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Mosaico con portadas de libros de hallazgos literarios y escritores emergentes de 2025. /WMagazín

Escritores del mundo a descubrir en 2025: de Gueorgui Gospodínov a Laura Baeza o Aki Shimazaki

Una vuelta al mundo para ampliar el territorio de la literatura con autores que merecen más lectores. Nombres de Bulgaria, Cuba, México, Japón y Noruega que abordan temas que van de las maternidades alternativas al duelo de los padres

Los nuevos y buenos escritores siempre son bienvenidos. Este pequeño periplo por el mundo con hallazgos literarios nos lleva a Bulgaria, Cuba, Japón, México y Noruega. Cinco escritores emergentes o conocidos en sus países, pero que merecen tener más lectores. Novelan temas de actualidad, desde la violencia contra la mujer hasta las nuevas maternidades.

 

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Bulgaria

El jardinero y la muerte

Gueorgui Gospodínov. Traducción: María Vútova (Impedimenta)

El dolor y el vacío de un hijo ante la muerte del padre y las relaciones paterno filiales encuentran en esta novela un espacio de realidad y sentimientos. Gueorgui Gospodínov (Bulgaria, 1968), ganador del Booker Internacional por Refugio del tiempo, relata los meses en que vio cómo la vida de su padre se apagaba. Y es a partir de esos momentos finales que revive la historia de ese padre y su relación con él, con ellos. Emociones, duelo, memoria, preguntas. ¿Cómo se enfrenta un hijo al derrumbe del héroe que lo protegió? ¿Y cómo afrontamos la ausencia de quienes nos hicieron ser quiénes somos? “Es una historia sobre padres e hijos, sobre la peculiar cultura del silencio que a menudo los envuelve y que puede teñir incluso los vínculos más profundos. Un mutismo que marcó de un modo irónico la vida del autor, ya que su padre fue un hombre muy callado y, a la vez, un sublime contador de historias”, señala la editorial.

Fragmento:

“De niño escogía de la biblioteca solo los libros escritos en primera persona, porque sabía que en ellos el protagonista no iba a morir. Bueno, pues este libro está escrito en primera persona a pesar de que su verdadero protagonista muere.

Sobreviven solo los narradores de historias, aunque también ellos morirán un día.

Sobreviven solo las historias.

Y el jardín que mi padre había plantado antes de irse.

Tal vez por eso narramos. Para abrir otro pasillo paralelo donde el mundo y todos los que lo habitan estén en su sitio, para desviar la narración hacia otra hilera cuando la cosa se ponga peligrosa y la muerte se desborde, como el jardinero desvía el agua hacia la siguiente hilera de la huerta”.

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Cuba
El precio de un ideal

Kevin Legrá (Galaxia Gutenberg)

Este es el antes, durante y después del cambio de una vida y de todo un país: Cuba. El modo en que la revolución y la dictadura de Fidel Castro impactaron en el interior de millones de personas. Cómo cuentan las nuevas generaciones la historia de su isla. Un niño nacido en Guantánamo, en 1942, vive su infancia y adolescencia con su bisabuela en Santiago de Cuba donde la religión empieza a ocupar un lugar importante en su vida. Con la llegada de la Revolución, en 1959, el mundo es otro. Los planes del joven Rivero se ven interrumpidos al ser enviado a una de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), los campos de trabajos forzados que, entre 1965 y 1968, aglutinaron a artistas e intelectuales disidentes, a homosexuales y a quienes profesaban una gran diversidad de religiones en Cuba. “A partir de ese momento, la biografía de Rivero quedará marcada por la desesperación y la impotencia ante el odio y la suspicacia de un sistema militar opresor”. Kevin Legrá (Cuba, 2000) obtuvo con El precio de un ideal el XVIII Premio Málaga de Novela.

Fragmento:

“Así transcurrió la infancia de Rivero, entre cantos, misas y libros. Su adolescencia fue igual. Creció jaranero y portento. Terminó sus estudios secundarios con buenos resultados, rodeado de un aura no tanto de conocimiento, sino de muchas ganas de saber. Descubrió, en la escuela, un amor inefable por los números. Le gustaba contar, calcular, jugar con ellos. Tenía muy claro que deseaba estudiar economía y para lograrlo, tenía que graduarse de bachiller. Fue en 1958 cuando quiso matricularse en un bachillerato ubicado en Altamira, relativamente cerca de su casa. Matilde lo acompañó, convencida de que iba a ser un trámite común, pero no tuvo suerte, porque desde hacía varias semanas habían clausurado todas las escuelas hasta nuevo aviso. La razón tenía nombre: Fidel Castro”.

