera a otros países intencionadamente.»

«—Parece ser que bloquearon los vuelos por toda China para que la enfermedad no pudiera llegar a Shanghái, a Pekín o a otras ciudades importantes. [dice Robert O’Brian, consejero de seguridad nacional] Pero al mismo tiempo están dejando que otras personas vuelen desde Wuhan a toda Europa, y han infectado Europa y Estados Unidos. Eso no está bien. Sea como fuere, los chinos lo han aprovechado para crear un arma biológica que están usando, aprovechando el covid para conseguir una ventaja geopolítica sobre Estados Unidos y el resto del mundo libre, y para quitarle a Estados Unidos el puesto de primera potencia del mundo

Sobre el privilegio de los blancos y la comunidad negra

[Sobre los manifestantes que protestan por la muerte a manos policiales de George Boyd]

—Son pirómanos, vándalos, anarquistas, mala gente. Son mala gente. Muy mala gente. Gente muy peligrosa.
—¿Incluso los manifestantes pacíficos? Hay muchos manifestantes pacíficos.
—No son muchos. Te diré una cosa: no son muchos. Son matones bien organizados.»

«—Nosotros dos tenemos una cosa en común —dije—. Somos blancos, privilegiados. Mi padre fue abogado y juez en Illinois. Y ya sabemos lo que hizo su padre. ¿Tiene la sensación, quizá, de que ese privilegio le ha aislado y le ha tenido encerrado en una cueva, hasta cierto punto, como me pasó a mí, y diría que a muchos otros blancos privilegiados, en una cueva? ¿Y que tenemos que hacer un esfuerzo para comprender la rabia y el dolor que siente en particular la gente negra de este país?

—No —replicó Trump—. Te has bebido un Kool-Aid, ¿no? Escucha lo que estás diciendo —dijo, entre burlón e incrédulo—. Vaya. No tengo esa sensación en absoluto.
—¿No?
—Yo he hecho más por la comunidad negra que cualquier presidente en la historia, quizá con la excepción de Lincoln —dijo, repitiendo una de sus frases favoritas.»

«—Pero como ya sabe, y tal como ha dicho, el asesinato de George Floyd desencadenó una reacción en la gente. No solo en los negros, en las minorías… también en los blancos, que dicen… ya sabe, como intento decirle yo… Yo creo que he sido un privilegiado. Y sé que usted también, ¿no? —Hubo una pausa de tres segundos en la conversación—. ¿No? —insistí.

—No voy a entrar en esa discusión —dijo—. Yo he hecho un buen trabajo para la gente negra. Mejor que cualquier otro presidente desde Lincoln.

La inteligencia en la Casa Blanca

(Las dudas de Dan Coats, director de inteligencia en la primera etapa de Trump)

«La mayor amenaza al aparato de seguridad nacional, creía Coats, era que Trump deseaba ignorar cualquier proceso que pasara por expertos, personas especializadas en determinados temas o ciertas partes del mundo a menudo durante toda su carrera. En efecto, el presidente solía decir: ‘No necesito nada de eso. No necesito a esa gente. No necesito un Consejo de Seguridad Nacional. Solo me necesito a mí mismo y quizá a tres o cuatro personas en las que confío y con las que trabajo’. A Trump no le importaban nada las evaluaciones ni las opciones. Se hacía lo que quería hacer Trump.

—Ah, señor presidente —le decía Coats más de una vez—, es un poco más complicado que eso.

A Trump le preocupaba que le desautorizaran y le frustraran. El presidente creía que podía coger el teléfono y llamar a cualquiera que quisiera. La actitud de Trump era: “Puedo resolver todos esos problemas”. Pensaba que podía conseguir mejor información por sí mismo. Coats sabía que líderes clave como Putin, Xi de China y Erdogan de Turquía mentían a Trump. Jugaban muy hábilmente con él. Le ponían la alfombra roja, le halagaban y luego hacían lo que les daba la gana.»

«Las relaciones de Coats con Trump se agriaron rápidamente cuando el presidente insistió en pedirle que detuviese o mantuviese bajo control la investigación de Rusia por parte del FBI. Trump quería que Coats dijese que no había pruebas de coordinación o de conspiración con Rusia en la campaña presidencial de 2016.»

