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La escritora danesa Janne Teller (1964), autora de la novela ‘Justicia’ (Seix Barral’. /Foto © Les Kaner – cortesía Seix Barral

Janne Teller: “Los problemas del mundo occidental tienen poco que ver con los inmigrantes y mucho más con la transformación del capitalismo a un tecnofeudalismo”

La escritora danesa publica 'Justicia', una novela que pone en evidencia la ruptura del diálogo personal, social y político como muestra del resquebrajamiento de la convivencia impulsado por los poderosos y los políticos. Alerta del florecimiento de la inhumanidad

Miedo. Esa es la palabra con la que Janne Teller define este momento presente, este tiempo el siglo XXI. Tiene varios motivos, entre ellos porque observa cómo un cierto orden de convivencia, respeto y justicia social e internacional se resquebrajan con la ayuda de algunos gobiernos y partidos políticos y se potencia en internet y las redes sociales. Detrás está la manera en que el valor de la palabra y el diálogo se despeña muy rápido, trata de imponerse un pensamiento único que favorece el poder y el sistema económico y germina la intolerancia. Janne Teller ve la deriva hacia una cierta clase de inhumanidad, explica en una entrevista a WMagazín por su novela Justicia (Traducción del danés por Rodrigo Crespo en Seix Barral):

Desafortunadamente, el sistema que nos ha legado el mundo virtual actual y el capitalismo descontrolado no nos impulsan a alcanzar lo mejor de nosotros mismos, a una mayor compasión y humanidad, sino a todo lo contrario: a un egoísmo cada vez más desconsiderado”.

Janne Teller (61 años / 1964), escritora danesa de ascendencia austrohúngara, es economista de formación, trabajó en la ONU en la resolución de conflictos humanitarios (Tanzania, Mozambique o Bangladés) y, desde 1995, se dedica a la escritura, mientras participa en el activismo sobre la igualdad y la justicia. Es autora de libros como Nada (2011), Ven (2012), Guerra (2016), Todo (2023) y esta última novela, Justicia (2025).

Su mirada filosófica, sociológica y como testigo, desde muy joven, de conflictos en varios países del mundo la llevan a detectar o a vislumbrar algunos asuntos inquietantes de las personas, la sociedad y los gobiernos que dejan al descubierto las sombras de los derroteros de la condición humana en un mundo que cambia a gran velocidad enfrentando situaciones nuevas.

Un ejemplo de ello es Nada (2011), etiquetada como novela juvenil, pero, en realidad, para todos los públicos, muy polémica entonces, al punto de ser prohibida en Dinamarca, pero hoy es lectura recomendada. En ella, Teller avista un problema que crece hoy cada día: habla del vacío y la desesperanza que agobia a un muchacho que considera que no hay nada que valga la pena en el mundo. Y lo hace de manera directa, brutal, a veces en busca de sacudir la mente no tanto de los jóvenes como de los adultos porque la novela no deja de ser un llamado de auxilio.

Como también es un S.O.S esta Justicia cuyo nudo argumental se centra en una muchacha europea en el conflicto entre Israel y Palestina que un día muere y su padre emprende la búsqueda de los motivos de esa muerte y cuando descubre todo quiere saldar cuenta.

Veinte años le llevó a Jane Teller escribir esta novela de ideas, de cómo algunos ideales se tuercen en el camino, mientras los poderosos, manipuladores y verdaderos responsables de las tragedias parecen inmunes y tratan de socavar las normas de la convivencia y la humanidad.

Winston Manrique Sabogal. ¿En veinte años, qué tanto cambió la novela en su estructura original o cuál fue su principal contribución durante ese tiempo?

Janne Teller. Había escrito las primeras treinta páginas; y, de hecho, no he cambiado mucho en ellas. Se trataba más bien de que la novela madurara en mí, junto con los personajes. Escribí fragmentos con el tiempo, mientras escribía otros libros. Solo al terminar comprendí por qué me había llevado tanto tiempo: tuve que alcanzar la misma edad que mi narrador para comprender plenamente, y así poder expresar con palabras creíbles, el sacrificio de su propia vida que está dispuesto a hacer para obtener justicia por la muerte de su hija.

