Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural

‘La psique’, de Berthe Morisot (1876), en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. /WMagazín

El Impresionismo: cómo un movimiento artístico emblemático y querido surgió como respuesta a la violencia

El crítico de arte Sebastian Smee publica el ensayo 'París en ruinas. Amor, guerra y el nacimiento del Impresionismo' (Taurus). Una obra importante para conocer mecanismos del nacimiento de la creación y la belleza en tiempos inesperados. Y de cómo los artistas responden a los tiempos convulsos e inhumanos

‘Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia’, de Camille Pisarro (1897), en la exposición ‘Proust y las artes’, de 2025, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, en 2025. /WMagazín

La belleza y el arte suelen aparecer por motivos y rutas imprevisibles. Un gran ejemplo es el Impresionismo, que surge de la guerra, el caos, la revolución, la insatisfacción y del rechazo de la crítica y del público. Se trata del movimiento pictórico, nacido en París a comienzos de la década de los setenta del siglo XIX, que terminó conquistando a la gente de su tiempo y de futuras generaciones, y sirvió de antesala al arte moderno.

La historia del Impresionismo y sus paradojas, contradicciones y batallas la relata Sebastian Smee en París en ruinas. Amor, guerra y el nacimiento del Impresionismo (traducido por Efrén del Valle Peñamil en editorial Taurus). El crítico de arte del Boston Globe, ganador del Premio Pulitzer en 2011 en esta categoría, recrea en estas páginas cómo el arte y la belleza se abren paso y muestra por qué son importantes para el ser humano.

El Impresionismo emergió entre dos batallas: en “el año terrible”, como lo llamó Victor Hugo, al periodo entre el verano de 1870 y la primavera de 1871, París fue sitiada, padeció hambruna y se rindió al ejército alemán, y luego los republicanos radicales establecieron la Comuna, que fue aplastada tras sangrientas batallas callejeras y el incendio del centro de la ciudad.

Así, este movimiento aparece como respuesta al caos, la violencia, la muerte, la guerra civil, la intriga política y lo inhumano.

Detalle de ‘Mujer con sombrilla en un jardín’, de Pierre-Auguste Renoir. /WMagazím

Sebastian Smee relata la historia de aquellos días a través de los ojos de las grandes figuras del impresionismo: “Édouard Manet, Berthe Morisot y Edgar Degas quedaron atrapados en París durante el sitio. Otros, como Pierre-Auguste Renoir y Frédéric Bazille, se unieron a regimientos fuera de la capital, mientras que Claude Monet y Camille Pissarro huyeron del país justo a tiempo. En el periodo posterior, estos artistas desarrollaron una nueva conciencia sobre la fragilidad de la vida. Esa sensación de transitoriedad -reflejada en el énfasis en la luz fugitiva, las estaciones cambiantes, las escenas callejeras fugaces y la impermanencia de todas las cosas- se convirtió en la gran aportación del movimiento a la historia del arte”.

Y en toda batalla humana no falta el amor, aquí a través de la historia de Manet, considerado como el padre del impresionismo, y Morisot, la única mujer que desempeñó un papel central en el movimiento desde sus inicios. “Smee describe con gran sensibilidad su compleja relación, la influencia mutua que ejercieron y su inmenso legado, al tiempo que otorga el merecido reconocimiento a la mujer en el corazón del impresionismo”.

Sebastian Smee, en su anterior libro, El arte de la rivalidad. Amistad, traición y ruptura en el arte contemporáneo, sobre la vida paralela de ocho grandes artistas, de Matisse a Pollock, dejó constancia no solo de su conocimiento sobre el arte y sus mecanismos técnicos y personales, sino sobre la forma de narrar sus historias entrelazadas con la vida social y política de cada época. “Persuasivo y vívido. El arte de la rivalidad se enraíza en la teoría de primera mano, pero está dirigido a lectores no especializados, se trata en parte de minibiografías y en parte de una historia del arte más amplia”, señaló John Williams en The New York Times.