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Japón

Una joven en Tokio

Aki Shimazaki. Traducción: Patricia Orts (Tusquets)

En esta novela subyace el misterio del cuento, de que algo no muy bueno se ha desencadenado y solo se espera el momento en que esto se haga visible y viva su desenlace. Aquí, a través de Kyoko, una joven ejecutiva japonesa entre la tradición y la modernidad, entre lo estable y los cambios, entre la obsesión por el trabajo y la necesidad del descanso, entre la razón y el corazón ante un jefe inesperado. Con esta novela de Aki Shimazaki (Japón, 1954), Tusquets añade “un capítulo más a la historia de la familia Niré, que en Suzuran se centró en la hermana menor y, en Luna llena, en la entrañable pareja que forman los padres”.

Fragmento:

De repente me estrecha entre sus brazos. Yo me quedo inmóvil. Pienso que le gustan las mujeres y las aventuras. ¿Cómo puedo creer en sus promesas empalagosas? Sea como fuere, no tengo ningunas ganas de casarme con él. Cuando por fin se calma, le pregunto:

—¿Puedes dejarme en la estación de metro más próxima?

—¿Por qué?

—Me apetece caminar un poco para despejarme. Ya son las diez. Tu mujer debe de estar esperándote”.

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México

El lugar de la herida

Laura Baeza (Alfaguara)

Dos narradoras, tres mujeres, una sociedad, un país, México. Una joven y la madre de su compañera de colegio relatan la desaparición de esta última. Con sus voces se abre el escenario de la violencia y el feminicidio. Con este argumento, Laura Baeza (México, 1988) “añade nuevas notas a las discusiones sobre la violencia, el deseo, la amistad, la ternura y la libertad humana”. ¿Qué pasa cuando someter a otras personas es la única forma de sobrevivir? ¿La desobediencia es posible siempre? ¿Qué redes de complicidad teje el silencio? ¿Cómo distinguir entre víctima y victimario?

Fragmento:

“Me acuerdo que ese viernes cuando conocí a Nancy una parte de mi vida cambió. Yo no lo sabía, pero el resto de mi vida iba a cambiar. Lo que había vivido hasta la semana anterior ya no me pertenecía. Debí suponerlo cuando Nancy se me pegó también a la hora de la salida porque vio que las otras chavas grandes estaban esperándome para ir al parque, Beto y sus amigos ya andaban dando vueltas cerca. Nancy se me pegó, me dijo que el parque le quedaba de camino al trabajo de su mamá, como era temprano podía alcanzarla si se subía a una combi para que no le diera insolación por irse a pie tantas cuadras, pero que podía pasar un ratito al parque a ver qué había o qué hacíamos, y yo de pendeja, porque siempre fui Lucero la pendeja, yo de pendeja le dije que sí, que íbamos puras de tercero, pero más grandes que ella, de pendeja le dije que se pasara un rato con nosotras, pero que no se asustara si veía algo que no le gustaba, es más, que si se sentía incómoda se cruzara rápido a la parada de las combis y se fuera, porque con su cara de niña también podía meternos en pedos, y ella dijo que no”.

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Noruega

La otra madre

Tina Åmodt. Traducción: Ana Flecha Marco (Tránsito)

Las mujeres siguen compartiendo la verdad sobre sus propias experiencias que no siempre han sido bien contadas en la literatura. En este caso el de las maternidades alternativas a través de una mujer lesbiana, casada y con dos hijos, que creció con la idea de que familias como la suya no deberían existir. Silje Marie vive con Helene y los niños que un verano se van de vacaciones. Ella queda sola ante la reforma de la casa. Las preguntas afloran, las dudas y los miedos la acechan respecto a su desempeño como madre y los hermanos de su hijo no biológico. ¿Se apega una madre igual a un hijo que se parece a ella y a uno que no? ¿Cómo de relevantes son los vínculos de sangre? Tina Åmodt se hace preguntas, explora con agudeza cuestiones de la maternidad, las vidas queer y la biotecnología.

Fragmento:

“La noche antes de que se fueran me desperté con la sensación de que no había vuelta atrás. Tengo que contárselo, pensé, estaba convencida de que Helene me lo notaría. Como si en el transcurso de la noche un perro al que yo hubiera acariciado sin permiso me hubiera desfigurado la cara, o como si me hubiera despertado con el pelo completamente blanco. Pero el día llegó y Helene no notó nada. Henry y yo llevábamos una hora escasa despiertos cuando bajó recién duchada y oliendo a rosas, se sirvió un café y me rozó la cadera al coger un vaso del armario que está encima del fregadero, sin pararse a preguntarme por qué estaba tan rara ni apoyarme la mano en el pecho y decirme: qué rápido te late el corazón”.

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Santiago Vargas

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