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Ilustración de la portada de ‘El otoño del patriarca’, de Gabriel García Márquez, en una edición de Sudamericana, de Argentina. /WMagazín

‘El otoño del patriarca’, de Gabriel García Márquez: así se escribió la obra maestra sobre los dictadores, la soledad del poder y las ruinas de la ambición

En 1975, hace cincuenta años, se publicó esta novela de vigencia perpetua, un poema en prosa, que el Nobel colombiano consideró su mayor experimento literario. La obra por la que, según muchos, será recordado a través de los tiempos

Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927-Ciudad de México, México, 2014). /Fotografía de Penguin Random House en la solapa de ‘El otoño del patriarca

Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el interior, y en la madrugada del lunes la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza.

 

Así empieza el lujo literario que Gabriel García Márquez (Colombia, 1927 – México, 2014) se permitió para escribir lo que quería y como quería: El otoño del patriarca, de 1975. La obra maestra sobre los dictadores y la soledad del poder con las ruinas de su ambición es un poema en prosa o un artefacto narrativo-lírico. El escritor colombiano da rienda suelta a su imaginación, sensibilidad de artista y maestro jugador de las palabras, sus sonidos, sus combinaciones y recombinaciones, sus significados y sus espejos; así como su conocimiento del alma humana y del lenguaje y del efecto hechizante que produce.

En esa libertad del juego literario crea un torrente de la belleza del idioma en frases que caen en cascada, una tras otra, y que pudo alcanzar tras la tranquilidad que le dio el éxito de Cien años de soledad, de 1967. Y, también, convertirla en un clásico contemporáneo.

 

…Fue como penetrar en el ámbito de otra época, porque el aire era más tenue en los pozos de escombros de la vasta guarida del poder, y el silencio era más antiguo, y las cosas eran arduamente visibles en la luz decrépita…

 

La entrega de García Márquez a la historia del general dictador, llamado Nicanor por la Muerte, y la perfección que buscaba fue tal que la escribió “como se escriben los versos, palabra por palabra. Hubo al principio, semanas en las que apenas había escrito una línea”, confesó a Plinio Apuleyo Mendoza en El olor de la guayaba (1982).

El otoño del patriarca es “un poema sobre la soledad del poder”, afirmó.

La novela que escribió para desembrujarse de la escritura de Cien años de soledad, reconoció el escritor colombiano.

En realidad, para ser precisos, la empezó a escribir mucho antes. Retomó la escritura de aquel dictador entre sus escombros y ruinas a su alrededor tras dos intentos frustrados antes de que, en 1965, la historia de los Buendía y su viaje a Macondo entraran como un tropel en su vida y no lo dejaran en paz hasta dieciocho meses después de que la terminara.

Solo entonces, retomó El otoño del patriarca y la terminó en Barcelona. En este enlace puedes escuchar a García Márquez leer el comienzo de El otoño del patriarca.

 

…No tuvimos que forzar la entrada, como habíamos pensado, pues la puerta central pareció abrirse al solo impulso de la voz, de modo que subimos a la planta principal por una escalera de piedra viva cuyas alfombras de ópera habían sido trituradas por las pezuñas de las vacas

Dictadura, poder, soledad

La novela narra la vida Zacarías, un dictador, general y patriarca sin educación de un país ficticio del Caribe, a partir de cuando ya es un anciano que apenas tiene recuerdos claros. Su poder, que se convirtió en leyenda, lo asumió tras un golpe militar respaldado por los gringos. Gobernó con violencia y tropelías de toda naturaleza. Su historia es narrada por varias personas en monólogos, hasta completar el rompecabezas de los estragos y espejismos del poder, la violencia, el ansia y el desasosiego del amor y los afectos.

El otoño del patriarca es, para muchos, la mejor novela de Gabriel García Márquez. ¡Fascinante! Para leer despacio y disfrutar cada frase, cada línea, cada imagen que surge de allí con la creación de ventanas literarias, donde la realidad entra y sale a su antojo del sueño, la imaginación y la pesadilla.

Es la obra que muchos consideran que perdurará a través del tiempo por su lírica, su estructura, las múltiples lecturas de su tema y los espejos que suscita en cada persona la figura de un dictador. Por su vigencia perpetua.

Es el tiempo estancado. Es el tiempo visible en una demostración de que no existe porque todo sucede a la vez: génesis, evolución, vuelo, esplendor, amor, vacío, madurez, decadencia, fin, polvo, aire y vuelta a empezar en un ciclo infinito: génesis, evolución, vuelo… pero aquí en unas páginas detenido.

 

…vimos abandonada en un rincón la máquina del viento, la que falsificaba cualquier fenómeno de los cuatro cuadrantes de la rosa náutica para que la gente de la casa soportara la nostalgia del mar que se fue…

 

García Márquez sostiene que “el dictador es el único personaje mitológico que ha producido América Latina, y su ciclo histórico está lejos de ser concluido”.