WMagazín publica un pasaje de este ensayo, tan especial del arte y del humanismo, al tiempo que oportuno en estos momentos desconcertantes y convulsos, donde algunas personas se empeñan en destruir la armonía y la belleza para imponer intereses personales y espurios:

 

París en ruinas

Sebatian Smee

El epicentro de la historia son las experiencias de los pintores Berthe Morisot y Édouard Manet. De todos los artistas del pincel que vivieron los acontecimientos de 1870 y 1871 y que estuvieron vinculados con el impresionismo, solo Manet, Morisot y Edgar Degas tuvieron la desgracia de quedar atrapados en París durante su largo asedio invernal (el resto de los impresionistas se encontraban en otras zonas de Francia o en Londres). Pero lo importante no era la mera presencia de esos artistas en París. Manet y Morisot se vieron envueltos en los convulsos sucesos políticos de la época, sobre todo a través de sus vínculos personales con algunos de sus principales actores.

Los estudiantes de la historia del arte saben que el ejemplo de Manet inspiró a los otros impresionistas; Monet, Renoir, Pissarro, Sisley, Bazille, Morisot y Cézanne aprendieron de sus pinceladas, de su tratamiento de la luz y de sus elecciones temáticas. También se vieron influidos inevitablemente por su atractiva personalidad y su visión política. Manet era un republicano ferviente. Detestaba el autoritarismo en general y sobre todo el régimen de Napoleón III, que se había nombrado a sí mismo emperador de Francia tras un golpe de Estado en 1851. Era explícito con respecto a sus convicciones, no solo en su vida sino también en su arte. Quienes defendían o seguían a Manet solían compartir sus posturas políticas, mientras que quienes se oponían a él también se oponían al republicanismo.

La aportación crucial de Morisot a la historia del impresionismo es menos conocida. Los amantes del impresionismo saben que participó en siete de las ocho exposiciones impresionistas celebradas entre 1874 y 1886 y que fue la única mujer que desempeñó un papel esencial en el movimiento desde el principio. Pero Morisot también ejemplificó, y en cierto modo lideró, la gran liberación impresionista.

Charles Baudelaire, profeta del arte moderno y amigo de Manet, había instado a los artistas a pintar “el heroísmo de la vida moderna”. Pero, ineludiblemente, las ideas sobre el heroísmo cambiaron durante el Año Terrible y la respuesta de Morisot a la agitación de ese periodo es inmensamente reveladora. Su decisión de pintar mujeres, niñas e interiores no era un mero reflejo (como se ha dicho a menudo) de su limitado acceso como mujer a las zonas de París y alrededores pintadas por los otros impresionistas. Fue una decisión deliberada. Cuando maduró artísticamente en los años inmediatamente posteriores al Año Terrible, el estilo que forjó parecía una respuesta punzante y conmovedora a sus experiencias durante esa época. No solo pintaba el flujo y la fugacidad de la luz, sino también la profunda fragilidad de la vida misma, destacando la existencia de las mujeres y los niños. Llevó algunos aspectos del impresionismo —hacia una forma de pintura más radicalmente “incompleta” y rota— más allá que cualquiera de sus coetáneos. Sus lienzos demuestran que le interesaba lo que el gran estudioso de la literatura estadounidense Robert D. Richardson denominó «la fase de taller, la etapa de alumbramiento del arte, no el momento del museo, sino la fase de embalsamamiento». Además, está claro que su especial sentimiento no solo por la felicidad y la elegancia, sino también por la vulnerabilidad inherente a los momentos de transición contribuyó a una transformación en la pintura de Manet en la década de 1870 (aunque ambos estaban tan unidos en aquella época y observaban con tanta avidez el trabajo del otro que es imposible precisar quién influyó en quién).