«Pero continuaba albergando la creencia secreta, que había crecido en lugar de menguar, aunque no la apoyaba ninguna prueba concreta, de que Putin tenía algo con Trump. ¿Cómo explicar si no la conducta del presidente? Coats no le veía otra explicación. Estaba seguro de que Trump había decidido aprovechar el lado oscuro, favorecer los intereses de los adinerados en el negocio de las inmobiliarias de Nueva York y las finanzas internacionales con su corrupta forma de hacer tratos, cualquier cosa con tal de hacer dinero. Cualquier cosa para seguir adelante, cualquier cosa para hacer un trato. […] Sabía lo extraordinario que era que el funcionario más importante de inteligencia del presidente tuviera tales sospechas sobre las relaciones del presidente con Putin. Pero no podía quitárselo de la cabeza.»

Sobre el ejército

«Y [Trump] añadió—: Por no mencionar a mis putos generales, que son un puñado de mariquitas. Les preocupan más sus alianzas que hacer tratos comerciales.»

 

Alianzas, desafíos y ego

«En muchos casos, cuando [Anthony] Fauci [principal experto del gobierno en enfermedades infecciosas] desafiaba a Trump por algo que había dicho, este de pronto cambiaba de tema. A Fauci le maravillaba que pudiera saltar de un tema a otro con aquella facilidad. “Su capacidad de atención es mínima”, declaró una vez en privado.» «Pero la política también puede cambiar, ¿sabes? Me gusta la flexibilidad. Algunos dicen que yo cambio. Y lo hago. Me gusta la flexibilidad, no alguien que tiene una política y es capaz de atravesar un muro de ladrillo por ella, cuando puedes cambiar fácilmente y no tener que atravesarlo.»

«Entonces comenté que el ejército siempre afirma que las alianzas con la OTAN y Corea del Sur son el mejor acuerdo de Estados Unidos, una gran inversión en la defensa conjunta.

—El ejército se equivoca —contestó Trump—. No diría que son estúpidos, porque nunca diría eso de nuestros militares. Pero si alguien dijo eso, quienquiera que lo dijera se comportaba como un estúpido. Es un trato horrible.»

«—Tengo fama de no estar dispuesto a disculparme —dijo Trump—. Y es falso. Yo sí pido disculpas, si me he equivocado.

—¿Cuándo fue la última vez que se disculpó?

—Uy, no sé, pero creo que en algún momento… Sí me disculparía. El caso es que nunca me equivoco. Vale. No, si me equivoco… si me equivoco, creo en pedir disculpas. Aquella fue una conversación completamente apropiada. Fue perfecta. Y vuelvo a decir que si hubiera hecho algo mal me disculparía. ¿Vale?»

«—Me llevo muy bien con Erdogan, aunque se supone que no debería, porque todo el mundo dice: “Qué tío más horrible”. —El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, es un líder represor con un terrible historial en derechos humanos—. Pero yo me entiendo bien con él. Son curiosas las relaciones que tengo: cuanto más duros y malos son, mejor me llevo con ellos. ¿Sabes? A ver si un día me lo explicas, ¿vale? “Tal vez no sea difícil”, pensé, pero no dije nada.»

«—¿Recuerda cuando fui a verle con Bob Costa y hablamos, antes de su nombramiento, en 2016? Estaban haciendo obras en su hotel. Y usted nos dijo: “Yo hago que la gente saque la rabia que lleva dentro. Les hago sacar la rabia. Siempre me ha pasado. No sé si es algo positivo o negativo. Pero sea lo que sea, es así”. ¿Es eso cierto?

—Sí —confirmó Trump—. A veces. Hago más cosas de las que es capaz de hacer cualquier otro. Y eso, a veces, disgusta a mis rivales. Me ven diferente que a otros presidentes. Muchos otros presidentes que has seguido no hicieron gran cosa, Bob.

Bob Woodward (Estados Unidos, 1943) saltó a la fama tras investigar junto a su colega Carl Bernstein para The Washington Post, el caso Watergate que terminó con la dimisión del presidente Richard Nixon, en 1974. /Foto de Jay Godwin-Wikipedia

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