La Nobel de Literatura chilena Gabriela Mistral (1889-1957). /Foto: Anna Riwkin-Brick. Archivo de la Fundación Nobel
Gabriela Mistral, 80 años de su Nobel de Literatura, vive en su poesía de la naturaleza, del amor, del dolor, de la infancia y del americanismo
Homenaje a la poeta chilena que obtuvo el máximo galardón de las letras el año en que terminó la Segunda Guerra Mundial, 1945, por poemarios como 'Desolación', 'Ternura' y 'Tala'. Su nombre es "un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”
“Por su poesía lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”. Este fue el motivo por el que la Academia Sueca concedió, hace 80 años, el Premio Nobel de Literatura 1945 a Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 7 de abril de 1889 – Nueva York, 10 de enero de 1957) por obras como Desolación, Ternura y Tala (su poemario Lagar fue posterior, de 1954).
Una poesía que fue un regalo para el mundo y un intento por iluminar a la humanidad en el año en que terminó la catástrofe más horrible creada por el ser humano: la Segunda Guerra Mundial. Una poeta del amor, la naturaleza, el dolor, la destrucción, la maternidad, la infancia, la solidaridad. Como si la Academia Sueca invitara a mirar fuera de la Europa arrasada por culpa de lo peor de las personas y, de paso, recordar la grandeza de las cosas pequeñas y comunes y de la naturaleza. En Gabriela Mistral recayó el primer Nobel para América Latina, y ya van seis.
Nació en un pequeño poblado de los Andes donde se convirtió en maestra de escuela. Su poesía, como recordó WMagazín, en 2018, “procede del modernismo, de Amado Nervo o Rubén Darío, pero luego hizo su propio camino. Uno marcado por las penas, por la sensación de abandono y orfandad. Cuando tenía tres años su padre dejó el hogar”. (…) “En sus poemas se reflejan dos mundos, América y Europa. Y dos clases de sentimientos: los más íntimos y los públicos que abogan por la solidaridad. Es una poesía tapizada de lo autóctono, pero donde resuenan el panteísmo religioso y las creencias venidas de ultramar”.

Gabriela Mistral, en 1914, se presentó literariamente con unos versos sombríos y hermosos inspirados tras el fallecimiento de una persona que la amaba: Sonetos de la muerte, con los que ganó el concurso literario de los Juegos Florales de Santiago de Chile.
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.
En 1922, publicó el poemario Desolación donde la naturaleza alcanza unas cotas altas de lirismo:
La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.
El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos…

Mistral según la Academia Sueca
WMagazín rinde homenaje a Gabriela Mistral y su Nobel a través de lo que dice de ella la Academia Sueca y de las palabras con las que describieron su persona y obra en la ceremonia de entrega del Nobel, en 1945:
“Lucila Godoy Alcayaga nació en 1889 en Vicuña, Coquimbo, Chile. Hija de un maestro de escuela y poeta, Godoy comenzó a trabajar como maestra en su distrito natal con tan solo 15 años. Continuó trabajando como una destacada educadora hasta que su poesía se hizo famosa. Tomó prestado el seudónimo, Gabriela Mistral, de sus poetas favoritos, Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral. Godoy desempeñó diversas funciones en los sistemas educativos latinoamericanos, trabajó en diversos comités y también fue cónsul de Chile en varios países.
Los poemas de Gabriela Mistral se caracterizan por su fuerte emotividad y lenguaje directo. También están influenciados por el movimiento modernista. Sus temas centrales son el amor, el engaño, la tristeza, la naturaleza, los viajes y el amor por los niños. Su primera obra importante fue Desolación, publicada en 1922. En 1924, apareció Ternura, que contiene canciones de cuna y rimas infantiles, y posteriormente Tala, en 1938, que emplea imágenes inusuales y verso libre. Mistral también se involucró en temas sociopolíticos y fue una reconocida columnista de opinión en importantes periódicos de su país natal, Chile”. (…)
“En 1938, su tercera gran colección, Tala (título que puede traducirse como ‘estragos’ pero que también es el nombre de un juego infantil), apareció en Buenos Aires para beneficio de los niños víctimas de la Guerra Civil española. Contrastando con el patetismo de Desolación , Tala expresa la calma cósmica que envuelve a la tierra sudamericana cuya fragancia llega hasta nosotros. Estamos otra vez en el jardín de su infancia. Escucho nuevamente los diálogos íntimos con la naturaleza y las cosas en común. Hay una curiosa mezcla de himno sagrado y canción ingenua para niños; los poemas sobre pan y vino, sal, maíz y agua, agua que se puede ofrecer a los hombres sedientos, ¡celebran los alimentos primordiales de la vida humana! …”.
Discurso de la ceremonia del Nobel