W. Manrique Sabogal. ¿Cuándo decidió que el narrador, en primera persona, hablara con su hija fallecida y relatara la historia con ella?

Janne Teller. Eso fue desde el principio. Un libro siempre me llega con la voz del narrador. Tengo muchas ideas y muchos temas que me preocupan y sobre los que podría interesarme escribir. Pero solo cuando tengo la voz para narrar la historia, sé que tengo la novela que debo escribir.

W. Manrique Sabogal. Es conmovedora la forma en que el narrador relata su dolor y los acontecimientos con sencillez, crudeza, profundidad y emoción. ¿Cómo logró ese equilibrio sin caer en el sentimentalismo ni la sensiblería?

Janne Teller. Precisamente por eso invento un personaje bastante alejado de mí, en este caso un hombre. Porque si escribiera desde el punto de vista de una mujer, sobre todo de una similar a mí, seguramente me volvería demasiado sentimental y a la defensiva, queriendo explicar cualquier acción o sentimiento poco favorecedor. Por supuesto, tengo que vivir plenamente en cada uno de mis personajes, y todos se basan en rasgos que conozco de una forma u otra. Pero al dejar de lado mi yo personal puedo ser mucho más brutalmente honesta y, claro, en lo que experimento con mis personajes.

W. Manrique Sabogal. Me parece que la novela tiene tres temas principales: el dolor por la muerte de la hija, la pérdida; el amor del padre, de la hija por él y por su amante; y el despreciado poder de las palabras para lograr la armonía. Pero estos tres temas tienen algo en común: la impotencia o la incapacidad.

Janne Teller. Es una forma interesante de verlo. Para mí, el libro trata sobre la justicia, y sí, sobre la incapacidad de obtener justicia, y sobre qué hacer entonces… La lucha entre poder e impotencia también es un hilo conductor esencial en la novela, y creo que eso es probablemente lo que usted define como impotencia e incapacidad. Estos son otros términos para la falta de poder para cambiar algo. Teodor es incapaz de cambiar la muerte de su hija. Pero la pregunta entonces es si tiene el poder de averiguar qué le sucedió y, a su vez, si tiene el poder y el coraje de responsabilizar al culpable. Y sí, en medio de esto, surge la pregunta de si las palabras o la acción son las más efectivas. Tanto desde los recuerdos de las conversaciones entre el padre diplomático y su hija activista, como en las reflexiones actuales y las acciones reales del padre, cómo aborda lo que descubre sobre la verdad de la muerte de su hija. Finalmente, sí, los diferentes tipos de amor representados también son importantes: el amor frustrado del padre por su hija, su posterior pasión amorosa por la escritora Lou, y la fatal historia de amor de la hija, al estilo del movimiento MeToo, con JR.

W. Manrique Sabogal.¿Por qué cree que se ha llegado a este punto donde la palabra y el diálogo no importan? O ¿Por qué cree que se ha roto o saltado por los aires el concepto de diálogo, tanto en conflictos como en la vida, en general, y se expande la incapacidad de escuchar?

Janne Teller. En parte, creo que se debe a internet y las redes sociales. Cuando en la pantalla vemos tanto odio expresado a diario con un lenguaje tan agresivo, el paso a la violencia real se hace muy corto. En el mundo de la política internacional, el diálogo diplomático sigue siendo importante y se lleva a cabo a diario y en muchos foros. Pero es cada vez menos efectivo. En los últimos años hemos presenciado cómo cualquier norma de las Naciones Unidas, cualquier derecho internacional, se viola sin impunidad, ya sea en el brutal genocidio israelí en Gaza, en las ejecuciones extrajudiciales por parte del presidente de Estados Unidos Donald Trump en el Golfo de México, o incluso con los llamamientos de la derecha en toda Europa para abolir las Convenciones sobre Refugiados y Derechos Humanos. Y cuando las grandes potencias no respetan ni hacen cumplir las leyes internacionales acordadas, todo el sistema está a punto de derrumbarse. Eso es lo que estamos presenciando. Sigo esperando que la razón triunfe sobre las emociones xenófobas y ebrias de poder, para que podamos salvar el orden público internacional. Pero me temo que requerirá una lucha larga y difícil.

