La actriz y escritora española Elvira Mínguez, autora de la novela ‘La educación del monstruo’ (Espasa). / Fotografía de Hugo G. Pecellín – cortesía de editorial Espasa
Elvira Mínguez: “El ser humano tiene una tara. Por eso el monstruo está en nosotros mismos”
La actriz y escritora española publica la novela 'La educación del monstruo' en la que rastrea el origen del mal en un violador de niñas. La violencia contra la mujer es un tema capital en su obra y advierte sobre ello en esta entrevista
Los recuerdos. La memoria. El tiempo. Elvira Mínguez (Valladolid, 1965) ha rastreado estos tres conceptos en su novela La educación del monstruo (Espasa) y en su propia vida. Ha ido en busca de las posibles causas que pueden convertir a alguien en un ser dañino e indeseable. En esa exploración ha descubierto, o comprobado, que, a veces, un amor equivocado puede engendrar el mal.
Y echar la vista atrás con rigor puede ayudar a identificar las piezas del rompecabezas de uno de los grandes enigmas del ser humano: la construcción del monstruo, que acaba recordando que es un ser humano como todos. Y que, de alguna manera, es producto de otro u otras personas sin pretenderlo.
La escritora y actriz española crea una historia familiar y cotidiana, para explorar cómo se gesta la violencia, personificada aquí en un violador de niñas. Elvira Mínguez vertebra su novela a través de los recuerdos de tres mujeres situadas en épocas diferentes en las que el miedo, el silencio y el amor malentendido se entrelazan como fuerzas subterráneas destructoras.
La educación del monstruo no solo es inquietante y turbia, sino que invita al lector a mirar hacia atrás en su propia vida mientras repasa la de los personajes de la novela, al tiempo que plantea preguntas universales sobre la maldad y sobre cómo se contribuye a ella.
Elvira Mínguez debutó en la literatura en 2023, con la novela La sombra de la tierra, que le sirvió de base para su ópera prima como directora de cine. Ahora, con La educación del monstruo, Premio Primavera de Novela 2026, confirma su carrera literaria.
Es conocida, sobre todo, como actriz de cine —con una treintena de títulos por los que ha ganado un Goya a la mejor actriz de reparto y ha obtenido dos nominaciones en la misma categoría— y de televisión con una veintena de títulos entre los que figuran proyectos de próxima emisión como la miniserie Sira (Netflix), basada en la novela de María Dueñas, una especie de continuación de su best seller El tiempo entre costuras.

Identidad y pequeñez humana
Literatura y cine, cine y literatura, se retroalimentan en La educación del monstruo, como lo contó Elvira Mínguez en esta videoentrevista:
Winston Manrique Sabogal. Hay un asunto con la película El hombre menguante, que cita en la novela cuando unos personajes la ven en el cine. ¿Por qué esta película?
Elvira Mínguez. Porque a mí se me quedó grabada absolutamente cuando la vi por primera vez. Me pareció el horror. Hay una cuestión existencial tremenda en esa película: la lucha del ser humano frente a lo desconocido, frente a la identidad, frente a la tecnología.
De repente, ante un fenómeno inexplicable, ese hombre se va reduciendo hasta casi desaparecer. En el fondo es de lo que estamos hablando: de la identidad. ¿Cómo sobrevives cuando ya no tienes nada, cuando todo es adverso y, al final, solo te tienes a ti mismo? ¿Cómo sobrevives a eso?
Me encanta que hayas mencionado esto, porque es algo que suele pasar desapercibido. Yo tengo esa película en la cabeza.
W. Manrique Sabogal. Esa escena es parte de la condensación de su novela. Es como si de allí saliera toda la historia, con los temas que usted aborda
Elvira Mínguez. Absolutamente. Es así. Tenía muy claro que esa película tenía que aparecer porque, para mí, es de lo que estamos hablando. Existencialmente, me parece una película de verdad. Habla del ser humano y de su pequeñez; de la construcción de la identidad, que es, en el fondo, el gran tema de la novela.
W. Manrique Sabogal. Otro elemento esencial son los recuerdos. ¿En su caso, cuáles son sus primeros recuerdos sobre cine y literatura?
Elvira Mínguez. Tengo el recuerdo de oír a mi abuelo decir a mis padres en voz alta, cuando yo tenía unos cuatro o cinco años: “Pero alguien se ha dado cuenta de que esta niña está leyendo”.
El recuerdo que tengo siempre es de estar leyendo, de tener libros entre las manos. Vivíamos en un barrio de trabajadores de Valladolid. Los fines de semana llegaban los bibliobuses. Caravanas de autobuses chiquititos donde ibas con tu carné y cogías libros. Entonces te podías llevar alguno a casa y otro lo podías leer allí en el mismo parque. El sábado era el día más feliz para mí porque era el día en que llegaban esos libros.
La escritura, en cambio, la empecé a practicar ya de mayor. Tendría unos cincuenta años cuando empecé con los talleres de Clara Obligado. Lo hice porque vivía rodeada de libros y un día pensé: he leído muchos libros y no sé leer. Porque para mí leer es, también, entender cómo se hacen las cosas. Me fui a buscar un taller de literatura con la idea de aprender a leer, digamos. Y resulta que tenía que escribir.
En el barrio vecino al que vivíamos en Valladolid había un cine de sesión continua. Allí pasaba mucho tiempo viendo spaghetti westerns.
Winston Manrique Sabogal. ¿Qué es la memoria?
Elvira Mínguez. La memoria es la identidad. Una de las cosas que hacemos al escribir es intentar narrarnos a nosotros mismos. Lo que yo hago es contar historias. Bien desde la parte audiovisual, o bien desde la escritura, o bien desde la dirección. Creo que me dedico a contar historias porque lo que necesito, en definitiva, es narrarme. La memoria es eso. Muchas veces pensamos en la memoria como una especie de biblioteca.
“El monstruo está en nosotros mismos”
W. Manrique Sabogal. En esos recuerdos de los personajes, la novela intenta rastrear el origen del mal y va armando el rompecabezas.
Elvira Mínguez. Cuando pienso en los monstruos, pienso en la manipulación a través del miedo que hacemos no solamente con los niños, sino también como adultos. Me interesaba saber qué es lo que ocurre psicológicamente con estos monstruos.
En la novela, el monstruo se crea de muchas formas. El monstruo tiene muchas caras, incluida la de una madre que ama, y para todos amante, supuestamente. Yo soy madre, y eso me obligó a reflexionar sobre cuándo aparece ese monstruo que hay en mí. Que incluso, sin quererlo, hace daño y determina o influye en otros.
Ese es el origen de Matilde. La sobreprotección a un hijo que en sí misma es un monstruo. Hace que Matilde se convierta en un monstruo desde el amor, y hace que el niño sufra una serie de consecuencias. El monstruo está en nosotros mismos.

“Estamos retrocediendo a pasos agigantados”
W. Manrique Sabogal. La novela, también, forma parte de una corriente creativa, literaria y sociológica contemporánea sobre la desacralización de la maternidad y la figura de la madre, de la mujer que debe amar a sus hijos por encima de todas las cosas, por ejemplo.
Elvira Mínguez. Hay madres y padres que aman a sus hijos y otros que no. Y hay padres y madres que queriendo mucho se convierten en monstruos.
Hay una parte central que es el abandono y hay otra importantísima para mí que es la sensualidad y la sexualidad infantil, frente a la sensualidad y la sexualidad adulta. Y todo eso contribuye a la creación de ese monstruo.
W. Manrique Sabogal. Elena Ferrante, en su tetralogía Dos amigas, muestra la realidad de la mujer y la madre con todas sus luces y sus sombras. ¿Cómo cree que se está abordando en la literatura o en las artes en general esto?
Elvira Mínguez. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Me parece que es esencial. Lo que no sé es si realmente estamos consiguiendo algo. Me parece que el verdadero ejercicio consiste en hablar de ello, pero también en hacer cosas al respecto, en hacernos escuchar de alguna manera y en poner estos temas sobre la mesa.
Vivimos en una sociedad que, nos guste o no, queramos o no, es una sociedad machista; y ese machismo lo compartimos hombres y mujeres. No es un crédito solamente de los hombres, también es de las mujeres.
Me parece que, socialmente, con todo lo que está ocurriendo, nos dirigimos hacia una sociedad en la que resulta cada vez más fácil manipularnos a través del dinero. No soy especialmente optimista respecto a que podamos llegar a cambiarlo. La solidaridad está muy marcada, los espacios están ya muy determinados y me parece muy complicado que podamos verdaderamente cambiar algo.
Observo con pavor a las generaciones nuevas. Con mi marido tenemos un hijo de 16 años y, muchas veces, observo con mucho miedo los pensamientos que tienen en relación con las mujeres, en relación con el sitio que ocupan, con la educación. Estoy convencida de que estamos retrocediendo a pasos agigantados. En ese retroceso las mujeres se llevan la peor parte.
Hemos avanzado muchísimo, sin duda. Pero creo que es de necios pensar que como hemos avanzado no podemos retroceder. Hay que tener mucho cuidado.
W. Manrique Sabogal. ¿Cuándo o qué factores cree que han servido de detonantes de esta situación? ¿Qué se hizo mal?
Elvira Mínguez. No te sabría decir. Es algo que lo he pensado siempre. Creo que el ser humano tiene una tara. Creo que nacimos con una tara, con algo dañado. Por eso hablo de que el monstruo está en nosotros mismos y de que hay padres y madres que queriendo mucho se convierten en monstruos.
La tecnología, no solo en los últimos años, ha hecho que todo vaya mucho más rápido que nosotros, y lo que ha conseguido es ahondar en esa tara. El monstruo está en nosotros mismos.
Lo que estamos haciendo con la tecnología es un horror; podría ser algo hermoso, pero lo estamos convirtiendo en otra cosa. El ser humano se está convirtiendo en algo peor. Pero, insisto, no son solo las redes sociales, porque el ser humano tiene una tara. El problema es anterior y más profundo. Lo único que los humanos demostramos es que no tenemos cabeza.

Violencia contra la mujer
W. Manrique Sabogal. La novela trenza aspectos como el abuso a las niñas, la violencia contra las mujeres, la sexualidad. Todo esto que ha ocurrido toda la vida, a lo que se suman la vergüenza, la culpa de antes y todavía aquello de que los trapos sucios se lavan en casa, como lo recuerda un personaje. Y sitúa esto en tres periodos y lugares distintos: Alemania en los sesenta, Valladolid en los setenta y Madrid en los ochenta. ¿Se ha avanzado algo? Hay más denuncias de maltratos, pero también se habla mucho de las denuncias falsas.
Elvira Mínguez. La respuesta está en la pregunta. Si frente al número de casos reales, las denuncias falsas eclipsan esos casos reales y cobran más importancia, creo que la respuesta está ahí. Es algo de lo que no se quiere hablar. Tradicionalmente no se ha querido hablar.
Cuando una minoría es capaz de silenciar a una mayoría es porque se quiere que esa minoría desaparezca del debate. Entonces se desvía la atención diciendo: “No, no, es que esto es falso”. El 0,1 % de casos falsos no puede eclipsar la realidad. Si ocurre, significa que no queremos afrontar el problema.
W. Manrique Sabogal. El tema de la sensualidad y la sexualización de los niños por parte de los adultos.
Elvira Mínguez. Es importante y me parece que es un elemento desencadenante. No solo está el recuerdo involuntario como desencadenante o el abandono, sino la culpa asociada a la sexualidad.
W. Manrique Sabogal. Es interesante cómo trata a los personajes femeninos y cómo se puede hacer daño a partir del amor y cómo en el caso de Javier, el adolescente protagonista, despierta esa sexualidad que él no sabe controlar.
Elvira Mínguez. Cuando hacemos una mirada retrospectiva, todo parece mucho más sencillo de entender. Pero hay que situarse en aquel momento, en aquella época, en cada situación, antes de juzgarla con los ojos de hoy. Yo, por lo menos, no lo intento. No creo que tengamos que juzgar el pasado con la mirada del presente.
Pero sí tenemos que colocarnos un poco en esa situación. Tengo la sensación de que me pasa lo mismo con los personajes que interpreto. Muchas veces me dicen que debo colocarlos de perfil, porque parece muy difícil que consigamos ver a las mujeres de frente con todos sus defectos, con toda su complejidad, con todos sus errores y, por supuesto, con todos sus riesgos. Parece que socialmente no nos conviene ver a una mujer completa, igual que vemos a cualquier otro ser humano.
Si queremos avanzar como mujeres y queremos sentarnos donde debemos por justicia, tenemos que mostrarnos tal y como somos.
W. Manrique Sabogal. La novela es muy visual.
Elvira Mínguez. Es algo que no me he planteado nunca. Me pasó con La sombra de la tierra, la novela anterior. Tiene una explicación para mí lógica: Llevo treinta años en el mundo audiovisual. Mi cabeza funciona con imágenes.
Cuando hace poco una amiga me decía: “¿Pero, qué haces? Te levantas y te pones a escribir ya y lo que vayas saliendo, tal”. Y digo: “No. Básicamente, me siento, me apoyo en el respaldo de la silla y me quedo mirando al fondo. Aunque parezca que no estoy haciendo nada, en realidad estoy viendo las escenas. Me gusta que el lector entre conmigo en la película que estoy escribiendo; en la película que, en realidad, está leyendo”.
Es Elvira Mínguez creando una sola dimensión para literatura y cine, cine y literatura. Dos mundos que enriquece con la realidad y sus reflexiones.
- La educación del monstruo. Elvira Mínguez (Espasa).
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