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Detalle de la portada de la novela ‘La bailarina de Izu’, de Kawabata (Seix Barral), que entró a dominio público en 2022.

Hemingway, Kawabata, Faulkner, Wittgenstein, Gide… autores y/o libros que entraron a dominio público en 2022

Escritores y obras importantes han quedado libres de derechos de autor y con acceso a todo el mundo. WMagazín celebra esta divulgación de la literatura con pasajes de algunos de estos libros

«La bailarina aparentaba unos diecisiete años. Llevaba el cabello arreglado de manera elaborada, con un estilo anticuado, inusual y poco familiar para mí. Aunque hacía que su sorprendente rostro oval pareciera pequeño, creaba una bella armonía»: La bailarina de Izu, de Yasunari Kawabata.

«Las fiestas hicieron explosión al mediodía del domingo seis de julio. No hay otro modo de describirlo. (…) Antes de que el camarero me trajera la copa de jerez el cohete que anunciaba el comienzo de las fiestas, el chupinazo, se elevó sobre la plaza»: Fiesta, de Ernest Hemingway.

Estas dos novelas junto a otras como El asesinato de Roger Acroyd, de Agatha Christie; y La paga de los soldados, de William Faulkner; y las obras de Ludwig Wittgenstein (Austria, 1889-EE UU, 1951: Tractatus Logico-philosophicus...), André Gide (Francia, 1869-1951: Prometeo mal encadenado, El inmoralista, Los monederos falsos, Viaje al Congo…) y Lewis Sinclair (EE UU, 1885- Italia, 1951: Calle Mayor, Babbitt…) son algunos de los autores y obras literarias e intelectuales que este 2022 han entrado a ser de dominio público.

Cada comienzo de año los lectores están atentos a ver qué autor y obra de arte ha quedado libre de protección de derechos y disponibles para su acceso. La legislación cambia según los países entre los 95 años de publicación de la obra en Estados Unidos, a los 80 de la muerte del autor en España, los 70 de la mayoría de países latinoamericanos y europeos y los 50 de africanos y asiáticos. Para las obras póstumas la liberación de derechos se aplica a partir de los 25 años de publicado el libro. Pero las traducciones sí conservan los derechos.

Esta situación de entrar a dominio público suele dar una segunda vida a muchas de esas obras y autores al estar disponibles. Sin embargo, hay que tener cuidado con qué versiones o traducciones se leen en el dominio público por su calidad.

Este acceso al patrimonio intelectual surgió con el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, firmado el 9 de septiembre de 1886 y revisado el 28 de septiembre de 1979. La fecha elegida a partir de la cual obra o autor entra al dominio público es el primero de enero, ese día vence el derecho de autor dependiendo de la legislación de cada país.

WMagazín celebra la disponibilidad de estas obras con una de las mejores maneras posibles: con pasajes de esos libros, una celebración de la literatura y la lectura:

Autores y/o libros que entraron a dominio público en 2022: Ludwig Wittgenstein (izquierda) y André Gide, y las portadas de obras de Hermingway, Kawabata y Christie. /WMagazín

Pasajes de libros de dominio público en 2022

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La bailarian de Izu, de Yasunari Kawabata

Casi en el momento en que el camino comenzaba a serpentear y yo finalmente me daba cuenta de que estaba cerca del desfiladero del monte Amagi, una cortina de lluvia proveniente del pie de la montaña se precipitó sobre mí a una pavorosa velocidad, pintando de blanco los tupidos bosques de cedro.

Tenía yo veinte años. Llevaba mi gorra de estudiante, un hakama sobre el quimono azul índigo y un bolso estudiantil al hombro. Era el cuarto día de mi solitaria travesía por la península de Izu. Había estado una noche en las termas de Shuzenji, luego dos noches en Yugashima. Y ahora, calzado con zuecos altos, trepaba por el Amagi. Aunque me había sentido fascinado por las capas, una sobre otra, de las montañas, por los bosques vírgenes y los matices del otoñoen los valles profundos, caminaba deprisa por ese sendero, con el corazón latiéndome con cierta ansiedad. No mucho después, grandes gotas de lluvia comenzaron a azotarme, y corrí por el empinado y sinuoso camino. Sentí alivio al llegar a la casa de té en la ladera norte del desfiladero, pero me detuve bruscamente en el umbral. Mi ansiedad se veía colmada con esplendor. La compañía de actores itinerantes estaba dentro, descansando.