W. Manrique Sabogal. Joanna es una idealista, ¿cuál es el problema con el idealismo o los idealistas?

Janne Teller. Me encantan el idealismo y los idealistas, y sin duda me considero una de esas idealistas ingenuas que aún creen en la posibilidad de un mundo mejor. Y no creo que haya nada malo en tener ideales y creer en ellos. El problema solo surge cuando se hace a ciegas. En la novela, expreso esto con Joanna, tan absorbida por su fe en la acción, que no ve el valor de la conversación diplomática. Al menos hasta que imprime en su camiseta estas palabras, que en realidad son un homenaje a la conversación: “Las palabras son paz”. Como si finalmente se hubiera dado cuenta de que el activismo idealista puede impulsar un tema hacia la agenda mundial, pero solo las negociaciones diplomáticas pueden crear las leyes y garantizar su implementación para cambiar las cosas a largo plazo sobre el terreno

W. Manrique Sabogal. ¿Cree, como la protagonista, que “Los muros son guerra” y que “Las palabras son paz”?

Janne Teller. En el contexto del muro de Israel hacia Palestina, así como en la mayoría de los demás contextos geopolíticos: ¡sí!

W. Manrique Sabogal. ¿Cree que la intolerancia, la falta de solidaridad y la inhumanidad cobran fuerza cada día?

Janne Teller. Sí. En parte por las mismas razones que mencionó cuando preguntó sobre la pérdida de impacto del diálogo. La mayoría de las personas, en cualquier época de la historia, seguirán los valores establecidos, o al menos los criterios de éxito, definidos por la sociedad en la que viven. Desafortunadamente, el sistema que nos ha legado el mundo virtual actual y el capitalismo descontrolado no nos impulsa a alcanzar lo mejor de nosotros mismos, a una mayor compasión y humanidad, sino a todo lo contrario: a un egoísmo cada vez más desconsiderado, a una competencia constante y poco ética con otros seres humanos, y a definir a cualquiera que sea diferente a uno como una amenaza de alteridad. Así, la sociedad empuja a los individuos a ser menos solidarios, menos compasivos, ya que estos son obstáculos costosos que frenarán a cualquiera en la brutal carrera hacia la riqueza excepcional, establecida como el único sistema de valores que importa en este momento.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué opina de la afirmación de la novela de que “es curioso cómo el concepto de pureza de sangre se repite en todas las religiones, en todas las ideologías”?

Janne Teller. Creo que es cierto. Y eso es lo que hace que quienes se adhieren incondicionalmente a una religión o ideología sean tan peligrosos. Porque si se mantiene la creencia de mantener la única forma correcta de pensar y hacer las cosas, cualquiera que se desvíe, aunque sea mínimamente, de ese camino será visto como impuro, un traidor y, por lo tanto, una amenaza que puede y debe ser sometida o eliminada. Lo hemos visto a lo largo de la historia, desde las inquisiciones cristianas y las posteriores quemas de brujas, la limpieza soviética de cualquiera con rasgos burgueses, hasta la revolución cultural de Mao en China, y hoy en día en el encarcelamiento de mujeres afganas que intentan obtener una educación o cuyo pañuelo está torcido. Siempre se trata de la misma metodología de un líder que define qué y quién se sale de lo aceptable para la religión o la ideología, y luego de los numerosos seguidores dispuestos a llevar a cabo cualquier edicto despreciable o mortal que se pronuncie.

W. Manrique Sabogal.¿Qué se puede hacer para evitar que organizaciones como la ONU sean desprestigiadas por algunos gobiernos?

