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Mosaico con portadas de clásicos de la novela corta, segunda entrega del homenaje de WMagazín.

Homenaje a la novela corta: de Tólstoi a Fitzgerald, McCullers, Orwell, Kawabata, García Márquez, Baricco… (2)

De 'La muerte de Iván Illich' y 'El gran Gatsby' a 'El coronel no tiene quien le escriba', seguimos nuestro homenaje a los libros breves como preámbulo al reportaje sobre la relevancia del formato en autores contemporáneos. WMagazín, con apoyo de Endesa, recuerda los comienzos de algunos de estos clásicos, ideales para la Semana Santa

“El coronel destapó el tarro del café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata”: El coronel no tiene quien le escriba (1961).

Es el comienzo de esta novela corta de Gabriel García Marquez cumplió 60 años en 2021. Es una de sus obras más redondas y queridas por sus lectores y críticos. Un ejemplo de alto interés temático, literatura despojada de arandelas, complicidad y empatía del lector a través de la humanidad con que es tratada la vida del coronel, y su esposa, que espera el cheque de su pensión. Una joya. El año pasado, también, se conmemoró otro aniversario de una obra del Nobel colombiano: Crónica de una muerte anunciada. (Puedes ver el especial en este enlace)

Con El coronel no tiene quien le escriba, escrita por García Márquez en París e inspirada en uno de sus abuelos, continuamos este especial sobre la novela corta, un formato muy exigente que cuando el autor acierta crea una joya literaria. Forma parte de la segunda entrega del especial de Homenaje a la novela corta como preámbulo al reportaje sobre la gran relevancia que ha adquirido este formato en español. Escritores contemporáneos de América Latina y España exploran en estos predios. Buscan ese lugar luminoso entre el cuento y la novela que ha sido visitado por casi todos los más grandes escritores.

Es un formato acorde a estos tiempos de rapidez, de inmediatez, de eficacia, de ansiedad de tocar varias cosas, de anhelo de simultaneidad, de búsqueda de impacto en el menor tiempo posible sin olvidar la calidad literaria. Tiempo de intermitencias.

Este Homenaje también es celebra algunos aniversarios de obras clave de autores como Katherine Mansfield (En la bahía, 100 años), Albert Camus (El extranjero, 80 años), Camilo José Cela (La familia de Pascual Duarte, 80 años), Ernest Hemingway (El viejo y el mar, 70 años) y Gabriel García Márquez de quien aún se conmemoran los 60 años de El coronel no tiene quien le escriba (1961) y los 40 de Crónica de una muerte anunciada (1981). Con estas obras empezamos el 4 de abril de 2022 esta serie que es preámbulo al reportaje sobre la vigencia y relevancia de este formato en la literatura actual en español. (Puedes ver el reportaje sobre el esplendor de la novela corta en América Latina y España en este enlace: 7 de abril de 2022, en WMagazín).

Antes de analizar el panorama actual de la novela corta en español presentamos nuestra segunda entrega con clásicos en la que recordamos diez titulos imprescindibles con la reproducción de sus comienzos literarios de Leon Tólstoi, Robert Louis Stevenson, Mark Twain, Francis Scott Fitzgerald, Carson McCullers, George Orwell, Yasunari Kawabata, Carlos Fuentes y Alessandro Baricco. Bienvenidos a estas joyas literarias:

Mosaico con portadas de clásicos de la novela corta, segunda entrega del homenaje de WMagazín.

Clásicos de la novela corta y sus comienzos inolvidables (2)

La muerte de Iván Illich (1886), de Leon Tólstoi: “En el gran edificio del Palacio de Justicia, durante un receso de la vista del proceso Melvinski, los magistrados y el fiscal se reunieron en el despacho de Iván Yegórovich Shébek y se pusieron a comentar el célebre caso Krasovski. Fiódor Vasílievich defendía acaloradamente que la sala no era competente para juzgarlo, Iván Yegórovich insistía en su punto de vista, mientras Piotr Ivánovich, que desde un principio se había desentendido de la discusión, hojeaba La Gaceta, que acababan de entregarles.

—¡Señores! —dijo—. ¡Iván Ilich ha muerto!”.

 

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hide (1886), de Robert Louis Stevenson: «Utterson, el notario, era un hombre de cara arrugada, jamás iluminadapor una sonrisa. De conversación escasa, fría y empachada, retraído en  us sentimientos, era alto, flaco, gris, serio y, sin embargo, de alguna forma, amable. En las comidas con los amigos, cuando el vino era de su gusto, sus ojos traslucían algo eminentemente humano; algo, sin embargo, que no llegaba nunca a traducirse en palabras, pero que tampoco se quedaba en los mudos símbolos de la sobremesa, manifestándose sobre
todo, a menudo y claramente, en los actos de su vida».

 

El diario de Adán y Eva (1906), de Mark Twain: “LUNES. – Este animal nuevo, de larga cabellera, está resultando muy entrometido. Siempre merodea en torno mío y me sigue a donde yo voy. Esto me desagrada. No estoy acostumbrado a tener compañía. Debería quedarse con los demás animales. El día está nuboso y sopla viento del Este; creo que tendremos lluvia. ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde he sacado yo esto de nosotros? Ya caigo. Así es como habla el animal nuevo”.

 

El gran Gatsby (1926), Francis Scott Fitzgerald: “En mis años mozos y más vulnerables mi padre me dio un consejo que desde aquella época no ha dejado de darme vueltas en la cabeza. ‘Cuando sientas deseos de criticar a alguien’ -fueron sus palabras- ‘recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste’.

No dijo nada más, pero como siempre nos hemos comunicado excepcionalmente bien, a pesar de ser muy reservados, comprendí que quería decir mucho más que eso”.

 

Reflejos en un ojo dorado (1941), de Carson McCullers: “Un puesto militar en tiempo de paz es un lugar monótono. Pueden ocurrir algunas cosas, pero se repiten una y otra vez. El mismo plano de un campamento contribuye a dar una impresión de monotonía. Cuarteles enormes de cemento, filas de casitas de los oficiales, cuidadas e idénticas, el gimnasio, la capilla, el campo de golf, las piscinas… todo está proyectado ciñéndose a un patrón más bien rígido. Pero quizá sean las causas principales del tedio de un puesto militar el aislamiento y un exceso de ocio y seguridad; ya que si un hombre entra en el ejército sólo se espera de él que siga los talones que le preceden”.

 

Rebelión en la granja (1945), de George Orwell: “El señor Jones, de la Granja Solariega, había echado llave a los gallineros antes de irse a dormir, pero estaba tan borracho que se había olvidado de cerrar las trampillas. Haciendo bailar de un lado a otro el anillo de luz del farol, se tambaleó por el patio, se quitó las botas junto a la puerta trasera, se sirvió un último vaso de cerveza del barril de la trascocina y subió a la cama, donde ya roncaba la señora Jones”.

 

La casa de las bellas durmientes, (1961), de Yasunari Kawabata: “No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha dormida ni intentar nada parecido”.

 

Aura (1962), de Carlos Fuentes: “Lees ese anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie mas. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de te que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. tu releerás. Se solicita historiador joven. Ordenado. Escrupuloso. Conocedor de la lengua francesa. Conocimiento perfecto, coloquial. Capaz de desempeñar labores de secretario. Juventud, conocimiento del francés, preferible si ha vivido en Francia algún tiempo. Tres mil pesos mensuales, comida y recamara cómoda, asoleada, apropiada estudio. Solo falta tu nombre”.

 

Seda (1998), de Alessandro Baricco: “Aunque su padre hubiera imaginado para él un brillante porvenir en el ejercito, Hervé Joncour había terminado por ganarse la vida con un oficio insólito, al cual no le era extraña, por singular ironía, una característica tan amable que traicionaba una vaga entonación femenina.

Para vivir; Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.

Corría el año de 1861. Flaubert estaba escribiendo Salambó, la iluminación eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra de la cual no vería el fin.

Hervé Joncour tenía 32 años.

Compraba y vendía.

Gusanos de seda”.

Especial, Homenaje a la novela corta:

 

Mosaico con portadas de clásicos de la novela corta, primera entrega del homenaje de WMagazín.

 

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