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Detalle de la portada de la novela ‘Del amor y otros demonios’ (Norma), de Gabriel García Márquez. /WMagazín

Eclipses en la literatura: del miedo ancestral a un poderoso aliado de la ficción

Desde la ‘Biblia’ y la ‘Odisea’ hasta Mark Twain, Stephen King o Gabriel García Márquez, los eclipses, como fenómeno real y metáfora literaria, han dejado de verse como señales divinas o malos presagios para convertirse en un gran recurso narrativo capaz de revelar verdades y cambiar el destino de los personajes

Las sombras que convierten el día en noche en unos minutos siguen despertando el mismo misterio y asombro que en los orígenes. Los eclipses de Sol han pasado a convertirse en una herramienta para que los científicos estudien el Sol y el universo, mientras, cada vez más, contribuyen a aumentar la turistificación de los sitios donde mejor se contemplan. La literatura da fe de esa evolución, de lo mistérico o sagrado a un espectáculo contemporáneo sin perder su capacidad simbólica. En unos libros es el centro de la historia; en otros, el instante que altera el destino de los personajes. En cualquier caso, sus sombras literarias cambian vidas.

Cada año se producen entre dos o cinco eclipses solares en algún lugar del planeta. El eclipse total de Sol que se verá desde España el 12 de agosto de 2026 es una buena puerta de entrada para conocer sus efectos en crónicas y libros de ficción.

Su simbolismo varía según las culturas y reúne varias dicotomías:

  • aliado, amigo o enemigo;
  • tránsito del mito al conocimiento científico;
  •  encuentro entre el asombro infantil y la razón científica;
  • lugar donde se dan la mano eros y tánatos.

    Su sombra se proyecta sobre la historia y la literatura: en obras canónicas como la Odisea, de Homero, o la Biblia. Cinco miradas permiten seguir algunas de sus transformaciones literarias:

    • El eclipse como hecho histórico: el que detuvo la guerra entre medos y lidios, contado por Heródoto en Historias.
    • El eclipse como recurso narrativo: el que Mark Twain convierte en eje de Un yanqui en la corte del rey Arturo.
    • El eclipse como momento de revelación: el del 20 de julio de 1963, que Stephen King convierte en pieza clave del clímax de Dolores Claiborne.
    • El eclipse como símbolo: Gabriel García Márquez lo convierte en una representación del destino trágico y las supersticiones que atraviesan Del amor y otros demonios.
    • El eclipse como metáfora: de la Odisea a Eclipse, de John Banville.

Historias

Heródoto

Entre las referencias del mundo antiguo destacan Tucídides, que menciona cómo los eclipses condicionaron decisiones políticas y militares durante la guerra del Peloponeso, y Plinio el Viejo, que recopiló las distintas interpretaciones que otras culturas hicieron de este fenómeno.

De todas las referencias antiguas, la de Heródoto es quizá la más célebre porque reúne en un mismo episodio política, guerra, ciencia y superstición:

“En las diferentes batallas que se dieron, hubo una nocturna en el año sexto de la guerra que ambas naciones proseguían con igual suceso, porque en medio de la batalla misma se les convirtió el día repentinamente en noche; mutación que Thales Milesio había predicho a los jonios, fijando el término de ella en aquel año mismo en que sucedió. Entonces lidios y medos, viendo el día convertido en noche, no solo dejaron la batalla comenzada, sino que tanto los unos como los otros se apresuraron a poner fin a sus discordias con un tratado de paz”.

***

Un yanqui en la corte del rey Arturo

Mark Twain

Un viaje accidental en el tiempo lleva a Hank Morgan, un ingeniero estadounidense del siglo XIX, a la corte del rey Arturo. En Camelot es condenado a la hoguera, pero sus conocimientos lo llevan a recordar que el día de su ejecución se produjo un eclipse de Sol, el 21 de junio del año 528 d. C. Cuando está a punto de morir empieza el eclipse, las sombras, y todos tienen miedo. Entonces, Morgan promete traer de nuevo el sol si le perdonan la vida y recupera su libertad. El día vuelve y el rey Arturo cumple lo prometido. El nuevo “mago” rivaliza con Merlín y consolida su poder.

Twain escribe en boca de Hank:

“¿Dios salvador! ¡Ya está! ¡Ya lo tengo!

¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer para ganar tiempo? (…)

Ve y dile a tu señor Rey que a esa hora hundiré el mundo entero en la oscuridad mortal de la medianoche. Cortaré los rayos del sol y nunca más los veréis lucir sobre la Tierra. (…)

La oscuridad llegó a ser total y la multitud aulló de terror. Al sentir las heladas ráfagas del viento pasar por el patio y las estrellas aparecer y titilar en el cielo.

El Rey, con su silencio, dije, demuestra su arrepentimiento.

Levanté los brazos; permanecí con ellos en alto durante un largo rato, y pronuncié con la más terrible solemnidad estas palabras:

¡Que cese el encantamiento y que la oscuridad se disuelva sin daño para nadie! No hubo respuesta, durante un instante, en aquella oscuridad profunda y en aquel silencio de muerte. Pero cuando el círculo de plata del sol reapareció poco a poco, unos momentos después, la multitud estalló en gritos de alegría y se lanzó como un torrente desbordado a bendecirme y a elogiarme”.