De las Conferencias Nobel de Literatura 1901-1967, Editor Horst Frenz, Elsevier Publishing Company, Ámsterdam, 1969:
“En un pequeño pueblo del valle de Elquis, hace varias décadas, nació una futura maestra de escuela llamada Lucila Godoy y Alcayaga. Godoy era el nombre de su padre, Alcayaga el de su madre; ambos eran de origen vasco. Su padre, quien había sido maestro de escuela, improvisaba versos con facilidad. Su talento parece haberse mezclado con la ansiedad y la inestabilidad propias de los poetas. Abandonó a su familia cuando su hija, para quien había creado un pequeño jardín, era aún una niña. Su hermosa madre, que viviría muchos años, ha contado que a veces descubría a su solitaria hijita enfrascada en conversaciones íntimas con los pájaros y las flores del jardín. Según una versión de la leyenda, fue expulsada de la escuela. Al parecer, la consideraban demasiado estúpida como para malgastar horas de clase en ella. Sin embargo, aprendió por sí misma con sus propios métodos, formándose hasta convertirse en maestra en la pequeña escuela del pueblo de Cantera. Allí, su destino se cumplió a los veinte años, cuando surgió un apasionado amor entre ella y un empleado del ferrocarril.
Un día de noviembre de 1909, se disparó fatalmente en la cabeza. La joven se sintió invadida por una desesperación desbordante. Como Job, elevó su llanto al Cielo que lo había permitido. Desde el valle perdido en las áridas y abrasadas montañas de Chile, se alzó una voz, y la gente de todos los rincones la oyó. (…)
Cuando los poemas escritos en memoria del difunto dieron a conocer el nombre del nuevo poeta, los poemas sombríos y apasionados de Gabriela Mistral comenzaron a difundirse por toda Sudamérica. Sin embargo, no fue hasta 1922 que su extenso poemario, Desolación, se publicó en Nueva York. Las lágrimas de una madre brotaron a mitad del libro, en el decimoquinto poema, lágrimas derramadas por el hijo del difunto, un hijo que nunca nacería…
(…)
De su mano maternal, esta poeta nos ofrece una bebida con sabor a tierra que calma la sed del corazón. Proviene del manantial que manó para Safo en una isla griega y para Gabriela Mistral en el valle de Elquis, el manantial de poesía que nunca se agotará”.
Gabriela Mistral agradeció el premio en el Banquete Nobel en el Ayuntamiento de Estocolmo, el 10 de diciembre de 1945, con palabras como estas:
“En este momento, por un inmerecido golpe de fortuna, soy la voz directa de los poetas de mi raza y la voz indirecta de las nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas a este festival de la vida nórdica con su tradición de siglos de folclore y poesía”.
Al leer estas palabras resuenan poemas de Gabriela Mistral como:
Raíces
Estoy metida en la noche
de estas raíces amargas
como las pobres medusas
que en el silencio se abrazan
ciegas, iguales y en pie,
como las piedras y las hermanas.
Oyen los vientos, oyen los pinos
y no suben a saber nada.
Cuando las sube la azada
le vuelven al sol la espalda.
Ellas sueñan y hacen los sueños
y a la copa mandan las fábulas.
Pinos felices tienen su noche,
pero las siervas no descansan.
Por eso yo paso mi mano
y mi piedad por sus espaldas.
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