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Jack London (Estados Unidos, 1876- 1916) y algunos de sus libros más conocidos. /WMagazín

Jack London, el niño pobre que desafió su destino y convirtió sus aventuras en literatura

A los 150 años de su nacimiento, la obra de uno de los grandes autores estadounidenses sigue invitando a reflexionar sobre la naturaleza humana, la libertad, la supervivencia y la justicia social. Un recorrido por cinco libros que permiten escuchar la voz de un escritor cuya literatura va mucho más allá de la aventura

Jack London se rebeló contra el destino que parecía aguardarle desde la adolescencia y decidió escribir él mismo el rumbo de su vida. Salió de la pobreza, recorrió medio mundo como marinero, buscador de oro y aventurero, y dejó una de las obras más influyentes de la literatura estadounidense, como La llamada de la selva, Colmillo blanco o Martin Eden. Ciento cincuenta años después de su nacimiento, su obra sigue recordando que la aventura más intensa suele ser la de conquistar el propio destino.

Más allá de sus aventuras, London invita a una reflexión sobre la naturaleza humana, la libertad y la supervivencia, al tiempo que hace una crítica social. Sus libros revelan la riqueza literaria, filosófica y humana de una obra que va mucho más allá del relato de aventuras.

John Griffith Chaney nació el 12 de enero de 1876 en San Francisco, California, y falleció el 22 de noviembre de 1916 en Glen Ellen, California. Abandonado por su padre, el astrólogo William Henry Chaney, fue criado por su madre, de inclinaciones espiritualistas, y su padrastro, de quien adoptó el apellido. En la adolescencia abandonó el hogar y recorrió Estados Unidos; viajó como marinero a Japón, vivió la crisis económica de 1893, fue encarcelado por vagancia y en 1894 se convirtió en militante socialista.

Su interés por la literatura creció gracias a las bibliotecas públicas, donde descubrió a Charles Darwin, Karl Marx y Friedrich Nietzsche. A los diecinueve años ya había acumulado suficientes experiencias para alimentar buena parte de su futura obra. Tras la fiebre del oro del Klondike regresó sin fortuna, pero con el material literario que acabaría convirtiéndolo en uno de los grandes narradores de aventuras de la literatura estadounidense.

Escribió cerca de cincuenta libros y fue fiel a sus ideas socialistas. Antes de escribir, vivió intensamente aquello que después transformó en literatura.

Lo mejor es escuchar al propio Jack London. Estos cinco libros muestran cómo convirtió sus vivencias en literatura y revelan las distintas facetas de un escritor que fue mucho más que un narrador de aventuras:

Relatos de los mares del Sur

Traducción: Carmen Criado Fernández (Alianza)

Aquí aparece el Jack London más aventurero. La mayor parte de las narraciones incluidas en este volumen rememoran y dan forma a las intensas experiencias vividas por Jack London durante el largo viaje que realizó entre 1907 y 1909 a Polinesia.

Fragmento:

“En la tarde somnolienta, la mayoría de los leprosos dormían en sus cubiles rocosos. Koolau, con el rifle, limpio y preparado, sobre las rodillas, dormitaba a la entrada de su propia guarida. La mujer de los brazos contrahechos vigilaba allá abajo, desde la espesura, el estrecho pasaje. De pronto sobresaltó a Koolau el sonido de una explosión. Un instante después el estruendo despedazaba increíblemente la atmósfera. Aquel ruido terrible le asustó. Era como si todos los dioses a una hubieran tomado en sus manos la cobertura del cielo y la rasgaran como rasga una mujer una sábana de algodón. Pero era aquél un desgarrar inmenso, que se acercaba a toda velocidad. Koolau levantó la vista con aprensión, como esperando ver las consecuencias de aquel estruendo. De pronto, en el pico que se elevaba por encima de su cabeza, una granada estalló con un surtidor de humo negro. La roca voló en mil pedazos y los fragmentos cayeron al pie de la cresta.

Koolau se pasó una mano por la frente sudorosa. Estaba terriblemente alterado. Nunca había presenciado un bombardeo y lo juzgó más horrible de lo que nunca habría imaginado”.

***

La llamada de la naturaleza (La llamada de la selva)

London se muestra aquí como un filósofo de la naturaleza que entendió la lucha entre el instinto y la civilización. Está ambientada durante la fiebre del oro del Klondike. Refleja la transformación de Buck, un perro domesticado que es arrancado de su vida cómoda en California y obligado a enfrentarse a la brutalidad de la naturaleza salvaje.

Fragmento:

“Buck llegó tambaleándose junto al trineo, exhausto, con la respiración entrecortada, indefenso. Era la oportunidad de Spitz, que se abalanzó sobre él; dos veces hundió los dientes en su enemigo indefenso, desgarrando la carne hasta el hueso. Entonces le cayó encima el látigo de François, y Buck tuvo la satisfacción de contemplar cómo Spitz recibía la peor azotaina propinada hasta entonces a un perro del equipo.

-Un demonio, ese Spitz -comentó Perrault Un día de éstos matar al Buck.

-Ese Buck valer por dos demonios -fue la réplica de François-. Sé porque yo observarlo todo el tiempo. Verás, un buen día se pone furioso, se come crudo al Spitz y lo vomita sobre la nieve. Ya verás.