Janne Teller. Que todos, en cada uno de nuestros países, presionemos a nuestros gobiernos para que respeten a la ONU. Y que sigamos hablando de la necesidad de un sistema internacional en el que participe todo el mundo. Todos reconocemos que la ONU no es perfecta; y que se justificarían muchas reformas, entre ellas un equilibrio más justo de miembros permanentes en el Consejo de Seguridad, para reflejar el mundo actual. Sin embargo, la ONU es nuestra mejor oportunidad para mantener cierto orden mundial y frenar la peor intimidación por parte de naciones rebeldes. Y eso requiere la lucha de todos, no solo de los gobiernos, sino de la población de cada país.

W. Manrique Sabogal. En realidad, no sé qué preguntarle sobre el conflicto israelí-palestino, porque sería irresponsable de mi parte esperar una respuesta breve para una entrevista. Por lo tanto, preferiría que compartiera algo que considere relevante sobre esta situación.

Janne Teller. Sí, eso requiere algo como el espacio del ensayo de Joanna en medio de Justicia. Pero, para decir algo brevemente: es importante recordar que Israel se creó para salvaguardar al pueblo judío después del Holocausto. Y, sin duda, los judíos merecían un lugar seguro. Solo que los palestinos no fueron los autores del Holocausto, sino quienes pagaron por un horrendo genocidio nazi, con el que no tuvieron nada que ver. Y los palestinos siguen pagando, hasta el día de hoy. Israel se estableció en su tierra. E incluso la parte del territorio que les quedó, Gaza y Cisjordania, ha sido continuamente erosionada por una ocupación brutal y nuevos asentamientos israelíes que hicieron que el territorio fuera casi imposible de habitar. He estado allí, he viajado y he visto el terror de la ocupación israelí. Y esto fue antes de la actual guerra genocida del régimen de Netanyahu en Gaza.

Así que no hay excusa para los asesinatos de judíos inocentes perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023. Pero tampoco hay excusa alguna para que el gobierno israelí mate a 70.000 personas en Gaza en dos años, en su mayoría civiles, incluyendo decenas de miles de niños, ni para que continúe una ocupación opresiva y asesina de las tierras palestinas en Cisjordania. Esto va en contra de todas las leyes y principios de las Naciones Unidas, así como de cualquier principio de humanidad que defendamos como ideales en una sociedad civilizada.

El único camino hacia un Israel libre y seguro es garantizar la existencia de una Palestina verdaderamente libre, segura y habitable.

W. Manrique Sabogal. ¿Son los inmigrantes, realmente, tan problemáticos como afirman algunos presidentes, gobiernos, partidos políticos y líderes? ¿Hay algo que se pueda hacer para evitar que sean demonizados y tratados como ciudadanos de segunda clase?

Janne Teller. No. Los inmigrantes no son el problema. Y cada vez que analizo alguna de estas estadísticas difamatorias presentadas por la derecha en Dinamarca o en la Unión Europea, se demuestra que están equivocados. No digo que no haya problemas cuando personas de culturas muy diferentes, en cantidades significativas, vivan en otras culturas. Solo que los problemas que enfrentamos en el mundo occidental tienen muy poco que ver con los inmigrantes y mucho más con la transformación del sistema económico del capitalismo regulado hacia un tecnofeudalismo impulsado por la brutalidad. Así que lo mejor que podemos hacer es contrarrestar la retórica racista y demonizadora, o las prácticas discriminatorias. La mayoría de quienes votan por la extrema derecha no son fascistas ni “malas” personas. Pero creen lo que dicen algunos políticos: “que los inmigrantes son la causa de sus problemas”. Así que es mejor hablar con ellos, invitarlos a ver las cosas de otra manera, escuchar sus quejas y lograr que los gobiernos aborden estos problemas mediante políticas económicas.

  • Justicia. Jannne Teller. Traducción del danés por Rodrigo Crespo de (Seix Barral).

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Winston Manrique Sabogal

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