***

Dolores Claiborne

Stephen King

El eclipse solar de 1963 fue la coartada perfecta para que Dolores Claiborne cambiara el destino maltratador que le daba su marido. Ese día mandó a los niños fuera y organizó todo para que la muerte de él pareciera un accidente. La idea se la dio Vera, la mujer para quien trabajaba como ama de llaves cuando le dijo: “a veces, un accidente puede ser el mejor amigo de una mujer infeliz”. Dolores nunca fue acusada. Pero treinta años después, ella misma confesaría el asesinato y reviviría aquella jornada rodeada de fiesta por el eclipse. Lo hace porque la acusan de haber matado a Vera e intenta desligarse de aquello. La tarde del eclipse, Dolores discute con su marido, sale corriendo hacia el campo haciendo que él la siga y logra que caiga en un pozo. Durante los segundos de oscuridad, ella tiene una visión en la que aparece una niña, su hija, en un momento traumático. El eclipse permite que ocurra aquello que solo puede suceder durante la suspensión momentánea del orden del mundo.

***

Del amor y otros demonios

Gabriel García Márquez

El eclipse acompaña el nacimiento de un amor que primero ilumina a Cayetano Delaura y después lo conduce a una oscuridad de la que ya no podrá salir indemne. Un eclipse real revela otro interior: la oscuridad del cielo, la iluminación sentimental y la ceguera física posterior.

García Márquez pone en escena un eclipse como alegoría de lo que le sucede al sacerdote Cayetano Delaura, encargado de cuidar a Sierva María, y el sentimiento que vive con ella. La presencia del eclipse se manifiesta antes:

“El obispo se alarmó cuando le vio llegar con la cara arañada y un mordisco en la mano que dolía de solo verlo. Pero más lo alarmó la reacción de Delaura, que mostraba sus heridas como trofeos de guerra y se burlaba del peligro de contraer la rabia. Sin embargo, el médico del obispo le hizo una curación severa, pues era de los que temían que el eclipse del lunes siguiente fuera el preludio de graves desastres (…) Antes de retirarse, Martina le prometió conseguir el permiso para ver juntas, el lunes próximo, el eclipse total de sol”. (…)

“El padre Cayetano Delaura fue invitado por el obispo a esperar el eclipse bajo la pérgola de campánulas amarillas, el obispo se abanicaba mientras Delaura se mecía a su lado en un mecedor de mimbre.

Después de las dos empezó a oscurecer, las palomas buscaban sus palomares, “Dios es grande” suspiró el obispo. Hasta los animales lo sienten, el obispo empezó a observar el eclipse a través de un vidrio ahumado y permaneció con el cristal en la mano sin mirar el eclipse. ¿En qué piensas? Le preguntó el obispo, Delaura no le contestó, se puso a mirar el sol con el cristal oscuro y aunque le lastimó la retina, no dejó de mirar.

“¿Sigues pensando en la niña?, dijo el obispo.

“Pensaba que el vulgo puede relacionar sus males con este eclipse, contestó Delaura.

“Tal vez tengan razón», contestó el obispo. Las barajas del señor no son fáciles de leer.

Cayetano, siguió mirando el sol sin el cristal por simple distracción, terminó el eclipse pero Delaura, lo seguía viendo. A donde miraba ahí estaba.

“Se te quitará dentro de unas horas, contestó el obispo”.

Cuando retorna la luz, los gallos vuelven a cantar y en la retina de Delaura queda grabado el disco negro de la luna sobre el sol, lo cual lo obliga a usar un parche.

***

Eclipse

John Banville

Homero fue de los primeros autores que recurrieron al eclipse como metáfora de la vida, hacia el final de su epopeya la Odisea. En el vigésimo canto, versos 356 y 357, Odiseo, tras matar a los pretendientes de Penélope y restablecer el orden, se lee:

“El Sol desapareció del cielo, y una terrible oscuridad se extendió por doquier”.

El irlandés John Banville titula así Eclipse, una de sus novelas en las que las sombras caen, de repente, sobre la vida luminosa de un actor famoso. En medio de su oscuridad, busca refugio en la casa de su niñez, descubre que una sombra cae sobre su identidad, mientras intenta retomar el control de su vida, salvarse a sí mismo. Hay un momento en que Banville escribe del personaje:

“Volví la cabeza y contemplé la casa, y vi una forma que resultó ser mi mujer, de pie junto a la ventana de lo que antaño fue el dormitorio de mi madre. Estaba inmóvil, miraba en dirección a donde yo estaba, aunque no a mí directamente. ¿Qué veía? ¿Qué estaba viendo? Por un momento me sentí poca cosa, un accidente en aquella mirada, como si me dieran, por así decir, un golpe de refilón o me lanzaran un beso despectivo. La luz del día que se reflejaba en el cristal hacía que la imagen de la ventana titilara y se moviera; ¿era ella o solo una sombra con forma de mujer? Eché a andar sobre el suelo desigual, volviendo sobre mis pasos…”.

 

Luz, oscuridad, luz… En el cielo y en la vida de las personas. Los eclipses han pasado de ser mensajes de los dioses a fenómenos explicados por la astronomía y la ciencia. Entre una mirada y otra, la literatura ha seguido preguntándose qué significa esa fugaz transición entre la luz y la oscuridad y qué revela sobre nosotros.

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Un comentario

  1. Incluiría también ‘Sentinelas da lúa carmesí’, un cómic de pandilla y fantasía galaica con eclipse como motor de la historia.

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