Desde entonces hubo guerra abierta entre Buck y Spitz. Spitz, como perro guía y jefe reconocido del equipo, sentía que aquel extraño perro del sur amenazaba su supremacía. Y le resultaba extraño, en efecto, porque de los numerosos perros de esa procedencia que había conocido, ni uno solo había demostrado valer demasiado, ni en el campamento ni en el trabajo”.

***

El lobo de mar

Traducción: Begoña Gárate Ayastuy (Alianza)

London explora aquí la violencia, el poder y la condición humana a través del capitán Lobo Larsen. Tras un naufragio en el Pacífico, Humphrey Van Weyden, un intelectual acostumbrado a la comodidad, es rescatado por un barco de cazadores de focas comandado por el temible capitán Lobo Larsen.

Fragmento:

“El horror de todo aquello me hizo salir a cubierta. Me sentía con náuseas y ganas de vomitar, así que me senté en un banco. De forma confusa podía ver y oír a los hombres, que, a toda prisa y dando gritos, se afanaban en arriar los botes. Todo sucedía tal y como yo había leído en los libros que describían este tipo de escenas. Las poleas se atascaban. Nada funcionaba. Un bote, arriado sin poner los tarugos, se llenó primero de mujeres y niños, y después de agua, y se fue finalmente a pique. Otro bote había sido abandonado, colgando todavía de la polea por un extremo y arriado por el otro. Nada se veía del extraño vapor que había causado el desastre, aunque oí a unos hombres decir que sin duda enviarían unos botes en nuestro auxilio. Bajé a la cubierta inferior. El Martínez se estaba hundiendo muy deprisa, porque el agua estaba muy cerca. Muchos de los pasajeros saltaban por la borda; otros, ya en el agua, clamaban porque se les subiera a bordo de nuevo”.

***

Colmillo blanco

Traducción: María del Mar Hernández de Benítez (Alianza)

El gran retratista del norte aparece en estas páginas de hondura y belleza literaria. La vida salvaje de los bosques fríos y nevados de Alaska ante los ojos de alguien que descubre la dureza de la naturaleza y de las formas de supervivencia del ser humano.

Fragmento:

“Un oscuro bosque de abetos se extendía a ambos lados de la helada corriente de agua. El viento había desnudado los árboles de su blanca capa de escarcha y parecían apoyarse los unos en los otros, negros y amenazadores, bajo la luz incierta del atardecer. Un profundo silencio reinaba sobre la tierra. La tierra misma estaba desolada, yerma, sin movimiento, tan solitaria y fría que su espíritu no era ni tan siquiera el de la tristeza. Había en ella una insinuación de carcajada, pero de una carcajada más terrible que la de cualquier tristeza; una carcajada sin alegría, como la sonrisa de la esfinge; una carcajada fría como el hielo, partícipe de la severidad de lo inexorable. Era la imperiosa e incomunicable sabiduría de la eternidad riéndose de la futilidad de la vida y del esfuerzo de vivir. Eran las Tierras Vírgenes, la soledad salvaje, el helado corazón de los desolados yermos del Norte. Sin embargo, había vida; allí fuera, en aquella tierra de desafío. Aguas abajo, sobre el río helado avanzaba con dificultad una fila de perros de trineo”.

***

 

Martin Edén

Traducción: Marta Salís (Alba Editorial)

La novela más autobiográfica de Jack London cuenta el ascenso de un joven marinero que aspira a convertirse en escritor y descubre que el éxito también puede ser una forma de derrota.

Fragmento:

“El deseo de escribir resurgió en Martin. Historias y poemas brotaban espontáneamente de su mente, y los anotaba para el momento en que les daría rienda suelta. Pero no escribía. Aquello era su pequeño descanso; había decidido dedicarlo al reposo y al amor, y en ambos aspectos prosperó. Pronto rebosaba de vitalidad, y cada día, al ver a Ruth, ella se sorprendía al verlo fuerte y sano. (…)

Obligado a trabajar por turnos para ver a Ruth, y decidiendo que la larga caminata desde el norte de Oakland hasta su casa y de regreso le consumía demasiado tiempo, dejó su traje negro empeñado en lugar de su bicicleta. Esta última le proporcionaba ejercicio, le ahorraba horas de trabajo y le permitía ver a Ruth igualmente. (…)

Sabía que existían las grandes mentes, los pensadores profundos y racionales. Tenía pruebas en los libros, los libros que lo habían educado más allá del nivel de Morse. Y sabía que en el mundo se podían encontrar intelectos superiores a los del círculo de Morse. Leía novelas de la alta sociedad inglesa, donde vislumbraba a hombres y mujeres hablando de política y filosofía. Y leía sobre salones en las grandes ciudades, incluso en Estados Unidos, donde se reunían el arte y el intelecto. Ingenuamente, en el pasado, había creído que todas las personas bien arregladas, por encima de la clase trabajadora, poseían gran intelecto y vigor. Para él, la cultura y la posición social iban de la mano, y se había dejado engañar al creer que la educación universitaria y el dominio del arte eran lo mismo.

Pues bien, él seguiría luchando para llegar más alto”.

 

Jack London, a diferencia de muchos escritores de aventuras, no tuvo necesidad de imaginar sus aventuras: solo las plasmó. Sus obras son testimonio de un mundo que ya no existe, y recuerdan la intensidad y la perseverancia de un niño pobre que logra convertir su vida de aventuras en literatura. Quizá por eso, siglo y medio después de su nacimiento, siguen invitando a los lectores a explorar tanto los territorios salvajes del mundo como los de la condición humana.

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Santiago Vargas

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