En esa conversación, con Mendoza, aclara que a él no le interesaba tanto el personaje en sí, como la oportunidad que le daba de reflexionar sobre el poder: “Es un tema que ha estado latente en todos mis libros”.

 

Fotografía de Gabriel García Márquez, de su hijo Rodrigo García Barcha. Aparece en una de las contraportadas de ‘El otoño del patriarca’ y que formó parte de la exposición ‘Todo se sabe: el cuento de la creación de Gabo’, de la Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá, en 2025. /Foto WMagazín

Inspiración, génesis y escritura de El otoño del patriarca

La intrahistoria de ese hombre que es todos los dictadores que han pasado por la Tierra, que viven aún ella y están por llegar o nacer en el mañana del mañana, la desveló el propio García Márquez a preguntas de su amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza, en 1982. Antes de conocer sus secretos y carpintería, un pasaje de cuando aparece, por primea vez, el dictador, el patriarca:

 

En aquel recinto prohibido que muy pocas gentes de privilegio habían logrado conocer, sentimos por primera vez el olor de carnaza de los gallinazos, percibimos su asma milenaria, su instinto premonitorio, y guiándonos por el viento de putrefacción de sus aletazos encontramos en la sala de audiencias los cascarones agusanados de las vacas, sus cuartos traseros de animal femenino varias veces repetidos en los espejos de cuerpo entero, y entonces empujamos una puerta lateral que daba a una oficina disimulada en el muro, y allí lo vimos a él, con el uniforme de lienzo sin insignias, las polainas, la espuela de oro en el talón izquierdo, más viejo que todos los hombres y todos los animales viejos de la tierra y del agua, y estaba tirado en el suelo, bocabajo, con el brazo derecho doblado bajo la cabeza para que le sirviera de almohada, como había dormido noche tras noche durante todas las noches de su larguísima vida de déspota solitario. Sólo cuando lo volteamos para verle la cara comprendimos que era imposible reconocerlo aunque no hubiera estado carcomido de gallinazos, porque ninguno de nosotros lo había visto nunca, y aunque su perfil estaba en ambos lados de las monedas, en las estampillas de correo, en las etiquetas de los depurativos, en los bragueros y los escapularios, y aunque su litografía enmarcada con la bandera en el pecho y el dragón de la patria estaba expuesta a todas horas en todas partes, sabíamos que eran copias de copias de retratos que ya se consideraban infieles en los tiempos del cometa, cuando nuestros propios padres sabían quién era él porque se lo habían oído contar a los suyos, como éstos a los suyos, y desde niños nos acostumbraron a creer que él estaba vivo en la casa del poder porque alguien había visto encenderse los globos de luz una noche de fiesta…

 

Ahora sí, la génesis de El otoño del patriarca contada por el propio Gabriel García Márquez:

Por qué le interesan los dictadores

“Porque siempre he creído que el poder absoluto es la realización más alta y más compleja del ser humano, y que por eso resume a la vez toda su grandeza y toda su miseria. Lord Acton ha dicho que ‘el poder corrompe y el poder absoluto corrompe de modo absoluto’. Este es por fuerza un tema apasionante para un escritor”.

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@wmagazin

‘El otoño del patriarca’ de Gabriel García Márquez cumple cincuenta años 📚 En 1975 se publicó esta novela de vigencia perpetua, un poema en prosa, que el Nobel colombiano consideró su mayor experimento literario. La obra por la que, según muchos, será recordado a través de los tiempos #gabrielgarciamarquez #garciamarquez #elotoñodelpatriarca #wmagazin #libros #literatura

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Inspiración y documentación

Me enseñó mucho Edipo rey. Y aprendí bastante de Plutarco y de Suetonio, y en general de los biógrafos de Julio César. Un personaje que no sólo me fascina, sino que habría sido el que yo hubiese deseado crear en la literatura. Como no fue posible, tuve que contentarme con fabricar un dictador con los retazos de todos los dictadores que hemos tenido en América latina”.

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Origen de la novela

“Fue el día en que la Junta de Gobierno de Venezuela estaba reunida en aquel mismo lugar, en Miraflores. Dos o tres días después de la caída de Pérez Jiménez (23 de enero de 1958), ¿recuerdas? Algo ocurría, periodistas y fotógrafos esperábamos en la antesala presidencial. Eran cerca de las cuatro de la madrugada, cuando se abrió la puerta y vimos a un oficial, en traje de campaña, caminando de espaldas, con las botas embarradas y una metralleta en la mano. Pasó entre nosotros, los periodistas. Caminando de espaldas, apuntando con su metralleta, y manchando la alfombra con el barro de sus botas. Bajó las escaleras, tomó un auto que lo llevó al aeropuerto y se fue al exilio.
Fue en ese instante, en el instante en que aquel militar salía de un cuarto donde se discutía cómo iba a formarse definitivamente el nuevo gobierno, cuando tuve la intuición del poder, del misterio del poder”.

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Primera imagen que tuvo de El otoño del patriarca

“Es la imagen de un dictador muy viejo, inconcebiblemente viejo, que se queda solo en un palacio lleno de vacas”.

