Mosaico con portadas de libros de cuentos de autores de América Latina y España. / WMagazín
El auge del cuento en América Latina y España en el siglo XXI (2): el misterio de un género que seduce
La concesión del I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana a la escritora argentina Samanta Schweblin por su volumen de relatos 'El buen mal' ilumina a una nueva generación de cuentistas que está revolucionando el género en la forma y el fondo. Un auténtico laboratorio de la literatura con nuevas miradas
En la aurora del lenguaje y la literatura, un pastorcito, sin proponérselo, descubrió por qué gustan los cuentos. Es el relato que Vladimir Nabokov contaba a sus alumnos y cuya razón aparece en algún momento de esta segunda parte del reportaje sobre la expansión del cuento en España y América Latina. La pregunta es: ¿Qué tienen de especial en estos tiempos de un mundo dual, analógico y digital?
Más allá de la concesión del I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana a Samanta Schweblin, por El buen mal, del éxito editorial, de la consolidación y de las innovaciones del cuento —impulsadas en gran medida por las escritoras—, este género conserva un territorio más difícil de explicar: su misterio. ¿Por qué atrae a tantos escritores? ¿Qué lo distingue de la novela? En esa zona íntima —donde nacen las historias y se decide su forma— se encuentran algunas de las claves de su vitalidad actual. (Lee la primera parte del reportaje AQUÍ).
En ese punto, donde termina el análisis del fenómeno y comienza la exploración de su naturaleza más profunda, se retoma la voz de Juan Casamayor, fundador y editor de Páginas de Espuma, el sello que desde 1999 ha impulsado el relato. El editor cerró la primera parte de este especial subrayando el papel clave que han jugado las mujeres en este auge del cuento:
“Por último, y no menos importante, es el posicionamiento de las escritoras. Obras bajo nuevas temáticas, nuevas sensibilidades, nuevas ópticas, nuevos tratamientos literarios que ponen en la vanguardia a las escritoras en este sentido. Han trabajado muchísimo en el cuento. Si repasamos el cuento latinoamericano del primer cuarto del siglo XXI, el género es fundamental en sus manos. Y no se trata de un boom del cuento de las escritoras. Las escritoras escribieron siempre, bien conocido es el proyecto de Vindictas, de Socorro Venegas, sino que las lectoras son las que han causado esta visibilidad y este nuevo diálogo entre lectura y escritura, entre lectoras y escritoras”.
Es parte del fruto de que cuando, en 2002, Páginas de Espuma, con tres años de recorrido, publicó un libro que se convirtió en un clásico instantáneo: Pequeñas resistencias I. Se trata de una antología de relatos con autores nacidos a partir de 1960 que publicaron sus primeros cuentos entre 1990 y 2001. Cumplió un papel esencial al incluir un manifiesto firmado por Andrés Neuman, escritor argentino afincado en España desde hace tres décadas, y un prólogo de José María Merino, un clásico contemporáneo del cuento en España.
¿Dónde radica el misterio?

Casi todos los novelistas se sienten atraídos por la creación de cuentos. ¿Dónde radica su misterio y atracción? La mexicana Socorro Venegas, coautora de la imprescindible antología Vindictas, trató de desentrañarlo con estas palabras, a WMagazín en su especial de 2024:
“Amamos leer cuentos porque sentimos que ahí arde sin fin la hoguera de las palabras ancestrales, las voces que una y otra vez nos revelan la extraordinaria y misteriosa aventura humana. Leer cuentos es apreciar esa garra que te sujeta del cuello y te suelta sin aliento. Es fascinante ver cuánto se ha pensado en su forma: decálogos, teorías, fórmulas, etcétera, todo lo que revela la necesidad de comprender la cicatriz y la fugacidad de su lectura. Hoy, además, ha sido fundamental la reivindicación de grandes autoras, cuentistas fuera del canon que nos hacen preguntarnos si realmente conocíamos el mejor cuento en nuestro idioma, pienso, por ejemplo, en Nellie Campobello, María Luisa Elío o María Virginia Estenssoro”.
Lo que el cuento permite, explicó Jon Bilbao, en WMagazín, es que se trata de “una historia con economía narrativa sin que por ello sea necesario prescindir de la complejidad, tanto formal como de discurso. Claro está, también esto es posible en la novela, pero en el caso del cuento se puede llevar dicha economía al extremo. No creo que el cuento sea un género selecto, destinado a una suerte de aristocracia lectora, lo cual me parece una visión autocomplaciente y engañosa”.
En cambio, se muestra convencido de que “se trata de una forma de narrativa del gusto de lectores que no están tan pendientes de los dictados de la moda, la cual suele tender a la estandarización y a los textos de muchos cientos de páginas. Esto permite que, cuando el autor opta por forzar las costuras de la convención, lo haga sabiendo que puede contar con lectores receptivos a esos ejercicios de estilo”.
¿Se elige escribir un cuento o el cuento te elige?

Los motivos por los cuales un escritor escribe cuentos son, en sí mismos, un cuento. En el caso de Samanta Schweblin y Juan Gabriel Vásquez, lo relataron en un videodiálogo de WMagazín, de 2018, ante la pregunta: ¿Se elige ser cuentista o novelista?
Schweblin: No sé si alguna vez tomé esa decisión… Vos sabés que me formé en talleres literarios. En Argentina hay muchísimos talleres literarios, casi todos nos formamos así y ahí se leía mucho cuento. No sé si sea eso, pero un día llegó un cuento.
Vásquez: Adiestras la mirada y empiezas a mirar en términos de cuento y no de novelas…
Schweblin: De hecho, la novela Distancia de rescate la escribí en el año en que me mudé a Berlín y, por primera vez en mi vida, tuve un año entero sin interrupción en el que pude dedicarme completamente a la escritura de algo. Luego se dio el cambio de género. Es interesante pensar hasta qué punto uno elige el género. Depende de las condiciones…
Vásquez: Creo que era Raymond Carver quien decía que él escribía cuentos porque la vida no le había dado tiempo para más, porque tenía que vivir, ganarse la vida. Tenía problemas con la bebida. Entonces, las horas robadas para la escritura eran pocas y él muy pronto descubrió que el género que mejor combinaba con ese orden de su vida, o ese desorden, si quieres, era el cuento.
Los dos escritores contaron más historias sobre cómo una idea se transforma en cuento o novela. Entonces, Juan Gabriel Vásquez abordó el asunto que ha cobrado fuerza en los últimos años:
Vásquez: Hay un fenómeno que a mí me ha interesado mucho en estos últimos años y es el de las cuentistas latinoamericanas. El cuento latinoamericano está dando sus mejores resultados en un puñado de escritoras de tu generación. (…) No sé si a ti se te ocurre una razón por la que eso sea así, por la que el género del cuento esté floreciendo en la escritura de las mujeres latinoamericanas.
Schweblin: Es una generación, y lo digo con muchísimo orgullo, siento como si hubiera llegado a la fiesta en la que siempre hubiera querido estar sin darme cuenta de cuándo sucedió eso. Para mí no está tan claro por qué escribimos tanto cuento, pero son buenísimas. Me parece que hay algo alrededor, no solo de la literatura escrita por mujeres, también alrededor de los temas. El tema, por ejemplo, de la maternidad… Si agarro las tres o cuatro mejores novelas que he leído en los últimos dos años, han sido acerca de la maternidad. Hay algo alrededor del tema, como si por primera vez nos permitiera pensarlo de otra manera, o porque, quizá, hay que pensarlo de nuevo o porque han cambiado tantas cosas alrededor de eso…
Tradición y futuro del cuento

… Y así sigue el cuento su transformación hipnótica, imprevista y sorprendente, como las mismas llamas de la hoguera alrededor de las cuales surgió en la aurora del habla y del lenguaje humano. En español lo empezó a plasmar Miguel de Cervantes Saavedra, le siguieron autores como Gustavo Adolfo Bécquer y se consolidó una tradición muy prestigiosa y popular en América Latina.
En España lo impulsaron clásicos que van desde Emilia Pardo Bazán o Benito Pérez Galdós, hasta autores que empezaron a publicar a finales del siglo XX como Juan Benet, Carmen Martín Gaite, Cristina Fernández Cubas, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Soledad Puértola, Juan Marsé, Antonio Muñoz Molina, Manuel Rivas, Fernando Aramburu, Marcos Giralt Torrente, Gonzalo Hidalgo Bayal, José Ovejero, Juan José Millás, Álvaro Pombo…
En América Latina, el siglo pasado dejó cuentistas universales como Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo, Silvina Ocampo, Gabriel García Márquez, Felisberto Hernández, Carlos Fuentes, Juan José Arreola, Julio Ramón Ribeyro, Jorge Ibargüengoitia, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Juan Carlos Onetti, Baldomero Lillo, Haroldo Conti, María Luisa Bombal, Elena Garro, Augusto Monterroso, Mario Benedetti, Rosario Castellanos, Salvador Elizondo, Antonio di Benedetto, Manuel Mejía Vallejo, Juan José Saer… Hasta llegar a nombres que, desde finales del siglo XX, han abierto nuevos caminos como Elena Poniatowska, Juan Villoro, Cristina Peri Rossi, Margo Glantz, José Emilio Pacheco, Pedro Lemebel, Alberto Chimal, Marcela Serrano, Ángeles Mastretta, Sergio Pitol, Mario Levrero, Andrés Caicedo, José Balza, Roberto Bolaño, Ricardo Piglia, Ana Teresa Torres, Fernando Iwasaki, Israel Centeno, Tomás González…
Son autores de la estirpe del pastorcito que citó Vladimir Nabokov. El escritor ruso decía que la literatura nació el día en que un pastorcito que cuidaba ovejas gritó: “¡El lobo! ¡El lobo!”. Pero no era verdad.
Lo cierto es que aquel grito rodó montaña abajo y estalló en las rocas hasta diversificarse en mil y una voces que prometen no cesar ni dejar de transformarse, como lo hacen las escritoras contemporáneas.
- Primera parte:
- El auge del cuento en América Latina y España en el siglo XXI (1): claves de la innovación con protagonismo de las escritoras.
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Hubiera sido interesante que nombraran o mostraran aunque fuera una portada de alguna editorial pequeña dedicada a los cuentos como por ejemplo Talentura.