Hélène Cixous y la liberación del pensamiento y del deseo femeninos
La escritora, intelectual y feminista franco-argelina publica en España, por primera vez íntegro, su manifiesto de 1975 'La risa de la medusa' (Cátedra). El 1 de octubre de 2025 recibe el Premio Formentor de las Letras
Presentación WMagazín En 1975, la escritora franco-argelina Hélène Cixous (Oran, 1937) escribió uno de los textos más significativos y liberadores del pensamiento feminista: La risa de la medusa, que editorial Cátedra publica íntegro en español, por primera vez. Cixous, ya entonces, abogaba por que la mujer se contará a sí misma y lo contara a los demás con un lenguaje transparente, con palabras que hablan sobre el deseo de la mujer y todo lo que sucede a su alrededor, sin vergüenza, con tranquilidad, con naturalidad porque así es. Intenta ayudar a la mujer a quitarse el peso de la historia que le prohíbe contar su realidad más íntima como si fuera algo malo.
La propuesta de la franco-argelina Hélène Cixous, Premio Formentor de las Letras 2025, tiene un valor filosófico y político, “pues no solo desmonta la lógica patriarcal: propone una nueva. Escribir, para ella, es un gesto de insumisión: una manera de desarmar el orden establecido, de afrontar el miedo heredado, de dar nuevos sentidos al mundo y de reír como acto de subversión”.
La obra general de Hélène Cixous es transversal y multidisciplinar: va de la poesía, la narrativa, el teatro, la filosofía y el ensayo a los artículos que invitan al debate. Forma parte de la generación de intelectuales y escritores franceses que han elaborado corrientes renovadoras del pensamiento contemporáneo. Con vínculos de amistad y complicidad filosófica con autores como Michel Foucault, Georges Bataille, Jacques Derrida y Gilles Deleuze.
La escritora e intelectual recibirá el Premio Formentor de las Letras 2025 el 1 de octubre en el Teatro Real de Madrid. Ha sido distingida, según el jurado, “por la personalidad de su estilo y su intrépido sentido de la soberanía creativa, por la amplitud de las disciplinas intelectuales que ha integrado en su numerosa y proteica obra, por la composición de una obra literaria que ha expandido la más ilustre herencia de la cultura europea”.
El siguiente es un extracto de La sonrisa de la medusa:

La risa de la medusa
Por Hélène Cixous
Voy a hablar de la escritura femenina: de lo que hará. La mujer debe escribirse: que la mujer escriba sobre la mujer y lleve a las mujeres a la escritura —si las han alejado de ella tan violentamente como de sus cuerpos, es por las mismas razones, por la misma ley, con el mismo propósito mortal—. La mujer debe ponerse manos al texto —como al mundo, y a la historia— desde su propio movimiento.
No se debe permitir que el pasado continúe haciendo el futuro. No discuto que los efectos del pasado sigan ahí. Pero me niego a consolidarlos repitiéndolos; a otorgarles una inamovilidad equivalente a un destino; a confundir lo biológico con lo cultural. Urge anticiparse.
(…)

Escribo esto como mujer hacia las mujeres. Cuando digo “la mujer”, me refiero a la mujer en su inevitable lucha con el hombre clásico; y a una mujer-sujeto universal, que debe facilitar el advenimiento de la mujer a su(s) sentido(s) y a su historia. Pero hay que decir, ante todo, que, a pesar de la enormidad de la represión para mantenerlas en esa “negrura” que quieren hacerles reconocer como atributo, hoy día no existe una mujer general, una mujer típica. Lo que ellas tienen en común, lo diré. Pero lo que me llama la atención es la infinita riqueza de sus constituciones singulares: no se puede hablar de una sexualidad femenina, uniforme, homogénea, con un recorrido codificable, como tampoco se puede hablar de un inconsciente similar. La imaginación de las mujeres es inagotable, como la música, la pintura, la escritura: sus flujos fantasmáticos son inauditos. Más de una vez me ha maravillado lo que una mujer me describía de aquel mundo suyo en el que ella merodeaba en secreto desde su más tierna infancia. Un mundo de investigación, de elaboración de un saber, basado en la experimentación sistemática de las maneras de funcionar del cuerpo, en un examen preciso y apasionado de su erogeneidad. Esta práctica, de una riqueza inventiva extraordinaria, en particular de la masturbación, va seguida o acompañada de una producción de formas, una verdadera actividad estética, en la que cada momento de placer inscribe una visión sonora, una composición, algo bello. La belleza ya no estará prohibida. Por eso deseaba que ella escribiera y proclamara este imperio único. Para que otras mujeres, otras soberanas inconfesadas, puedan gritar: yo también desbordo, mis deseos han inventado nuevos deseos, mi cuerpo conoce cantos inauditos, yo también me he sentido tantas veces llena a reventar de torrentes luminosos, de formas mucho más bellas que las que se venden enmarcadas por una apestosa fortuna. Y tampoco yo dije nada, no mostré nada; no abrí la boca, no re-pinté mi mitad del mundo. Sentí vergüenza. Tuve miedo y me di un atracón de vergüenza y miedo. Me decía a mí misma: ¡qué loca estás! ¿Qué son estas subidas, estas inundaciones, estos arrebatos? ¿Qué mujer burbujeante e infinita no se ha avergonzado de su poderío, inmersa como estaba en su ingenuidad, mantenida en el oscurantismo y el desprecio de sí misma por el gran puño paternal-conyugal-faloegocéntrico? ¿Quién, sorprendida y horrorizada por esas pulsiones suyas que la remueven y desordenan (porque se le ha hecho creer que una mujer bien ajustada y normal es de una paz… divina), no se ha acusado a sí misma de monstruosa? ¿Quién, sintiendo que se le agitan unas extrañas ganas (de cantar, de escribir, de proferir, en definitiva, de hacer surgir algo nuevo), no se ha creído enferma? Pero su vergonzosa enfermedad es que se resiste a la muerte y por esto da tantos quebraderos de cabeza.
Y tú, ¿por qué no escribes? ¡Escribe! La escritura es tuya, tú eres tuya, tu cuerpo es tuyo, tómalo. Sé por qué no has escrito. (Y por qué no escribí yo hasta los veintisiete años). Porque escribir es a la vez lo demasiado alto y lo demasiado mayúsculo para ti, está reservado a los mayores, es decir, a los “hombres mayúsculos”; es “una tontería”. Además, has escrito un poco, pero a escondidas. (…)
Escribe, que nadie te retenga, que nada te detenga: ni un hombre; ni una imbécil máquina capitalista en la que las editoriales son los astutos y obsequiosos agentes de los imperativos de una economía que trabaja contra nosotras y a nuestras espaldas; ni tú misma.
- La risa de la medusa. Hélène Cixous. Traducción: Arnau Miquel Pons Roig, Segarra Mon (Cátedra).
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