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¿En quién se basa?

“Mi intención fue siempre la de hacer una síntesis de todos los dictadores latinoamericanos, pero en especial del Caribe. Sin embargo, la personalidad de Juan Vicente Gómez (Venezuela) era tan imponente, y además ejercía sobre mí una fascinación tan intensa, que sin duda el patriarca tiene de él mucho más que de cualquier otro. En todo caso, la imagen mental que yo tengo de ambos es la misma. Lo cual no quiere decir, por supuesto, que él sea el personaje del libro, sino más bien una idealización de su imagen”.

Proceso de escritura

“Durante muchos años, como ocurre con todos mis libros, tuve el problema de la estructura. Nunca los empiezo mientras no lo tengo resuelto. Aquella noche en La Habana, mientras juzgaban a Sosa Blanco, me pareció que la estructura útil era el largo monólogo del viejo dictador sentenciado a muerte. Pero no; en primer término, era antihistórico: los dictadores aquellos o se morían de viejos en su cama, o los mataban o se fugaban. Pero no los juzgaban. En segundo término, el monólogo me hubiera restringido al único punto de vista del dictador, y a su propio lenguaje.

—Sé que llevabas bastante tiempo trabajando El otoño del patriarca, cuando lo interrumpiste para escribir Cien años de soledad. ¿Por qué lo hiciste? No es frecuente interrumpir un libro para escribir otro.

La interrupción se debió a que estaba escribiendo El otoño… sin saber muy bien cómo era, y por consiguiente no lograba meterme a fondo. En cambio, Cien años…, que era un proyecto más antiguo y muchas veces intentado, volvió a irrumpir de pronto con la única solución que me faltaba: el tono. En todo caso, no era la primera vez que me pasaba. También interrumpí La mala hora, en París, en 1955, para escribir El coronel…, que era un libro distinto incrustado dentro, y que no me dejaba avanzar.
Como escritor, tengo la misma norma que como lector: cuando un libro deja de interesarme, lo dejo. Siempre, en ambos casos, hay un momento mejor para enfrentarlo”.

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Estructura

“Imagínate el libro con una estructura lineal: sería infinito y más aburrido de lo que es. Su estructura en espiral, en cambio, permite comprimir el tiempo, y contar muchas más cosas como metidas en una cápsula. El monólogo múltiple, por otra parte, permite que intervengan numerosas voces sin identificarse, como sucede en realidad con la historia y con esas conspiraciones masivas del Caribe que están llenas de infinitos secretos a voces. De todos mis libros este es el más experimental, y el que más me interesa como aventura poética”.

 

El otoño del patriarca es una letanía de un coro de voces como venidas del pasado del tiempo que desenmascara y desnuda la ambición, el poder y la dictadura con sus estragos en quien lo encarna y muestra los escombros a su alrededor. Por que como escribe García Márquez, hacia el final de la novela:

 

…pero aprendió a vivir con esas y con todas las miserias de la gloria a medida que descubría en el transcurso de sus años incontables que la mentira es más cómoda que la duda, más útil que el amor, más perdurable que la verdad, había llegado sin asombro a la ficción de ignominia de mandar sin poder, de ser exaltado sin gloria y de ser obedecido sin autoridad cuando se convenció en el reguero de hojas amarillas de su otoño que nunca había de ser el dueño de todo su poder, que estaba condenado a no conocer la vida sino por el revés, condenado a descifrar las costuras y a corregir los hilos de la trama y los nudos de la urdimbre del gobelino de ilusiones de la realidad sin sospechar ni siquiera demasiado tarde que la única vida vivible era la de mostrar, la que nosotros veíamos de este lado que no era el suyo mi general, este lado de pobres donde estaba el reguero de hojas amarillas de nuestros incontables años de infortunio y nuestros instantes inasibles de felicidad, donde el amor estaba contaminado por los gérmenes de la muerte pero era todo el amor mi general, donde usted mismo era apenas una visión incierta de unos ojos de lástima a través de los visillos polvorientos de la ventanilla de un tren, era apenas el temblor de unos labios taciturnos, el adiós fugitivo de un guante de raso de la mano de nadie de un anciano sin destino que nunca supimos quién fue, ni cómo fue, ni si fue apenas un infundio de la imaginación, un tirano de burlas que nunca supo dónde estaba el revés y dónde estaba el derecho de esta vida que amábamos con una pasión insaciable que usted no se atrevió ni siquiera a imaginar por miedo de saber lo que nosotros sabíamos de sobra que era ardua y efímera pero que no había otra, general, porque nosotros sabíamos quiénes éramos mientras él se quedó sin saberlo…

Segunda entrega:  Las mejores novelas de dictadores y retrato del tirano de América Latina: de Facundo, de Sarmiento a La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa.

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Winston Manrique Sabogal

Un comentario

  1. Sin dudas, creo que esta obra de Gabo es una joya literaria que atrapa al lector por la sutileza y cómo va desgranando el relato. Imperdible para disfrutar de una buena literatura castellana.

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