Tan pronto como la bailarina se dio cuenta de mi presencia, cogió el almohadón sobre el cual estaba arrodillada, le dio la vuelta y lo colocó cerca de ella».

Fiesta, de Ernest Hemingway

«La gente llegaba a la plaza desde todos los rincones de la ciudad y oímos el sonido de las gaitas, los chistus y los tambores que se aproximaban. Tocaban el riau-riau, los chistus en tono agudo y los tambores marcando el ritmo. Detrás de ellos venían hombres y chiquillos bailando alegremente. Cuando los chistus cesaban de tocar, todos se agachaban y cuando de nuevo la música volvía a sonar y los tambores marcaban de nuevo su ritmo apagado y seco, todos volvían a ponerse de pie y saltaban al compás de la música. En la multitud solo se veían las cabezas y los hombros de los bailarines subiendo y bajando».

El asesinato de Roger Acroyd, de Agatha Christie

«Mrs. Ferrars murió la noche del 16 al 17 de septiembre, un jueves. Me llamaron a las ocho de la mañana del viernes 17. Mi presencia no sirvió de nada. Hacía horas que había muerto.

Regresé a mi casa unos minutos después de las nueve. Entré y me entretuve adrede en el vestíbulo, colgando mi sombrero y el abrigo ligero que me había puesto como precaución por el fresco de las primeras horas de aquel día otoñal.

En honor a la verdad, diré que estaba muy inquieto y preocupado. No voy a pretender que preví entonces los acontecimientos de las semanas siguientes, pero mi instinto me avisaba de que se acercaban tiempos llenos de sobresaltos y sinsabores».

La paga de los soldados, de William Faulkner

«Lowe, Julián, número…, que fue cadete aviador de la Fuerza Aérea en el Escuadrón tantos de tantos, más conocido por «Ala Solitaria» en otros ases en embrión de la escuadrilla, contemplaba el mundo con disgusto, como un enfermo de ictericia. Sus quejas eran las mismas que las que aquejaban a más de uno con mejores botas que las suyas, desde el Comandante de Escuadrilla, pasando por los generales, hasta los aliñados oficiales de una estrella (para no mencionar a esas inverosímiles bestias del campo de aviación que los franceses llamaban pulcramente «aviadores aspirantes»); todos le habían echado la guerra encima.
Triste y disgustado, se recostaba sobre el asiento, sin disfrutar siquiera de la prerrogativa de viajar en Pullman, dando vueltas, sobre el pulgar, a la gorra y su tantas veces maldecida cinta blanca.

—Has estado empinando el codo, ¿eh? —dijo Yaphank, acercándose para olfatearlo—. De regreso y apestando deliciosamente a whisky malo».

El inmoralista, de André Gide

«Ya conoces la amistad que, entonces fuerte y cada año más grande, nos unía, desde el colegio, a Michel, a Denis, a Daniel y a mí. Entre los cuatro concluimos una especie de pacto: a la menor llamada de uno, debían responder los otros tres. Por ello, cuando recibí aquel misterioso grito de alarma de Michel, advertí enseguida a Daniel y a Denis y, abandonándolo todo, los tres partimos juntos.

Hacía tres años que no veíamos a Michel. Se había casado, se había llevado a su mujer de viaje y, cuando pasó por última vez por París, Denis estaba en Grecia, Daniel en Rusia y yo, como sabes, retenido junto a nuestro padre enfermo. Sin embargo, no nos faltaron noticias suyas; pero las que nos dieron Silas y Willi, que le habían visto, no dejaron de asombrarnos. En él se producía un cambio que todavía no alcanzábamos a explicarnos. Ya no era el muy docto puritano de antes, de gestos torpes de puro convencidos, de tan puras miradas que ante ellas nuestras libres expresiones se interrumpían con frecuencia. Era… pero para qué indicarte ahora lo que su narración va a decirte.

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