Los amigos de Manet que eran a la vez artistas y republicanos tenían una imagen mental de cómo sería Francia sin un líder autocrático y con las libertades republicanas. Se alinearon con muchas otras circunscripciones republicanas que atesoraban sus propias creencias ideológicas y sus listas de deseos de reformas prácticas, pero, naturalmente, les interesaban sobre todo las libertades artísticas. Ambicionaban, entre otras cosas, desmantelar la burocracia artística gubernamental y una reforma radical del sistema de educación, mecenazgo y recepción del arte (principalmente el Salón anual) patrocinado por el Estado, que llevaba el sello del régimen de Napoleón III. Así pues, para comprender el logro de Manet y de los impresionistas, es vital calibrar cómo se vieron afectadas sus esperanzas y convicciones políticas por las catástrofes militares y civiles de 1870 y 1871.

Manet y Morisot se sentían desmoralizados y horrorizados por lo ocurrido. “Este asedio me ha dejado absolutamente disgustada con mis semejantes, incluso con mis mejores amigos —escribió Morisot a principios de 1871—. Egoísmo, indiferencia, prejuicios; eso es lo que una encuentra en casi todo el mundo”. Cuando estalló la insurrección de 1871 en su amado París, Manet también se mostró desilusionado. Los motivos de la gente, observó, habían resultado fundamentalmente egoístas. Nadie tenía verdaderos principios y no había “grandes ciudadanos” ni auténticos republicanos, solo los que ambicionaban el poder y los patéticamente nostálgicos de aquella Comuna (1789-1795) establecida durante la primera Revolución francesa que había degenerado, durante el Terror, en una grotesca parodia de sus propios ideales declarados. Aquella gente, añadió, había puesto en grave peligro la idea de una verdadera república. Tras el aplastamiento de la insurrección, que había consternado a Manet por su brutalidad, sintió una auténtica desesperación. “¿Cómo vamos a salir de todo esto?”, se preguntaba. Todo el mundo culpaba a otros, pero lo cierto era que todos eran responsables del desastre que acababan de vivir.

La pregunta “¿Cómo vamos a salir de todo esto?” contenía otra: “¿Cómo debemos responder en calidad de artistas?”.

En el relato histórico que sigue, intento transmitir cómo los acontecimientos de 1870 y 1871 sometieron la “inocencia” de la claridad política a una presión enorme. Aquellos hechos infundieron a quienes los vivieron una profunda sensación de precariedad. Por supuesto, en Francia, todo el siglo XIX fue una extensa lección de inestabilidad política. No obstante, muchos de los que vivieron el Año Terrible sucumbieron a una sensación de fragilidad existencial nueva y repentinamente más profunda, y cuesta no ver el énfasis del impresionismo en la luz en fuga, en el cambio de las estaciones, en las escenas callejeras vislumbradas y en la domesticidad pasajera como una expresión de esta mayor conciencia sobre el cambio y la mortalidad. (…)

Después del Año Terrible, los nuevos pintores, entre ellos Manet, querían expresar más que nunca el mundo físico a través del color y la luz. Los lugares que pintaban cerca del Sena, al oeste de París, habían sido testigos de algunas de las peores escenas de caos y carnicerías. Sin embargo, sus cuadros hacían hincapié en la serenidad. Habían comprendido por encima de todo el principio del cambio, que todo está siempre en movimiento, siempre al borde del deterioro o la disolución. Aceptaban la mortalidad y la complicación como parte de ese principio, pero rechazaban el pasado oscuro y opaco y preferían imaginar un presente transparente y apacible. Su nuevo estilo idealizaba las transiciones y la contingencia, aun cuando intentaba disipar la tristeza. Su sueño —y era un sueño que buscaban vincular a hechos empíricos— era que todo, en palabras de Ralph Waldo Emerson, se “resolviera en luz”.

‘Nenúfares’, de Monet, en la exposición ‘Proust y las artes’, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid en 2026./WMagazín

***

Suscríbete gratis a la Newsletter de WMagazín en este enlace.

Te invitamos a ser mecenas de WMagazín y apoyar el periodismo cultural de calidad e independiente, es muy fácil, en este enlace.

Si quieres conocer WMagazín y sus secciones especiales PULSA AQUÍ. 

Te invitamos a ser mecenas de WMagazín, es muy fácil, en este enlace.

Visited 405 times, 2 visit(s) today
Maribel Lienhard

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter ·