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Detalle de la portada del libro ‘Política para perplejos’, de Daniel Innerarity (Galaxia Gutenberg). / WMagazín

En defensa de la Ilustración en el siglo XXI (1): intelectuales, expertos y creadores dicen cómo preservar sus valores ante los ataques que sufre

Desde el Nobel de Literatura László Krasznahorkai, hasta la filósofa italiana Adriana Cavarero, el sociólogo y politólogo francés Sami Naïr y una veintena de autores participan en este especial de WMagazín. Explican los motivos de la emboscada a este movimiento intelectual, científico y cultural del siglo XVIII que buscó la igualdad, los derechos humanos y expandir el conocimiento que ha dado forma al mundo, a la vez que plantean cómo adaptarlo a la modernidad

La Ilustración vive una emboscada. Los ataques contra ella arrecian en todo el mundo y tergiversan y menoscaban sus valores, como los de la democracia, la convivencia y los derechos adquiridos. Esta ofensiva se produce en un nido de incertidumbres ante el gran cambio de paradigma propiciado por la transformación acelerada en todos los ámbitos, el desasosiego por viejos y nuevos desafíos, la espiral de la crisis climática, la colonización de la posverdad, el descenso en la enseñanza de las humanidades, el inestable tablero geopolítico, el avance del mundo dual, analógico y digital, y las dudas en el umbral de la quinta revolución industrial donde se lucha por no caer en la deshumanización ante la entronización de la inteligencia artificial.

Sobre por qué sucede esto y qué se puede hacer para que la Ilustración siga como guía del ser humano adaptada a la modernidad y contrarrestar el deterioro de sus valores, en WMagazín invitamos a reflexionar a una veintena de pensadores, historiadores, escritores, científicos, politólogos, economistas, sociólogos, artistas y creadores en general: del Nobel de Literatura húngaro László Krasznahorkai a la filósofa italiana Adriana Cavarero, el sociólogo y politólogo francés Sami Naïr, la neurocientífica española Nazareth Castellanos, el filósofo y divulgador alemán Wolfram Eilenberger o el periodista y ensayista estadounidense David Rieff.

Las dos preguntas que rondan ante esta situación son: ¿Por qué algunas personas y movimientos traicionan, reniegan o minan los valores de la Ilustración que ha traído a la humanidad hasta donde ha llegado, con aciertos y errores, y que abrió el camino a un progreso nunca antes visto, a una sociedad más igualitaria y a una expansión del conocimiento y la cultura? Y ¿Qué se puede hacer para preservar sus valores y adaptarse a un mundo que cambia de paradigma?

Los resultados maravillosos

El escritor László Krasznahorkai (Hungría, 1954), Nobel de Literatura 2025, durante la entrevista con WMagazín cuando recibió el Premio Formentor de las Letras 2024. /WMagazín

László Krasznahorkai afirma que “La Ilustración fue una cosa increíble, excelente en la época de la Ilustración, en la historia de la humanidad y para el desarrollo de la historia del conocimiento de la humanidad. Esto ha sido un proceso inevitable, pero en aquel momento terminó una época y con ella empezó una nueva, una que tuvo que ocurrir. Hoy en día tenemos una opinión totalmente diferente sobre la historia del conocimiento, desde la Ilustración, el pensamiento racional y de causalidad que nos ha conducido a unos resultados maravillosos en el siglo XXI que lo son gracias a esa Ilustración. Todas las revoluciones filosóficas quieren cambiar al ser humano, pero el ser humano no se puede cambiar. Cambian las circunstancias tecnológicas, técnicas”.

Y lo afirma una persona que vivió los efectos de un entorno que desdeñaba, manipulaba y tergiversaba valores y virtudes de la herencia del Siglo de las Luces. László Krasznnahorkai sabe de lo que habla, porque nació en Hungría, en 1954, un país privado de esas bondades que empezaron a cambiar el mundo en el siglo XVIII, al estar bajo el dominio de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hasta que salió de este bloque político-militar en 1989 para transitar hacia la democracia y vivir influencias de la Ilustración.

En 2024, un año antes de que recibiera el Nobel, Krasznahorkai reflexionó sobre esta pregunta que le hice para WMagazín. Sentado en un sofá de un hotel de Marrakech (Marruecos), con motivo de la entrega de su Premio Formentor de las Letras, inició su respuesta con un aire agradecido a lo gestado en aquel siglo XVIII y celebró sus influencias hasta hoy, pero, luego, recordó cierta naturaleza del ser humano donde anidan las pulsiones de la ingratitud y que empujan hacia el abismo:

“La fuerza de la civilización para nuestra era, para el siglo XX y XXI, se ha reforzado muchísimo y no hace ni cuatrocientos años de esto, prácticamente. Si pensamos en la cotidianidad de finales del siglo XVIII, principios del siglo XIX, y luego damos un gran salto a nuestra época del siglo XXI, vamos a ver que los avances tecnológicos han reforzado extremadamente la civilización actual.

El problema es que la revolución digital tampoco ha cambiado al hombre, aunque era el objetivo. Tenemos esta civilización digital extraordinaria, increíble, por una parte, y, por otra parte, tenemos a los usuarios. El ser humano, al fin y al cabo, sigue siendo lo mismo, peligroso para sí mismo. La única esperanza que queda es que del destino de la humanidad no lo decidirá el hombre. La supervivencia, realmente, no la decidimos nosotros, sino el instinto de supervivencia que habita en nosotros”.

Un mirada más humanista y comprender el mundo actual

Detalle de la web de Più libri più liberi y de la AIE – Associazione Italiana Editori, Italia. /WMagazín

 

En el deterioro de la Ilustración se ha perdido algo fundamental, asegura Nazareth Castellanos: Es el humanismo. La capacidad de poder ver, también, al ser humano desde una mirada mucho más integral. Desde la materialista, la científica, la racional y la humanista que las engloba a todas ellas”.

Si la neurocientífica española señala una causa y plantea un modo de contrarrestar ese desgaste de la Ilustración, el filósofo español Daniel Innerarity da otras claves más tangibles sobre posibles motivos para estos ataques: “Nuestras instituciones están diseñadas para gestionar crisis parciales o sectoriales, pero no para una crisis total o sistémica como la que caracteriza al mundo en que vivimos.  Podríamos decir que no está en crisis todo sino el todo; no están en crisis diversos ámbitos de nuestra condición sino la relación entre esos ámbitos. Lo primero que nos hace falta es comprender el mundo en el que vivimos, hacer buenos diagnósticos de los problemas. Hay que comprender cómo funciona la sociedad, si hay que cambiarla y cómo, a qué lógica evolutiva obedece, de qué modo se relacionan sus elementos y la totalidad. Mientras sigamos pensando la sociedad como un montón de individuos y tratando de explicar sus comportamientos como una simple agregación, no conseguiremos hacernos cargo de la complejidad que caracteriza a la sociedad contemporánea”.

El mundo ha experimentado un cambio demográfico más rápido de lo previsto, ya somos más de ocho mil millones, con un crecimiento de cien millones por año, con sus consiguientes transformaciones en todas las esferas a la que se suma la velocidad de vértigo en avances tecnológicos. Y ni la sociedad ni los estados logran digerir los cambios para poner orden y suplir necesidades. Los gobiernos no han sabido redimensionarse. La realidad no solo va por delante, sino que atropella todo lo conocido sin dar tiempo a la gestión o asimilación de los hechos, mientras las leyes o medidas van muy lentas y cuando las aprueban ya son obsoletas porque el tiempo es otro.

Es una especie de Principio de incertidumbre propiciado por el Efecto mariposa o Teoría del caos.

Es la súper tormenta perfecta gestada de manera progresiva con la llegada del siglo XXI por temas como:

  • Globalización a través de internet que amplía la visión del mundo.
  • Crisis económica.
  • Consolidación del mundo dual, analógico y digital.
  • Jubilación de modelos centenarios de negocios, empresas e instituciones y reconversión de todo.
  • Aparición y auge de las redes sociales.
  • Comienzo de grandes cambios de hábitos de las personas impulsados por el mundo digital.
  • Trashumancias virtuales y canales de información y socialización.
  • Consolidación de la era de la posverdad y las informaciones falsas.
  • Emergencia climática en espiral.
  • Capitalismo y neoliberalismo desbocados.
  • Desencanto de la ciudadanía ante las políticas.
  • Resurgimiento de autocracias y gobiernos con tics autocráticos o dictatoriales.
  • Dicotomías entre libertad y seguridad o derechos y deberes.
  • Declive en la enseñanza de las humanidades.
  • Entronización del utilitarismo.
  • Auge del individualismo.
  • Amenazas hacia retrocesos en algunos derechos que se creían conseguidos.
  • Aumento de las brechas económicas, sociales, culturales y tecnológicas.
  • Avance de la polarización agitada por las redes sociales.
  • Ruptura de los modelos de diplomacia y del multilateralismo.
  • Confirmación de un cambio geopolítico en cinco bloques, pero dominado por tres: Estados Unidos, China y Rusia, casi como observadores Europa y el resto del mundo.
  • Reaparición de la imposición por la fuerza y la guerra.
  • Irrupción de la inteligencia artificial.
  • Revolución social y cambio de paradigma total.
  • Expansión del tecnofeudalismo.
  • Inicio de la quinta revolución industrial, colaboración del ser humano con las tecnologías del futuro adelantado, donde busca abrirse paso el posthumanismo.

Las virtudes de la democracia

El filosofo alemán Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, durante la ceremonia en Oviedo (España). / WMagazín

De todo este cóctel y otros ingredientes ha surgido el ataque progresivo que desestabiliza el mundo contemporáneo y preocupa. Un ejemplo se escenificó en la entrega de los Premios Princesa de Asturias 2025, en Oviedo (España), donde los cuatro galardonados que dieron discursos analizaron este tema de manera directa o tangencial. Byung-Hul Han, filósofo alemán de origen surcoreano, Premio de Comunicación y Humanidades, alertó:

“Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llama moeurs, es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos”.

En esa línea, el italiano Mario Draghi, ex presidente del Banco Central Europeo (BCE), de 2011 a 2019, en plena crisis del euro y a quien se atribuye su salvación, recibió el Princesa de Asturias de Cooperación Internacional, explicó en su discurso:

“Las perspectivas para Europa son las más difíciles que yo recuerde. Casi todos los principios sobre los que se fundó la Unión están tensionados. (…)

No se ha cambiado nuestra gobernanza desde 2007. Hoy somos una confederación europea que simplemente no puede hacer frente a semejantes exigencias.

Más allá de las declaraciones, y por necesidad, el futuro de Europa debe ser un viaje hacia el federalismo.

Pero, por deseable que fuera una auténtica federación, ésta requeriría condiciones políticas que hoy en día no existen. Y los desafíos con que enfrentamos son demasiado urgentes como para esperar a que surjan.

Por lo tanto, un nuevo federalismo pragmático es el único camino viable”.

¿Qué reemplazaría a la Ilustración?

Javier Moscoso, historiador, investigador de la filosofía de la ciencia y director del Festival de las Ideas, no duda en proclamar la defensa de la Ilustración, e interpela a  quienes la atacan: “Hay que preguntar a todos aquellos que consideran que hay que tirar abajo sus cimientos que nos digan con qué la van a sustituir, con qué van a sustituir la fe y la razón, con qué van a sustituir la búsqueda crítica de evidencias, con qué van a sustituir la búsqueda de derechos humanos universales, con qué van a sustituir la naturaleza humana, con qué van a sustituir lo que son los principios de racionalidad que se defendieron hace 250 años. Todos conocemos los errores y todos hemos ido desmontando los argumentos de la Ilustración casi como si fuera un deporte inocuo, y nos vamos dando cuenta de que está bien, está bien abrir esa espita, pero si sabemos qué vamos a colocar en su lugar”.

WMagazín empezó a dar cuenta sobre los ataques a la Ilustración y la importancia de preservarla, adaptarla y potenciar lo mejor de ella como garantía para salvaguardar la democracia y mejorarla desde 2018 con el artículo Por qué la Ilustración debe continuar como guía del ser humano. Fue cuando Steve Pinker publicó su libro En defensa de la Ilustración. Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso (Paidós). Si un psicólogo, científico cognitivo y lingüista tan prestigioso como Steve Pinker advertía de esta situación, él que ha abogado por la razón y la ciencia como motores de progreso humano y moral, entonces es que algo no marchaba bien en el mundo. Su ensayo empieza por recordar y reivindicar los albores del Siglo de las Luces:

“¿Qué es la Ilustración? En un ensayo de 1784 con esa pregunta como título, Immanuel Kant respondía que consiste en ‘la salida de la humanidad de su autoculpable inmadurez’, su ‘perezosa y cobarde’ sumisión a los ‘dogmas y fórmulas’ de las autoridades religiosas o políticas. El lema de la Ilustración, proclamaba Kant, es: ‘¡Atrévete a saber!’, y su demanda fundamental es la libertad de pensamiento y de expresión. ‘Una época no puede establecer un pacto que evite que las épocas subsiguientes amplíen sus ideas, acrecienten sus conocimientos y purguen sus errores. Eso supondría un crimen contra la naturaleza humana, cuyo auténtico destino reside precisamente en semejante progreso”. (Puedes ver la reseña y un pasaje del libro EN ESTE ENLACE).

Se refiere a que la Ilustración llegó tras el Renacimiento que trataba de dejar atrás el teocentrismo, para luego, a finales del siglo XVII, empezar a crear una serie de valores que rescataron y promovieron la razón, la ciencia, el pensamiento y la expansión del conocimiento y la cultura que contribuyeron a forjar un pensamiento más crítico. Dotaron a las personas de herramientas que abrieron el camino de la transformación de la sociedad en busca de un mundo más igualitario y en armonía. Una ruta siempre en marcha.

A las reflexiones del Nobel de Literatura László Krasznahorkai sobre los motivos por los que se ataca a la Ilustración y qué hacer para preservar y potenciar sus valores, se sumarán en próximas entregas el politólogo francés Sami Naïr, la filósofa y feminista italiana Adriana Cavarero, el pensador alemán Wolfram Eilenberger, el secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) Mariano Jabonero, la pensadora y feminista francesa Hélène Cixous, la escritora colombiana Pilar Quintana, el escritor portugués Rui Couceiro, el periodista y ensayista estadounidense David Rieff, el pensador holandés Rob Riemen, el profesor de historia de la filosofía moderna Valerio Rocco Lozano, el historiador, filósofo español y comisario de arte Ignacio Miguéliz… Y más intelectuales, expertos y creadores…

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Winston Manrique Sabogal

2 comentarios

  1. Excelente y necesarísimo tema este sobre el riesgo de perder para la Humanidad los logros de La Ilustración 👏

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